ARTICULO DE LA REVISTA SPIEGEL SOBRE EL 23- F (http://www.spiegel.de/international/europe/revealing-conversation-with-german-diplomat-did-spanish-king-sympathize-with-coup-attempt-a-814156.html )
Unos documentos recién desclasificados pertenecientes a los
archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores alemán contiene nueva información reveladora acerca
del fallido golpe de estado de 1981 en España.
Según el informe, el Rey español Juan Carlos al parecer
mostró simpatía por los conspiradores en una conversación privada con el
embajador alemán.
En un año normal, el 23 febrero es un buen día para el rey español Juan
Carlos. En ese día, los españoles conmemoran el intento de golpe de estado de
1981 y celebran a su monarca como el salvador de la entonces joven democracia.
En aquel entonces, hacía ya cinco años y
tres meses que había muerto el general dictador Francisco Franco, que había
gobernado el país desde 1939.
Sus mas fieles seguidores entre los mandos militares se
proponían imponer de nuevo un régimen militar en el país. Pero Juan Carlos se interpuso en su camino.
Pero 2012 no es un año normal. Por el momento, el hijo político
del rey, Iñaki Urdangarín está siendo juzgado ante un tribunal de Palma de
Mallorca. El marido de la hija menor del rey, Cristina, está acusado de
haber malversado varios millones de euros, junto con otros,al frente de una
fundación. Es más, un estudio realizado por un instituto de investigación
social, en octubre pasado, indicó que, por primera vez, se ha producido una
disminución considerable en la confianza de la gente en la monarquía. En
cualquier caso, muestra que 47 millones de españoles han apoyado sobre todo a
la persona de Juan Carlos antes que a la Monarquía como institución.
Y ahora, en el peor momento posible,ha salido a luz un
documento que ha proyectado una sombra
en la imagen brillante de la supuestamente impecable y democrática familia real española.
" Sin muestras de antipatía o enfado “ '
El hombre que escribió el documento era Lothar Lahn, quien se desempeñó como embajador de Alemania
en España entre 1977 y 1982, y era bien apreciado por Juan Carlos. En la noche
del 26 de marzo de 1981, el Rey, entonces de 43 años de edad, invitó al
diplomático, 16 años mayor que él, a su residencia, el Palacio de la Zarzuela
de Madrid, para una conversación privada. La reunión había sido convocada para
discutir la próxima visita del presidente de Alemania a España. Pero Juan
Carlos RÁPIDAMENTE llevó la conversación en torno al fallido golpe de Estado de
febrero 23, manifestando sus verdaderos sentimientos al respecto: el
estaba muy comprensivo con el
golpe.
Lahn luego informó a Bonn, la capital de Alemania Occidental,
que el rey "no mostró indicio alguno de antipatía o simpatía con relación
a los conspiradores, sino que demostró más bien comprensión que simpatía". Él escribió que Juan Carlos
había declarado, "casi en tono de disculpa," que los sublevados
"sólo querían lo que todos deseábamos,
a saber, el restablecimiento de la disciplina, el orden, la seguridad y
la tranquilidad."
El rey supuestamente informó a Lahn que el
democráticamente elegido primer ministro
Adolfo Suárez era el responsable principal, antes que los golpistas,
porque él no había logrado establecer "una relación con los militares" y
se negó a tomar en serio sus "deseos justificados".
Suárez, dijo el rey, había "despreciado" a los
militares. Él, Juan Carlos, había aconsejado a menudo a Suárez "para responder a las ideas de
los militares", pero sin éxito. Finalmente, dijo el rey , los militares
habían decidido "actuar por iniciativa propia."
El rey entonces supuestamente agregó que ahora quería influir
en el gobierno y los tribunales militares, para que "no fuese demasiado lo
que les pudiese pasar ", que,
evidentemente, sólo querían lo mejor" para el país.
Julián Casanova, catedrático de la Universidad de Zaragoza,
que es una de las principales autoridades en la historia contemporánea
española, cree que el teletipo de Lahn, que lleva el número de mensaje 524, es
"extraordinariamente importante". Esto se debe a que es la única
prueba escrita hasta la fecha de que Juan Carlos podría haber sentido secretamente nostalgia por el tipo de régimen
militar que Franco le había enseñado a apreciar. El dictador había traído a Juan
Carlos, que tenía 10 años en ese tiempo, de vuelta a España y más tarde lo
nombró como su sucesor.
De hecho, Casanova dice que, hasta la aparición del presente documento, nunca ha habido una evidencia tan clara de que Juan Carlos
"no era el mismo demócrata que es hoy".
Probablemente no hay duda acerca de la autenticidad de las
declaraciones que Lahn atribuye al rey y transmitió a Bonn. Es cierto que Lahn ya no puede responder a preguntas sobre
ellos – pues murió en 1994. Del mismo
modo, la casa real española no hará comentarios sobre el contenido de la charla
de Lahn con Juan Carlos porque, como dice un portavoz, no hay constancia de
esta "conversación privada" en los archivos oficiales del Palacio de
la Zarzuela. Sin embargo, Lahn era considerado una persona digna de confianza por sus colegas. Su teletipo, que se encuentra
en los archivos políticos del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán en
Berlín, ha sido desclasificado por el gobierno y publicado como parte de una
antología de documentos relacionados con las actividades diplomáticas alemanas
en 1981.
Desde hace tiempo se conoce el comportamiento del rey para
con los militares que provocaron el
golpe del 23 del ferero, tanto en los días posteriores, como durante todas sus apariciones públicas hasta la fecha.
En esa noche, cuando la Guardia Civil, liderado por el teniente Coronel.
Antonio Tejero, tomaron como rehenes al
gobierno y los legisladores en el edificio del parlamento, fue Juan Carlos
quien habló por teléfono con los cabecillas del golpe y todos los generales
importantes.
Les dejó claro, que, contrariamente a lo que ellos afirmaban,
él, como comandante supremo de las fuerzas armadas españolas, no
respaldaría sus acciones. En un discurso
televisado que pronunció aquella noche, dijo que la corona no podía
"aceptar ningún acto o hecho que tuviesen como objetivo impedir el proceso
constitucional que el pueblo español había aprobado a través de un
referéndum".
Resultan sorprendentes estos comentario extrañamente
comprensivos que un mes más tarde
realiza el Rey ante Lan ( 26 marzo). De hecho, esto hace suponer ahora que no
fue tan fácil para el hombre que fue
coronado rey de España en noviembre 1975 el abandonar el legado del dictador.
Lo que hace que esto sea menos sorprendente es el hecho de
que Juan Carlos conocía muy bien todo el alto mando militar , después de haber
entrenado en varias ramas de las fuerzas armadas. Su instructor en todo esto
fue el general Alfonso Armada, que llegó a ser su secretario privado durante 17
años. Después de un período de distanciamiento, el rey nombró a Armada para
ser el jefe adjunto de las fuerzas
armadas del Estado Mayor de Defensa, justo
11 días antes de que el intento de golpe
de Estado se pusiese en marcha. Armada utilizó su roximidad al rey para que sus
compañeros de conspiración creyesen que
estaba actuando según sus instrucciones.
Juan Carlos más tarde le diría a Lahn que estaba decepcionado por su
comportamiento. Con el tradicional espíritu de cuerpo, el rey adoptó una
actitud protectora hacia los conspiradores militares.
En ese momento, la situación política del país estaba agitada. Los oficiales que habían
luchado al lado de Franco durante la guerra civil habían estado deseosos de lanza un
un
golpe de Estado desde las primeras elecciones democráticas celebradas en 1977,
dos años después de la muerte del dictador. El joven rey tan sólo alimentó estos deseos de volver a una dictadura militar
al ir en contra de los deseos de Franco y nombrar a un
político reformista como Adolfo Suárez, para cubrir un puesto clave en el Estado
todavía autoritario. Aún más ,Suarez legalizó Suárez los prohibidos partidos de izquierda,
incluyendo a los comunistas. La economía de España era un caos, y el grupo
militante separatista vasco ETA continuaba sembrando el terror incluso después
del fin de la dictadura.
Paul Preston, historiador británico de renombre especializado
en la historia española y que ha escrito una biografía de Juan Carlos, dice
que, como muchos otros españoles, el Rey estaba preocupado por la pérdida de
autoridad del gobierno de Suárez . Después de la dimisión de Suarez el 29 de
enero de 1981, el Rey consultó a los jefes de todos los partidos políticos.
Preston cree que ellos estaban dispuestos a aprobar un gobierno de unidad
nacional que incluía elementos militares. Pero, en lugar de elegir a su
confidente de muchos años, el general Armada, para hacer este cometido, el rey encargó al político conservador
Leopoldo Calvo Sotelo la formación de un nuevo gobierno. De hecho, el mismo día
que los golpistas asaltaron el parlamento, Sotelo se suponía que debía ser
elegido nuevo primer ministro de España.
La apertura a un
extranjero
Todavía hay algunas dudas acerca de por qué el rey se
abre a un diplomático extranjero. ¿ Era el rey, que parecía por lo demás tan
disciplinado, simplemente hablando con
el corazón y contando con la confidencialidad cuando reveló su enojo? ¿O estaba
tratando de restar importancia al episodio porque estaba preocupado de que
podría dañar la imagen de su país? Después de todo, en ese momento, Alemania era
el defensor más importante de España en sus esfuerzos para unirse a la OTAN y
la Comunidad Económica Europea, predecesora de la Unión Europea. De hecho, incluso
Juan Carlos dijo a Lahn que los " a los militares españoles, también dentro del
ámbito europeo y Atlántico, había que
asignarles una nueva tarea que sólo podrían cumplir dentro de la OTAN." El rey, que estaba bien dispuesto con Alemania,
supuestamente le dijo a Lahn que el
pueblo debería olvidar lo que sucedió el 23 de febrero "lo antes
posible", y expresó que eso no SUCEDERIA DE NUEVO.
El rey tuvo la suerte de que el informe de Lahn se perdió dentro
del aparato burocrático en Bonn. Dado
que ni el entonces ministro de Exteriores alemán Hans-Dietrich Genscher, ni después
la canciller Helmut Schmidt rubricaron
el documento, lo mas probable es que no lo
leyeron De hecho, los dos parecían estar contentos sólo con el lado brillante
del rey. Sólo unos días después de que Lahn visitó el palacio real, Schmidt se
mostraría efusivo acerca del "papel relevante" que el rey estaba
jugando. Juan Carlos era un "personaje muy fiable y estable", dijo a
su colega francés Francois Mitterrand.
Un año más tarde, incluso Schmidt invitaría a la pareja real a su casa en su
ciudad natal de Hamburgo. El menú incluye anguilas, camarones y Rote Grütze, un
postre tradicional alemán hecho con bayas rojas. La conversación aparentemente se
centró en "Dios y el mundo."



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