LA CASTA
AUTONOMICA
¿Sabe en qué pueblo salió elegido un concejal de Medio Ambiente condenado
por pirómano?
¿Puede liarse un policía autonómico a mamporros contra un policía nacional
por inspeccionar una pollería?
¿Es verdad que las abejas son diferentes en cada autonomía?
¿Se puede hablar de un trasvase sin mencionar la palabra trasvase?
¿Puede un pueblo parar un gran plan energético?
¿Cuál es el cargo en la administración con la carrera más fulgurante y el
peor expediente académico?
¿Cómo se suspende en Valencia un examen de sobresaliente?
¿Quién ha pagado un aeropuerto que sólo sirve para que los vecinos del
pueblo entren a pillar el wi-fi?
¿Qué comunidad compró un tren sin tener hechas las vías?
¿Cuál adquirió tantas mascarillas y guantes como para soportar la tercera
guerra mundial?
Consuma este libro con moderación porque le garantizamos que es el paseo
más surrealista a través de nuestra administración autonómica y local. Pese a
que su ironía le haga sonreír, es un dibujo riguroso de este país pintado con
hechos reales.
Bienvenido a la realidad de nuestra casta autonómica, el lugar donde se
tienen más o menos derechos dependiendo de donde se haya nacido. Al finalizar
su lectura, lo único que le quedará por preguntarse será: ¿y yo estoy dentro de
este invento?
Sandra Mir Mayor y Gabriel Cruz García
PRÓLOGO
Para mí, colar unas líneas en un libro de Sandra Mir y Gabriel Cruz es como
que David se convierta en biógrafo oficial de Goliat. Me explico. Para quien no
lo sepa, Sandra y Gabriel son dos de esos famosos periodistas discretos. Dos
gigantes modestos que toman con humildad su profesión, anónimos tras sus
crónicas, pero conocidos y respetados hasta la saciedad para cualquiera que
conozca desde dentro el mundo del periodismo en España.
No contaré sus andanzas en estas líneas para no aburrirle, pero haré un
resumen: si yo tuviera que confiar en alguien para tratar un caso, ellos
estarían seguro entre los cinco primeros nombres que se me ocurren. Sandra es
posiblemente la persona más tenaz que conozco, capaz de pasar varios meses
cuidando ancianas con el cuerpo lleno de cables para dejar constancia de los
abusos que sufren y arrancar la entrevista que todo el mundo busca. Gabriel es
el hombre para todo. Más reflexivo. Periodista sobre todas las cosas, pero con
los mimbres de la curiosidad imperiosa. Igual detective que archivero. El
hombre atento. Y los dos forman el tándem perfecto.
Las páginas que está a punto de leer son la mejor muestra de ello, una
denuncia colmada de ironía que impacta donde más duele: en este estado absurdo
que es España. La España de las autonomías. Del despilfarro. Del bolsillo roto.
La España de los cargos repartidos a dedo, del compadreo y del «vuelva usted
mañana». Esa que pagamos todos y que se estructura sobre una mentira. ¿Se
imagina que en España se trate de distinta manera a las personas por el color
de su piel? ¿Por razones de sexo? ¿Por ser hombre o mujer? Sería algo
anacrónico, primitivo, además de una aberración legal. Entonces, ¿por qué
permitimos que existan tantas diferencias en virtud del lugar de nacimiento?
Dice la Constitución que todos somos iguales ante la ley. Los mismos
derechos, las mismas obligaciones. Con el trabajo de Sandra y Gabriel
descubrirá que no es así. Ya no hay toros en Barcelona. Un señor de Canarias
puede tener perros de razas prohibidas en Toledo y los impuestos municipales
son cada uno de su padre y de su madre. La regla es que no hay reglas.
Por eso este libro aflora, describe y confirma con claros ejemplos el
disparate de leyes, recursos duplicados y situaciones absurdas en que se ha
convertido España. El fruto envenenado del lenguaje político. El juego de las
diferencias; una persona es tan parecida o distante a su vecino como lo
queramos ver. Todo depende de dónde nos situemos. En un extremo de la escalera,
todos somos seres humanos. Todos iguales. Pero claro, eso no justifica
distintas cotas de poder.
En el otro, tú eres rubio y yo moreno, tú vistes de traje y yo con
vaqueros. Tú de izquierdas y yo de derechas. Tú de Madrid y yo de Barcelona. Y
es aquí donde está el negocio. En hacer creer al resto de tus vecinos que tú,
por ser de una zona determinada, por tener una cultura propia, unas costumbres
autóctonas y una forma distinta de entender el mundo, mereces un trato mejor
que los demás. Mereces algo distinto. Y sobre todo, algo gestionado por el
político de turno que te ha convencido de ello.
Así entramos en una espiral creciente. Las instituciones públicas se
multiplican y todo responde al interés del ciudadano. Que Andalucía tenga
sesenta y cuatro páginas seguidas de cargos públicos —como demuestran los
autores— es por el bien del ciudadano. Que los cargos se solapan y hasta cinco
instituciones sirvan para poner reclamaciones de consumo en este país es por el
bien del ciudadano. Que las comunidades autónomas, las diputaciones, los
ayuntamientos acaparen cada vez más cotas de poder es por el bien del
ciudadano. Calma. Cuesta un dinero, pero es un mal necesario. Así vamos a
preservar nuestras culturas, nuestras costumbres, nuestros idiomas. Nuestra
forma distinta de entender el mundo…
Por eso este libro es tan importante. Estas páginas son una herramienta.
Una guía. Una llamada de atención para que no nos dejemos engañar. Un jarro de
agua fría para abrir los ojos. Si todos somos iguales, ¿por qué fomentamos
constantemente las diferencias? Palabras como pueblo, lengua o nación tienen un
componente cultural innegable. Pero un Estado es solo una organización
abstracta. Una forma pactada y arbitraria de gestionar el dinero de todos. Que
no nos hagan líos. España es un país donde conviven distintos pueblos.
Distintas nacionalidades.
Pero un solo Estado dondela gente, independientemente de ser rubio o
moreno, hombre o mujer, madrileño o barcelonés, de izquierdas o de derechas,
debería tener las mismas obligaciones y losmismos derechos. Ahora, Sandra y
Gabriel, tras un año de pesquisas y un extenso trabajo de campo, han puesto a
nuestro alcance las pruebas. Aquí las tiene. Quítese la venda porque, tras leer
estas páginas, ya no tendrá excusas para caer en la trampa.
Capítulo I. LA CASTA AUTONÓMICA
Tiene que empezar a ser consciente, usted ha contraído el virus autonómico.
Esto no es más que saber que dependiendo de donde nazca tendrá más o menos
derechos que sus vecinos, aunque viva a tan solo un kilómetro de la otra
autonomía. Debe saber que nunca, bajo ningún concepto, debe abrir un negocio en
dos comunidades diferentes, porque perderá; no debe apagar un fuego en otra
región, porque no le dejarán; no se le ocurra enseñar una tarjeta sanitaria de
otra autonomía, porque le mirarán mal en los hospitales. Y cuidado si cambia a
sus hijos de colegio a otra región, se juega su futuro.
Ambulancias que no se mueven, policías que se persiguen, incendios que no
se apagan, escuelas que confunden… para darnos cuenta de esto, lo mejor que nos
podía haber pasado ha sido la crisis. La estela que va dejando a su paso es
como un detergente que limpia los colores con lo877que se camuflaban las
mentiras que durante muchos años nos hemos ido tragando. La crisis n0s ha dejado en punto muerto, así que hemos
hecho una ITV a fondo de este país, y con mucho sentido del humor le vamos a
contar a su dueño, que es usted, que tiene mucho más que pérdidas leves de
aceite.
Ahora parece que todos se lo sabían. Empezando por el ministro de Hacienda
y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, que, recién estrenado su cargo,
a comienzos de 2012, culpaba a las autonomías del aumento del déficit público.
A buenas horas…
Si no nos hubiéramos rascado el bolsillo, si no hubiera ni para
jeringuillas de insulina, ni para libros, ni para futuras pensiones, tal vez
nunca nos habríamos percatado de la inmensidad de instituciones públicas y
duplicidades que existen en nuestra Administración. ¿Por qué crear algo
sencillo, si se puede complicar? ¿Por qué si podemos ir en línea recta no vamos
haciendo eses?
Un día que volvíamos de grabar un reportaje a una familia que había
padecido un desahucio en Córdoba, se nos ocurrió la idea de seleccionar uno a
uno todos los cargos de las instituciones de la Junta de Andalucía y los
colocamos ordenados uno detrás del otro. Simplemente enumerándolos, ¿sabe
cuánto ocupan? ¡Sesenta y cuatro páginas completas! Si se los soltáramos aquí
del tirón, ya casi habríamos acabado el libro. Si a ellos les añadimos todos
los que existen en las diecisiete comunidades autónomas más las dos ciudades
autónomas de Ceuta y Melilla, habríamos redactado, solo citando puestos
políticos, unas dos mil páginas, un volumen similar a Guerra y paz de Tolstoi.
Si además sumamos los de diputaciones, ayuntamientos, comarcas y demás, la enciclopedia
ilustrada se nos queda muy corta. Somos campeones de Europa, no de fútbol, sino
de los que más gobiernos tenemos y más descoordinados están.
Hace años un periodista, fascinado por el éxito de la Transición española,
le preguntó a François Mitterrand por qué Francia no copiaba un modelo como el
de las autonomías españolas. El presidente francés, con una fina ironía, le
respondió: «España es un país rico y se lo puede permitir». Pues bien, España
de rica ya no tiene nada, pero ahí seguimos gastando como si fuéramos marajás:
que si 400 millones de euros para nuestros diecisiete parlamentos, que si 500
millones en embajadas autonómicas, más de ocho mil ayuntamientos, tres millones
doscientos mil empleados públicos… Porque nuestra política se anuncia como el
camarero del famoso anuncio de la Once de 2003, aquel en el que dos componían
la canción del verano con música de verbena, el popular «Jefe, ¿qué es lo que
tiene?». Pues en nuestro sistema autonómico el camarero dice: «Tengo ministros,
tengo presidentes de comunidad y de diputación, tengo alcaldes, directores
generales y asesores a mogollón».
Usted se preguntará para qué sirven
realmente estos políticos. Ellos
se justifican alegando que están para defender su cultura, los derechos
históricos de su comunidad y para acercar el gobierno al pueblo. La gran farsa
aparece cuando cualquier crítica hacia ellos es identificada como un ataque a
todos los ciudadanos, es decir, al confundir la parte con el todo. Pero si
criticamos a Mas, no estamos criticando al pueblo catalán. Si criticamos a
Aguirre, no nos metemos con los madrileños. Pero hay más: nuestros dirigentes
también sirven para ponerse el sueldo que les dé la gana. Todos los alcaldes de
nuestro país pueden hacerlo; y sirven para que un concejal de festejos de un
ayuntamiento de tercera llegue a cobrar el doble que un profesor o un médico;
sirven para que un alcalde de un municipio de cien mil habitantes pueda tener a
su cargo a cincuenta y seis asesores
personales, y sirven para cobrar casi el doble que el presidente del Gobierno o
para que se monte toda una consejería de sanidad con su consejero, sus
directores generales, etc., en una comunidad que, como La Rioja, tiene… ¡un
único hospital!
Así, a bote pronto, y cambiando radicalmente de tercio, ¿me puede decir
ahora mismo qué es lo que usted guarda en su trastero? Seguramente puede
confirmar que las maletas, las bicicletas y poco más. Pues en nuestros
gobiernos regionales y locales pasa lo mismo, no tienen ni idea de dónde ha
venido o cuánto ha costado esto o lo otro. Son los expedientes X de nuestra
política y hay unos cuantos. ¿Tarareamos juntos? «Tengo, tengo pantallas de
300.000 euros para el Ayuntamiento de Alcorcón (Madrid), tengo un exalcalde de
León con medio millón de prejubilación, tengo 61.000 euros de sueldo anual en
Parla (Madrid) para un “ñapas” que trabaja de peón, tengo 7.000 millones de
euros de deuda que me ha dejado Gallardón…». Esto último lo podía cantar Ana
Botella, la alcaldesa sustituta de Madrid. Veamos lo de las pantallas planas de
Alcorcón:
—¡Contreraaaaaaas! —Pérez, alarmado, llamaba a su asesor. —Dígame, señor
alcalde.
—Busque el inventario del consistorio del anterior gobierno, que quiero ver
bien lo que hay, y repasar las cuentas… o esto va a ser un desmadre.
Contreras se va a realizar el encargo. Pasan los días y el alcalde lo llama
a su despacho.
—Contreras, ¿qué pasa con el inventario?
—Es que… pues… que… no existe.
Ni Contreras ni la conversación son reales, pero no creemos errar mucho el
tiro al inventar esta escena. El Ayuntamiento de Alcorcón era un trastero de
esos en los que hasta que no haces limpieza no sabes lo que te vas a encontrar.
Según el Grupo Popular de gobierno de esa localidad, lo que sí se había
limpiado era la caja, nada más y nada menos que 10 millones de euros en gastos
y proyectos de última hora. Por esa razón David Pérez, el nuevo alcalde (PP),
pidió el inventario que jamás existió. Para controlar el paradero de esos
bienes comprados al final de la legislatura y que todavía no se sabe a dónde
han ido a parar. Lo que sí supieron de inmediato fue que la deuda ascendía a
612 millones de euros.
Muy cerca de allí, Parla y Tomás Gómez se hacían famosos en el extranjero.
Salían en los papeles como ejemplo de la ruina pública de las administraciones españolas.
Lo dijo el diario Financial Times. ¿Sabe cuál era la noticia? Que el
consistorio iba a ser embargado por un proveedor al que le debía 4 millones de
euros. Por cierto, ¿cuánto cobra un responsable de mantenimiento con categoría
de peón en este ayuntamiento? 61.000 euros anuales. Si nuestra situación no
fuese tan negra, nuestros políticos seguirían pensando que todo el monte es
orégano. Y por supuesto, usted ni papa. Porque nuestro querido país es de los
pocos de Europa que aún sigue sin regular el derecho de acceso a la información
oficial, es decir, que no hay apenas transparencia. Váyase a su Consejería de
Hacienda y pida datos de nóminas, de cuánto se gastan en personal, en medios,
en dietas… No se los van a dar, consideran que es una información que usted no
debe conocer. Aunque, por lo que sabemos, esos organismos oficiales existen
gracias a nuestro bolsillo.
Además, nuestros dirigentes no permiten preguntas en las ruedas de prensa.
En nuestro país, en el día a día de un periodista, nos podemos encontrar con
cosas como la que sigue. Hasta para grabar algo tan simple como el agua
embalsada hay que pedir permiso. Llamamos al Canal de Isabel II, la empresa
pública que gestiona las aguas en Madrid.
—Hola, mira, estoy haciendo un reportaje sobre el ahorro de agua y quiero
grabar unas imágenes en un pantano.
—Sí, nosotros te damos la autorización. Pero ¿dónde te vas a poner?
Dependiendo del lugar donde quieras grabar, te tiene que autorizar el municipio
que linde con la presa.
—Bueno, no sé… donde haya buenas imágenes del agua. Se trataría de filmar
la presa y luego el río más abajo.
—¡Ah! Entonces además de al ayuntamiento del municipio deberías pedir
permiso a los de la Confederación Hidrográfica para la zona del río de la que
se trate.
—¡Si yo solo quiero grabar agua! ¿Puedo ir a El Pardo? (En el distrito de
Fuencarral, en Madrid, por donde pasa el río Manzanares).
—No, en ese caso, al ser un lugar protegido y tratarse de un Real Sitio,
tienes que pedir el permiso a Patrimonio Nacional.
Solo quería grabar agua, eau, H2O, water… nada más. Una pared, otro muro,
una escalera…
¡Qué entramado más fatigoso es nuestro sistema político territorial! A cada
peldaño que subimos, a cada pasito que damos dentro de él nos encontramos con
esa casta autonómic y local que lo custodia.
La gran familia Día de Navidad. Es justo el momento después del café. Los
hijos revolotean alrededor de un padre de familia numerosa.
—Bueno, ¿cómo vamos? —pregunta el padre—. En mi coche cabemos siete, en el
de mamá cinco, y con otros dos entramos todos.
—No, yo paso, yo voy en el mío —dice el hijo pequeño.
—Vale, si quieres coge tú el tuyo, ¿quién más se ofrece? Falta otro coche.
—Que no, que te digo que yo voy solo.
—Pero… ¿Tienes que ir luego a algún sitio, o irte antes por alguna razón?
—No, pero me gusta llevar mi música a tope y paso de ir con más gente.
—Yotambién voy con el mío —dice el hermano mayor.
—¿Tú quieres ir solo también?
—Sí, me gusta poner la calefacción al máximo.
El padre empieza a desesperarse. Todos los hijos quieren ir con su propio
automóvil.
—¿Entonces en cuántos coches vamos?
—Pues en diecinueve —dice el benjamín—. Por cierto, papá, ¿tienes dinero
para gasolina?
Esto es más o menos un ejemplo de cómo funciona nuestro Estado autonómico.
Cada uno con su coche, su música… eso sí, la gasolina la paga usted, con sus
impuestos.
Las competencias están transferidas de tal manera que hay ministerios como
los de Educación y Sanidad de los que no sabemos a ciencia cierta cuáles son
sus funciones. Algunos políticos comienzan a denunciar semejante despilfarro, y
ahora muchos se rasgan las vestiduras ante tal despliegue de poder autonómico.
Los dos partidos mayoritarios que hoy se cuestionan la validez de algunas
administraciones fueron los que centrifugaron las competencias de forma
desordenada, comportándose como una lavadora que mezcla la ropa de color con la
ropa blanca.
Lo que se llamó el «café para todos».
Destacado es el papel del expresidente Aznar, que ha dicho que España «no
puede ser competitiva con comunidades aspirando a ser miniestados». Pero años
atrás proclamó: «Me precio de que bajo mi gobierno, y con pleno consenso, se
completaron las transferencias de sanidad y educación a todas las comunidades
autónomas». El mismo presidente que ahora, fuera del gobierno, parece no
soportar a los nacionalistas fue el que en una rueda de prensa llamó a los
terroristas de ETA «movimiento de liberación vasco», o el que quitó
competencias de tráfico a la Guardia Civil en Cataluña. ¿Qué pasa? ¿Es que allí
se circula de manera diferente?
Así, de la misma forma nos encontramos que José Antonio Monago, actual
presidente de Extremadura, opina que «al final hemos conformado diecisiete
reinos de taifas, uno cruza la frontera de una comunidad y los carteles
deberían ser los de bienvenidos a la república independiente de lo que sea.
Hemos hecho diecisiete mini-estados y eso se tiene que replantear, porque no se
puede pagar, es imposible de mantener». Sin salir de su comunidad ni de su
partido,
nos encontramos con que el alcalde de Badajoz, Ángel Celdrán, pidió a los
extremeños que dijesen que no querían más a España, en protesta por la decisión
de la Unión Europea, que no priorizó las comunicaciones terrestres en
Extremadura. Por su parte, el presidente gallego Núñez Feijóo, tal y como ha
declarado en alguna entrevista, se considera «primer ministro» de Galicia.
Pero ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Repasemos un poco de historia, como si
estuviéramos todavía en el colegio:
—Juanito, dime qué es el Estado autonómico.
—Pues… somos un país entre el sistema federal y el unitario, donde las
comunidades autónomas pueden legislar, aprobar leyes en sus parlamentos, pero
carecen de poder constituyente.
—Muy bien, Juanito.
En ese momento, otra alumna levanta el brazo.
—Sí, dime, Paula.
—Que eso… no es verdad.
—¿Por qué dices eso? —pregunta la profesora extrañada.
—Porque tienen los estatutos de autonomía.
—Pero eso está por debajo de la Constitución.
—¿Seguro? —pregunta Paula, con tono de listilla—. Entonces, ¿por qué en
Cataluña no se contempla el castellano como lengua vehicular igual que el
catalán?
Exacto. Porque la Constitución dice que deben serlo las dos, y el Estatuto
dispone que la que esté en situación minoritaria será la vehicular. Para la
Consejería de Educación de Cataluña la lengua minoritaria es la catalana, y
decide no acatar lo que le ordena tanto el Tribunal Supremo como el Tribunal
Superior de Justicia de Cataluña, que es garantizar el bilingüismo en las
escuelas. Actualmente, en los colegios catalanes se imparten veintiocho horas
en catalán y dos en castellano.
Las diecisiete comunidades y las dos ciudades autónomas (Ceuta y Melilla)
se crearon al amparo de la Constitución. Sus estatutos se han ido ampliando,
han ido cogiendo competencias de aquí y de allá, un poco más de justicia, dame
un poco más de sanidad. Han adquirido tanto poder que ahora, en plena crisis,
algunas quieren devolverlas al Estado ante la imposibilidad de mantenerlas. Ya
lo han planteado Aguirre en Madrid y Valcárcel en Murcia. Vamos, que ya no hay
dinero y es la hora de apagar las luces. Toca devolver el traje de fiesta al
que no le han arrancado ni la etiqueta.
El poder autonómico
Vayámonos ahora a unas tierras lejanas en tiempos remotos. Sopla el viento
entre nubes plomizas. Se divisa fuego a lo lejos y las grandes murallas de
piedra humedecida se erigen frente al temido Señor del Sur, que llega a
caballo, rodeado de campesinos y doncellas. El rey, con gesto de hastío, le
espera en un trono desvencijado, con un yelmo oxidado y una capa empolvada. El
Señor del Sur, blandiendo su espada, conmina a Su Majestad:
—Quiero que me pagues mi deuda. Mi deuda histórica.
Así acudieron los señores autonómicos de Andalucía y Extremadura hace
veinticinco años a los aposentos del gobierno central. El Estado les había
transferido las competencias en educación, sanidad y servicios sociales. A
partir de aquel momento, se las tendrían que apañar solitos. Pero Extremadura y
Andalucía eran regiones más pobres y más subdesarrolladas que las demás y le
exigieron al gobierno central un pacto: que les pagaran aquellos gastos que no
podrían asumir en los años venideros. Así se acuñó el término de «deuda
histórica», y hoy, casi treinta años después, todavía les estamos pagando. Unos
1.200 millones de euros a Andalucía y unos 300 a Extremadura.
Dinerito para los feudos autonómicos, algo que ha hecho que otras
comunidades se hayan subido al carro de la deuda histórica de maneras muy
diferentes. Estas son las cartas que llevan enviando Navidad tras Navidad a
Papá Noel Estado:
Querido Estado, soy Galiia. No tengo AVE, ni buenas carreteras, me merezco
21.000 millones de euros, me lo debes, es mi deuda histórica.
Estimado gobierno central, soy Aragón. Me has mermado mucho con las
reformas legislativas, por tu culpa no puedo recaudar de mis habitantes lo que
me gustaría, dame 400 millones de euros, me lo debes, es mi deuda histórica.
Hola, soy Murcia y he sido buena. Mi población ha crecido mucho y tú sigues
contando como si estuviéramos en 1999. Por eso, para mis nuevos habitantes te
pido 1.600 millones. Me lo debes, es mi deuda histórica.
Posdata: Yo soy Castilla-La Mancha y te pido por la misma causa 94 millones
de euros.
Posdata 2: Yo soy Madrid, que tengo setecientos mil habitantes más de los
que me contáis, me debes 1.414 millones más a mí… por cierto, nos lo debes, es
nuestra deuda histórica.
Pero he aquí que, cual Quijotes, nuestra aventura de caballerías y de
ínsulas Baratarias se estrella contra los molinos de la crisis. Así, caídos del
caballo, encontramos a ayuntamientos y comunidades con una deuda total de
180.000 millones de euros.
Los hilos de la política se mueven en los despachos, en los pactos para
votar los presupuestos generales, en los corrillos de
nacionalistas y agrupaciones minoritarias. Por eso nos podemos encontrar con
que un Rajoy se meta con CiU antes de la campaña electoral y acabe pactando con
ella una reforma u otra. O que Coalición Canaria, un partido que nunca ha
ganado en votos en el archipiélago, lleve décadas gobernando gracias a un
sistema electoral cuestionado y se convierta en la llave para formar el nuevo
gobierno de todo el país. Pactos, pactos, pactos. Da igual lo que sea, aunque
pacte el PP con IU en Extremadura y a estos últimos los expediente su formación
estatal. No importa, lo que de verdad cuenta es gobernar, reinar en un trozo de
tierra, por pequeño que sea.
Cabezas de ratón…
Nuestra casta autonómica prefiere ser cabeza de ratón antes que cola de
león. Para ellos legitimar su puesto es fundamental y lo hacen explotando las
diferencias y las divisiones con las otras
regiones. Nuestro gobierno central se convierte en un órgano inoperante y
no hace nada, es como
esa madre a la que se le ha escapado de las manos la educación de sus
hijos.
—¿Vas a poner la mesa hoy o no?
—No. Me toca tirar la basura.
—Deberías poner la mesa, habíamos hecho un trato, ¿no?
—¡Que me dejes en paz!
—Si no pones la mesa, te quito la paga.
—Si me quitas la paga, no tiro la basura tampoco.
—Eres una maleducada, vete a tu cuarto.
—Pues sí, me voy. Y tú no puedes obligarme a nada, tengo más de treinta
años y hago lo que me da la gana. Tú no me mandas ya.
Nada tenemos que ver con países como Estados Unidos, Alemania o Suiza,
donde todas las competencias están definidas. Aquí pocas cosas tenemos en
común, salvo la moneda y el cambio de hora, pues eso de girar las manecillas
del reloj es lo único que hacemos todos a la vez. Por lo demás, no sabemos muy
bien hacia dónde tirar. ¿Sabe usted que Alemania tiene la mitad de
Administración que España y es cuatro veces más rica? ¿Sabe que en Estados
Unidos el gobierno central recauda el 30 por ciento y cada estado federado solo
un 5 por ciento para autogestionarse? Bélgica quizá tiene mayor autogobierno
regional que España. Pues bien, ¿sabe que ha estado más de quinientos días sin
gobierno y es el que mejor ha lidiado la crisis económica? Quizá no sea
cuestión de competencias, sino de competentes.
Nuestro país tiene los miembros desmembrados y solo hay un mecanismo de
cohesión interno entre nuestras regiones: los convenios de cooperación
autonómica. En treinta años solo se han firmado cuarenta. Y ya está. Aquí sin
duda alguna se cumple esta máxima: «La política es el arte de buscar problemas,
encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios
equivocados». Lo dijo Groucho Marx, y eso que no conocía cómo funciona nuestro
querido sistema autonómico…
Pase y vea.
Capítulo II. Y ESTO, ¿PARA QUÉ
SIRVE?
-Hola, buenos días… ¿Es el teléfono de atención al consumidor de la
Dirección General de Consumo de la Comunidad de Madrid?
—Sí, dígame. ¿En qué puedo ayudarle?
—Pues mire, quiero poner una reclamación a una agencia de alquiler de
coches. ¿Qué tengo que hacer?
—Pues en nuestra página web, Consumadrid, están los pasos a seguir para
poner una reclamación.
—Sí ya, pero verá, tengo un pequeño problema. El coche lo alquilé en
Barcelona…
Tras un silencio al otro lado de la línea, la operadora me pide que espere
porque tiene que hacer una consulta. Unos segundos después retoma la
conversación.
—Pero… ¿Usted alquiló el coche de Barcelona a través de Internet aquí en
Madrid?
Uno se pregunta qué más dará que haya utilizado la red desde Madrid o desde
Barcelona.
—No, lo alquilé en una oficina de Barcelona, la empresa es de allí.
La telefonista repite mis palabras un poco angustiada a algún experto o
experta que está a su lado. Luego se dirige a mí…
—Entonces, no sé. Es que…
—Pero todavía tengo un problema más, como me acabo de trasladar, aún sigo
empadronada en Valencia.
Es entonces cuando se queda perpleja del todo. La funcionaria de consumo no
sabe qué contestar, así que sigo hablando yo.
—Así que no sé si poner una reclamación en alguna Oficina Municipal de
Información al Consumidor del Ayuntamiento de Madrid (las conocidas OMIC), o
hacerlo directamente en la Dirección General, o sea, con ustedes, que son los
de la comunidad, o por otra parte, si hacerlo en la OMIC de Terrassa, que es
donde alquilé el coche, o en la Agència Catalana del Consum…
No sé, o incluso en el Servicio Territorial de Consumo de Valencia, donde
estoy censada. ¿O tal vez tendría que hacerlo en el Instituto Nacional de
Consumo?
—Pues… —Ya le debía de estar cambiando de color el pelo cuando, acorralada,
encontró la solución a todo mi embrollo mental como consumidora, y así me la
soltó—: No sé, la verdad… es que es todo tan complicado…
¿Complicado? Uno se queda de piedra:
—¿Entonces me puede dar una solución o no?
—Bueno, pues haga la reclamación aquí, en la Comunidad de Madrid, y ya
veremos, se estudia y se deriva donde sea…
—¿Y puedo poner la reclamación también en las demás oficinas? Es que quiero
que sea lo más rápido posible…
—Sí, donde quiera, por eso no hay problema.
Así que, conclusión: no es ningún problema para nuestro sistema
administrativo que yo ponga exactamente la misma reclamación en seis organismos
diferentes.
La conversación es literal y aún hoy sigo sin saber a dónde dirigir mi
reclamación. Como no me parecía coherente presentarla en tantos lugares, quemé
el último cartucho: un correo electrónico a la dirección de información que
tiene el Instituto Nacional de Consumo:
Para: inc@consumo-inc.es
Jueves, 15 de septiembre de 2011,
11:40
Hola, mi nombre es Sandra Mir, estoy
preparando un trabajo para un libro, soy periodista. Quería preguntaros si me
podéis decir cuántos organismos dedicados al consumo hay en España en total,
las diferencias entre las direcciones generales de consumo y las OMIC, y si se
pueden poner reclamaciones en varias oficinas, y cómo se tramitan.
Por otro lado, ¿cómo se coordinan
los órganos de gobierno central en este ámbito con los de las comunidades
autónomas?
Este es mi correo electrónico y mi
número de teléfono es el xxxxxxxxx. Les agradecería me contestaran lo más
rápido posible o me remitieran a quien corresponda. Muchas gracias.
Y esta es su contestación ocho días después: inc@mspsi.es Para: Sandra Mir
Puede consultar nuestra página www.consumo-inc.es. Si luego quiere
profundizar en algún aspecto, intentaríamos hacerlo. Atentamente.
Y ya está, ni siquiera estaba firmada. Atentamente, ¿quién? Así que solo
quedaba seguir el consejo y bucear por las diferentes páginas web de nuestro
intrincado sistema gubernamental autonómico. Porque si hablamos de duplicidades
en materia de consumo, no demandamos más porque no queremos, porque medios
públicos para emitir reclamaciones sobran. Los que defienden nuestros derechos
como consumidores son: Oficinas municipales de información al consumidor. En
Madrid, en concreto, hay cuarenta y cinco. Las direcciones generales de consumo
de las comunidades autónomas. Asociaciones de consumidores y usuarios, que
reciben subvención estatal y de las comunidades autónomas. Por último, las
juntas arbitrales de consumo, que pueden ser de ámbito municipal, de
mancomunidad de municipios, provinciales o autonómicas. Y además existe la
Junta Arbitral Nacional.
Y por fin llegó la explicación de cómo poner una reclamación, según el
Instituto Nacional de Consumo en su página web:
En el caso de que decida Vd. interponer una reclamación ante las
administraciones de consumo competentes y lograr que su pretensión se vea
satisfecha, puede dirigirse bien a la Oficina Municipal de Información al
Consumidor (OMIC) de su localidad, o la Dirección General de Consumo de su
comunidad autónoma.
¿Entonces qué hacer? ¿Otra vez dicen lo mismo? Esto ya se estaba
convirtiendo en algo personal. Llamada al Instituto Nacional de Consumo:
—Perdone, ¿me puede dar datos globales de cuánto nos gastamos en oficinas,
agencias, etc., en materia de consumo en todo el país? ¿Puedo poner la misma
reclamación en diferentes oficinas, ya sean autonómicas, municipales o la
nacional?
—Es que nosotros no podemos ofrecerle esa información, tendrá que llamar a
las comunidades autónomas.
Entonces fue cuando la desesperación llegó a unos límites insospechados.
Una por una, si no nada. Es como si usted tuviera una mansión con diecinueve
habitaciones y no supiera lo que hay en cada una de ellas. No hay nadie que
sepa lo que ocurre en su conjunto. Hay más estudios sobre España procedentes de
Europa que los que generamos sobre nosotros mismos dentro de nuestras
fronteras. Al final no sabemos ni lo que tenemos.
Preste atención a esta conversación de los hermanos Marx:
—Un coche y un chófer cuestan demasiado. He vendido mi coche.
—¡Qué tontería! En su lugar, yo habría vendido al chófer y me hubiera
quedado con el coche.
—No puede ser. Necesito el chófer para que me lleve al trabajo.
—Pero ¿cómo va a llevarle si no tiene coche?
—No necesita llevarme. No tengo trabajo.
Cambie el coche y el chófer por una oficina y un asesor, y verá cómo esto
puede ser un claro ejemplo del absurdo en que se ha convertido nuestro sistema
autonómico. Hay tantos cargos, tantos asesores, tantos organismos duplicados,
excesos y estamentos multiplicados que al final hay personas dedicadas a la
vida política que no tienen trabajo, porque su puesto no sirve para nada. Por
eso pasa lo que pasa y es entonces cuando comienza el juego de quién asume qué.
¿Esto es mío o es tuyo?
4 de marzo de 2011. Viernes noche. La amenaza llega del cielo. Una tormenta
teñida de blanco cubre en pocos minutos el asfalto de la autovía A-6, la que
une Madrid con Galicia. La nieve atrapa a miles de vehículos entre los túneles
de Guadarrama y Las Rozas, un embudo que obliga a los conductores a estar
inmóviles bajo el frío manto durante más de cinco horas. Los automovilistas
estancados echan mano de sus teléfonos móviles para contar a través de las
redes sociales en directo lo que les está pasando:
Hay al menos diez kilómetros de gente parada en medio de la autovía.
@Estefimtd Llevamos casi cinco horas para hacer menos de cincuenta kilómetros y
nos obligan a dar la vuelta por la A-6 dirección Madrid en pésimo estado.
@gijon2013
¿Quiere saber qué pasó? Pues que Amparo Valcarce, delegada del Gobierno en
Madrid, y Francisco Granados, consejero de Presidencia, Justicia e Interior de
la Comunidad de Madrid, estaban discutiendo precisamente sobre quién asume qué.
El famoso juego de las competencias entre el gobierno central y las comunidades
autónomas. En palabras literales de cada uno: Francisco Granados: «Lo que falló
fueron dos cosas: las previsiones, que nuevamente volvieron a equivocarse, y la
coordinación de los medios del Estado, que son responsabilidad de la delegada
del Gobierno, que estuvo desaparecida durante toda la noche. En cuanto nos
enteramos activamos el nivel 1 de emergencias y movilizamos a Protección Civil,
servicios del SUMMA (médicos) y bomberos».
Amparo Valcarce: «Es rotundamente falso que estuviera desaparecida durante
el colapso de la A- 6 y son intolerables las acusaciones del consejero. Estuve
en todo momento al frente del operativo coordinado por la Dirección General de
Protección Civil y la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid. Él (Granados)
no me llamó, por lo que entendí que no necesitaba más información de la que le
estábamos dando».
Entre unos y otros, allí estaban todos: Guardia Civil, el SUMMA, Protección
Civil… Pero no servía para nada, porque nadie sabía quién era el que tenía que
coger las riendas de la situación.
La cuestión es que las carreteras pertenecen a Fomento y a la Dirección
General de Tráfico, pero como tamaño fenómeno meteorológico se dio en terreno
madrileño, la comunidad también quería jugar su papel.
Por cierto, si le vuelve a ocurrir algo así, y se ve inmerso en una
situación tan estrambótica, sepa que puede reclamar según la Asociación de
Conductores Europeos. Está en su derecho como ciudadano y usuario. Eso sí,
tiene que remitir su queja a Fomento. Sí, de esto estamos seguros, pero si no…
infórmese en cualquier organismo de consumo, que seguro que le resuelven la
duda.
Muchos nombres, ¿misma cosa?
—Hola, buenos días, ¿es la Entidad Local Menor de…?
—Sí, dígame…
—¿Me podría decir para qué sirve esta institución? Quisiera saber
exactamente qué competencias tiene, quién es el responsable, etc.
—Bueno, esto es como un ayuntamiento pero pequeñito, pero no le sé decir
más.
—No se preocupe, ha sido muy amable. Gracias y buenos días.
No decimos el lugar concreto, porque como este hay miles en España. Se lo
explicamos. La Entidad Local Menor (ELM) es a lo que oficialmente se llama
«entidad de ámbito territorial inferior al municipio». Se llama así en La
Rioja, Aragón, Castilla y León y Galicia, porque en otras comunidades autónomas
tiene otros nombres: parroquias, pedanías, entidades locales autónomas,
entidades municipales descentralizadas... Lo dice bien claro: descentralizada.
Pero ¿qué es lo que está centralizado y se debe descentralizar? No es un
refrán, que conste. Estos minigobiernos lo que hacen es acercar la
Administración a los ciudadanos de zonas alejadas de la capitalidad. Hasta
aquí, todo correcto. Continuemos. Los regentan el alcalde pedáneo y la junta
vecinal, sus funciones son la administración y conservación del patrimonio,
incluido el forestal, el aprovechamiento de los bienes comunales, etc. Y
también ejecutar servicios que les delegue expresamente el ayuntamiento. Un
momento, ¿depende de otro ayuntamiento más grande?
Veamos un ejemplo: Bozoó es un pueblo «capitalino» en la provincia de
Burgos. Es el que tiene el ayuntamiento, luego Portilla y Villanueva Soportilla
tienen entidades locales menores que dependen de Bozoó. Son tres organismos
para tres pueblos, no está mal, teniendo en cuenta que es muy difícil para el
Ayuntamiento de Bozoó gestionar a sus ciento once habitantes y además no tener
un apoyo para gobernar solo en los otros dos pueblos con veinticuatro y siete
habitantes cada uno. No pasa nada, crear minigobiernos acerca a los ciudadanos.
Correcto, por eso en nuestro país existen tres mil instituciones tan necesarias
como estas, miniayuntamientos que se suman a los más de ocho mil ayuntamientos
que todos conocemos. No es tanto, teniendo en cuenta que en Gran Bretaña se
apañan con trescientos cuarenta entes locales para sesenta millones de
habitantes. Lo más curioso de todo esto es que, cuando hay elecciones, los
vecinos de las entidades locales menores echan tres papeletas. Andrés España,
alcalde pedáneo de Tredós, en el Valle de Arán, lo explicaba así en la
publicación alcaldes.eu: Cuando hay elecciones municipales, las de elegir
alcalde, para entendernos, se votan tres papeletas: una para el pueblo donde
vives, otra por los concejales de la alcaldía (…) y otra para el Consejo
General del Valle de Arán.
Este último es el gobierno autónomo del Valle de Arán, dentro de la
provincia de Lleida, otro más que añadir a la ensalada.
Los miniterritorios gobernados ya están inventados hace tiempo, pero por
inventar que no quede, si para ello tenemos que retroceder siglos en nuestra
historia.
Porque hay nombres raros, y escalones gubernamentales para dar y vender,
hay quienes, en un ramalazo de coherencia política, en plena crisis pudieron
llegar a decir:
—Contreras, ¿cuántos cargos nos quedan por repartir?
—Pues no sé, unos siete u ocho que no están colocados.
—Pues llama a Pere, al historiador que me contó un día no sé qué cuento
chino de los medievales, que con eso podemos crear otro estamento más de
gobierno.
—Pero señor, no trabaja con nosotros, habrá que contratarlo.
—Pues que haga un informe de esos que le pagamos, que quedan tan bien en
las estadísticas, y que se invente más organismos, que aquí de historia solo
sabe él.
—Pero estamos en crisis y…
—¡Qué crisis ni qué leches! Aquí hay que repartir, que tenemos muchos
compromisos. Pero recuerde, Contreras, de cara a la galería, esto solo es por
defender nuestras raíces históricas.
Conversación ficticia que podría haberse dado un 2 de febrero de 2010,
cuando el famoso tripartito catalán, reunido al completo, aprobaba el proyecto
de Ley de Veguerías, una demarcación territorial histórica de Cataluña que
existió desde el siglo XII hasta el XVIII. En ese proyecto transgresor se
contemplaban siete nuevos organismos públicos para gobernar en siete regiones
diferentes de la división provincial que actualmente tiene Cataluña. Así nacían
demarcaciones nuevas como la de Tierras del Ebro, Alto Pirineo y Arán o Campo
de Tarragona, junto a otras que ya tienen los mismos límites geográficos como
Barcelona, Lleida o Girona.
Muchos pueden pensar que lo que se intentaba era cambiar diputaciones,
organismos provinciales y demás por este nuevo proyecto. Pero no, lo que se
intentó fue aumentar las divisiones gubernamentales. En un gobierno tripartito
toca menos a repartir para cada partido.
Así que hay que hacer el pastel más grande, y se le echa más harina. Si
había que retroceder siglos para justificar más órganos de poder, pues hecho.
Pero las veguerías jamás vieron la luz. Una sentencia del Tribunal
Constitucional de julio de 2010 sobre el Estatut frenó el proyecto, que ya
estaba aprobado por el Parlament y casi puesto en marcha. El Constitucional
alegó que si los límites territoriales no coincidían con las cuatro provincias,
nada de nada, y argumentaba:
Nada se opone a que, a efectos estrictamente autonómicos, las provincias
catalanas pasaran a denominarse veguerías. Como nada impide, tampoco, que en
ese supuesto los consejos de veguería sustituyeran a las diputaciones
provinciales.
Exacto, cambien si quieren el nombre, pero nada de duplicar y crear nuevas
oficinas. Ni se les ocurra. Porque con los 556 millones de euros al año que
gasta la Generalitat en los consejoscomarcales ya es suficiente.
La diputación, esa gran desconocida Imagínese una oficina con casi mil
empleados. Es el día 24 de diciembre y se escucha una conversación entre una
secretaria y una telefonista:
—Oye, ¿vais a venir a cenar esta noche a casa o es mañana?
—Nosotros hoy. Tú también, ¿no?
—Pepe no sé; pero espera que llame.
La telefonista marca la extensión de uno de los talleres, que está dos
pisos más abajo.
—Pepe, ¿cenas esta noche en casa?
—Sí, de hecho nos vamos desde aquí, en coche, Manuel, que está en datos, su
cuñada y dos
nueras del jefe, la de los teatros y la de la sección de desarrollo
económico. Creo que cabemos todos, pero con los que somos este año, no sé dónde
lo vamos a celebrar.
—¿No te has enterado? —dice la secretaria que tiene el manos libres para
que la telefonista lo oiga—. La cena se hace en el salón de plenos, somos
cuatrocientos cincuenta.
Es la gran familia donde el patriarca lleva veinticuatro años al frente de
un equipo de novecientos cincuenta empleados. Más de dos décadas manejando un
presupuesto de 27 millones de euros anuales y una deuda de 60 millones más.
Bienvenido al reino de José Luis Baltar (PP), la controvertida Diputación de
Ourense, que es la segunda empresa de la provincia en número de trabajadores.
Treinta y tres bedeles custodian el edificio, y presuntamente, al menos un
tercio de ellos, fueron candidatos a compromisarios, es decir, podían votar en
aquel congreso del PP orensano en el que el hijo del Baltar fue elegido como
presidente en sustitución de su padre.
Entre el año 2007 y el 2009 se empleó con contratos temporales a ciento
seis personas que integraron listas del PP en noventa y dos ayuntamientos de la
provincia, a setenta y nueve concejales más y a unos ciento veinte parientes de
estos. El número total de familiares, «parientes de» y simpatizantes es un
secreto que guarda a buen recaudo la propia institución.
Con toda esta maraña de puestos cubiertos a dedo, hay un sector que está
padeciendo a lo grande: las academias de oposiciones. Una trabajadora de uno de
estos centros en Ourense nos cuenta lo siguiente: «Cuando se convocan
oposiciones a la Diputación de Ourense no tenemos apenas alumnos apuntados para
prepararlas. Hubo una vez el año pasado que se convocaron cincuenta plazas y no
teníamos ninguno apuntado. Cuando venía gente a informarse porque no sabía muy
bien a qué optar y le hablábamos de las plazas de la diputación, todos nos
decían:
“No, esas no, que están para los enchufados”, y así siempre».
Pero volvamos a nuestra pregunta. ¿Sirve para algo una diputación? En el
anterior caso, el de Ourense, ya hemos visto que para una función tan loable
como dar puestos de trabajo a profesionales que se lo merecen. Pero en otros,
tendremos que remontarnos un par de siglos para entenderlo.
Se crearon allá por el siglo XIX, cuando el eco del «¡viva la Pepa!»
todavía estaba presente, y su misión era ayudar a los municipios rurales y más
pequeños en su gestión y funcionamiento. Las diputaciones hicieron que llegaran
más carreteras, agua potable y demás a aquellos lugares donde no tenían
recursos. Apareció la hermana mayor, la comunidad autónoma, y empezaron a
mermar. Pero las diputaciones no querían perder poder y siguieron gestionando
prácticamente todas las áreas de gobierno en la provincia. Hay técnicos de
obras, informáticos, sanitarios, bibliotecarios, bomberos, recaudadores de
impuestos, mecánicos… Eso por citar solo algunos de los oficios y profesiones
que trabajan para la diputación y sus órganos satélites. Entonces, si hay
diputaciones, mancomunidades, comarcas y demás, ¿cuál sobra? Duplicar
competencias con otras entidades autonómicas o municipales es el leitmotiv de
nuestras formas de gobernabilidad, y un ejemplo claro de esto lo tienen los
maños.
Aragón tiene un millón trescientos mil habitantes; más de la mitad se
concentran en Zaragoza, su capital. Pues atento: conviven cinco niveles de
administración pública, que son: el gobierno central, el de la comunidad
autónoma, el de las diputaciones provinciales, el de las comarcas y el de los
ayuntamientos. En total ochocientos gobiernos, setecientos treinta
ayuntamientos, treinta y dos ejecutivos comarcales con más de dos mil
empleados, las tres diputaciones (Zaragoza,Huesca y Teruel) y la comunidad
autónoma. Muchos de los políticos de esta región duplican cargos: alcaldes que
son diputados o senadores, concejales que son diputados provinciales o
comarcales, etc.
Es ahora cuando hay que preguntarse: ¿para qué se crearon los gobiernos
comarcales hace diez años? Si fue para reagrupar ayuntamientos y acercar a los
ciudadanos los servicios, ¿no es esa la tarea que cumple la diputación? ¿No
está para organizar a los ayuntamientos de una provincia y gestionarlos? ¿En
qué quedamos, diputación o comarcas?
La organización provincial española nos cuesta un total de 22.000 millones
de euros anuales. En este gasto tenemos que contabilizar los consorcios,
empresas públicas, fundaciones, sociedades mercantiles y demás instituciones
parasitarias que viven de ellas. De todo esto, las diputaciones solo son
capaces de cubrir con sus recursos el 20 por ciento de los gastos. Por eso
Rubalcaba se empeñaba en decir que había que suprimirlas. Trabajan setenta y
seis mil funcionarios en ellas y lo que los ciudadanos sabemos de sus funciones
es relativamente poco.
Solo podemos destacar noticias como la de que a Carlos Fabra, expresidente
de la de Castellón, le haya vuelto a tocar la lotería, o que inaugure un
aeropuerto sin aviones. O podemos decir que, con un presupuesto de 661
millones, como tiene la de Barcelona, 2,5 millones se van en asesores. O en
ocasiones solo llega el eco de un Rus (de la de Valencia), que envalentonado
asegura que echará a todos los que se metan con la institución. En palabras
suyas: «En la empresa privada quien critica a la empresa se va a la calle». Lo
que no sale en la prensa es que esa diputación en concreto tiene treinta y un
diputados y treinta y siete asesores que cuestan 425 millones de euros al año.
Por cierto, jamás adivinaría cuál es la cuarta diputación más endeudada por
habitante de nuestro país: La Gomera. Cada isleño debe 1.046 euros. El paraíso
Curbelo Lo llaman «el virrey de La Gomera», es el presidente del cabildo de la
isla y fue senador por el PSOE. ¿Presidente del cabildo y senador? Bueno, el
primero es la máxima representación de la isla y este señor lleva en su cargo
desde 1991. También tiene la presidencia de varios patronatos y órganos de la
Administración Insular, y desde 1993 fue senador por La Gomera. Allí, en la
Cámara Alta, tuvo el honor de ser miembro de la Comisión de Asuntos
Iberoamericanos.
«Soy el senador»; «El senador está aquí». Con lo bien que suena en las
películas estadounidenses y aquí no suena a nada. Por eso hay que agradecer a
don Casimiro Curbelo que un senador fuera noticia al menos un día. Su asiento
en el Senado le ha aportado desde hace casi veinte años un sueldo base de 2.813
euros mensuales, a lo que hay que sumar los complementos. Además, no le han
faltado medios para llevar a cabo su labor: al ser de fuera de Madrid, contaba
con 1.800 euros extras mensuales para afrontar alojamiento y manutención, venga
mucho o poco a la cámara, 3.000 euros anuales para taxis, vuelos gratis desde
Canarias, etc. Además, doce años en a cámara son suficientes para poder cobrar
el cien por cien de la pensión cuando cumpla los sesenta años.
Pese a todo lo anterior, al señor Curbelo solo se le ha escuchado la voz
para jurar su cargo, porque según su ficha del Senado no ha registrado ninguna
iniciativa, ni ha intervenido y ni siquiera ha preguntado nada. ¿En veinte años
no se le ha ocurrido nada?
Sin embargo, esa voz por fin saltó a la primera página de los periódicos en
verano de 2011, por fin habló el senador para decir: «No estuve ni en una sauna
ni en un puticlub».
Pero sí, sí que estuvo. Según referían los periódicos parece ser que a la
salida se produjo un altercado y fue detenido. Toda la escena la presenció su
hijo, con el que había acudido al local después de celebrar en una marisquería
«el inicio de las vacaciones del Senado». El caso es que la fiesta en la sauna
acabó con una trifulca con agresión a la policía incluida. En ella se pronunciaron
frases clásicas en políticos de esta gama: «No sabe con quién está hablando»;
«Voy a acabar con vuestra carrera»… Al menos es lo que reflejaban los atestados
policiales. Su imagen saliendo de comisaría obligó a su partido, el PSOE, a
empujarle para que dimitiera de su cargo. Él aceptó. ¿Una dimisión como Dios
manda en nuestro país? Evidentemente, no, aunque de cara a la galería así lo
pareciera. Dimitió, pero como tantas otras dimisiones, esta también tenía
truco. La duplicidad de puestos en las autonomías y ayuntamientos hace que,
aunque pierdas un puesto, puedas hacerte con otro por si las moscas.
Días después de esa ejemplar dimisión el pleno del Cabildo de La Gomera,
con los votos a favor de PSOE y Coalición Canaria, decidió que Curbelo
desempeñase con dedicación exclusiva su puesto de presidente del Cabildo de La
Gomera. Ahora lo haría con dedicación exclusiva, unos 5.500 euros brutos al
mes, y sin tener que pensar en proposiciones para el Senado. Por cierto, que en
la página web del cabildo, en el momento de escribir este libro todavía figura
como senador. En ella encontramos que el único trabajo en la empresa privada de
este filólogo fue en un instituto de enseñanza secundaria, hasta 1986. Poco
antes empezó a escalar en el aparato de su partido, hasta que este fue su
verdadera profesión. Porque en La Gomera bastan 7.157 votos, de un total de
unos veinte mil votantes, para lograr ser senador. Y él los consiguió. Esto da
una idea de lo que puede llegar a entrar en una cámara destinada a dar voz a todas
las singularidades de nuestro Estado. Afortunadamente, en el Senado no abundan
casos como el suyo. Lo que sí parece es que esta institución «no cumple con
ninguna de las funciones para las que el constituyente la creó». Lo dijo
Rubalcaba, que añadió que «no sintoniza con el Estado autonómico». ¿Y por qué
no se cambió? Si un senador representa a su región en la Cámara del Estado,
entonces ¿qué representa un presidente de una comunidad autónoma? ¿Y uno de la
diputación? Por cierto, poco debe representar el Senado, porque ni Zapatero ni
Rajoy se acercaron por allí para presentar la propuesta de reforma de la
Constitución para introducir la limitación de endeudamiento. Sus señorías tal
vez tuvieron que recurrir a la prensa para darse por enterados.
Mancomunarse o morir
Diputaciones, Senado, entidades locales menores, comarcas… Nuestro país
parece la Tierra Media, con el anillo de la deuda traído y llevado para aquí y
para allá. Si acudimos a la Ley de Bases de Régimen Local, vemos que solo
expresa que las diputaciones asesoran y colaboran con los ayuntamientos, pero
no entra en las funciones de otras áreas. Pues entonces explíqueme esto:
existen el responsable de Deportes de la diputación, el director general de
Deportes de la consejería, el concejal de Deportes y el consejero de Deportes,
los directores provinciales de Deportes, los subdirectores de Deportes, más los
responsables de la mancomunidad…
¿Mancomunidad? ¿Otro más? Pero ¿qué es esto?
Veamos. Por ejemplo, Extremadura tiene dos provincias y trescientos ochenta
y cinco municipios, con un millón de habitantes en total. Sobre ella deciden
cinco estamentos políticos: el gobierno central, el de la comunidad autónoma,
las diputaciones provinciales, la mancomunidad de municipios y el ayuntamiento.
¿Recuerda Aragón? Pues no es la única que lo hace, las mancomunidades existen
en once comunidades autónomas. La Ley de Mancomunidades la aprobaron diferentes
gobiernos en diferentes momentos, y obligó a los municipios a mancomunarse y
ofrecer categoría de funcionarios a sus empleados.
—Hola, Pepe, ¿qué tal va todo por tu pueblo?
—Bien, ayer vinieron dos chavales que son muy buenos en fútbol.
—No me digas. Aquí hay tres más. —El edil gira la cabeza y grita con el
auricular del teléfono tapado—: ¡Contreras, tráigame la Ley de Mancomunidades!
—Oye, Pepe, ¿te apetece que nos mancomunemos?
—Pues vale, mañana hago la instancia.
—¿Cuánto nos van a dar?
—Pues ponle que unos dos milloncicos.
No tiene mucho sentido, ¿verdad? Sería una conversación de dos alcaldes de
dos pueblos ficticios, y parece que nada tiene que ver el fútbol con la
política… Pero ahora entenderá por qué se pueden llevar ese dinero.
Los Presupuestos Generales de la Comunidad Autónoma de Extremadura para
2011 otorgaban un Fondo de Cooperación para las Mancomunidades de 2.590.332
euros. Los pueblos mancomunados tienen que justificar para qué quieren ese
dinero. Así que a los treinta mil vecinos de Tajo-Salor, repartidos en quince
municipios, con un presupuesto de 3.600.000 euros,no les queda más remedio que
crear departamentos como el siguiente: Área de Dinamización Deportiva, con
cuatro «dinamizadores» (¿entendemos que son gente muy vivaz?) que están
encargados de lo siguiente:
Elaboración de estudios e informes técnicos dentro del ámbito deportivo
para el desarrollo del presente programa u otros programas que la Dirección
General de Deportes o las diputaciones provinciales consideren oportunos dentro
del ámbito de la mancomunidad.
Coordinación de las actividades deportivas que se realicen con las
promovidas por la Junta de Extremadura, la mancomunidad y los ayuntamientos y
otras entidades públicas y privadas.
En conclusión: aparte de no haber entendido nada de lo de los
dinamizadores, si los programas que dinamizan son para la diputación, la junta,
las direcciones generales o los ayuntamientos, entonces nos preguntamos: ¿qué
pinta la mancomunidad? Por lo menos, aquí sobran tres de cuatro. Algo no les
debe de cuadrar cuando en 2010 recortaron un 50 por ciento el número de
mancomunidades.
Todavía quedan treinta y tres.
La tijera de Cospedal
Vestida de rojo y con la voz entrecortada, subía al escenario el 22 de mayo
de 2011. María Dolores de Cospedal era elegida presidenta de Castilla-La
Mancha. La ilusión y el triunfo se vieron empañados días después al conocer los
números que le legaba su predecesor Barreda.
Según el Síndico de Cuentas, Tribunal de Cuentas autonómico, nada más y
nada menos que un agujero negro de casi 7.000 millones de euros de deuda.
Así que María Dolores cogió la tijera, esta vez no para cortar bandas e
inaugurar lugares para la foto de precampaña, sino para prometer que en su
gobierno se iba a pegar un tajo a todo lo que sobrara. Y así presentó a los
diecisiete enanitos, y cómo ella los iba a suprimir de un plumazo.
Lo primero, el defensor del pueblo. Porque en España hay diecisiete
defensores del pueblo, diecisiete tribunales de cuentas, diecisiete organismos
reguladores de la competencia, diecisiete consejos consultivos, ahí es a donde
van a parar los expresidentes, a esas y otras muchas entidades que se duplican
y triplican creando una ensalada de instituciones difícil de aliñar.
Así comenzaron los recortes. Los azules se ponían morados a recortar. El
plan de adelgazamiento de nuestra Administración se ponía en marcha. Ni la
famosa dieta de salvado podría dejar a nuestras instituciones más esbeltas.
Fueron como los fenómenos naturales, en los lugares menos esperados:
Tsunami Cospedal. El fenómeno de los fenómenos, obra de la precursora.
Arrastró a su paso a ochocientos interinos y a ocho mil empleados públicos en
Educación, en Sanidad y en las empresas de la Administración.
Volcán Murciano. El gobierno de Ramón Luis Valcárcel, encajonado por una
deuda de 2.106 millones de euros, reducía el horario de los ambulatorios y 27
millones en Educación. El 30 por ciento de las subvenciones para atención a
dependientes e inmigrantes se solidificaba como los ríos de lava.
Tifón en Extremadura. José Antonio Monago soplaba hacia la reducción de
coches oficiales y 22 millones en el presupuesto de publicidad. Huracán
Herrera. Fue de esos que se ven en las imágenes de satélite que hacen pensar
que se avecina la tormenta perfecta en Castilla y León, pero no. Su ejecutivo
solo ha reducido los servicios sociales, 46 millones menos, y la vivienda, 53
millones.
Terremoto Aguirre. Con una fuerza de 18 a 20 en la escala con la que se
miden las horas lectivas de los profesores, removía los cimientos de la
Educación madrileña. Ahí es donde había que atacar según ella. La Comunidad
dejaba de contratar a casi mil interinos.
Maremoto Feijóo. El epicentro de todo pasa por privatizar los hospitales.
Corte profundo en Sanidad (245 millones) y en Educación (254). Supresión de la
gratuidad de los libros de texto para cuatro de cada diez familias gallegas.
La sequía de Artur Mas. O más bien una helada invernal en Cataluña.
Congelados se quedaban todos los sectores en la Sanidad. Menos horas de
consultas, de interinos, de medicamentos, doctores y sanitarios en paro o con
sus nóminas muy reducidas eran la consecuencia principal, pero sin duda alguna,
los más perjudicados fueron los enfermos:
—Aureli, ¿por qué no fuiste ayer al ambulatorio?
—No, es que ayer el médico no estaba, ahora solo pasa consulta los viernes.
—¿Pero no te tiene que dar la receta? Yo fui a pedir cita para la mía.
—No, qué va, si ya no entra ese medicamento, ahora me tomo tila en vez del
ansiolítico. Es más barata y más sana.
—¿Y qué vas a hacer?
—Pues mira, por el momento me voy al cine con mi nieto, que ponen la del
chico ese que hacía de rapero en la tele, Homes de negre III.
Pues sí, porque don Artur Mas, con una Sanidad patas arriba dio un millón y
medio de euros extra, el doble que en 2010, para que más de cincuenta películas
norteamericanas se pudieran doblar al catalán. La crisis no parece afectar a
este sector. Millón y medio para Hollywood en catalán y Aureli contento de ver
a Will Smith en su lengua materna. Eso sí, con la tensión por las nubes.
Así, los gobiernos autonómicos se cargaron cincuenta consejerías y más de
doscientos altos cargos, un 30 por ciento del total. Es decir, que quedan por
ahí cuatrocientos altos cargos más. A eso vamos.
¿Es necesario que haya una crisis tan gorda como la que tenemos encima para
darse cuenta de que sobran cargos y organismos? Nuestros políticos ni han
ahorrado ni han recortado gastos superfluos durante la bonanza. Austeridad y
recortes de algo que sobra no es ahorro, es simplemente sentido común. Pero ya
se sabe, en épocas de escasez hay que ver bien dónde va cada euro.
Tijeretazo histórico de nuestra democracia, 5.000 millones de euros menos
en los presupuestos, reducción sobre todo en Sanidad y Educación. ¿Por qué? ¿Es
que no hay otras partidas de donde quitar?
Chiringuitos públicos
Hagamos un juego de esos que tanto gustan, un Trivial autonómico de
organismos con nombres extraños y funciones que nadie sabe muy bien cuáles son.
Para documentarnos simplemente ha hecho falta bucear un poco en las páginas web
de los organismos autonómicos, provinciales y locales. Así que entre un total
de ocho mil ciento dieciséis ayuntamientos, cuatro mil empresas
públicas, cuarenta y un diputaciones, siete cabildos, cuatro diputaciones
forales y los diecinueve miniestados autonómicos, la información es de todo
menos escasa. En este juego los quesitos son de todos los colores posibles,
rojos, azules, amarillos, verdes, porque para despilfarrar, duplicar y crear
puestos da igual el color del cristal con que se mire.
Pero ya está bien de prolegómenos. Comencemos a jugar, es la hora de ¿Sabe
usted para qué sirve esto?
Pregunta: Fomento de Jóvenes Emprendedores en Extremadura: 558.000 euros en
personal.
¿Sabe para qué sirve?
Respuesta: Con ese nombre es fácil de imaginar. Les decimos que además
existe otro organismo que se llama Fomento de la Iniciativa Joven, con
1.232.000 euros en gastos de personal, que duplica las funciones del Fomento de
Jóvenes Emprendedores. Pero además está la Sociedad de la Innovación, con
ciento trece trabajadores, que suponen una factura de dos millones anuales más.
Por si no han tenido suficiente, sepan que también se ha creado el Centro de
Nuevas Iniciativas… ¡Ah! Y se nos olvidaba que para rematar también existe el
Consejo de la Juventud.
Pregunta: En la legislatura 2007-2011, ¿cuál era la función de la directora
insular de Política Lingüística en Baleares?
Respuesta: Pues promocionar el catalán… por triplicado. Rosa Barceló lo
hacía junto a dos directoras más, pero en niveles administrativos diferentes.
Una, Margalida Tous, en la DirecciónGeneral del Govern, y la otra, Paula Fluxà,
en el Ayuntamiento de Palma. Además los baleares contaban con el COFUC
(Consorcio para el Fomento de la Lengua Catalana). Todo sumaba casi 10 millones
de euros de presupuesto anual. Pero no eran las únicas que hacían funciones
triplicadas. La directora de Transporte Aéreo, Joana María Amengual, cobraba
50.000 euros por su cargo, cuando las competencias de su área no pertenecen al
Gobierno balear, sino a Fomento.
Pregunta: ¿Empresas públicas para qué?
Respuesta: Miguel Ángel Villanueva, el nuevo vicealcalde del gobierno de
Ana Botella en el Ayuntamiento de Madrid, dirige una empresa que se llama
Esmadrid, muy parecida a otra empresa que hace prácticamente lo mismo, que es
Tourmadrid, que consiste en promocionar la marca de la ciudad por todo el
mundo. Cobra por ello 100.000 euros anuales. En la Comunidad de Madrid existe
una Dirección General de Turismo y una empresa, Turismo Madrid, para
promocionar la región, y que tiene, como Esmadrid y Tourmadrid, en la capital
su principal reclamo. Es tan ridículo que se han visto stands en el Aeropuerto
de Barajas compitiendo por dar la misma información.
Pregunta: ¿Es posible resolver asuntos africanos en Extremadura?
Respuesta: Y tanto. La encargada era Victoria López, que con un sueldo de
51.000 euros anuales tenía esa misión, integrada dentro de la Agencia Extremeña
de Cooperación para el Desarrollo.
Existe otro organismo similar en la región, denominado Fondo Extremeño
Local de Cooperación para el Desarrollo. No son los únicos, tenemos también el
Gabinete de Iniciativas Transfronterizas, que incluye oficinas de la junta en Bruselas
y Lisboa. Pero no se vaya todavía, aún hay más. La Junta de Extremadura también
cuenta con las sociedades Fomento Exterior de Extremadura y Fomento Extremeño
del Mercado Exterior, que dedican 306.600 euros y 1.135.000 euros
respectivamente a gastos de personal.
Nos vamos de viaje
—Contreras, ¿dónde está mi bañador?
—Se lo he puesto al lado del neceser.
—Es que me han dicho que todos los hoteles tienen piscina climatizada y
aunque en París hace frío…
—Pero señor, si no le va a dar tiempo: tiene que visitar la oficina y luego
volar a Alemania para ver las cinco delegaciones que tenemos allí y tiene que
preparar el discurso sobre la lengua, el turismo y todo eso.
—Bueno, bueno, yo voy para allá a que me hagan la foto, para hablar y
defender el patio ya tenemos a nuestro embajador allí, que para eso cobra
80.000 euros al año.
Lo de promocionar la tierra en el exterior es algo que gusta a todo tipo de
políticos. Es llegar al poder y se vuelven como Curro, el del anuncio.
Embajadas, oficinas y delegaciones regionales repartidas por el mundo nos han
costado 402 millones de euros en 2011. Todas creadas al margen del Estado, que
es quien tiene la capacidad legal para la representación diplomática de nuestro
país en el exterior.
Pero esto da igual. Cataluña tiene treinta y dos embajadas por todo el
mundo. La de París estuvo regentada por el hermano del exvicepresidente Carod,
que cobraba 80.000 euros al año. Todas ellas cuestan 13 millones de euros al
año, pero no es la autonomía que más gasta en estos asuntos. Los vascos se
dejan 62 millones anuales en esta área, aunque solo tienen trece oficinas.
La comunidad de Madrid tiene once, la Comunidad Valenciana, veintitrés y
Andalucía, veintidós. Esta última ha llegado incluso a poner delegaciones en la
ciudad de Madrid, como si fuera el extranjero.
Las embajadas autonómicas solo se pueden justificar siempre y cuando sirvan
para potenciar las relaciones entre empresas regionales y extranjeras, pero
muchas veces se utilizan para atraer los votos de los ciudadanos de la
comunidad residentes en el extranjero. Por ejemplo, Caracas,
Buenos Aires o Montevideo están repletas de gallegos emigrantes que son un
buen puñado de votos para los candidatos.
Pero, ¿cómo son estas embajadas, quién trabaja en ellas y cuál es la labor
que desempeñan?
Si pasea por Bruselas, cerca del Parlamento Europeo, concretamente en la
Rue de la Loi, se daráde bruces con mil metros cuadrados de oficinas. Es la
Oficina Comercial que vende el nombre de Cataluña. Cruzamos un parque y nos
encontramos a los castellano-leoneses en una de las zonas más lujosas de la
ciudad. Muy cerca, una ikurriña acompañada con un rótulo en euskera e inglés,
nada de español, que nos anuncia que los vascos también se han instalado allí.
Los que trabajan allí son, en el caso de la oficina vasca, una delegada y
ocho funcionarios, que se gastan 1,28 millones de euros en promocionar San
Sebastián como capital cultural.
Casi medio millón de euros en sueldos se gastan los gallegos afincados en
Bruselas, y eso que en la casa de la Xunta solo hay siete empleados. Andalucía,
por la misma cantidad de dinero, tiene desplazadas allí a catorce personas.
La política exterior es algo que los gobiernos autonómicos tienen grabado a
fuego. Fíjense, y pueden verlo en la página web de asuntos exteriores de la
Generalitat catalana, en el listado de todos los órganos de política exterior
catalana: Secretaría de Asuntos Exteriores; Dirección General de Relaciones
Exteriores; Dirección General de Cooperación al Desarrollo; cinco delegaciones
del Gobierno catalán en Alemania, Argentina, Estados Unidos, Francia y Reino
Unido; Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo; Consejo Catalán de Fomento
de Paz; Comité Catalán de Ayuda Humanitaria de Emergencia; Consejo de
Cooperación al Desarrollo; Consejo de las Comunidades Catalanas del Exterior;
Patronato Cataluña Mundo; Casa Asia; Fundación Centro de Información y
Documentación Internacionales de Barcelona; Instituto Barcelona de Estudios
Internacionales; Instituto Ramón Llull; Casa de las Lenguas; Consejo Asesor
para el Desarrollo Sostenible; Turismo de Cataluña; Consejo Interuniversitario
de Cataluña; Consorcio Instituto Internacional de Gobernabilidad de Cataluña;
Promotora de Exportaciones Catalanas.
Les abruma, ¿no? Veintisiete órganos para una política exterior de una sola
comunidad autónoma, que entre ellos duplican sus funciones, como la Agencia
Catalana de Cooperación, que ejecuta lo que le dice la Dirección General de
Cooperación al Desarrollo, y a su vez el Consejo de Cooperación al Desarrollo,
que es el que elabora informes. Tres órganos supeditados que bien podrían
quedarse en uno ¿Sabe lo que cuesta toda esta política? 35 millones de euros
anuales, según el presupuesto de 2011.
Esta es solo la partida de Asuntos Exteriores, pero todavía hay más
instituciones duplicadas que no han sufrido apenas recortes en Cataluña. Hay
cuarenta y un consejos comarcales para ayudar a los municipios, con un
presupuesto de 630 millones con dos mil setecientos trabajadores, de los que
unos mil son consejeros; un Consejo Audiovisual Catalán que se lleva 8 millones
de presupuesto; un defensor del pueblo que les cuesta 7,9 millones de euros al
año, la Comisión Jurídica Asesora (3,4 millones), la Sindicatura de Cuentas (12
millones), la Oficina Antifraude (5,3) y el Consejo de Trabajo, Económico y
Social (2,9). La Secretaría General de Deporte de la Generalitat tiene un
presupuesto de 82 millones, con unos logros tales como conseguir, entre otras
cosas, que se reconozca a la selección catalana de dardos.
Este es más o menos el panorama. Haga este ejercicio ahora con cada
consejería de cada comunidad autónoma de nuestro país, y luego baje a los
ayuntamientos, a las comarcas, a las mancomunidades, váyase al Senado, pasee
por las diputaciones, dé un garbeo por los ministerios y direcciones
territoriales, direcciones generales, hable con asesores, con los asesores de
los asesores, reléase este capítulo mil veces, que solo es una gota en el
intrincado mundo de nuestra política. Y si después piensa todavía que para
ahorrar solo se puede recortar en Educación y Sanidad, enhorabuena: tal vez
usted sea uno de esos visionarios políticos de la tijera y todavía no lo sepa.
Capítulo III. POLÍTICOS DE VOCACIÓN
2 de mayo de 2011. Elecciones autonómicas. En juego 68.462 concejales,
8.116 alcaldes, 1.040 diputados provinciales, 157 consejeros de cabildos
insulares y 14 presidentes autonómicos.
22.00 horas. El balcón de la calle Génova, en Madrid, está que se cae.
Abajo, miles de simpatizantes del PP agitan las banderas, en una explosión de
euforia que no cesa hasta altas horas de la madrugada. Arriba, en su sede
nacional, la cúpula del PP celebra, con saltitos desacompasados, una victoria
sin precedentes. Gallardón y Aguirre, alcalde y presidenta de Madrid, se funden
en un abrazo sin fin. Atrás quedan los desacuerdos y los rencores. Sobre todo
para Alberto, que ve más cerca su sueño de ser ministro y dejar la política
local. Acaban de ganar las elecciones de forma aplastante, su partido ha
conseguido ocho millones de votos, lo que se traduce en 12 millones de euros
para las arcas del PP. Sí, cada voto que emitimos los ciudadanos lleva
acompañada una subvención al partido. Además, hasta para esto somos diferentes,
varía según donde estemos empadronados. Por ejemplo, el voto de un madrileño
supone 1,01 euros para las arcas del partido que lo recoja, pero en Castilla y
León su voto solo vale 68 céntimos.
Aquella noche electoral, la otra cara, la de la sede nacional del PSOE, en
la calle Ferraz, era un páramo. Nadie esperaba en sus aceras para aclamar a sus
políticos. A las 23.26 horas apareció Zapatero en Moncloa. Corbata roja,
semblante cariacontecido y unas palabras que sonaban más entrecortadas que
nunca: «Hemos tenido el apoyo de seis millones de ciudadanos, estamos muy
orgullosos del trabajo de los socialistas que han perdido y han ganado». Paliza
en las urnas, pero recuerde, en política, perder es también ganar… dinero. El
PSOE recaudó 10 millones de euros por los seis millones de votos que se
consiguieron. Porque en plena crisis las subvenciones estatales a los partidos
políticos en 2011 subieron un 9,1 por ciento.
Pese a esto, los socialistas, evidentemente, estaban tristes. Habían
perdido el apoyo del pueblo y los meses próximos iban a ser muy duros. Mantener
el asiento en el Parlamento, en un consistorio o en una consejería es garantía
de vivir holgadamente y sin preocupaciones durante al menos cuatro años. Y eso,
en los tiempos que corren, es un chollo. Por eso el 22-M todo era júbilo, por
haber conseguido la presidencia de la comunidad autónoma más grande, o por
hacerse con el ayuntamiento más pequeño. Porque salir elegido en política es
uno de los mejores trabajos que le puede caer: «Se ofrece trabajo de más de 3.000 euros al mes, podrá compatibilizarlo
con su actual empleo, período vacacional de casi cuatro meses, dietas, coche a
su disposición, teléfono móvil y ordenador portátil. No es obligatorio acudir
todos los días a su puesto, salvo casos muy puntuales».
Si usted es político, aparece en las listas de su partido y sale elegido
para ocupar un escaño en el Congreso de los Diputados, está de suerte: le ha
tocado el trabajo de su vida. Su asiento le reportará 44.213 euros al año si
vive en Madrid. Pero no se preocupe, si usted es de otra comunidad, no tiene
que trasladarse a la capital, ni buscar piso de alquiler, ni matricular a sus
hijos en un colegio madrileño. Recibirá 2.600 euros mensuales, 55.652 al año,
estando en su ciudad de origen y trasladándose al Parlamento cuando sea
necesario, y si no va un día, aunque haya una votación importante, nadie se lo
echará en cara. Si usted no es político, pero tiene hijos en edad
universitaria, no lo piense más, no les pague una carrera, alístelos a un
partido, aunque no tengan ninguna ideología concreta, porque está claro que,
con cinco millones de parados, el futuro está en la política.
Trabajo seguro, buen sueldo y viajes a costa del contribuyente. Además, los
diputados solo tienen que cotizar un máximo de once años para llevarse 2.232
euros cuando cumplan los sesenta y cinco años, mientras que un español de a pie
necesita treinta y siete años. El reglamento de nuestra Cámara Baja dice en su
artículo 8.1 que «los diputados percibirán una asignación económica que les
permita cumplir eficaz y dignamente su función», y para cumplir su función
tienen que tener también los traslados pagados y percibir unas dietas acordes a
su labor. ¿Es o no es un chollo? ¡Ah! Y también iPads, un milloncete de euros
de nada que se gastó la Diputación Permanente del Congreso para que sus
señorías disfruten durante las sesiones.
Pues imagínese esas condiciones multiplicadas por diecisiete parlamentos a
una media de cien diputados autonómicos por cada región. Y en este caso no es
como en el fútbol, en primera osegunda división, porque los diputados
regionales tampoco tienen las manos vacías.
Comencemos por Madrid. En las pasadas elecciones autonómicas UPyD consiguió
ocho escaños en la Asamblea de Madrid. Lo primero que hizo el partido de Rosa
Díez fue pedir, en una llamada a la austeridad, que se rebajaran los diputados
de la cámara regional de ciento veintinueve, que hay en la actualidad, a cien.
También solicitó que los parlamentarios rebajaran sus sueldos un 10 por ciento.
Solo por jurar su cargo, un ordenador portátil, teléfono con gastos pagados y
cursos de informática e inglés gratis. Lo del teléfono móvil es universal para
la mayoría de los diputados de todas las comunidades. El récord se lo lleva la
Comunidad Valenciana. ¿Sabe cuánto gastaron los diputados de Les Corts en
llamadas? 500 euros mensuales de media. El Parlamento valenciano emitió
facturas por valor de 20.000 euros mensuales por el consumo de sus noventa y
nueve diputados, 781.029 euros al año solo en teléfono. Al menos ahora les han
ajustado los gastos a un máximo de 140 euros al mes. Si se pasan, tendrán que
desembolsar la diferencia de su bolsillo.
Sigamos con los asamblearios madrileños. El paquete de extras viene con una
tarjeta de pago con 30 euros diarios para peajes, abono de transporte gratuito
y 250 euros al mes para taxi… Fíjense
qué elenco de posibilidades de movilidad en una región uniprovincial.
Aunque muchos a lo mejor no saben para qué sirve el abono de transporte,
teniendo en cuenta que el propio exconsejero de Transportes de la Comunidad de
Madrid, José Ignacio Echeverría, no sabía que existía el bono metrobús. Pero
claro, hay que disculparlo, él viaja en coche oficial.
El sueldo medio de los diputados en la Comunidad de Madrid es de 3.607
euros al mes para los que ser parlamentario es su única dedicación en la vida.
Si combinan su trabajo en el escaño con otras actividades privadas cobran 1.276
euros, el doble que el salario mínimo. Si un parlamentario madrileño viaja a
otras regiones, percibe 94 euros diarios, si viaja al extranjero, 122 euros
cada jornada que está fuera. Si además es portavoz de su partido, le
corresponden unos 1.800 euros más al mes.
Cojamos otro parlamento al azar, por ejemplo, Navarra. Pese a que en 2011
bajaron sus sueldos entre el 7 y el 15 por ciento, los parlamentarios de la
mesa y de la junta con dedicación absoluta cobran 55.602 euros anuales. Los
parlamentarios rasos, un global de 49.422 al año.
En el caso de las dietas hay para todos los gustos. En el año 2010, once
diputados del PSOE del Parlamento andaluz justificaron gastos en dietas por un
importe de 7.158,20 euros.
Concretamente, el diputado por Almería Manuel García Quero cobró 2.181 euros
solo en desplazamientos.
Sueldos made in ayuntamientos
Bajemos a tercera división regional, es decir, a los ayuntamientos. Está
claro que, cuanto menos territorio se gestiona, menos trabajo se tiene. Por
ejemplo, en la empresa privada, ¿quién tiene más responsabilidad, un director
general o un director regional? ¿Quién debe cobrar más? Es de lógica. Pues lo
evidente no se da en la política. Un concejal o un alcalde, en ocasiones, cobra
más que un ministro. ¿Se acuerdan del sueldo del expresidente de Cataluña
Montilla, de 164.000 euros anuales? ¿Sabe que el actual president Artur Mas se
ha bajado su salario y sigue siendo el mejor pagado con 144.000 euros? Y
Esperanza Aguirre cobra 108.511 euros anuales, y curiosamente Ignacio González,
su vicepresidente, 209 euros más que ella, que, aunque no es mucho, no deja de
ser curioso. ¿Sabe que nuestro presidente del Gobierno central cobra la mitad:
78.185 euros al año? Pues Xavier Trías, alcalde de Barcelona, cobra 30.000
euros más que él, y no es más que alcalde.
Pero no vamos a ser malos, Trías está a la cabeza de una de las ciudades
más importantes de nuestro país. Gestionar territorios de unos tres millones de
habitantes no debe de ser fácil. Por eso se rodea de un buen equipo, y muy bien
pagado. En el Ayuntamiento de Barcelona hay cargos, como los gerentes
municipales, que están en el primer nivel ejecutivo del consistorio y se
dedican a las áreas de urbanismo, seguridad, etc., cuyas retribuciones pueden
llegar a los 148.210 euros anuales (les recuerdo: el doble que el presidente
del Gobierno). En el caso de Madrid, los salarios varían entre los 91.788 que
ingresan los concejales de área, y los 62.013 euros de un concejal con
dedicación absoluta. Y eso que todos ellos, haciendo gala de su solidaridad
para salir de la crisis, se redujeron el sueldo un 15 por ciento hace un año.
Los ayuntamientos se agrupan en un órgano que es la Federación Española de
Municipios y Provincias. La FEMP recomienda a los ayuntamientos que, «desde el
respeto a la autonomía local», acuerden el salario de sus miembros según
criterios objetivos tales como población, presupuesto o situación financiera
municipal, con «austeridad y prudencia en su política de gastos», y utilizando
«criterios comparativos con el régimen retributivo de cargos públicos de otras
instituciones».
Ser o no ser un alto cargo
¿Quién tiene más poder, un alcalde o un ministro? Celia Villalobos probó
las dos cosas. No llegó a terminar la carrera de Derecho, de la formación de
los políticos hablaremos más adelante, pero fue alcaldesa de Málaga (1995-2000)
y ministra de Sanidad (2000-2002), y durante ese mandato transfirió las
competencias de sanidad a las once comunidades que aún no las tenían.
Ella lo tiene claro: «Si he de elegir entre los cargos que he ocupado, yo
me quedo con el de alcalde, porque es donde tienes más autoridad y capacidad de
toma de decisiones. Y a mí, como alcaldesa de Málaga, me gustaba tomar
decisiones y arrostrar las consecuencias. Cuando vienes de un poder municipal,
cuesta encontrarte con que eres uno junto a otros catorce como tú, y con que
además tienes ahí arriba otro señor, el omnímodo presidente que te nombra y te
destituye cuando le sale de las narices».
De hecho, si el alcalde tiene mayoría en el pleno, tiene un poder
prácticamente soberano: puede contratar a quien considere necesario o ponerse
el sueldo que quiera. Mientras que los ministros pueden tener entre dos y
cuatro asesores de libre designación, los alcaldes pueden tener hasta dieciocho
o veinte. Eso no significa que, además, tanto ministro como alcalde puedan
poner a la cabeza de sus organismos adjuntos a quienes, literalmente, les dé la
gana.
Se cree que hay unos cuatro mil altos cargos, asesores y cargos de confianza
en los diecisiete gobiernos autonómicos. «Se cree», porque ni siquiera hay
cifras unificadas al respecto. Para empezar, ni siquiera está claro qué se
considera un alto cargo. Lo único que sabemos es que cobran mucho.
Hay varias leyes a nivel nacional que definen como altos cargos a:
secretarios de Estado, secretarios generales, directores generales,
subdirectores generales, delegados de gobierno, etc.
También a los responsables de comisiones, consorcios, cuerpos diplomáticos,
etc. Pues bien, multiplíquelo por diecisiete y cambie ministro por consejero,
director general por viceconsejero, y así un cargo tras otro, y si además se
mete en los diferentes entes de la Administración autonómica, como las empresas
públicas, fundaciones y demás, o en el organigrama de los ayuntamientos, puede
que no haya ordenador con suficiente memoria para procesarlo.
La dificultad para saber cuántos altos cargos hay ni siquiera es superable
para los propios políticos. Beatriz Escudero, senadora del Partido Popular,
intentó averiguar cuántos tenía el Estado central. En enero de 2010 reclamó
esos datos al ejecutivo. Le contestaron que había cuatrocientos nueve salarios,
y que costaban 82 millones de euros anuales. Es decir, cada uno de ellos nos
cuesta 200.488 euros. Sin embargo, no se contaban los altos cargos de los
organismos autónomos, como el INE (Instituto Nacional de Estadística) o el CIS
(Centro de Investigaciones Sociológicas). Además, se dejaba fuera a los
asesores de los ministros y a su personal eventual, como pueden ser un jefe de
prensa o un jefe de protocolo. Por lo que habría que subir el número de
cuatrocientos nueve a quinientos cuarenta y siete altos cargos.
Pero vayamos a las comunidades autónomas. El País Vasco era el que más
tenía. El PNV gobernó durante treinta años y en su última legislatura tuvo
seiscientos cincuenta y cinco altos cargos. Ahora que hay que apretarse el
cinturón todo el mundo empieza a reducir su número y nos vamos enterando de
todos los que teníamos, o por lo menos de los que nos dicen que teníamos. Por
ejemplo, en Navarra, con seiscientos mil habitantes, se han pasado de noventa y
cinco a setenta y cinco. Y Castilla y León, con 2,5 millones de habitantes, que
tenía más de cien, los ha bajado a ochenta.
El sueldo se lo pone usted
Imagínese que está en una entrevista de trabajo:
—Hola, le hemos elegido para que administre nuestra empresa. Ya sabe que no
necesita un mínimo de estudios, y mucho menos idiomas. La afiliación política
es imprescindible, y cuanto más joven sea, mejor. Entremos en materia, ¿cuánto
quiere cobrar?
—¿Cómo? ¿Eso no lo tienen fijado? ¿Me puedo poner el sueldo que quiera? —le
contestaría usted.
—Sí, sin problema.
—¿Y si digo que… 90.000 euros al año? ¿Tragarían?
—Claro, nada que objetar. ¿Quiere también dietas aparte? Además, ya sabe
que si se sienta en un pleno o en una comisión también se lleva un extra. ¿Lo
quiere?
—Pues hombre, ya que lo dice… —En ese momento miraría a todos los lados
para saber dónde está la cámara oculta con la que le están gastando la broma.
—Por cierto, ¿ya sabe a la gente que quiere enchufar? Puede meterlos en
diferentes niveles: desde conserjes a directores generales. Aun así yo le
recomendaría el de asesor. Esta es la mejor opción, no tiene que molestarse en
fabricar una oposición ad hoc y además cobran mucho más.
Pues créannos, este trabajo existe. El único asalariado de nuestro país que
se fija el sueldo que quiere cobrar es el alcalde. En España no hay límite
legal, solo moral, para que un alcalde se ponga el sueldo que quiera. Basta con
que uno de ellos valore como quiera su trabajo para que el de al lado haga lo
mismo. Así nos encontramos con María Casado, la alcaldesa de Alpedrete, una
localidad madrileña de trece mil habitantes. Su compañero de partido, el
alcalde de Tres Cantos, se subió el sueldo y el de los concejales entre el 16 y
el 31 por ciento. Así que, para estar al mismo nivel, María Casado también se
subió la paga hasta los 2.500 euros mensuales. Pero eso no es más que un tercio
del de Las Rozas, Madrid, municipio de ochenta mil habitantes, que recibe cerca
de 90.000 euros anuales.
¿Se dará cuenta del desfase respecto al resto de los mortales? El salario
medio en España es de 22.500 euros y un 65 por ciento de los cerca de veinte
millones de contribuyentes españoles cobra menos de 21.000 euros al año. Sería
interesante saber qué piensan ellos al respecto. Una mujer, en mayo de 2011,
preguntó a Bonifacio, cuando era alcalde de Las Rozas, si no le parecía
razonable que había que apretarse el cinturón. ¿Está preparado? Esta es la
respuesta: «De momento, este alcalde, sus concejales y los cargos de confianza
desde el año 2008 nos hemos rebajado el sueldo el 2 por ciento. También te
tengo que decir que no sé si soy uno de los alcaldes mejor pagados, pero creo
que me lo gano con mi trabajo y no tengo que recurrir a otros aspectos
ilícitos»… Ahí lo deja, aunque quizá razón no le falte, en las últimas
elecciones municipales y autonómicas de 2011 se presentó un centenar de imputados
en causas por corrupción, y muchos de ellos consiguieron su puesto.
El caso es que no son excepciones los alcaldes que cobran más de lo que
gana el presidente del Gobierno: 78.185,14 euros. De hecho, hay catorce
alcaldes de capitales de provincia que cobran más que él. En otros casos cobran
más que su presidente autonómico. Por ejemplo, en Canarias, el alcalde de Teror
(trece mil habitantes), Juan de Dios Ramos, cobra al año 73.542 euros, 4.213
más que el presidente de Canarias, Paulino Rivero. Uno puede pensar que les va
muy bien a sus ayuntamientos y se lo pueden permitir. Sin embargo, cuando se
hojea el resumen editado por el Ministerio de Hacienda sobre la deuda viva de
los ayuntamientos a 31 de diciembre de 2010, algo no cuadra. La deuda viva es el
dinero que los ayuntamientos deben al banco en créditos, no se incluye lo que
deben a los proveedores. Pues bien, el municipio de Teror debe más de 9
millones.
La medida de subirse los sueldos es tan impopular que en gran parte de los
ayuntamientos se siguen unos mismos patrones: los sueldos se aprueban en los
primeros plenos de las legislaturas.
Así ganan más dinero hasta las siguientes elecciones. Pasados los cuatro
años, cuando la gente acude de nuevo a las urnas, pocos se acuerdan de esos
primeros días. Además, las subidas se aprueban en un pleno matinal, dicen las
malas lenguas que para que acudan menos vecinos, que a esas horas están
trabajando. Por esta razón encontramos personajes como el alcalde de IU en La
Rambla (Córdoba), con ocho mil habitantes, que se subió cerca de un 50 por
ciento su sueldo.
No por ser pequeño voy a ser menos
Las recomendaciones de sueldos no parece que importen mucho en Santa
Eulària des Riu (Santa Eulalia del Río), en Ibiza. Este municipio, dividido en
cinco parroquias, es el segundo más grande de la isla, con una población total
de treinta y mil habitantes. Un pueblo tranquilo, pintoresco y que es el
enclave ideal para el veraneo de miles de familias. Pues bien, su alcalde, don Vicent
Marí (PP) percibe un salario bruto de 56.994 euros al año. Los seis concejales
con dedicación exclusiva ganan 46.000 euros. Además los siete cargos de este
consistorio pueden sumar a sus retribuciones mensuales hasta 695 euros más en
conceptos de indemnizaciones por viajes, gasolina, o gastos de representación
tales como comidas de trabajo. Si lo multiplicamos por doce meses, el alcalde
cobra entre sueldo y honorarios un total de 65.334 euros al año.
Podría pensarse que treinta mil habitantes son muchos y eso requiere
esfuerzo. Pues a ver qué le parece el siguiente caso: El Rosario, dieciocho mil
habitantes, en Tenerife. Su alcalde cobra 72.800 euros anuales frente a la
recomendación de la Federación de Municipios, que es de 36.200 euros. ¿Que
tampoco le parece mucho? No se preocupe, hay ejemplos para aburrir.
Veamos este otro: La Pola de Gordón, en León, que no llega a los cuatro mil
habitantes. El regidor cobrará 1.800 euros al mes por media jornada de trabajo,
si fuese dedicación exclusiva cobraría 3.600. Pero es que además tiene sus
comisiones informativas, por las que se cobra 30 euros si se asiste, y 100
euros si se acude a la junta de gobierno, y 120 si se acude a un pleno del
ayuntamiento.
En Cataluña la Federació de Municipis propuso que se publicaran por norma
las retribuciones íntegras de los cargos políticos, con sus pluses por
asistencia a otros órganos administrativos y la parte que derivaban al partido.
Pero ahí se quedó todo, en una propuesta. Excusas políticas hay varias, como la
que vimos en el televisor de una cafetería. Lo decía Duran i Lleida, de CiU,
que se erigía en portavoz del cabreo que parecen tener todos los políticos con
usted y conmigo, aparte de con el resto de España. «Estamos cansados de este
ataque continuo, la opinión pública cree que somos una cuadrilla de vividores.
Los políticos están mal vistos. Pero estamos muy mal pagados. Por eso cada día
es más difícil encontrar gente válida que quiera dedicarse a la política.
Estamos peor pagados que en el resto de Europa», dijo el portavoz de CiU en
un tono bastante elevado.
—Curioso —nos dijo Pepe, el camarero—, a mí me pasa lo mismo, que cobro la
mitad que un camarero francés.
—A nosotros también —dijimos concluyendo la conversación y marchándonos
pensando en lo curiosa que es la gente. Muy pocos quieren ser presidente de la
comunidad de vecinos y, sin embargo, para ir en la lista de una alcaldía o
comunidad autónoma no faltan candidatos. ¿Será porque pagan? Algunos expertos
opinan que si bajasen las remuneraciones de los alcaldes solo los ricos se
dedicarían a la política.
En muchos pueblos de España ser alcalde cuesta dinero y prestigio. Primero
porque no se cobra, y segundo porque la gente piensa, por culpa de la
corrupción tan extendida, que se está beneficiando de su cargo. Pero no es la
norma. El despilfarro en nóminas está ocurriendo en una situación coyuntural en
la que los ayuntamientos no tienen, literalmente, ni un duro. Si nos vamos
hasta Morón de la Frontera, en Sevilla, y buceamos en su página web municipal,
nos encontramos con un titular alarmante: «Situación grave del Ayuntamiento de
Morón».
Allí leemos unas declaraciones de su actual alcalde, Juan Manuel Rodríguez
(PSOE): «Nos hemos encontrado con una desagradable herencia, porque no solo
hemos heredado la deuda, sino también el cansancio de unas administraciones y
entidades ante un ayuntamiento que no ha cumplido con sus compromisos de pago».
El susodicho ayuntamiento no paga las facturas y sufre cortes de luz y de
telefonía; tiene más de tres millones de deuda con la empresa concesionaria de
la gestión del agua en el municipio; además debe un millón y medio de euros a
la hacienda pública y cuatro más a la empresa concesionaria de la limpieza
viaria en el municipio.
Dentro de este desaguisado y esta situación insostenible, que según don
Manuel Rodríguez ha heredado del anterior equipo gobernado por el PP, el
alcalde cobra 54.540 euros anuales, 4.545 almes, por su función. Y lo crean o
no, ha puesto de su parte, porque ha rebajado su sueldo nada más y nada menos
que un 17 por ciento, 900 euros menos al mes de lo que cobraba su predecesor,
Morilla. El nuevo consistorio ha dejado en 687.000 euros anuales los gastos en
sueldos. Desde luego es todo un ahorro en una situación crítica. Por cierto,
todo este gasto en cargos públicos se hace en una localidad, otra vez, de
treinta mil habitantes.
En este elenco de grandes nóminas y gastos costeados por los contribuyentes
hay excepciones y curiosidades. En Teruel, la capital de provincia menos
poblada de nuestro país, 35.241 habitantes, el alcalde Manuel Blasco, que tiene
dedicación exclusiva, no cobra nómina. No, no se haga ilusiones, no ha sido por
elección propia. El político es senador y es incompatible recibir las dos
pagas. Si volvemos a la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y
leemos su Código de Buen Gobierno vemos que recomienda «la dedicación exclusiva
de los alcaldes y alcaldesas de los municipios de más de dos mil habitantes».
Pero el alcalde de Teruel no tiene dedicación exclusiva, porque lo tiene que
combinar con su trabajo de senador. Nos preguntamos: si un alcalde como el de
Morón cobra casi 55.000 euros anuales para una población de treinta mil, ¿será
porque tiene mucho trabajo? ¿Si el de Teruel, con los mismos habitantes, no
cobra porque combina dos trabajos, es porque no hay tanto que hacer? ¿Qué
diferencia hay entre las dos ciudades para que uno se dedique en exclusiva por
un pastón y el otro no? Y por último, ¿puede ejercer su función de senador el
turolense? Desde luego, un trabajo que se hace a medias no es un trabajo
completo. Pero lo olvidábamos, al Senado se va si se puede; si no, no pasa
nada.
Políticos pluriempleados en cargos públicos
¿Cree que puede haber cargos públicos que trabajen veinticuatro horas
seguidas sin descanso?
Bueno, nunca se sabe. El caso es que si pidiéramos por cada cargo una
dedicación de ocho horas nos encontraríamos con personas como María Dolores de
Cospedal, que ocuparía las veinticuatro, pues ha llegado a acumular tres
puestos: diputada autonómica por Castilla-La Mancha, senadora y dirigente del
partido. Pero solo cobraba de dos. El caso es que en un año llegó a ganar
240.000 euros. Y ahora su currículum ha crecido todavía más: presidenta de
Castilla-La Mancha, secretaria general del PP y diputada en el Congreso por
Toledo.
El pluriempleo está muy extendido en nuestra política, ya sea con varios
cargos públicos al mismo tiempo o con la combinación de lo público y lo
privado. Al segundo grupo pertenece el parlamentario que pasa el día en su
despacho particular y luego aparece en el Parlamento para votar lo que le dice
el grupo. Uno de los más conocidos a nivel nacional fue Michavila, el diputado
del PP más sancionado por su partido debido a sus continuas ausencias. No podía
ir porque, además de dar asesoramiento financiero a grandes fortunas, también
representaba intereses de artistas como Shakira o Alejandro Sanz.
¿Sabe cómo justificó el exministro de Justicia su falta de dedicación en el
Parlamento? Palabras textuales: «Es bueno saber lo que pasa en la calle». No sé
usted, pero yo no paro de encontrarme por mi barrio a Alejandro Sanz y a
Shakira. Michavila abandonó su escaño en el año 2009.
Lo habitual es que las leyes autonómicas prohíban cobrar dos sueldos a una
persona si es alcalde y parlamentario a la vez. A lo que rara vez renuncian es
a las dietas o retribuciones que van aparte, por asistir a comisiones o plenos.
La mayoría de las veces estas duplicidades no se dan a conocer y de cara a la
galería algunos políticos publican que han renunciado al sueldo. Hay multitud
de ejemplos.
José Chulvi, el alcalde socialista de Jávea (treinta y mil habitantes). El
titular de principios de agosto de 2011 era: «Alcalde renuncia a su sueldo y
dietas como alcalde».
El regidor aseguraba orgulloso que no iba «a costarle ni un céntimo al
ayuntamiento» y que su sueldo «iría a parar a becas de estudiantes». Ahora
bien, lo que no se decía es que seguirá cobrando su sueldo de diputado
provincial, unos 46.000 euros netos al año.
Alcaldesa popular de Fuengirola (setenta y cuatro mil habitantes),
Esperanza Oña. En pleno discurso de austeridad, dispara el sueldo de los ediles
hasta el 60 por ciento, porsupuesto con la unanimidad de todos los partidos:
IU, PP y PSOE. Los que tengan
dedicación exclusiva cobrarán al año unos 45.000 euros. Esperanza renunció
a su sueldo como alcaldesa. Pero lo que no se dijo después, o al menos se dijo
con la boca pequeña, es que prefería quedarse con su salario de cerca de 4.500
euros al mes, dietas aparte, por ser diputada y portavoz de su grupo en el
Parlamento andaluz.
Aun así, no nos vamos a enfadar ni con José ni con Esperanza, que al menos
han renunciado a algo.
La sensación que nos da es que esto de los cargos se lo reparten como los
cromos como cuando éramos niños. Imagínese cómo se elaboran las listas
electorales:
—A ver, tengo una alcaldía —debe de decir el jefe supremo del partido en la
región.
—Me la pido —saltará uno de sus adjuntos.
—También tengo diputado en el parlamento autonómico y consejero de empresa
pública.
—El primero no, que lo tengo repe, pero el de consejero me lo pido.
Como siempre, la opacidad administrativa nos impide saber el total de
cargos que puede tener
una persona, y mucho menos fácil es que toda esta información esté
centralizada. Algunos sí que pudieron salir a la luz. Quizá se acuerden de Anna
Hernández, esposa del expresidente de la Generalitat de Cataluña, José
Montilla. ¿Cuántos cargos creen que tenía? Diez. Por favor, que los genetistas
paren los laboratorios: la clonación la inventó ella. A finales de 2009,
mientras su marido era president, ella era:
Regidora de urbanismo del Ayuntamiento de Sant Just Desvern.
Primera teniente de alcalde del ayuntamiento.
Presidenta de PROMUSA (vivienda pública).
Presidenta de PROECSA (empresa de promoción económica de Sant Just
Desvern).
Delegada del Área de Infraestructuras, Urbanismo y Vivienda de la
Diputación de Barcelona.
Consejera del túnel del Cadí, Concesionaria S. A.
Consejera de la Comisión Catalana de Tráfico y Seguridad Viaria.
Consejera del Área de Salud del Área Metropolitana de Barcelona.
Consejera del barrio de La Mina. Y, sobre todo, destacaba su décimo cargo:
Consejera de La Caixa.
Reproduzcamos una llamada ficticia al móvil de Anna:
—¿Diga? —contestaría la señora.
—Hola, pregunto por Anna Hernández.
—Sí, ya sé, pero ¿por cuál de ellas?
—¿Cómo que por cuál? Pues por la única que habrá. ¿Usted es Anna? A ver si
me he confundido…
—Que no… Que no te enteras, que yo soy Anna, pero ¿qué Anna buscas? La del
túnel del Cadí, la de Tráfico y Seguridad Vial, la del ayuntamiento…
—Yotengo en mi agenda a la consejera del barrio de La Mina.
—También me vale. A ver, dime, que ya me sitúo, ¿qué quieres?
—Me gustaría que intercediera por mí en un asunto de La Caixa —dice el
interlocutor.
—Vale. Pues para que no te sigas haciendo líos cuelga, vuélveme a llamar y
te paso conmigo misma, pero trabajando para La Caixa, a ver qué puedo hacer.
Esta gente existe. El caso es que el entonces presidente catalán Montilla
no tuvo problema en admitir todos los puestos que desempeñaba su mujer: «A mí
me parece bien que se dedique a lo
que se dedica y no quiero que mi mujer sea un florero». Así que ya sabe, si
usted es mujer de un solo trabajo no tiene nada que hacer con Montilla. ¿Cuánto
se llevaba a fin de mes Anna? Pues no lo sabemos, no hay datos publicados… como
siempre.
La FEMP aprobó en 2010 el Código de Buen Gobierno Local, creando el
Observatorio de Evaluación de Calidad Democrática. Este órgano se puso en
marcha para evitar casos de abuso y garantizar la aplicación del código. Abusos
de nóminas, duplicidad de funciones, informes cualitativos de las labores
administrativas, etc. ¿Sabe cuántos informes ha emitido? Cero.
Si hay un ejemplo a seguir, es el de los municipios asturianos de la
comarca del Nalón y Caudal.
En la legislatura anterior, que comenzó en 2007, los consistorios pagaban
931.984 euros brutos en sueldos a sus cargos electos. Cuatro años después, la
cantidad se ha reducido hasta los 667.930 euros brutos. Uno de los motivos de
este recorte es que el nuevo alcalde de pueblos como Mieres, Aníbal Vázquez,
minero retirado, no va a recibir ninguna retribución porque ha renunciado
diciendo que con su paga por jubilación le llega. En 2007 el sueldo del
anterior regidor, Luis María García, ascendía a 64.017 euros brutos al año, y
era el tercer regidor mejor pagado de la región. Ha tenido que ser un minero ya
jubilado, de esos que saben lo que es ganarse el pan con el sudor a cientos de
metros de profundidad, quien ha renunciado al sueldo, el que ha tenido que
venir a demostrarnos que, en política, el que quiere puede.
Porque yo lo valgo
23 de junio de 2011. Josep Monrás (PSC), alcalde reelegido de la localidad
catalana de Mollet del Vallès, acude al pleno. En su periplo hasta el edificio
municipal le sigue una riada de indignados que le increpan a cada paso que
avanza. En la puerta del consistorio lo esperan cientos de representantes del
movimiento 15-M. Custodiado por agentes de la policía local, el edil no agacha
su cabeza ante los gritos de «sinvergüenza y caradura» que le propinan los
vecinos.
Josep entra en el ayuntamiento mirando por encima del hombro. Allí está Teresa,
jubilada de sesenta y cinco años, que no puede apartar la mirada del alcalde.
Quiere que le devuelvan su voto. Pero la decisión de Monrás está más que
tomada. El pleno se reúne para votar. Pese a que Josep no cuenta con la mayoría
absoluta, tiene los apoyos de todos los grupos locales, menos ERC, que se
abstiene, e ICV, que vota en contra.
Lo ha conseguido: el alcalde es un 10 por ciento más rico. Aunque su
iniciativa no se ha cumplido como él había soñado. Este señor quería pasar de
cobrar 59.000 a 78.000 euros, un 32 por ciento más de nómina; pero las
presiones de la opinión pública lo han dejado en tan solo 65.000 euros anuales.
Pobrecillo.
Al alcalde no le tembló el pulso en una rueda de prensa al decir que «el
sueldo de 78.000 euros al año es el que toca». Según él, esta decisión es
acorde a lo que expone la Federación de Municipios Catalanes (FMC), que
recomienda que en un municipio como Mollet, de cincuenta y dos mil habitantes,
el alcalde debería cobrar un máximo de 80.600 euros. ¿Les hemos dicho ya que
estas recomendaciones de sueldos por parte de las diferentes federaciones de
municipios las votan los propios alcaldes? Si votara usted, ¿le parecería
razonable un sueldo de 80.000 euros para un alcalde que regenta a cincuenta mil
habitantes? Retomemos la comparación, aun a riesgo de ponernos pesados. ¿2.000
euros más que el presidente del Gobierno, que gobierna a 45 millones de
españoles? Izquierda Unida ya propuso a principios de año que ningún cargo
público pueda cobrar más que el presidente del Gobierno. Ni que decir tiene que
la propuesta ni siquiera se tomó en consideración.
Dejando a un lado las recomendaciones de instituciones y el sentido común,
el señor Monrás ha perdido mucho, sí, no se equivoque. Este buen hombre,
político de pro, que vela por los intereses de sus ciudadanos y por sacar de
esta crisis a sus votantes, era el responsable de Deportes de la Diputación de
Barcelona en la época en que gobernó el tripartito en Cataluña. Entonces el
señor alcalde, y siempre se defiende con esto, dejó de cobrar su salario como
regidor, porque tenía que elegir uno de los dos sueldos, así que optó por el
más alto, por los 83.000 euros como responsable deportivo de la diputación. Por
eso ahora que ya no trabaja en la diputación, lo primero que ha hecho al ser
reelegido es subirse el sueldo, a ver si, así como quien no quiere la cosa, su
nómina llegaba a parecerse a las anteriores. Y no solo ha aumentado su sueldo:
el de los concejales, también.
Lo mejor de toda esta historia es que el regidor asegura que lo que está
haciendo es congelar los sueldos tal y como estaban en el año 2007. Claro, don
Josep, muy listo, los sueldos que existían antes de bajarlos por la crisis.
Porque una cosa solo: ¿usted sabe que estamos en crisis o no?
Pregúntele a Teresa, esa jubilada que no vio a su lado cuando entraba al
pleno. Ella sí que tiene un mísero sueldo, una pensión congelada de apenas 300
euros al mes. Hable con ella y explíquele el porqué de subirse su sueldo, a lo
mejor le comprende.
El retiro del político
Hemos hablado de los que han sido elegidos, ahora hablemos de los que se
van. En concreto de los expresidentes. Los hay que han estado décadas,
legislatura tras legislatura en cargos de responsabilidad, ingresando mes tras
mes esos sueldos digamos abultados, vamos a ser benevolentes, necesarios para
ejercer en exclusividad su actividad política. Años de servicio a la
ciudadanía, de esfuerzo, una labor sin duda totalmente vocacional, en la que lo
único importante es el bien de la sociedad y no el propio. Pero un día todo
esto se acaba. Lo bueno de nuestro sistema democrático es que las urnas pueden
romper una pata de sus cómodos asientos. Cuando los votos les dan la espalda es
cuando se caen.
Ahí llega la incertidumbre, qué haré, dónde iré, a qué me dedicaré. Pero
no, muchos no se preguntan esto, porque cuando un expresidente autonómico cesa
en su cargo, nos damos cuenta de que lo de trabajar por el bien de los demás no
era del todo cierto. Algunos, durante sus mandatos, prepararon un mullido
colchón en el que apoyar sus traseros cuando se acercara la inevitable caída.
Felipe González lo resumió muy bien: «Los expresidentes son como los
jarrones chinos, muy caros y muy molestos». Sí, porque, para algunos, ser
expresidente es como que te toque el sueldo de los botes de café, ese de oro
para toda la vida. Pero en la política ese premio se multiplica por diez y
además está totalmente regulado por ley.
Veamos de qué tratan estos estatutos especiales que se han sacado de la
manga las diferentes comunidades autónomas para hacer que sus exmandatarios
tengan un retiro dorado. Retiro soñado que ellos mismos regulan y firman. Si le
dejaran redactar las condiciones de su jubilación, ¿usted qué haría?
¿Renunciar? ¿Irse con las manos vacías? La mayoría de ellos, desde luego que
no.
Todo comenzó en 1984. Por aquel año fue Navarra la primera que estableció
unas condiciones especiales para sus expresidentes. En la Comunidad Foral se
establece que, una vez deje su cargo, al presidente se le pague un mes adicional
de sueldo y el 80 por ciento de la nómina que tenía durante un máximo de dos
años, siempre que no encuentre otro trabajo antes. La siguiente comunidad en
subirse al carro del blindaje posmandato fue Galicia. Allí, al dejar el cargo
en la Xunta, también se paga durante dos años, pero menos, un 60 por ciento del
sueldo de presidente, unos 50.000 euros al año. Aunque para el señor Emilio
Pérez Touriño, el del coche oficial blindado a lo Barack Obama de 470.000
euros, lo de blindarse con este estatuto le parecía poco.
Así que cuando dejó su cargo optó por acogerse a otra opción que tienen los
expresidentes: formar parte del Consejo Consultivo de la Xunta de Galicia. ¿Qué
es esto? Es un órgano creado en 1995, que sirve para velar por la legalidad de
los actos administrativos. Es decir, elabora dictámenes jurídicos que no tienen
rango de ley, que se redactan antes de las decisiones que pueda tomar la Xunta,
y confirman si se ajustan o no a derecho. ¿Cree que deberían ser abogados los
que lo formaran? Pues parece ser que no, porque el señor Touriño es economista
y trabaja para un órgano eminentemente jurídico. Sin estudios de Derecho, pero
con derecho a formar parte del consejo por un período de doce años y un sueldo
de 67.000 euros anuales. Y eso que solo gobernó durante una legislatura
(2005-2009), lo que también le capacita para seguir teniendo coche oficial y un
trabajador a su servicio durante cuatro años más, el mismo tiempo que estuvo en
el poder. Redondo, a Touriño le ha salido redondo.
Pero no más que a los expresidentes de la Comunidad de Madrid y de Castilla
y León. Ellos sí que pueden presumir como los más beneficiados de todas las
autonomías. Ser presidente de cualquiera de estas dos comunidades, aunque sea
por tan solo cuatro años, es sinónimo deconseguir una jubilación de ensueño:
70.000 euros al año para el resto de sus vidas. Solo tienen que formar parte,
una vez más, del Consejo Consultivo como miembros vitalicios.
Por último, están las comunidades que les ofrecen la oportunidad de
ponerles un chiringuito en su retiro. Las famosas oficinas de expresidentes.
Así, en el País Vasco, Andalucía, Cataluña o la Comunidad Valenciana, les dan
un nuevo puesto, del cual nadie sabe muy bien su función, pero en el que tienen
privilegios como el sempiterno coche oficial, conductor, trabajadores a su
cargo, etc. Bueno, pero si consiguen un nuevo trabajo en dos años deben dejar
la oficina. Imaginemos que nos quedamos en paro. Entonces viene alguien, nos
coge de la mano y dice:
—No te preocupes, toma las llaves de tu oficina, este es Pepe, tu
secretario.
—Muchas gracias, de verdad, me estás salvando la vida.
—Este es Manuel, el conductor, y este tu nuevo coche, un Audi A8, por
supuesto. Quédate con ellos mientras encuentras trabajo. Tendrás el 60 o el 80
por ciento de tu sueldo anterior.
—¿Y cuánto dura? —Estamos aterrados, no sea como en La Cenicienta, que todo
desaparece pasado el tiempo del encantamiento.
—No tengas prisa, si llegas a los sesenta y cinco años, cobrarás una
pensión equivalente a la mitad del sueldo del que esté en ese momento como
presidente en tu región.
—Gracias, de verdad, gracias. Acepto por los ciudadanos —es lo único que se
nos ocurriría decir.
El movimiento en política es puramente circular. Siempre se vive de ella,
si no es en un sitio es en otro, ya sea más o menos visible para la opinión
pública. Tanto que da para hacer un programa de televisión:
—Hola, amigos, bienvenidos a Qué pasó con —como diría Consuelo Berlanga en
uno de sus programas más conocidos—. Buenas noches, Marcelino.
—Buenas noches, Consuelo —respondería Marcelino, hombre de corta barba y de
la quinta del —Como ustedes sabrán, Marcelino Iglesias fue presidente de la
Diputación General de Aragón hasta el verano de 2011. Cuéntanos, Marcelino,
¿qué es de tu vida ahora que tu partido ya no gobierna en Aragón?
—Bueno, desde el verano empecé como senador y además tengo mi puesto de
secretario de organización del PSOE.
—Gracias, Marcelino. Si quieres puedes pasar al otro lado del plató, allí
donde están otros compañeros. Francesc Antich, ¿se acuerdan?, perdió el
gobierno balear en las elecciones del 22 de mayo de 2011. También nos acompaña
Óscar López, que no pudo arrebatar al PP el gobierno de Castilla y León. Hoy
todos son senadores. Gracias por venir…
Mejor cuanto más lejos
Otro de los retiros dorados de los políticos son los puestos
internacionales. Bibiana Aído cogió la maleta cuando fue colocada como asesora
en una agencia de la ONU para mujeres. Un lugar donde curiosamente España es
con diferencia el mayor donante, con 22 millones de dólares.
¿Sabe cuánto dona Francia, que es uno de los países que más dinero da?
284.000 dólares. Qué curioso, poco antes estuvo en ese organismo Inés Alberdi,
excandidata a la Comunidad de Madrid por el PSOE en 2003. Eso sí, el currículum
de esta veterana socióloga no tiene nada que ver con el de Bibiana. Imagine
entonces el mosqueo de los diplomáticos de carrera, con una de las
preparaciones más duras, cuando ven los puestos a los que acceden políticos
como Bibiana Aído, que ni siquiera se defiende en inglés. Es de imaginar que
alguien del Ministerio de Asuntos Exteriores habrá pensado en eso. Quizá lo
haya comentado así:
—Oiga, jefe, que Bibiana Aído, nacida en 1977, la única experiencia que
tiene antes de ser ministra es en Andalucía, en la Agencia Andaluza para el
Desarrollo del Flamenco.
—A ver, Contreras, ¿cuánto lleva en el partido?
—Hombre, la verdad, lleva en el partido desde los dieciséis años, y ha
tenido algún puesto político en Cádiz, donde su padre ostentaba la alcaldía de
Alcalá de los Gazules. Además, su nivel de inglés no es que sea bueno, ya lo
dejó claro en una videoconferencia con Nicole Kidman en 2008… Apenas pasó del
jaguar yu (How are you?: ¿cómo estás?).
—Pero Contreras, ¿por qué te crees que la mandamos a la ONU? Pues para que
practique —respondería el cargo político—. Nosotros creemos en la formación de
nuestro cuadro de mandos.
Todos estos casos dan para un corrillo de sillas en la puerta mientras se
toma el fresco o para un programa de cotilleo. Optemos por lo primero. Como
siempre todos los datos son reales, aunque superen a la ficción:
—Oye, Charo, ¿te has enterado de lo de Joan Clos, el que estuvo en el
Ayuntamiento de Barcelona? ¿Tú sabías que estudió medicina y que fue el alcalde
de Barcelona de 1997 a 2006?
—Claro que sí, Dolores. Que luego le hicieron ministro de Industria,
quitando a Montilla, que se fue a la Generalitat.
—Bueno, pues cuando se acabó lo del ministerio le nombraron embajador en
Turquía.
—Anda, yo creía que solo iban los que habían estudiado la carrera
diplomática.
—Qué anticuada eres: eso ya no se lleva, mira lo bien que le sentaba el traje
de gala de embajador en la Santa Sede a Francisco Vázquez, el exalcalde de La
Coruña. Bueno, pues el caso es que los catalanes querían poner a Joan Clos en
la embajada en Marruecos, pero Chaves, que era el que mandaba en Andalucía,
dijo que por aquí y puso en la embajada a su exconsejero de agricultura, Luis
Planas.
—¿Qué me dices, Charo? ¿Y este tampoco era diplomático de carrera?
—¡Qué va, chiquilla! Si era inspector de trabajo y después se pasó a la
política. Total que a Joan Clos, en el año 2010, le hacen director de la
Agencia de la ONU para los Asentamientos Humanos. Se dedican a promover
ciudades que sean sostenibles. Y hace poco, en marzo de 2011, recién entrado en
la ONU, Joan Clos da un premio de honor… ¿a que no sabes a quién?
—Me tienes en ascuas.
—¡A Manuel Chaves!, que entonces ya había dejado la junta y era el ministro
de Política Territorial.
—¿Y por qué?
—Pues por lo del Plan E —responde Dolores.
—¿Por lo de los carteles de las obras?
—Eso es. En los veintidós años de existencia del premio es la primera vez
que se lo dan a España. Fíjate qué curiosidad.
—Si es que, Dolores, el mundo es un pañuelo.
—Y más si estás en política…
Pero no solo de la ONU viven los «ex». También está el Parlamento Europeo,
en Bruselas. Allí van los que tienen un premio de consolación tras no triunfar
en la política española, como Juan Fernando López Aguilar, del PSOE, que no
ganó las elecciones a la Comunidad Canaria, o a los que los partidos quieren
tener contentos, pero lejos, como Mayor Oreja, excandidato del PP al País
Vasco, y que cada vez hace declaraciones más explosivas poniendo en un brete a
su partido.
En fin, ante esa falta de control sobre el trabajo de nuestros políticos
expatriados, uno espera que en algunos de esos sitios haya una Nikki Sinclaire.
Ella es una eurodiputada británica que durante varias semanas fotografió todos
los viernes cómo varios eurodiputados, algunos de ellos españoles, fichaban a
primera hora, para así cobrar los 304 euros de dieta, e inmediatamente salían
escopetados a los aeropuertos para volver a casa; eso sí, en businessclass. Ha
intentado que auditores externos examinen esas prácticas en el Parlamento, pero
se lo han vetado. Su página web es la única que ofrece al detalle el gasto de
su oficina. Al final, ningún compañero del Parlamento le habla. A ella le da
igual, dice que se debe a sus votantes. ¿Qué le parecería si nosotros, usted y
yo, pudiéramos hacer fichajes de políticos en el extranjero, como en el mercado
internacional del fútbol, y traernos a gente como esta?
Porque ¿sabe cuánto gana un europarlamentario? 8.000 euros brutos al mes,
que se quedan en 6.000 netos. Aparte se lleva los 304 euros por cada sesión en
el Parlamento, se le abonan todos sus desplazamientos, más 4.299 euros al mes
de gasto administrativo y 20.000 euros mensuales como límite para contratar a
quien quieran y cuantos quieran como asesores. Quizá el paraíso no solamente
esté en el cielo, sino que también una parte esté en Bruselas. No hace falta
señalar quéparte de ese paraíso paga usted. Ibarra, todo por los extremeños
Primera parte: Juan Carlos Rodríguez Ibarra, presidente de Extremadura
durante veinticuatro años, de 1983 a 2007.
Segunda parte: lo deja por problemas de salud. Trabaja en la «oficina del
expresidente» y ocupa un puesto en la universidad como profesor del Área de
Lengua de la Facultad de Filología Hispánica en Badajoz.
Tercera parte: desde el año 2007 su oficina gasta 2 millones de euros del
presupuesto de la junta.
Surge la polémica. ¿Facturas de 812 euros en vino?
Cuarta parte: el gobierno presidido por Zapatero dice: «Madre mía, menudo
lío con Ibarra, vamos a sacarlo de allí y que no se levante mucha polvareda.
Aprovechemos la opción esa de nombrar a dedo que tenemos y metámoslo en el
Consejo de Estado y dentro de cuatro años que vuelva a su chiringuito».
Todo esto tiene una intrahistoria muy interesante. Durante su mandato el
propio Ibarra, de su puño y letra, firmaba a fuego la Ley 3/2007 de 19 de
abril, «de obligado cumplimiento», que ha supuesto su retiro de oro. El decreto
exponía que todo expresidente tiene derecho a «unas dependencias permanentes
con dotación especial para gastos de oficina, atenciones de carácter social y,
en su caso, alquileres de inmuebles».
Desde su retiro, en el año 2007, tiene a su cargo a tres personas
empleadas, dietas, indemnizaciones por viajes y gasto protocolario (¿no es esto
lo mismo que las dietas?) para llevar a cabo su labor, que todavía nadie sabe
muy bien cuál es. Don Juan Carlos, Ibarra que no Borbón, también se puso un salario:
durante doce años, la mitad de lo que gobernó, cobraría el 80 por ciento del
sueldo que tenía como presidente, unos 3.500 euros al mes. Pero a esto renunció
porque la opinión pública se le echó encima.
La ley del chiringuito de jubilación la votaron tanto PP como PSOE, cómo
no, pues en estas cosas están todos de acuerdo. Desde entonces la polémica se
ha desatado: gastos en vestuario, vino, flores, lencería, menaje, etc. Una
cantidad que abruma: dos millones para la oficina de Ibarra. Baste decir que el
expresidente, con derecho a un coche oficial, gastó 55.900 euros en un Audi A8,
de esos de gama alta y con extras: monitor, antena de televisión, antena de
radio, etc.
Mil euros más de nuestro dinero para disfrutar del viaje, porque, por
supuesto, también tiene conductor. Además tiene tres vehículos más, que han
gastado 205.000 euros tan solo en gasolina desde que comenzaron a trabajar para
el expresidente en 2007. También gastó casi 7.000 euros anuales en
suscripciones a periódicos de tirada nacional y regional en una papelería de
Mérida.
Juan Ramón Ferreira, presidente de la Asamblea de Extremadura, admitió que
los gastos ascendían a 1.600.000 euros en compras. Ibarra, por su parte, se
defendió de esta manera en una rueda de prensa:
Dejo en stand by, en parada biológica, mi labor al servicio de los
extremeños. Deben repensar si consideran útil la tarea del expresidente y, si
es así, deben dotarla de medios, y si por el contrario es inútil, quédense con
ella, porque a mí no me aporta nada, que vivo de mi pensión de jubilado.
Así que seguiré atendiendo a los extremeños que me pidan consejo en bares,
cafeterías, hoteles o donde sea, porque estoy obligado moralmente a ello, pero
no estoy dispuesto a que me cueste dinero.
Así que el señor Ibarra fue salvado de tener que ser un jubilado que cuenta
historietas en el casino del pueblo. Apareció don José Luis Rodríguez Zapatero
y, a golpe de varita mágica, lo repescó. ¿A dónde nos llevamos a Ibarra? Pues
al Consejo de Estado, que ahí se está muy bien, es como una especie de limbo
donde acaban aquellos a los que se les quiere solucionar la vida tras la
política. Y allí está por cuatro años el expresidente extremeño, cobrando
83.000 euros anuales, departiendo con sus amiguetes, como doña Teresa Fernández
de la Vega. Sí, ella también está allí, pero la exvicepresidenta lo está de
forma vitalicia, así que la jubilada cobra los 83.000 más los 58.789 que le dan
por haber pertenecido al gobierno (el 80 por ciento de su sueldo anterior).
Cuando le llegue la jubilación cobrará los 83.000 más 34.000 anuales de
pensión, su sueldo mensual será el mismo que el de una docena de jubilados con
pensiónmínima, uno detrás de otro. Teresa ingresará 7.744 euros al mes hasta el
final de su vida.
Recuerde, el Consejo de Estado es un órgano eminentemente jurídico. Vale,
Fernández de la Vega es doctora en Derecho por la Universidad de Barcelona, y
el Consejo debería estar formado por profesionales como ella. Un punto a su
favor, pero que se sepa, Ibarra era filólogo.
Políticos preparados
Tanto hablar del Consejo de Estado y de los consejos consultivos de las
comunidades autónomas, donde lo de la abogacía no es condición sine qua non
para opinar sobre leyes, lleva a una reflexión. Si se puede estudiar lengua y
acabar en uno de los órganos de elite de nuestra Administración, ¿qué hay que
ser para convertirse en político? En Francia, por ejemplo, hay Escuela de
Administración Nacional, de donde salen sus principales líderes. Sin embargo,
aquí los cuadros los forma el propio partido a través de sus fundaciones. La
asignatura que más se da: comunicación, es decir, cómo vender la moto en actos
públicos. La de gestión administrativa, la más importante, apenas se toca. Por
favor, infórmenos si conoce a algún concejal o consejero de economía que tenga
estudios en el ramo.
Así que dediquemos un rato al juego de unir con flechas. En la primera fila
están los nombres de políticos emblemáticos, los de primera división, porque si
nos vamos a alcaldías y consejerías los hay que no han cogido un libro ni han
gestionado ni siquiera su comunidad de vecinos antes de entrar en política. En
la segunda columna encontrará las profesiones, desordenadas. A ver cuántas
acierta:
1. José Luis Rodríguez Zapatero A. Químico
2. Jaime Mayor Oreja B. Abogado
3. Alfredo Pérez Rubalcaba C. Ingeniero agrónomo
4. José Montilla D. Inspector de Hacienda
5. Francisco Álvarez-Cascos E. FP, 1º Derecho y 2º Economía
6. José María Aznar F. Ingeniero de caminos
(Solución: 1-B/ 2-C/ 3-A/ 4-E/ 5-F/ 6-D).
Sí, que Rubalcaba sea químico o Mayor Oreja sea ingeniero agrónomo llama la
atención, pero que un señor como Montilla, sin estudios acabados, haya
conseguido ser presidente de la Generalitat de Cataluña durante cuatro años…
Era una broma que le costaba al contribuyente 164.000 euros al año, el mejor
sueldo de todos los cargos públicos de nuestro país. Y no es el único que no ha
completado estudios superiores. Ahí están Celestino Corbacho (exministro de
Trabajo), José Blanco (exministro de Fomento), Patxi López (lehendakari del
Gobierno vasco).
No se trata de ser clasista, pero si en las oposiciones a los puestos más
altos de la Administración, a cuya cabeza están ellos, se exige esa titulación,
¿por qué a ellos no? Eso sí, de todos los currículum que estuvimos viendo hay
un expolítico que nos dejó sorprendidos. Aleix VidalQuadras, el exlíder del PP
en Cataluña, fue catedrático de Física Atómica y Nuclear de la Universidad de
Barcelona y profesor en el Centro de Investigaciones Nucleares de Estrasburgo.
Aleix, si nos lees, escríbenos un e-mail. ¿Qué hacía un chico como tú en un
lugar como este? ¿Qué te llevó por ese camino? ¿Sufriste una radiación y te
metiste en política?
«La política no es para los competentes»
No lo decimos nosotros; lo dicen ellos mismos, los políticos. El caso es
que la buena preparación en la política parece que no sirve. ¿Se acuerda de
Manuel Pizarro? Venía de la empresa privada, de dirigir la multinacional
Endesa, además de ser académico de la Real Academia de Jurisprudencia y
Legislación y de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras. Fue el
gran fichaje de Rajoy en las pasadas elecciones de 2008. Seguramente se
acordará de él en el debate en televisión, con Pedro Solbes, el entonces
ministro de Economía, en el que nos advertía de la crisis que se nos venía
encima, en unos tiempos en que decir crisis y no desaceleración económica era
antipatriótico. Pues bien, harto de que en el partido no le diesen cancha,
abandonó su escaño en el Congreso, y esto es lo que dijo su jefe, Mariano Rajoy:
«Él ha hecho un gran esfuerzo que yo nunca le agradeceré lo suficiente. Pero la
política es muy dura y las leyes que hay no ayudan nada a que la gente
competente esté en política».
Vaya, será por esto por lo que otros políticos, ante la falta de formación,
optan por falsear su currículum. Ya que tantos miran a Alemania como modelo a
seguir, viene al caso contar la historia de Zu Guttenberg, de treinta y nueve
años. Este era el político alemán más valorado, con un 70 por ciento de apoyo
de los ciudadanos. Con su impresionante currículum y sus gafitas redondas,
peinado hacia atrás, y su cabeza cuadrada, tenía aspecto de taladradora alemana
capaz de diseñar un cohete con solo poner la vista en un lápiz y un papel. Pero
cometió un error que le costó su fulgurante carrera para sustituir a Angela
Merkel, la canciller alemana. ¿Algún caso de corrupción urbanística? ¿Quizá
algún acoso sexual? No, copió ochenta páginas de su tesis doctoral en Derecho,
que contenía un total de cuatrocientas setenta y cinco. Solo esto fue vergüenza
suficiente para dimitir. ¿Cree que eso sucederá alguna vez en este país?
Basta con ir a marzo de 2011 para ver lo desapercibidas que pasan algunas
cosas. Entonces se descubrió que Joana Ortega, vicepresidenta de la Generalitat
de Cataluña, no era licenciada en psicología, como aseguraba, ya que le
faltaban algunas asignaturas para terminar. Ortega pidió disculpas diciendo que
había sido un error de transcripción y negando que quisiera atribuirse méritos
ajenos. ¿Cómo hace uno para tener un error de transcripción de ese calibre? Por
mucho que probemos, no nos sale. Intentamos poner «licenciatura en Derecho» en
vez de «cursando estudios de Derecho», pero nada, el error no nos sale y fíjese
que lo escribimos con los ojos tapados, con la zurda, de derecha a izquierda.
Ni con dos «copitas» para desinhibirnos. Nada…la escritura automática no es lo
nuestro. El caso es que, pese a que Joana dijese que fue un error de
transcripción, su titulación constaba en diversas biografías publicadas en webs
de la Generalitat y de su partido, así como en su propio blog, donde afirmaba,
en primera persona, que era licenciada en Psicología. ¡Pero cuántos errores de
transcripción durante tantos años! Sin embargo, a diferencia del alemán, ella
ahí sigue. Como siempre sucede en nuestro país, queremos ser alemanes para unas
cosas pero no para otras.
Joana no ha sido la única. Recientemente, en marzo de 2011, un candidato de
IU a la alcaldía de Getafe, en Madrid, dijo que era médico cuando no lo era.
Dimitió, pero fue reenganchado en otro ayuntamiento como asesor en materia de
empleo.
Aun así, lo más preocupante es lo difícil que es conocer el currículum de
nuestros líderes políticos. Por ejemplo, sin salir de Cataluña, la asociación
Senti Comú lo intentó y tuvo serias dificultades para conocer el currículum de
los miembros del Parlament. De todas formas, su estudio arroja un dato
preocupante, común a todos nuestros dirigentes: solo el 28 por ciento ha tenido
alguna experiencia en la empresa privada. Es decir, el 70 por ciento no sabe lo
que es trabajar en un entorno competitivo y su ascenso a la dirección de la
Administración se debe por tanto a su influencia dentro del partido.
Así pues, los partidos políticos se han convertido en empresas donde hacer
carrera propia, con muchos puestos a repartir: mil quinientos parlamentarios
(europeos, nacionales y autonómicos),más de sesenta y cinco mil concejales, y
los consejeros, ministros, etc. Eso por no hablar de las subvenciones que
reciben y que generan puestos de trabajo a su alrededor. En 1979, cuando ser
político era una idea romántica para cambiar las cosas, se recibieron 9
millones de euros en subvenciones del Estado… en 2011 han sido 131 millones.
Después de los ejemplos expuestos no se empeñe usted en que sus hijos
estudien una carrera, que no nos vendan que la formación es lo más importante.
Si les da por estudiar una ingeniería, a lo mejor llegan a ser consejeros de
cultura, que tiene mucho que ver; si hacen un curso de electricidad, tal vez
sean alcaldes de un ayuntamiento; si los libros les dan alergia, no se preocupe
que pueden llegar a presidentes… En conclusión, al final, con un poquito de
labia y algo de carisma, o si no la tienen da igual, para eso están los asesores,
en política sus hijos llegarán lejos. Le proponemos lo siguiente: afílielos a
todos los partidos políticos que haya a edad muy temprana, la normal de nuestra
clase política que ha despuntado es a los quince años.
Que dejen ya de ir a clases extraescolares de inglés (¿para qué?, si ni
siquiera el presidente del Gobierno lo sabe). Pasados unos años, por favor,
escríbanos a ver cómo le ha ido el experimento.
Hace un tiempo conocimos a una ayudante de cámara, sin estudios, que optaba
a concejal del ayuntamiento de su pueblo de toda la vida. Su objetivo:
conseguir que unas tierras rústicas de su abuelo entraran a formar parte de un
plan general de urbanismo para que las recalificaran. Le perdimos la pista,
pero sabemos que consiguió el cargo. ¿Quién dijo que gobernar fuera algo
vocacional?
Capítulo IV.POMPA Y CIRCUNSTANCIA
Hace muchos años, en un reino muy lejano, existía un rey que tenía una
debilidad: su mayor preocupación eran los trajes que tenía que lucir por las
calles delante de sus súbditos. Un buen día, dos charlatanes le sedujeron
diciéndole que podían fabricar para él la tela más suave y más exclusiva que
jamás se había visto. Pero los dos hombres le advirtieron: esta prenda que
tejerían con ese material especial tendría una cualidad, la capacidad de ser
invisible para cualquier estúpido o incapaz para su cargo. Los sastres
comenzaron a hacer como que tejían la tan exclusiva prenda, mientras se
quedaban el dinero que el rey les había dado para comprar ese tejido
maravilloso. El soberano estaba muy nervioso y envió a dos de sus hombres de
confianza a que vieran cómo iban los trabajos. Ninguno de sus ayudantes admitió
que no vio nada y le dijeron al gobernante que estaba quedando muy bien. Llegó
el día del estreno y los timadores acudieron a la alcoba real a ayudar a vestir
a Su Majestad. En las calles todo el mundo esperaba a ver la maravillosa prenda
que el rey iba a estrenar, porque se había publicitado el gran momento por todo
el reino y el nuevo vestuario causaba mucha expectación entre los habitantes.
Por fin llegó el momento y Su Majestad, no queriendo reconocer que era un
estúpido o incapaz de gobernar, no le dijo a nadie que él tampoco veía ningún
traje. Salió a la calle y el pueblo se quedó mudo: su rey iba desnudo.
La historia de este traje nada tiene que ver con la de otros trajes que
conocemos en nuestra historia política actual, tiene que ver con la vanidad y
el orgullo de los dirigentes. Hans Christian Andersen lanzó con este cuento un
mensaje claro: aunque tu pueblo vea la realidad, aunque seas consciente de que
lo que estás haciendo no es real, si te han pillado en tu equivocación, sigue
desfilando con la cabeza bien alta, porque eres un rey y nadie te puede llevar
la contraria.
En nuestro país parece que esta fábula tendría que contarse al contrario:
nuestros dirigentes quieren que el fasto que los rodea sea invisible, que pase
desapercibido, porque, si algo ha cambiado, es que a los dirigentes sí que se
les puede llevar la contraria, así que cuanto menos revuelo armen sus gastos y
la pompa que utilizan para regir los designios políticos de su pueblo, mejor
que mejor. Nuestros gobernantes se suben a lujosas carrozas, utilizan palacios
a su antojo como lugar de trabajo y se atracan con suculentos manjares a costa
de nuestro dinero. Mientras tanto, los ciudadanos, asombrados, detectamos esos
excesos. Los periodistas lo criticamos en las publicaciones, conseguimos
informes con facturas de gastos absurdos y entonces la población se indigna.
Pero ¡un momento! Parece que no ha cambiado tanto la historia de El traje
del emperador, pues aquí también siguen con la cabeza bien alta sin reconocer
que esos lujos no eran del todo necesarios.
No sin mi carroza
—¡Manolo! ¡Vamos! Al final el mío va a ser el último —dice a grandes gritos
la señora, sosteniendo su bolso—. ¡Venga, coño! —le espeta la mujer al chófer
de su coche oficial—. ¡No son más tontos porque no se entrenan! —
La señora grita tanto que hasta un policía uniformado se acerca para ver
qué pasa—. ¡Vamos, joder! —Por fin llega el chófer, con unos segundos de
retraso.
Parece que la bronca que hemos visto sería más propia de una ricachona
caprichosa a la salida de un acto social. Pero no, es a la salida del Congreso
de los Diputados y quien grita es una señora ministra: Celia Villalobos. Puede
ver las imágenes en Internet. Busque «Celia Villalobos chófer». Imagínese lo
que pudo sentir el conductor, que además es un guardaespaldas dispuesto a
jugarse el tipo por ella.
Los coches oficiales, sus chóferes y las grandes marcas son un mundo en sí
mismo, cerrado para unos pocos privilegiados, porque Manolos que van deprisa
los hay en todas partes.
Calle Caballeros, Valencia. Imagine esta escena. Cada mañana, los vecinos
se levantan, abren la ventana de su habitación y suben sus persianas. Tienen la
costumbre de asomarse para ver qué tal tiempo hace y observar a los transeúntes
que pasan por debajo de su casa camino del trabajo o paseando por las calles
del céntrico barrio de El Carmen. En esta escena rutinaria, todos los
díasobservan una estampa que se repite. Frente a su edificio hay un bloque de
vecinos muy especial, el Palau de la Generalitat al que acuden cada día los
políticos del Gobierno de la Comunidad Valenciana para ejercer su labor. Los
coches oficiales llegan a la puerta de la sede de gobierno, y Pepa, de
cincuenta años de edad, desempleada y con un futuro incierto, mientras toma su
café al fresco se hace estas reflexiones: «Yo no tengo ni idea de coches, no
tengo carné, porque no tengo dinero para comprarme uno, ni para seguros, ni
siquiera para pagar la gasolina. Pero te aseguro que son muy grandes, los hay
de todo tipo, con unas antenas enormes, cristales tintados y siempre muy
brillantes. Deben valer un pastón. A todos les abren la puerta los chóferes y
se bajan. Ahí los dejan con sus corbatas y sus carteras. Me pone enferma,
deberían ser más discretos, que muchos lo estamos pasando muy mal, yo llevo un
año y medio en paro y a mi edad nadie me quiere contratar».
Aunque no es la única que piensa así. Gloria Pérez Salmerón, directora de
la Biblioteca Nacional, tiene derecho a un vehículo con conductor
exclusivamente para ella. Sin embargo, ha decidido compartirlo para el resto de
necesidades de la institución: «No necesito coche oficial. Lo tengo cuando me
hace falta, con eso me basta. Veo mal que salgan cuatro coches oficiales de un
mismo ministerio para dirigirse al mismo lugar». Esta escena es más común en
nuestro país de lo que quisiéramos.
A comienzos de junio de 2011 el blog norteamericano Iwatchnews levantaba
revuelo en Estados Unidos. Basándose en datos oficiales del Gobierno federal,
aseguraba que Barack Obama había incrementado en un 73 por ciento la flota de
vehículos oficiales de la nación. Había pasado de los 238 que tenía Bush a los
412 de la nueva Administración. Los norteamericanos se llevaron las manos a la
cabeza. Menudo gasto superfluo en época de crisis, 174 coches más. Estamos
hablando de coches del gobierno de una nación de 308 millones de habitantes, lo
que supone un vehículo gubernamental por cada 747.572 habitantes. ¿Sabe cuántos
coches tiene nuestro gobierno central? Más del doble que el estadounidense: la
increíble cifra de 1.098 vehículos, una flota diecisiete veces más grande que
la de los yanquis, y solo somos 45 millones. Un cochecito por cada 42.805 habitantes.
Y ahora, comencemos a sumar. Los 1.098 de la Administración del Estado, más
los que hay a disposición de los gobiernos autonómicos, que cifran su parque
móvil en 1.200 vehículos, sumados a los de diputaciones, ayuntamientos,
empresas públicas y un largo etcétera de cargos administrativos. La cifra se
nos va hasta los 40.000 vehículos de alta gama que recorren nuestras calles
conducidos por profesionales mientras nuestros políticos se trasladan de aquí
para allá escamoteados tras los cristales tintados. Aunque, como en todo, no
hay un censo oficial, así que la cifra es puramente estimativa. Otra muestra de
la falta de transparencia y de organización de nuestro sistema autonómico.
¿Cómo es que no podemos saber los ciudadanos la cifra exacta de coches
oficiales que existen en nuestro país?
El coche oficial es un mundo aparte. Parece que tengan vida propia: aparcan
donde quieren, rebasan los límites de velocidad… y no pasa nada. Las multas las
pagamos usted y yo. Los vehículos oficiales se pueden amueblar con mesitas,
televisores. Es como si estuvieran en otra dimensión. A veces los cristales
tintados pueden incluso distorsionar la realidad, como le pasó al exalcalde de
Madrid, José María Álvarez del Manzano, cuando aseguró que en la capital nunca había
atascos. Tal declaración solo tiene una explicación: o las lunas iban muy
tintadas o el coche llevaba minibar incluido.
Los coches oficiales dicen mucho de nuestros políticos. Antes de comenzar a
ver qué preferencias tienen, es fundamental diferenciar entre coche oficial y
coche de representación.
Hagámoslo de manera gráfica y concisa:
Coche oficial: vehículo que traslada a nuestros políticos en el ejercicio
de sus funciones.
Coche de representación: vehículo que se le ofrece como extra a los directivos
de empresas privadas para que den una imagen próspera de su negocio.
¿Qué ha pasado? Que los coches oficiales se han convertido en coches de
representación. Cuanto más alta sea la gama, mejor. Pero no provocan la misma
reacción en quien los ve pasar.
Veamos. Ciudadano que ve el coche de un directivo de un banco:
—¡Cómo se las gastan en el banco este, cómo cuidan de sus jefes! ¡Deben de
tener muchísima pasta!
Ciudadano que ve el coche de lujo de un político:
—¡Cómo se las gastan estos políticos, cómo se cuidan, pero si no hay ni un
duro!
Porque, señores políticos, su empresa, nuestra empresa, la política que
pagamos todos ahora va a pilas, así que si el coche debe hacer honor a cómo va
el negocio, mejor elijan un motocarro;
porque boyante, lo que se dice boyante, no está. Así es como el coche
oficial se ha convertido en coche de representación y en comunidades con un
alto déficit y una deuda que se les sale por las orejas, los gobernantes van de
aquí para allá en sus lujosas carrozas, mirando al vecino a ver si la suya es
mejor.
Repasemos. Están los adeptos a la marca Audi, el modelo de Touriño. El
acorazado que adquirió el presidente de la Xunta durante su mandato causó
revuelo. Blindado de arriba abajo, costó la friolera de 480.000 euros. Con este
tanque quiso simular a La Bestia de Barack Obama, y no era el primero, sino el
cuarto coche que se compraba. En su flota contaba con dos Audi A8, también de
los revestidos con blindaje. Sin comentarios. Hemos contado cuatro vehículos,
pues bien, quedan 2.244 coches, que son los que había en Galicia en 2009. Por
si fueran pocos, en los dos años siguientes, según el PSOE, el gobierno del PP
«se gastó más de 10 millones de euros» en vehículos nuevos. Porque allí motorizados
van todos, no solo los altos cargos. El coche también es para el resto de
políticos, el personal de libre designación, los miembros de organismos
autónomos, de entidades estatutarias, etc.
El de Barreda estaba valorado en 377.749 euros. Con él, el expresidente de
Castilla-La Mancha recorrió cincuenta y tres mil kilómetros en cinco años. Poca
distancia si tenemos en cuenta que esa comunidad es una de las más extensas.
Así que este Audi A8 equipado con fuselaje blindado, inhibidores y ruedas
especiales no ha prestado muchos servicios que digamos.
Gallardón se paseaba con dos modelos valorados en 600.000 euros. Ahora
recorre las calles con un limpio modelo híbrido, por aquello de tener contenta
a doña Ana Botella y preservar el medioambiente. Ese es el vehículo que le ha
dejado de legado a la nueva alcaldesa de Madrid. El eléctrico está valorado en
tan solo 29.000 euros, así que bienvenida sea la reducción del CO2 para
nuestras arcas municipales.
En Aragón también sus gobernantes eran fanáticos del Audi. Sin embargo, en
plena crisis los portavoces y parlamentarios de la cámara aragonesa hicieron un
alarde de patriotismo y decidieron cambiar los coches por otros de la marca
Opel. La causa es que querían apoyar a la planta que la marca tiene en
Figueruelas (Zaragoza). Los políticos se compraron varios Opel Insignia, el
vehículo de más alta gama de la marca alemana. Aunque cuesta creerlo, en la
planta de Figueruelas solo construyen Opel Corsa, un coche pequeñito que no les
cuadraba, así que el pedido se hizo a Alemania. En conclusión, de patriotismo
nada de nada. Además, ni el que fuera su presidente autonómico, Marcelino
Iglesias, ni el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, cambiaron sus Audi
A8. ¿Qué tendrá ese coche, que los vuelve locos? Y qué no tendrá. Que se lo
digan al presidente del Parlament de Cataluña, Ernest Benach. No contento con
los extras del sempiterno A8 que tenía a su disposición, encargó comprar una
mesita, un reposapiés y una televisión para su coche oficial, por un total de
20.000 euros que salieron del erario público en extras para su propio
bienestar. Hay otros a los que no les convence del todo ese modelo. Si vamos a
Extremadura, donde hay unos mil seiscientos coches oficiales para altos cargos,
nos encontramos con que a uno no le hizo gracia el por todos anhelado Audi A8.
En el año 2008, el Gobierno extremeño compró un lujoso híbrido Lexus para la
consejera de Economía, Dolores Aguilar. ¿Su valor? 68.208 euros. Fue tal la que
se montó que la junta tuvo que devolver el coche y pedir disculpas. Luego dicen
que no cuadran las cuentas…
El coche de Benach compartía plaza en el aparcamiento del Palau de la
Generalitat con dieciocho Audi A6, veintidós Renault y veinticinco Volkswagen.
En los garajes de muchos gobiernos autonómicos cogen polvo vehículos de lujo de
diferentes marcas. La Xunta de Galicia se lleva la palma: Feijóo subastó
trescientos cincuenta coches al llegar al poder, porque en su gobiernomantener
la flota cuesta 2.000 euros al día. En Madrid, Esperanza Aguirre eliminó cuarenta
y ocho coches oficiales y cesó a veintitrés conductores, toda una muestra de
austeridad. ¿Sabe cuántos le quedan? Nada más y nada menos que setenta y siete
más, rodando calle arriba, calle abajo.
Madrid y Valencia son las dos grandes ciudades que garantizan sí o sí coche
oficial a sus concejales. Así lo dispusieron allá por los años noventa sus
alcaldes Álvarez del Manzano y Rita Barberá, respectivamente. Desde los
consistorios aseguran que es fundamental para garantizar la protección de sus
concejales. UPyD en Madrid ha renunciado a ese derecho, y los dos concejales de
IU de Valencia también. En el caso de la capital el grupo de Rosa Díez asegura
que de esta manera se ahorran 100.000 euros. El grupo popular y el socialista
del ayuntamiento han asegurado que es un ahorro nimio. Sí, tal vez lo sea para
una deuda pública de más de 7.000 millones de euros en la ciudad, pero por algo
se empieza.
A finales de los años noventa la banda terrorista ETA comenzó a asesinar a
concejales en diferentes municipios de España. Desde el Ministerio de Interior
se instó a los consistorios a que ada concejal gozara de coche y protección
durante su ejercicio. En los casos más sensibles, para que no ocurran
desgracias, la protección y las medidas de seguridad en nuestros políticos son
necesarias, escoltas y coches que no los dejen al descubierto son elementos a
tener en cuenta en el ejercicio político, pero eso de ir en automóviles de lujo
con la que está cayendo puede ser un exceso a los ojos de los ciudadanos. Tal
vez el coche oficial los ha enajenado de la opinión pública que viaja a pie, y
es que para los políticos, aunque gobiernen en un territorio muy limitado, como
un municipio, no parece que el tamaño sea proporcional al coche que se gastan.
Ponte el cinturón, por 500.000 euros
No, no es el precio de una campaña de seguridad vial, es la cantidad que
vale el parque móvil del que han gozado durante años los alcaldes del llamado
«cinturón rojo» de los municipios del sur de la Comunidad de Madrid. El día 11
de junio de 2011, el Diario Oficial de la Unión Europea (DOUE) publicaba un
concurso muy peculiar: el contrato de arrendamiento con opción a compra de doce
turismos de tres puertas, cuatro de cinco puertas, un todoterreno pequeño, seis
furgonetas de cinco plazas, dos furgones mixtos y tres furgones más de caja
cerrada, uno corto y dos largos. Lo curioso es que esta adquisición de treinta
y tres nuevos coches era para el consistorio de Getafe, y ese día, su alcalde
Pedro Castro (PSOE), que había gobernado en la localidad durante treinta años,
cedía su puesto al nuevo alcalde, Juan Soler (PP).
Don Pedro se despedía con una gran sorpresa, una adquisición de última
hora, 695.040 euros en coches para aumentar el parque móvil del consistorio. Lo
más increíble es que Castro se había comprometido con el exministro de
Industria, Miguel Sebastián, a disminuir los vehículos de los que disponía el
consistorio, pero, visto lo visto, parece que para este edil los 30 millones de
deuda que ha dejado en Getafe no son una despedida suficiente a su carrera
política en el municipio. Porque el exalcalde de Getafe lideraba la pole, si
utilizamos el argot de la Fórmula 1, en cuanto a coches de alta gama que usan
los alcaldes del sur de la Comunidad de Madrid, todos con una flota de lujo
financiada por sus habitantes.
El «alcalde de los alcaldes» (no olvidemos que Pedro Castro era presidente
de la Federación Española de Municipios) ha viajado en el vehículo oficial más
caro de la zona sur de Madrid.
Otra vez, un Audi A8, pero este valorado en 120.000 euros, que salieron del
bolsillo de todos los getafenses. Juan Soler (PP), nuevo alcalde de Getafe, el
21 de julio de 2011, en el pleno anunció que se subastaba el vehículo, porque,
según él, era un exceso. El dinero conseguido se empleó en cursos para jóvenes
parados.
Ocupa la segunda plaza en la parrilla de salida de los «derrochones» del
sur el alcalde de Fuenlabrada, Manuel Robles, con nada más y nada menos que dos
Peugeot 607, valorados en 100.000 euros.
El tercero en el podio es Leganés, con un vehículo valorado en 80.976
euros. El alacalde hasta 2011, Rafael Gómez se sube a su Citroën C-6 Exclusive
negro, equipado con todo tipo de extras.
Pero este alcalde tenía una oferta: si usted estaba empadronado en Leganés
y se iba a casar, el edil se lo dejaba el día de su boda. No, no es broma, es
una opción real, que ya se ha puesto enpráctica.
En el cuarto puesto encontramos a Enrique Cascallana, que dejó el cargo
también en 2011, de Alcorcón, subido a su Peugeot 606 de 60.000 euros. Le sigue
Aranjuez, por la escudería Peugeot, otra vez con el modelo 607. Tenía por
piloto al regidor Jesús Dionisio, cuyo coche vale 59.000 euros y que, por
cierto, lo han sacado a subasta.
Y por último, cerrando la clasificación, Miguel Ángel López del Pozo,
exalcalde de Parla, frente a los mandos de un Volkswagen Passat 2.0, modelo de
renting por cuatro años, adquirido en 2009 y con un valor de 50.000 euros.
¿Qué recorrido hace un alcalde, por ejemplo de Parla o Getafe, a la semana?
Del ayuntamiento a su casa, a algún acto, y vuelta. Es de imaginar que en un
coche de la policía local podría ir bien seguro y más baratito. Habría que ver
cuántos kilómetros tiene el coche del señor Pedro Castro…
Ese es el lujo de las distancias cortas, para las largas están los aviones.
Políticos de altos vuelos los hay de todas clases. Sobre todo les gusta lo de
volar en primera, que parece que lo tienen muy asumido. Los parlamentarios del
Congreso y del Senado acuden a sus citas en Madrid en avión.
¿No tenían coches oficiales súper caros? Da igual, que se queden en el
garaje, prefieren la sala VIP de los aeropuertos y acumular puntos de vuelo.
Los diputados españoles se apuntan al carro de la first class de los
eurodiputados. Ya sabe, esos que van a Bruselas por 1.500 euros, cuando podrían
viajar en turista por 500. Pues en vuelos domésticos también se hace. Por
ejemplo, un diputado de Alicante, Barcelona o Sevilla viaja en primera hasta
Madrid, según ellos porque tienen un convenio con Iberia que les rebaja el 25
por ciento del precio, porque les permiten cambiar billetes sin cancelación
durante un plazo de un año, etc. Así que al final, siempre según ellos, la
primera clase sale más barata, y como dice uno, «así liberamos las plazas de
turista, que siempre van llenas, y ocupamos las de business, que suelen ir
vacías». Siempre pensando en nosotros, qué gran favor nos hacen. No se
preocupen, paguen el doble que ya lo pongo yo con mis impuestos.
Bienvenidos a mi palacio
Si cuando los políticos se van de visita tienen que aparentar subidos a sus
flamantes autos, más se tiene que demostrar cuando reciben a otros cargos en
sus propias oficinas. Antiguos palacios, sedes de diseño ideadas por los
mejores arquitectos, decoración estilo zen, chill out para dar una imagen más
desenfadada, mullidos sillones y ordenadores a la última. Son los despachos,
los lugares de trabajo de nuestros políticos, ubicados en las mejores zonas de
las ciudades, para que quien acuda allí sea partícipe del poder que ostentan.
Afortunadamente, los españoles no tenemos que presenciar construcciones tipo
los «Siete Caprichos» estalinianos de Moscú, muestra del poder en la capital
rusa del régimen de Stalin, que construyó siete edificios idénticos como fiel
reflejo de su dominio, pero sí que tenemos que aguantar que los gobiernos
autonómicos gasten en ladrillo cantidades ingentes de dinero para albergar a su
prolífica población de cargos políticos, disgregados dentro de nuestras
ciudades.
En concreto, 500 millones de euros, según denuncia el PSOE, es lo que ha
costado ubicar el Ayuntamiento de Madrid en el palacio de Cibeles. El 29 de
marzo de 2011, Alberto Ruiz- Gallardón abría al público las puertas del recién
reformado edificio. Custodiado por la diosa Cibeles, el palacio alberga los
despachos de los miembros del consistorio y oficinas, y tiene una parte para
que los ciudadanos puedan visitarlo. La cúpula acristalada, con vistas a la más
emblemática plaza de la capital, es la oficina del alcalde desde el 5 de
noviembre de 2007. Para poder trasladarse, el edil tuvo que suscribir en 2003
con el entonces ministro de Hacienda Cristóbal Montoro un acuerdo por el que
cambiaba Cibeles por el edificio de las Cariátides, en lacalle Alcalá 49, para ubicar
allí el Tribunal Constitucional. También tuvo que donar a cambio al gobierno
central otro edificio o suelo apto para edificar para ubicar el Ministerio de
Ciencia y Tecnología, para lo que se alquiló por tres años un edificio de la
calle Capitán Haya de Madrid.
Ya ve el trueque, te cambio oficina por palacio. El coste de mudanza,
obras, remodelación, alquiler de otro edificio… No se sabe con certeza cuánto
ha costado todo. Jaime Lissavetzky del PSOE ha bautizado la obra como el
«palacio de los Secretos», porque lo de los 500 millones de euros es una cifra
estimativa, como siempre en este país, no se sabe bien cuánto pagan o dejan
depagar.
El cambio de edificio y esta gran inversión, según Gallardón, solo tiene
una motivación, recuperar el edificio de la Villa, ese que había albergado
durante cuatro siglos al gobierno municipal de la ciudad, y que estaba muy
destrozado por tanto ajetreo político entre sus paredes.
Aunque para cascado el Parlamento británico, uno de los más antiguos del
mundo, y a nadie se le
ha ocurrido cambiarlo.
Desde 2007, el despacho de Cibeles de Gallardón, y ahora de doña Ana
Botella, heredera de la tan anhelada estancia, es una oficina pentagonal, de
ochenta metros cuadrados, rodeada de impolutas sillas giratorias blancas, con
una mesa de tres metros y medio de largo que reposa sobre cilindros dorados, y
coronado por una lámpara tubular de 1962, de los diseñadores Achille y Pier
Giacomo, dos de los grandes. La alcaldesa trabaja día a día rodeada de un halo
mucho más minimalista (que, en términos de la calle, quiere decir medio vacío y
austero, pero muy caro).
Desde entonces las obras de habilitación del palacio no han parado. Lo
último ha sido crear zonas de descanso públicas, para que las disfruten todos
los madrileños y visitantes, un área de descanso que ha costado 286.000 euros.
La zona ha sido definida por su diseñador como chill out (que quiere decir,
para los profanos en diseño, un almohadón para echarse, a juego con cortinas
voluptuosas, pero a lo fashion, y también muy caro).
Al menos en Madrid ya están instalados, porque lo de los catalanes es otra
historia. El Gobierno catalán gasta más de 250 millones de euros al año en
alquiler de oficinas. ¿Alquiler? ¿Qué pasa, es que se van a trasladar a otro
lugar? La Generalitat tiene graves problemas para pagar a sus funcionarios,
pero tiene sus sedes y oficinas en las zonas más exclusivas de la ciudad
condal, como si esto de la deuda y la crisis no fuera con ellos.
Según la Memoria de Arrendamiento y Compras de Inmuebles de 2010, el gasto
llegó a los 256 millones de euros en alquileres. Lo peor de todo es que estos
alquileres se remontan a la época de Jordi Pujol. Vamos a enumerar algunos:
Sede de Bienestar Social en el impresionante edificio del Palau de la Mar,
en el puerto de Barcelona, 4.900.000 euros al año.
Consejería de Política Territorial, en la avenida de Tarradellas, 4.700.000
euros anuales.
Edificio de Vicepresidencia, en Vía Layetana, 1.700.000 euros anuales.
Hay más. Las oficinas gubernamentales de la calle Mallorca cuestan 213.724
euros; la Delegación de Gobierno en Bruselas, 592.023 euros más. Entre centros
escolares y oficinas judiciales arrendadas por el gobierno, Educación gasta 86
millones de euros y Justicia 95 millones más. Solo en comisarías de los mossos
los catalanes pagan con sus impuestos 29.300.000 euros en alquileres. No es
cuestión de abrir un debate sobre si es mejor alquilar o tener un edificio en
propiedad. Dicho esto, ¿hasta qué punto nos podemos permitir que nuestras
administraciones se endeuden permanentemente alquilando propiedades en zonas
y/o edificios exclusivos? ¿No sería una forma válida de revitalizar nuestras
ciudades colocar los órganos de gobierno en aquellos barrios donde no pidan un
riñón por la instalación de despachos públicos?
Por ejemplo, la Asamblea de Madrid se construyó en el sur de la ciudad,
cerca de un barrio de realojados.
Y aquí va la pregunta del millón: ¿quién demonios decide que se gobierna
mejor en el Palau del Mar que en Terrassa? Un ejemplo: desde hace años uno de
los edificios más imponentes de Madrid, el de la Bolsa, es visitado a diario
por cuatro brókers prejubilados y un equipo de limpiadores que mantiene el
parqué impoluto. Un parqué que desde hace mucho tiempo ya no pisan los agentes
de bolsa, que trabajan a distancia gracias a las nuevas tecnologías. Parece ser
que el continente guarda ya poca relación con el contenido.
¿Se acuerda de la oficina del expresidente Ibarra, la que, según facturas
conseguidas por el periódico El Mundo el 30 de mayo de 2011, supuso un gasto de
2 millones de euros desde que se abrió en el año 2007? Pues antes no se ha
contado lo elegante que es: en ella hay un sofá de diseño Le Corbusier,
valorado en 3.000 euros, que es el ideal para reposar después de un intensodía
de trabajo; un perchero costó 567 euros; una lámpara, 679; un
cenicero-papelera, 222 euros (no se puede fumar en los centros de trabajo,
¿no?), y por último hay una bonita alfombra roja valorada en 1.800 euros. Son
algunos de los gastos de los 471.072 euros que se han dejado en decorar y
habilitar el local del expresidente. Al principio alquilaron la oficina por
unos 2.000 euros mensuales, pero en el año 2009 se decidió ejecutar la compra
por un valor de 500.000 euros, entre obras y seguridad se fueron 150.000 euros y
en equipamiento 290.788 euros. Pero los gastos de la oficina no incluían solo
los de su continente, sino también los de su personal.
Según la denuncia de El Mundo, por ejemplo, se gastaron 5.400 euros en
nueve uniformes que se compraron al personal de la oficina y conductores… todo,
recuerde, pagado por la Asamblea de Extremadura.
Pero ni tanto ni tan calvo. En Bilbao, donde se hace todo a lo grande, han
dicho nunca más a pagar el alquiler por albergar su sede municipal. ¿Y qué es
lo que han decidido? Pues construirse un edificio de diez mil metros cuadrados
como nueva sede. Está edificado al lado de la actual casa consistorial, en un
terreno que era un aparcamiento en superficie. Toda la infraestructura
municipal está reunida en un macroedificio diseñado por arquitectos autóctonos
de prestigio y dicen que les va a costar a los bilbaínos 23 millones de euros.
Parece que de ahorro nada. A un millón de alquiler anual, durante veintitrés
años podían haber gastado solo un millón al año. En época de crisis, una cosa
es cambiarse a algún edificio de por ahí que salga gratis, y otra muy distinta
edificar algo nuevo con una inversión tan alta. Eso no es precisamente ahorrar.
Pero espere, un momento, el otro edificio se va a quedar para actos
protocolarios e institucionales…
Entonces, ¿seguiremos pagando el millón de euros de la actual sede? Nadie
lo sabe, ni dice nada.
Por supuesto, el coste total exacto de las obras no ha trascendido. Otra
vez oscurantismo y presupuestos que luego se engordan, como ocurre con cualquier
obra o reforma en su casa, que le dicen que va a costar tanto y luego sale por
mucho más. En fin, todo sea porque en la nueva sede todos los trabajadores
gozarán de cristaleras para dar luminosidad a sus puestos de trabajo.
Eso sí, comodidades que valen 23 millones… o lo que sea.
Salir en la foto
Dentro de palacio es una cosa y de cara a la galería otra muy distinta.
Campañas de publicidad, televisiones públicas a merced de los políticos,
proyectos de promoción, inauguraciones, es todo
lo necesario para que la clase política pueda promocionarse frente a los
ciudadanos.
Desde el momento en que se toma posesión del cargo comienzan los gastos
superfluos. Por ejemplo, con las fotos oficiales de los presidentes. Cuando
Montilla llegó al frente de la Generalitat catalana, su gabinete se puso en
contacto con la prestigiosa fotógrafa María Espeus. La profesional había
trabajado en campañas publicitarias de reputadas marcas. En su catálogo
aparecían clientes como Toni Miró, Burberry o Cutty Sark. Otros fotografiados
de la esfera política también habían posado frente a su objetivo, entre ellos
Zapatero, Jordi Hereu o Maragall.
Así que Presidencia decidió que la foto oficial del president se la haría
ella. Una fría mañana, Montilla salió al patio de los Naranjos de la
Generalitat para encontrarse con la fotógrafa y enseñarle su mejor perfil. Era
invierno y se dispusieron radiadores alrededor del andaluz para que su cara no
padeciese esa mueca que aparece cuando el frío atenaza los huesos. El
presidente no utilizó ni estilista ni maquillaje, un ahorro considerable. La
fotógrafa hizo su trabajo y la foto se convirtió en oficial. Esa imagen del
presidente costó a los contribuyentes 7.385 euros de sus impuestos. Según
declaraciones de la Oficina del Presidente, la foto costó 3.500 euros, lo que
viene a ser el disparo, todos los demás gastos fueron para montaje, edición e
instalación. Sería para las estufas, y menos mal que ya son digitales y no
había que revelarlas.
El nuevo presidente, Artur Mas, se la ha encargado a otro profesional, en
este caso fotógrafo de prensa de La Vanguardia, Pedro Madueño, y la factura ha
ascendido a 324 euros. Un gasto que no llega ni al pico de la anterior
instantánea. Aunque ¿no hay un fotógrafo oficial o un equipo de comunicación en
Presidencia que lo pueda hacer, y que vaya en su sueldo? Bueno, a lo mejor no
saben sacar el máximo partido a la imagen presidencial. Por eso le invitamos a
que vea las dos fotos oficiales: están en Internet. No entraremos a valorarlas,
porque es algo subjetivo. A ver cuál le gusta más, la cara o la barata.
El top diez de las inauguraciones
Lo de hacerse la foto, sea la oficial o no, gusta mucho entre nuestros
dirigentes. Algunos por figurar y salir en los periódicos han llegado a
inaugurar dos veces lo mismo, por eso de la promoción preelectoral o
simplemente para cortar la cinta, que eso vende mucho. Hagamos un repaso por
los grandes éxitos, el top diez de las inauguraciones más estrambóticas de
nuestra historia reciente. Todas ellas semanas antes de elecciones, pues ese es
el sentido que tiene el sinsentido que se cuenta a continuación.
Situada en el décimo puesto, tenemos la inauguración del palacio Arzobispal
de Alcalá de Henares. Así fue vendido el acto. Allí Ignacio González, consejero
de Cultura de Madrid, cortó la cinta. Lo que realmente se estrenó fue el
pavimento del patio de armas del edificio, vamos, el enlosado, hablando claro.
En el noveno lugar, el hospital de Oviedo, inaugurado cuatro veces, aunque
no está en marcha todavía.
El Cabildo de Canarias se queda en un cómodo octavo puesto. Su iniciativa
de que los ciudadanos fueran los que pusieran la piedra ficticia del palacio
Multiusos de Gran Canaria no tiene precio, sobre todo sabiendo que es una obra
adjudicada, pero con algunos impedimentos legales. Así que este lo podemos
catalogar como casi un acto de fe.
El séptimo y el sexto lugar los otorgamos de manera coral a las ciudades de
Huelva y Valencia, por inaugurar, respectivamente, un curso de informática y
las plantas de una mediana en una carretera. Esos sí que son logros políticos,
enhorabuena.
Con un ritmo casi ochentero. En nuestro quinto lugar, y llegando ya a los
puestos de honor tenemos a Juan Vicente Herrera, presidente de Castilla y León,
por inaugurar la carretera de Ramacastañas. Sí, esto está muy bien, si no fuera
porque el proyecto tiene dos décadas de antigüedad.
Se quedan fuera de los primeros puestos, con un disputado cuarto lugar, dos
inauguraciones in extremis. Una en el metro de Barcelona y otra en el parque de
bomberos de Madrid. La primera tuvo a operarios trabajando durante dos semanas
para tapar el agujero del túnel de la línea 9, remozar, recoger escombros,
etc., para volverlo a abrir justo en el momento en el que el alcalde Jordi
Hereu y el conseller Nadal fueran allí a hacerse la foto. En el segundo caso,
se inauguró dos veces el puesto de mando avanzado de los bomberos. Lo mismo le
pasó a un supercamión, que, con un año de diferencia entre una y otra, se
inauguró dos veces, y encima el vehículo aún seguía sin estar en uso.
El bronce es para una frase: «Me siento como Alejandro I el Inaugurador»,
de Alejandro Font de Mora, conseller de Educación de la Comunidad Valenciana.
Ahí queda.
Vamos con la medalla de plata, que es para la ciudad de Castellón. Allí
inaugurar en vacío se ha convertido en la nueva técnica política a patentar. En
Villarreal se abrió la biblioteca central… sin libros.
El entonces presidente Camps
inauguró un hospital en Vall d’Uixó… presentando una maqueta. Y otra vez Camps,
pero en esta ocasión con el que era presidente de la Diputación de Castellón,
Fabra, mirando al cielo parapetados tras sus gafas de sol, inauguraron el
famoso aeropuerto… sin aviones.
Pero la campeona indiscutible de todos los tiempos, por la pompa utilizada,
por el gasto invertido, por su empeño en un proyecto carísimo que todavía no ha
visto la luz (redoble de tambor…): doña Esperanza Aguirre y su Ciudad de la
Justicia (aplausos).
Era el 31 de enero de 2007. La foto: Esperanza poniendo la primera piedra
en un terreno de trescientos mil metros cuadrados a las afueras de Madrid,
situado al lado del aeropuerto de Barajas, en la zona de Valdebebas. Un
complejo que prometía aunar las sedes judiciales madrileñas dentro de edificios
construidos por los mejores arquitectos. Casi cinco años después, parado por
falta de fondos, solo está medio construido uno de los dieciocho edificios que
iban a formar el complejo, el Instituto de Medicina Legal, cerrado y con
veinticuatro horas de vigilancia. No puede funcionar porque no se ha construido
una planta transformadora con que abastecerlo. Mientras tanto, las veintitrés
sedes judiciales alquiladas en la capital siguen generando gastos y aquel acto
donde Esperanza enterró la piedra les costó a los madrileños 1.400.000 euros.
El vídeo promocional era increíble, tenía que serlo, la verdad, porque se
pagaron por él 900.000 euros. Hay largometrajes que cuestan más baratos. Un
audiovisual en 3D de una hora de duración, que fue presentado en ferias y
congresos de todo el mundo para promocionar el proyecto. Viajes, actos,
recepciones… Eso fue solo el principio. Según el exconsejero de Presidencia,
Francisco Granados, este proyecto que no se ha hecho ha costado ya 100 millones
de euros. Cien por nada.
Quiero salir en la tele
Era una mañana de trabajo rutinaria. Un trabajador de Canal 9 se sentó
frente a su ordenador para comenzar a navegar a través de Internet por los
diferentes medios de comunicación. Quería ver cómo estaba el panorama
informativo ese día, antes de comenzar su jornada. Una noticia le llevó a otra,
y de una página saltó a la siguiente. Al seleccionar con su ratón una
información de otro medio de comunicación no pudo abrirla. Apareció un aviso en
la pantalla: «No se puede acceder, dirección restringida». El periodista se
sobresaltó, esos anuncios son los que bloquean los accesos a contenidos
pornográficos o a las redes sociales, para evitar que los curritos pasen horas
chateando o viendo páginas de dudosa moralidad. Pero en este caso saltó cuando
estaba intentando acceder a la página de Izquierdadigital.es, dirigida por el
socialista Gustavo Vidal.
Es decir, en Canal 9 sus periodistas no pueden ver informaciones que no
sigan las pautas que la dirección de la cadena decide. Por lo tanto, la página
de un señor de izquierdas es vetada para que no pueda ser consultada desde sus
instalaciones.
Esto se ve plasmado en sus emisiones. El 17 de mayo de 2011 en los
informativos de Canal 9 se da la noticia del mitin del PSPV-PSOE que tuvo lugar
ese mismo día en la plaza de toros de Valencia. El vídeo comienza con las
banderas ondeando al viento al ritmo de la sintonía de campaña del Partido
Socialista y con unos abucheos de fondo que se escuchan cada vez más presentes
en la pantalla: «Canal 9 manipulación» es el grito de los simpatizantes
socialistas allí congregados. La voz en off del reportaje comienza a narrar el
espectáculo tan bochornoso que sufren sus compañeros allí destinados para
cubrir el evento. Incluye los cortes de los discursos de Alarte y de Zapatero
referentes a la bronca que se está produciendo en la plaza «sobre la falta de
libertad de esos periodistas manipulados». Eso es lo que salió emitido en Canal
9, lo que usted pudo ver si es valenciano. De lo que jamás se enteró es de la
segunda parte del discurso, que por supuesto nunca se emitió. El candidato a la
Presidencia de la Generalitat Valenciana, Jorge Alarte, pidió que no insultaran
más a los periodistas de Canal 9, que les ofrecieran una ovación, porque ellos
no son culpables de esa manipulación, porque ellos también son víctimas de esa
censura. Eso a la dirección de informativos de la cadena no le interesó que
saliera nunca. Este ejemplo es solo una muestra de cómo está el patio en
nuestras televisiones autonómicas.
Aún recordamos a una reportera de Canal 9 en la Feria Gastronómica de Alcudia,
un pueblo valenciano, mientras recitaba los suculentos platos que allí se iban
a comer: «Están bullint les paelles i ja se han repartit 200 conills…», cuando
un joven le pone en medio de la cara una foto de Camps y grita: «¡Corruptos!».
Por supuesto, en la cadena del PP valenciano, que no de los valencianos, se
cortó la emisión alegando que «parecía que había problemas técnicos».
Porque ¿para qué sirve una televisión autonómica? Supuestamente para, desde
una perspectiva democrática, garantizar el acceso plural a la información y la
representatividad de todas las fuerzas políticas. También para gastarse 138
millones de euros anuales, como Canal 9, o 55 millones como IB3, televisiones
que apenas llegan a un 4 por ciento de audiencia media. ¿Todo ese dinero para
qué? ¿Para unos setenta mil habitantes?
En conclusión, un gasto muy necesario para que usted se entere de lo que
pasa en su comunidad sin cortapisas, y que le informen de los problemas,
proyectos y realidades de su territorio. Pero la realidad es otra, las teles
públicas autonómicas se han convertido en el mejor medio propagandístico que
tienen nuestros políticos para dar a conocer la información que más les
interesa. La que no les interesa, pues no existe, así de fácil.
Otro ejemplo. La candidata por Iniciativa del Poble Valencià, Mònica Oltra,
apareció ataviada con
una camiseta muy particular durante el debate electoral que se emitió en Canal
9 con motivo de las pasadas
elecciones autonómicas. La política vestía una chaqueta negra abierta que
dejaba entrever una camiseta blanca donde se leía perfectamente: «Canal 9
manipulació». Cuando le tocó el turno de palabra, el equipo de realización de
Canal 9 colocó un gran rótulo con su nombre y cargo que no desapareció durante
toda su intervención. El objetivo: tapar la camiseta, que no se viera el objeto
de tamaña provocación. La diputada de Les Corts aseguró que se sentía muy
orgullosa de poder participar en el debate, ya que, tras cuatro años como
diputada, nunca, jamás se le había invitado a ningún espacio de información
política dentro de la cadena pública. Tal vez, señora Oltra, a Francisco Camps
el anterior presidente, no le gustó ni esa camiseta, ni ninguna de esas por las
que usted se ha hecho famosa, como la que llevó a una sesión de control del
Parlamento en la que aparecía la cara del expresidente acompañada del lema
wanted (se busca), al estilo de los carteles del lejano oeste.
Si usted es madrileño o madrileña y suele ver Telemadrid, comprobará que
ocurre algo parecido, o peor, que en la televisión valenciana. A lo mejor no se
ha dado cuenta, y eso es lo peor, de que mediante sus manipulaciones pueden
engañar al pobre ciudadano que cree que su televisión pública le está
ofreciendo la verdad sin subjetividades. Pero las televisiones que pagamos
todos no son ni de lejos ese medio de servicio público independiente. Todo lo
que en ellas se dice, todo sobre lo que se informa es por y para ensalzar la
ideología y la labor política del gobierno correspondiente. Por ejemplo en
Telemadrid, del gobierno de Esperanza Aguirre.
Hace unos años, los trabajadores de la cadena pública, cansados ya de no
poder ejercer su libertad de expresión, montaron una plataforma llamada
Salvemos Telemadrid. En ella denunciaron ante la UE la manipulación informativa
y el sectarismo político, es decir, la constante censura a la que se ven
sometidos cuando tienen que cubrir cualquier información que tenga un
específico peso político dentro de la comunidad. Y si no se lo cree, para
muestra un botón. Por informaciones como estas, según los propios periodistas
del ente público, es por lo que Telemadrid ha pasado a llamarse Teleaguirre:
14/03/2005. Un año después de los atentados del 11-M se emite en Telemadrid
el documental Cuatro días que cambiaron España. Pese a que no había ninguna
prueba de que los atentados estuvieran relacionados con la banda armada ETA, en
las imágenes de la manifestación del 12 de marzo de 2004 contra el terrorismo,
se inserta de manera subliminal el anagrama de ETA.
30/06/2005. Se aprueba la ley del matrimonio homosexual. Aparecen
manifestaciones de euforia en diversos barrios de Madrid para celebrarlo. Nunca
se emitió esta noticia en Telemadrid.
26/03/2006. Zapatero en el Parlamento responde: «No, otra vez quiere oírlo,
no». La pregunta que se le ha lanzado en el hemiciclo es sobre la negociación
de la autodeterminación del País Vasco. En Telemadrid, Zapatero aparecía
respondiendo: «No, otra vez quiere oírlo, no», pero lo que se afirmaba en la
noticia era que estaba negando que el gobierno tuviera contactos con ETA.
Si entramos en opinión, no podemos olvidarnos de profesionales que desde su
púlpito de los programas que tienen en directo lanzaban cuestiones sobre el
anterior presidente del gobierno como: «¿Desprecia el gobierno de Zapatero la
religión católica? ¿Zapatero traiciona a los muertos? ¿Beneficia más Zapatero a
Barcelona que a Madrid?». Y apostillando que no quieren ser subjetivos sueltan
perlas como las siguientes: «¿Qué secreto ocultan Zapatero e Ibarretxe? ¿Oculta
el gobierno la verdad sobre el 11-M?».
Uno de los profesionales que tenía un espacio de opinión y entrevistas en
la cadena era Germán Yanke. El periodista entrevistó a Esperanza Aguirre en
directo y le lanzó una pregunta que venía
a decir que según el discurso de los socialistas a ella se le quedaba
pequeña la Comunidad de Madrid y que lo que la presidenta quería era tener
enfrente al presidente del Gobierno. Aguirre se quedó entrecortada y le
contestó: «A mí no me gusta que usted compre el discurso del Partido
Socialista». El periodista abandonó Telemadrid de manera forzada, alegándose
que fue despedido por problemas de presupuesto, cuatro días después de dicha
emisión. Uno de losexdirectores de Telemadrid nombrado por el PP, Francisco
Giménez-Alemán, catalogó a la televisión pública madrileña como sectaria. Según
él, todos los días se manipulaban informaciones en materia de lucha
antiterrorista y las que versaban sobre política local.
Televisión pública y manipulación van cogidas de la mano desde que los
canales regionales comenzaron a surgir como setas allá por los años noventa.
Los nombramientos de directores generales a dedo por parte de Presidencia en
las televisiones autonómicas son un clásico. Pero no olvidemos que José María Aznar
puso a Fernando López Amor, diputado de su partido, en RTVE, y Joaquín Leguina
colocó a su portavoz parlamentario Marcos Sanz en Telemadrid.
Esperanza Aguirre, con el voto en contra de PSOE e IU, ha nombrado a José
Antonio Sánchez, que estuvo al frente de RTVE en los dos últimos años de la
legislatura de Aznar. Y Dolores de Cospedal, en Castilla-La Mancha, ha elegido
para gobernar su televisión a un periodista nada afín a su gobierno autonómico,
el periodista de la COPE Nacho Villa.
Esto, no se equivoque, no es ilegal. La ley otorga a los gobiernos
regionales la potestad de designar al director general de la televisión de
turno. Sin consensos ni pactos. Por esta causa, Antoni Gómez, el consejero de
Presidencia balear, que le hizo la campaña al actual presidente José Ramón
Bauzá (PP), fue nombrado a principios de agosto de 2011 responsable máximo del
ente IB3, esa cadena que el propio señor Bauzá quería privatizar o reducir sus
gastos a toda costa durante su campaña. Pero una vez en el poder, todo cambia.
Si se puede controlar con alguien de su palo, mejor que mejor. Para paliar este
sinsentido, Bauzá cerró la Televisión de Mallorca en la misma semana. Sí, otra
televisión pública de las islas. Fue el primer cierre de una radiotelevisión pública
en España. En este caso la gestionaba el Consell y solo ofrecía información
sobre la isla de Mallorca, algo que también hace IB3 al margen de todo el
archipiélago. Con un coste de 9,5 millones al año de presupuesto, la
minitelevisión que había estado controlada por Unió Mallorquina durante el
gobierno del Pacte 2003-2007 hacía aguas por todas partes. La deuda ascendía a
21 millones de euros y los ciento cincuenta trabajadores se fueron a la calle
en un abrir y cerrar de ojos.
Televisiones como la de Mallorca hay por todas partes. Cien ayuntamientos
de nuestro país tienen televisiones propias, con más de cien millones de gasto
público, y en algunos casos las localidades para las que emiten no sobrepasan
los tres mil habitantes. Hay dieciséis televisiones provinciales que gastaron
más de 50 millones en 2010. Una de las que cerró fue MadridTv, con un coste de
50 millones para los ciudadanos de la capital. Otra que también gasta mucho es
BarnaTv, que tiene un presupuesto de 18 millones de euros, y una deuda de
1.600.000 euros.
Porque casi todas deben dinero. Las públicas acumulan 2.288 millones de
euros en subvenciones, si sumamos a las trece televisiones autonómicas el
presupuesto de RTVE. Y la publicidad ha bajado casi un 20 por ciento. Una
situación casi insostenible, teniendo en cuenta sus audiencias. La más vista es
TV3 con el 13,80 por ciento de cuota de pantalla. Otras como Canal 9 no
sobrepasan el 5 por ciento. Esto quiere decir que de cada cien personas que
están viendo la televisión en ese momento, solo cinco eligen la televisión
autonómica valenciana.
¿Sabe cuánta deuda acumula? 1.139 millones de euros. ¿Sabe cuántos
trabajadores ha tenido durante dos décadas? 1.800, más que las plantillas de
Antena 3, Telecinco, Cuatro y La Sexta juntas. ¿Y sabe cuánto dinero d
subvención ingresa al año? 138 millones de euros. ¿Ve exagerado que se haya
hecho un ERE para reducir su plantilla a la mitad?
Si cualquier particular tuviera una empresa que no da resultados, a la que
nadie compra o cuyos productos nadie ve, y encima le dieran esa cantidad de
dinero de los ciudadanos para que siguiera adelante con su negocio… ¿No sería
una injusticia? ¿No sería indignante?
Según la consultora Deloitte, las televisiones públicas nos cuestan a los
ciudadanos 5 millones de euros diarios. Llevamos trabajando en televisión más
de una década, hemos trabajado en cadenas nacionales y en todo tipo de
productoras. Hemos visto cómo los cambios políticos hacían que se tuvieran más
programas o menos, dependiendo de si la productora era afín al nuevo equipo de
gobierno o no. Hemos presenciado los diferentes presupuestos ficticios que se
hacen: por ejemplo, la televisión pública compra un programa por el que cree
que a los periodistas se les está pagando 3.000 euros al mes, pero en realidad
la productora les está ofreciendo tan solo 1.500 brutos. Y así todo. Al final
los que pagan son los trabajadores con contratos basura, y usted, que paga el
doble con sus impuestos… Y además lo que le ofrecen nunca será la realidad de
su comunidad, solo lo que le interese emitir al partido político que gobierna.
Al final tener una televisión a nuestra merced o salir en la tele nos gusta
a todos. Incluso acudir de público a algún programa interesante. Si no que se
lo digan a Noemí Martínez, concejal del Ayuntamiento de Manises, en Valencia.
Era un caluroso viernes, 29 de julio de 2011, y Noemí presenciaba su segundo
pleno como delegada del Área de Bienestar Social. A la una del mediodía, una
hora después de que comenzara, Noemí se iba a la francesa. Tenía que coger un
autobús con urgencia. Esa era su noche. Con un vestido verde manzana, media
España la vería detrás de Kiko Matamoros mientras hablaba con Rosa Benito. No,
no era 59 segundos, Noemí dejó su puesto, por el que cobra 35.970,13 euros
brutos anuales, para ver en directo Sálvame deluxe.
Los del pueblo se quedaron encantados. No es broma, esto es verdad.
Capítulo V.UNA HISTORIA DE AMOR… AL
LADRILLO
Estaban sentados uno al lado del otro. Él, con gafas impolutas y traje
azul, hojeaba unos papeles.
Ella eligió para la ocasión su blusa beis de manga corta. Era un día de
calor, dejaba ver ampliamente su cuello y decidió liberar los tres primeros
botones de sus ojales. Miraba pensativa mientras él pasaba las hojas
rápidamente, igual que pasaron los años desde la primera vez que ambos se
vieron. Se saludaron cordialmente. Había otras tres personas más sentadas con
nuestra pareja. Pero ella quería encontrar el momento para decirle lo que
durante toda la mañana había estado pensando. Así que le deslizó cerca del
oído, como si un pañuelo de seda le rozara su oreja, la confidencia de la que
se había enterado, por un tercero, esa misma mañana:
—He visto que vas a gastar 25 o 35 millones de euros en septiembre. Viene
en el periódico.
—Sí, de momento —respondió él con la desgana propia de su vida en común.
El destino les había unido durante muchos años. Con encuentros y
desencuentros. Seguro que al principio se tenían aprecio. Pero, ya se sabe, la
rutina hace mella en todas las parejas.
—Menos mal que tenéis dinero. ¡Qué suerte! Nosotros no tenemos ni un puto
duro. —Quizá en esas palabras tan directas buscaba una complicidad, a modo de
arrebato pasional, para dejar atrás sus pasadas antipatías.
—Ni nosotros tampoco. —Sus palabras cayeron a plomo, como solo lo hace el
duro peso de la realidad. El grueso cristal que durante tantos años les
separaba, pero que les hacía verse frente a frente, se desmoronó. Los dos
estaban igual. Seguramente, durante un breve instante sintieron como si uniesen
sus manos y confraternizasen ante el desamparo que deja el dinero cuando,
sencillamente, se va… y les deja solos a ella y a él… Continuará.
Ya nos gustaría a usted y a nosotros que esto fuese una novela. Pero los
millones que se van a gastar son de verdad y las frases de los interlocutores
son textuales. Uno podría pensar que son dos amigos millonarios que hablan en
la barra de un bar. Pero no, es la conversación que captaron unos micrófonos
abiertos entre Alberto Ruiz-Gallardón, cuando era alcalde de Madrid, y
Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, momentos antes de dar
una rueda de prensa en el verano de 2011.
El resumen de la conversación podría ser: los millones que no tengo y que
voy a gastar, tú (contribuyente) me los vas a pagar. Un buen eslogan que podría
valer para la aprobación de cualquier infraestructura en cualquier punto de
España. Esta conversación sintetiza el problema que ha existido en nuestro país
en la obra pública. Al pan, pan y al vino, vino: «Ni un puto duro». Qué pena
que este lenguaje puro y directo nunca aparezca en campaña electoral.
Esto de las infraestructuras se parece a lo de enseñar la casa en las
revistas del corazón. Las hojeas y dices: «Qué casa más impresionante tiene
este o aquel». Lo normal es que uno se quede con las ganas de hacer la misma
reforma. Lo normal. Pero en España, una comunidad de diecinueve vecinos
autonómicos que además se miran de reojo, lo normal cada vez es menos normal.
Así que si vemos una casa con piano de cola, nosotros queremos uno, aunque no
sepamos ni tocarlo, porque ¡y lo bien que queda en el salón! Como desvela la
conversación, si no tenemos dinero para comprarlo, no pasa nada: pedimos un
crédito. Así que esto es lo que pasa cuando cambiamos el piano por un
aeropuerto, una línea de tren…
Volando voy, volando vengo
¿Ha visto la película de Will Smith Soy leyenda, basada en la novela de
Richard Matheson? Es un remake de otra protagonizada por Charlton Heston. Ambas
están basadas en la novela homónima. Trata del último superviviente de una
pandemia mundial que ha convertido a la humanidad en vampiros que solo salen
por la noche. Por el día, todas las calles y edificios están abandonados en
medio de una soledad que sobrecoge. ¡Qué sensación! Solo, rodeado de la
inmensidad de bloques de cemento. ¿Le gustaría vivir algo parecido? En España
puede hacerlo.
Basta con que se acerque a alguno de los siguientes sitios: el aeropuerto
de Castellón, el de Ciudad Real, quizá el de Lleida, o el de Huesca…
Las extensas salas están vacías. ¡Es un escenario tan cinematográfico!
Están diseñadas para manejar dos millones y medio de pasajeros al año, pero no
hay nadie más que nosotros. Oímos un leve ruido y nos volvemos. El
subconsciente, contaminado con tanta película, nos pide marcharnos: creemos que
algún político nos ha hecho una encerrona. Nos espabilamos, aquí no aparece
nadie. En todo caso, un limpiador del suelo que no para de sacar brillo. Por no
aparecer, no aparecen ni los aviones. ¿Pero no quedamos en que esto era un
aeropuerto, y además internacional?
Se trata, concretamente, del de Ciudad Real. Tiene una de las pistas más
largas de Europa, cuatro mil metros en los que puede aterrizar el Airbus A380,
el mayor avión del mundo. Aquí se han gastado 370 millones de euros solo en la
construcción. A estos se suman los 477 millones pagados por los terrenos donde
se construyó y donde iba a erigirse una gran zona logística. Es de los
aeródromos más cuidados que hemos visto. Está completamente impoluto… de no
usarlo.
Casi lo podían haber dejado todo envuelto con un lazo. El caso es que, con
solo tres añitos de vida, cerró en octubre de 2011.
Efectivamente, el subconsciente tenía razón: es una encerrona del
despilfarro autonómico. Los vuelos desaparecidos los hacía Vueling, la filial
de Iberia. Pero ya agotó los 2,6 millones de euros de subvención que recibía
por volar hasta este aeropuerto, y se marchó. Como lo oye: pagaban a aviones
por aterrizar aquí. Todo con el fin de darle una falsa actividad a un
aeropuerto y traer visitantes que no llegaban, apenas unos treinta mil al año.
Una práctica que, como veremos, es más habitual de lo que pudiéramos pensar.
Si no tienes un aeropuerto no
existes
La inversión estaba capitaneada, como sucede en todas estas iniciativas que
pretenden dar lustre a una autonomía, por la caja de ahorros correspondiente,
sometida a la influencia del gobierno de la comunidad autónoma. En este caso,
la Caja Castilla-La Mancha. Precisamente la primera que tuvo que ser rescatada
por el Banco de España para no acabar en quiebra. El aeródromo de Ciudad Real
nació con el nombre de Madrid-Sur, y eso que está a doscientos veinte
kilómetros de la capital. Su idea era quitarle mercado al de Madrid-Barajas,
quizá con vistas a que los pasajeros extranjeros se tragaran que, realmente,
volaban a Madrid. Vamos, como si construyen otro en Soria y le bautizan como
Madrid-Norte. No coló, y se quedó con el nombre de aeropuerto «del Quijote», un
personaje que simboliza muy bien el camino que ha guiado el origen de muchas de
nuestras infraestructuras.
Si el Quijote acabó sus pasos en la costa catalana, los nuestros pasan
cerca, en la valenciana, por el aeropuerto de Castellón, construido con un coste
de 150 millones de euros. Este también tiene otra película: es el primer
aeropuerto para peatones del mundo. Si quieren extender los brazos como si
fuesen alas para hacer el avión y corretear como un niño, háganlo con todas las
de la ley en una pista de despegue de las de verdad. Y además, ¡está permitido!
Lo dijo… ese, ¿cómo se llama? El eterno imputado por la justicia, el
presidente del PP en Castellón y presidente de la Diputación de Castellón
durante dieciséis años, el que tenía tanto dinero y que siempre decía que le
tocaba mucho la lotería, lo tengo en la punta de la lengua… al que le
archivaron varios delitos fiscales porque habían prescrito… el que se jactaba
de toda la gente que había enchufado… Sí, hombre… ¡Carlos Fabra!, eso es.
Cuando lo inauguró, en marzo de 2011, como presidente de la Diputación de
Castellón, dijo: «Durante mes y medio cualquier ciudadano que lo desee podrá
visitar esta terminal o caminar por las pistas de aterrizaje». Se espera que
pueda funcionar en mayo de 2012. Además, visto lo visto, a ver qué compañías
quieren aterrizar aquí, a no ser que las paguen. Sobre todo si tiene el
aeropuerto de Valencia a solo ciento siete kilómetros al sur, apenas una hora
en coche.
Fabra continuó dejándonos declaraciones para la posteridad. Al retomar su
discurso pudimos escucharle: «Dicen que estamos locos porque hemos inaugurado
un aeropuerto sin aviones. No han entendido nada». En esta última frase retumbó
su voz. Usted no sé, pero nosotros no habríamos tenido lo que hay que tener para,
en medio de mil quinientos tíos enfervorecidos,
traídos en autobuses para la inauguración, levantar la mano y plantearle a
este hombre inspirado en Matrix —sus gafas eran las mismas— siquiera una
balbuceante duda:
—Pues… ejem… yo es que… creo… que… no sé… sigo sin entenderlo.
De haberlo hecho, habríamos vuelto a casa volando, y no en avión. Tal vez,
antes de eso, él podía haber contestado:
—Todos los periodistas son iguales. ¡Siempre negativos! Aquí nunca se le
perderá una maleta, nunca tendrá un retraso de avión, no produciremos
contaminación acústica ni de ningún tipo.
¡Será el mejor aeropuerto del mundo! ¡El primer aeropuerto que no necesita
a los aviones para nadaaaaa!
Lo que sí necesita es un director. Imagínese la responsabilidad: hacer
funcionar un aeropuerto sin aviones. Eso no lo hace cualquiera y por eso el
sueldo tiene que ir acorde a semejante pericia.
Juan García, que así se llama el jefe del aeródromo, cobra al año 84.200
euros. ¡Más que el presidente del Gobierno! Entre sus méritos está la
contratación por 500.000 euros, por tres años,de los halcones que deberán
ahuyentar a las aves que obstaculicen el vuelo de los aviones, que aún siguen
sin aparecer. l aeródromo, además, necesita darse a conocer, y no por ser el
que no tiene aviones, así que había que invertir en publicidad oficial. 30
millones de euros se han gastado en patrocinarlo desde enero de 2003, ¡cuando
ni siquiera había comenzado a construirse! ¿Y se extrañan de que Valencia tenga
problemas para hacer frente al pago de sus créditos?
Y yo más
—Oye, Eustaquio, que dice Anselmo que es más inteligente que tú.
—¿Ah, sí? ¿Y cuántos kilos levanta?
Cambie los nombres propios del chiste por los de cualquier comunidad
autónoma y la pregunta por «¿cuántos aeropuertos tiene?». Es el resumen del
provincianismo de «Villarriba y Villabajo» que dirige la construcción de
infraestructuras. Por ejemplo, que Villarriba sea Huesca y que el papel de
Villabajo lo desempeñe Lleida. Las dos construyeron un aeródromo en los
Pirineos para llevar esquiadores a sus respectivas estaciones de esquí.
El aeropuerto de Huesca (cincuenta mil habitantes) está a setenta y tres
kilómetros del de Zaragoza. Costó más de 40 millones de euros y se inauguró en
abril de 2007. Sus poco más de veinte empleados no ven un vuelo comercial desde
hace cerca de un año. En 2010 perdió 4 millones de euros. La instalación
funcionaba poco más de tres meses al año para subir esquiadores desde Madrid y
Coruña, a unos 200 euros el billete. Y eso que, como ya es habitual, la
comunidad autónoma, en este caso la aragonesa, tuvo que subvencionar a una
aerolínea para que volase desde allí y trajese pasajeros. Sin embargo, ni
pagando los billetes funcionó y ahora el aeropuerto languidece sin vuelos.
Algún cargo diría que somos catastrofistas, porque en el mes de septiembre de
2011 tuvieron un crecimiento de pasajeros espectacular de un 400 por ciento.
Ese mes hubo cuatro personas que volaron, no se sabe a dónde ni en qué
compañía, frente a ninguna en todo el mes de agosto.
A ochenta kilómetros del aeropuerto de Villarriba (Huesca) y a poco más de
una hora del aeropuerto internacional de El Prat, se construyó en Lleida el de
Villabajo, por el módico precio de 95 millones de euros. El aeródromo, que
pertenece a la Generalitat, empezó a funcionar en febrero de 2010. «En el siglo
XXI, si no tienes un aeropuerto, no existes. Los Alpes tienen más de un 50 por
ciento de visitantes extranjeros y los Pirineos solo un 3 por ciento: si los
Pirineos no tienen un aeródromo, no existen». Lo dijo Oriol Balaguer, director
general de Puertos y Aeropuertos de la Generalitat catalana. En sus pistas
transitaban tres aerolíneas: Pyrenair, que al poco tiempo de abrir la ruta la
canceló; Vueling, con participación mayoritaria de Iberia, y Ryanair, que
empezó en abril. Pero la low cost irlandesa decidió dejar de volar allí en
junio de 2011. No le subvencionaban más. Hasta ese momento le daban 20 euros
por pasajero, pero pidió 60 y, aparte, 2,2 millones de euros al año, en vez los
600.000 que recibía. En palabras de la Generalitat, se «sentían chantajeados».
Para dar más actividad al aeropuerto de Lleida, Vueling creó el trayecto hasta
Barcelona, situada a ciento sesenta kilómetros. El primer vuelo vendió dos
billetes (no hemos podido confirmar si eran la mujer y el hijo de algún
consejero). La compañía, viendo el dispendio de combustible que suponía,
prefirió cambiárselos por dos billetes de AVE.
A partir de ahí, crecieron un 200 por ciento: de dos se pasó a cuatro
pasajeros, y esa fue la ocupación media. Vueling dejó de volar a Lleida. Hasta
registraban dos vuelos semanales a Palma de Mallorca: viernes y domingo. Si ve
a gente por sus pasillos fuera de esos días son los vecinos del cercano pueblo
de Alguaire, que se acercan, cargando con su ordenador, para conectarse gratuitamente
a la wifi. Pero una luz de esperanza nació en enero de 2012. Desde entonces el
aeropuerto tiene un acuerdo con una compañía chárter británica para transportar
a turistas en invierno. El turoperador los trae en avión hasta Lleida y después
se los lleva por carretera a dormir, esquiar y comprar a… Andorra. ¡Qué buen
negocio! Para los andorranos, claro.
Líneas de bajo coste, impuestos
incluidos
Cuántas veces se habrá encontrado con el «enterao» de turno que, para
demostrarle lo «buscavidas» que es, le suelta cosas como:
—He conseguido un vuelo a Girona por 15 euros. Un chollo. Me ha salido
baratísimo. Aparte de las sorpresas que le esperan en sobreprecios por
facturación de maletas o impresión de billetes, hay otra «alegría» de la que,
posiblemente, nunca llegue a enterarse. Puede usted replicarle:
—Ya te lo cobrarán cuando hagas la declaración de la renta, ya…
Seguramente le mire sin entender lo que le dice, pensando que usted es un
envidioso, incapaz de moverse por Internet para encontrar semejantes ofertas.
Pero usted lleva razón. Muchos aeropuertos infrautilizados pagan con dinero
público a aerolíneas como la irlandesa Ryanair para que aterricen en ellos. Lo
hacen para que los aviones traigan visitantes a la ciudad. Faltan estudios que
confirmen si los pasajeros que aterrizan realmente se quedan o si alquilan un
coche o cogen un tren hacia su destino final. Algunos apuntan, como en el
aeropuerto de Santander (Cantabria), que más bien son los habitantes locales
los que cogen las maletas para irse de visita al extranjero. En el caso de
Girona, en cinco años se pasó de menos de un millón de viajeros anuales a los
casi cinco de 2010, gracias a los vuelos low cost. Pero todo tiene un precio, en
estos casos se llaman «subvenciones para la promoción turística».
Por el último acuerdo de la Generalitat de Cataluña, la Diputación de
Girona y la Cámara de Comercio, habrían de pagarse 7 millones de euros por cada
año que Ryanair aterrizara en Girona.
Tal es la necesidad de mantener activos estos aeropuertos que las
aerolíneas de bajo coste tienen la sartén por el mango. Basta con que amenacen
con dejar de volar a un aeropuerto para que la comunidad siga pagando
subvenciones. Todo con tal de evitar que quede como un erial, como el de Ciudad
Real, y tener que reconocer el fracaso de una infraestructura inútil.
Veamos un caso: en Girona, el anterior gobierno tripartito prometió a
Ryanair ayudas de 11,5 millones de euros si traía cuatro millones de viajeros.
Pero cuando llegó CiU dijo que no estaba muy de acuerdo, que si la crisis, que
si no había dinero... Así que la compañía amagó con irse.
Entonces, antes de tener otro aeropuerto fantasma, el gobierno de Artur Mas
cerró a comienzos de 2012 un acuerdo con Ryanair por el que esta recibirá una
subvención de 8 millones de euros anuales. En el lote se incluyen terrenos para
que la aerolínea levante un hotel y un hangar.
Pagar para que vengan
El presidente de Ryanair, Michael O’Leary, admitió que la suya era una
«compañía oportunista» que va donde consiga un mejor trato. Y así se mueve: si
cierra la línea que tenía en el aeródromo vitoriano de Foronda, se va al de
Santander, que es donde le dan ayudas.
Al final se beneficia de nuestra característica y casi suicida rivalidad
regional. La conversación entre el asesor y el consejero de turno bien podría
ser esta:
—Jefe, según esta estadística, la comunidad vecina ha recibido un millón de
visitantes a través de su aeropuerto.
—¿Y el nuestro, Contreras?
—De momento ninguno, pero siempre tenemos la esperanza de que algún vuelo
que pase por aquí cerca tenga que hacer un aterrizaje de emergencia…
—Hum… con la pasta que nos hemos dejado… —meditaría el consejero que,
finalmente, dictaría sentencia—. Habla con una compañía de esas de bajo coste.
Di que le damos 9 millones de euros si aterriza aquí y, así, que ponga los
billetes a cuatro duros.
La conversación anterior no ha existido, al menos, no con estas palabras,
pero el resultado es el mismo.
No hemos encontrado cifras globales de las subvenciones que pagan las
comunidades a estas compañías. Pero lo mejor de todo, no se lo pierda, es que
estas empresas, con el dinero de las ayudas que todos les pagamos vía impuestos
y con unos billetes más bajos, están echando a compañías españolas de nuestros
aeropuertos principales, que no necesitan pagar a nadie para que aterricen. Así
nos encontramos con que en El Prat o en Barajas ya les ganan en posiciones por
sus precios mucho más bajos. Tanto es así que Ryanair es ya la aerolínea que
más pasajeros mueve en España, por delante de Iberia. Pero no se pierda lo
mejor, estas ayudas serían fácilmente corregidas. En el caso de Ryanair, España
supone un tercio de su negocio. ¿Qué pasaría si todos los aeropuertos
negociaran en bloque? La posición de fuerza cambiaría. Se acabarían, como
señalan fuentes del sector, «las subastas entre todas las comunidades de sus
ayudas públicas». Pero, como es natural, cada comunidad va por su lado y al
final todas pierden.
Es decir, el «divide y vencerás» se conjuga en pasado en España. «Ya están
divididos, así que has vencido». Eso es lo que deben pensar los que vienen a
hacer negocios aquí. Pero agárrese que vienen curvas. Imagine lo que se avecina
con el nuevo plan aeroportuario. La casi totalidad de los aeródromos seguirán
siendo propiedad de AENA, pero serán gestionados por una empresa privada. Las
decisiones importantes las tomará un órgano compuesto por el Ministerio de
Fomento, la comunidad autónoma, el ayuntamiento y las entidades locales (cámaras
de comercio, etc.). ¿Se imagina la que se puede montar para tomar una decisión
en cada una de esas reuniones? No entramos en el coste de dietas y sobresueldos
de los consejeros. ¿Y si cada uno es de un color político? Entonces, ante ese
río revuelto, la posición de fuerza de la aerolínea será tal que sacará
cualquier cantidad en subvenciones.
Nuevamente, ha tenido que ser alguien de fuera el que tome cartas en el
asunto. Viendo que estas subvenciones iban camino de extenderse en Francia
tanto como lo están en España, la aerolíneafranco-holandesa Air France-KLM ha
denunciado estas prácticas al Departamento de la Competencia de la Unión
Europea.
Que me recojan a la puerta de casa
El disparate de los aeropuertos españoles ha hecho que de los cuarenta y siete
que existen, ni diez sean rentables. El último en cerrar, en enero de 2012, ha
sido el de Badajoz. La Junta de Extremadura no quería aumentar la subvención
anual de 2 millones de euros a Air Nostrum, la compañía que hacía bulto en el
aeródromo.
Una cosa es la buena movilidad en un territorio, y otra que,
necesariamente, esté conectado por todos los medios de transporte existentes.
Estamos de acuerdo en que todas nuestras poblacionestienen que estar bien
comunicadas, incluso en algunas de ellas, por no tener mejor opción, esa
infraestructura tiene que ser «necesariamente deficitaria». Pero no por ello
tenemos que ir a todos los sitios con cualquier medio. Ojo, señores políticos,
que iba de broma la canción del grupo musical Los Mismos, la de «El puente»,
aquella que decía: «Será maravilloso viajar hasta Mallorca. Sin necesidad de
tomar el barco o el avión… Si construyeran un puente desde Valencia hasta
Mallorca». Frente a la versión aérea tenemos la ferroviaria, algo así como:
«¿Quién crees que eres si no tienes AVE?».
Los políticos han pensado que las infraestructuras eran fines en sí mismos,
no medios para llevar a las personas. Es decir, se preocuparon de tener un tren
sin preguntar antes si interesaba el recorrido.
Otra vez llega con retraso a la estación. Acaba de pagar el taxi y sale a
toda velocidad hacia el andén.
El aviso suena por todos los altavoces:
—Din, don, din. Pasajeros del tren AVE destino Albacete, Cuenca y Toledo,
por favor, embarquen. El convoy iniciará el viaje a las diez en punto.
Cuando va a subir, recuerda que se ha olvidado el maletín en el taxi.
Son ya las diez y diez y le extraña que todavía no se haya marchado el
tren, al que ve a lo lejos, y al que se dirige, ya con el maletín en la mano,
corriendo.
—Din, don, din. Dese prisa, señor Contreras, que ya son las diez y cuarto y
todavía no hemos salido. Se queda clavado. Cuando llega al andén, mosqueado,
mirando a todos, la azafata le da la puntilla:
—Vamos, señor Contreras, que llega usted casi a las diez y veinte. ¡Hombre,
que ya está bien!
Todos los días igual: para un pasajero que tenemos, que siempre nos haga lo
mismo. El maquinista ya está harto…
Es una situación ficticia que por muy poco hubiera podido pasar en España.
En la inauguración de la línea Toledo-Cuenca-Albacete, a principios de 2011, el
presidente de la Junta de Castilla-La Mancha, José María Barreda, la vendió
como «la primera línea de alta velocidad a escala regional de toda Europa».
Viendo el resultado, quizá sea la última. En su momento hubo una gran presión
para que todas las capitales de Castilla-La Mancha tuvieran una parada de AVE,
como lo han solicitado todas las comunidades. Pero cuidado con soñar, que a
veces los sueños se cumplen. Finalmente, se construyó. Sin embargo, solo la
utilizaban una media de nueve viajeros al día, sobre las 2.190 plazas
disponibles. El mantenimiento de cada viaje costaba 18.000 euros. Haciendo
cuentas por lo bajo, hubiese sido más barato llevar a cada uno de los pasajeros
gratis en limusina y pagarles comida y hotel de cinco estrellas.
Cuando se cerró la línea, el 1 de julio de 2011, no había ninguna autoridad
presente. Como norma de protocolo, sería recomendable que, al igual que cuando
se inaugura una construcción se cortan bandas entre los aplausos de los
asistentes, cuando se cierren, echen el candado bajo sus abucheos.
AVES que no levantan el vuelo hay varios. Ahí se quedó la lanzadera de
Sevilla a la Expo: abandonada, criando hierba y en un descomunal recinto con
solo un par de oficinas ocupadas.
Otras líneas son más que discutibles y posiblemente nunca se amorticen.
España es líder en Europa por kilómetros de AVE. Sin embargo, somos los que
menos mercancías y menos viajeros llevamos: los billetes amortizan mínimamente
la inversión y eso que, de media, son bastante caros. En muchos casos más del
doble de lo que cuesta uno de avión. Ahora bien, también somos los que más
presionamos, apoyos parlamentarios a cambio, para llevar las líneas a donde
sea.
Un portafolio bien extenso
Lo bueno que tiene nuestro país es, como se insiste continuamente, su
diversidad. Si tenemos un AVE que se cierra en Albacete, hay otro tranvía que
no echa a andar en Palma. En este caso pasa lo contrario que en los
aeropuertos: allí lo que faltaban eran los aviones, aquí sobran vagones pero
faltan vías. La siguiente historia sigue la misma plantilla de improvisación
que las anteriores.
En 2008 el presidente de las Islas Baleares, Francesc Antich, firmó un
acuerdo con el Ministerio de Fomento para construir la línea férrea entre
Manacor y Artà, de unos veinte kilómetros. Y aquí viene el problema. Los
socialistas baleares anunciaron que el gobierno central lo pagaría todo, así
que se lanzaron a la piscina y empezaron a comprar por su cuenta los vagones.
Pero el Ministerio de Fomento les dio solo una parte del coste, que era, según
él, lo que verdaderamente habían firmado. Para nada el coste total de toda la
obra, que asciende a unos 443 millones de euros, y que, con los tiempos que
corren, ni están, ni se les espera. Ahí se han quedado las obras, a medio
terminar y con los vagones cogiendo polvo en un almacén. Parece que ya se ha
tirado la toalla y se ha planteado que, al menos, el movimiento de tierras para
colocar las vías sirva de algo. El objetivo ahora es convertirlo en una vía
verde, uno de esos caminos para hacer senderismo.
Los vagones que compraron eran mitad tren, mitad tranvía. Parece que en los
despachos se podría haber escuchado algo así:
—No quiero nada vulgar, algo exclusivo, que solo valga para esta línea.
Compramos seis. Que los vayan haciendo —diría el político de turno.
—¿No será mejor ver cómo evoluciona la construcción de la línea de
ferrocarril? En todo caso, ¿no le parece más conveniente comprar un modelo que
sirva para otras líneas de la isla?
—comentaría el asesor Contreras.
—Que no. Que eso está hecho, hemos firmado con el Ministerio de Fomento,
que son del mismo partido que nosotros y está todo ok. ¿Qué problema va a
haber? Anda, vete a promocionarlo por ahí.
—Cada vagón cuesta 4 millones de euros —le advierte Contreras.
—¿Cuatro? Eso no es nada, ¡a comprar se ha dicho! Y de vuelta me traes una
ensaimada.
Si la conversación no fue esta, que esperamos que no, el caso es que el
resultado fue el mismo.
En el caso de Palma, el partido político que firmó el acuerdo, PSOE, exige
al que está ahora en el gobierno, PP, que presione al «gobierno de Madrid» para
que aporte más dinero. Cuando algo sale mal en una infraestructura de carácter
autonómico, suele ser habitual echar la culpa al gobierno central, «a los de
Madrid». Se busca que ese mensaje cuaje en los medios locales para salvar la
papeleta ante su electorado.
Unos de los que más han enarbolado la bandera de que todos los males son
del gobierno central han sido los diferentes gobiernos de la Generalitat de
Cataluña. Su versión es que otras comunidades han sido las preferidas a la hora
de invertir en infraestructuras. Hasta el punto de que el actual Gobierno
catalán, por boca de su consejero de Territorio y Sostenibilidad, Lluís
Recoder, recriminaba en junio de 2011 al Ministerio de Fomento que «solo tiene
dinero para lo que quiere». La frase respondía a la negativa recibida para una
inversión en los cercanías catalanes. A continuación, pidió al gobierno que
paralizara el AVE Madrid-Extremadura para ahorrar. Pero no ha sido el único. El
presidente de los ferrocarriles catalanes, Enric Ticó, también pidió a través
de Twitter que se paralice la construcción del AVEa Galicia.
Meses después, en octubre de 2011, la Unión Europea, tras la propuesta
española previa, consideró el corredor mediterráneo, la línea de AVE que
pasaría por Barcelona y la costa del Levante, como prioritario en sus
subvenciones de infraestructuras, por delante de las de Extremadura. Tenemos el
lío montado, porque después de esta decisión, José Antonio Monago,
el presidente extremeño, aseguró que Zapatero y el ministro de Fomento,
José Blanco, les habían dado una «puñalada trapera», al no proponer a
Extremadura como prioritaria para recibir esas subvenciones.
El caso es que, a pesar de las quejas del Gobierno catalán de favorecer a
otras regiones, las cifras que nosotros hemos encontrado son otras. La
información que manejaba la Comisión de Fomento del Congreso de los Diputados
en 2011 difiere bastante de la impresión que quiere dar el Govern. Por cierto,
de los seis portavoces que tenía este órgano del Congreso, cuatro eran de
partidos nacionalistas: dos catalanes, uno vasco y otro gallego. Por lo que
saben sus señorías, Cataluña es la primera comunidad en inversión realizada por
el Ministerio de Fomento desde 2004, con un total de 14.700 millones de euros.
Incluso el transporte público, sin ser competencia del Estado, recibió un 25
por ciento de ayudas, mientras que en Madrid fueron de un 14 por ciento.
La mayor inversión de 2011 en ferrocarril es también para Cataluña: 1.500
millones. Por recoger el guante del AVE hacia Extremadura: ¿cuándo debería
comenzar ese ahorro en comunicación ferroviaria? ¿Después de que el Estado se
gaste cerca de 600 millones para la estación de La Sagrera, en Barcelona? ¿O
después de los 4.000 que supone llevar el AVE desde Barcelona hasta Francia?
Eso por no hablar de carreteras. Desde 2004 las mayores inversiones han sido en
la A-8 en el norte, en la A-7 en el sureste, en la A-11, la A-21 y la A-23. Por
cierto, ninguna pasa por Madrid.
Las ayudas no solo son para transporte por tierra, también por aire. El
Govern no tiene reparos en presumir de que El Prat haya sido reconocido
recientemente como el mejor aeropuerto de Europa. ¡Qué coincidencia!
Previamente el Estado invirtió más de 1.258 millones de euros en su Terminal 1,
haciendo que su capacidad pasase de treinta a cincuenta millones de pasajeros.
Pero no solo son inversiones directas. Hay otras que entran por la puerta
de atrás y no aparecen en los titulares de prensa. Son las que van pegadas a
los traspasos de competencias hacia las autonomías, en forma de partidas
presupuestarias para su desarrollo. Estas son ese cuento de ritmo monótono que
se escucha en las Cortes desde hace años: transferencias a cambio de apoyar
leyes. Uno piensa que ya no queda nada por transferir y que lo siguiente será
La Moncloa contodo dentro. ¿Se acuerdan de la firma de la transferencia de la
competencia sobre los trenes de cercanías a Cataluña en 2009? Previamente
estuvo rodeada de atrasos y cortes en la circulación que el Govern se encargó
bien de difundir públicamente, denunciando además la incompetencia del gestor
central. El caso es que el 1 de enero de 2010 la transferencia fue efectiva. Lo
que entonces no se difundió en prensa es que, además de ceder el control, se
acompañaba un plan de inversiones del gobierno central de 4.000 millones de
euros hasta 2015, para mejorar la red de la Generalitat. Ahora, como parece que
esa transferencia de dinero no se da al ritmo adecuado, el titular de Economía
del Govern, Mas-Colell, insinuó que sería la única transferencia que podrían
devolver al gobierno central.
Aire, tierra y… mar
Sería injusto no incluir en este capítulo algo fresco, con sabor a mar. En
España tenemos de todo.
La siguiente historia, al igual que la del tranvía mallorquín, tiene que
ver con vender la piel antes de cazar el oso.
Hace cerca de un año que se inauguró en el puerto de Vigo, en el área de
Bouzas, un enorme bloque de hormigón de veinte mil metros cuadrados de suelo y
tres pisos, con capacidad para estacionar cuatro mil coches. El edificio tiene
los materiales más modernos, y a la sazón ha costado 23 millones de euros. Su
mantenimiento sobrepasa los 100.000 euros al año. Cerca también hay unos
cuarenta almacenes que se abrieron en 2008 y cuyo coste fue de más de 3
millones de euros. Si estos están desiertos, el primer edificio corre la misma
suerte.
La infraestructura estaba ideada para dar cobertura logística a una línea
marítima de alta frecuencia con Francia, que sigue sin arrancar. De todas
formas, los políticos ya estaban avisados. Citroën, el fabricante de vehículos
que más utiliza el puerto, no se interesó por el proyecto porque decía que le
restaba operatividad. Aun así se hizo... … Y aun así se puede decir que
tuvieron suerte en terminarlo, a diferencia del tranvía mallorquín. Porque no
se pueden figurar lo complicado que es abordar un proyecto en un puerto.
Las tres administraciones, central, autonómica y local, están involucradas
en aspectos diversos como la titularidad, la gestión, la fiscalidad, el medio
ambiente y la ordenación de los puertos.
Lo leemos en estudios sesudamente técnicos, como los que nos hemos
encontrado en algunos boletines de geógrafos: «La descoordinación entre las
diferentes administraciones y organizaciones que tienen competencias (…) es una
deficiencia destacable; se superponen y hasta interfieren a veces las
competencias entre las mismas». Hasta los hombres de ciencia se están cansando
de tanto reino de taifas.
La cultura es una infraestructura
Sigamos con la ciencia y no salgamos de Galicia, vayamos a O Porriño,
Pontevedra. Allí se terminó en abril de 2002 un complejo para la observación y
estudio de las aves del parque natural de As Gándaras. El edificio, que contaba
con aulas y salón de actos, costó 420.000 euros, de los cuales 300.000 los
aportó la Unión Europea y el resto la Xunta. Una vez finalizado el centro,
nunca se inauguró. ¿Que ningún político se apuntó al corte de una cinta? Pues
así fue. El ayuntamiento de la localidad no lo quiso porque no tenía medios
para mantenerlo. Otra vez el lío de administraciones. ¿No le podían haber
consultado antes de construirlo? Aquí, en cuanto te despistas te plantan un
centro de estudio de aves, debió de pensar el alcalde. El complejo ahora está
en ruinas. Lo peor es que se ha tenido que devolver la subvención de la Unión
Europea. El caso es que a finales de 2008 la Xunta volvió a reclamar una ayuda
europea para restaurarlo. Uy, uy, uy… esperemos que lo anterior no sea un déjà
vu y que el museo de Galicia, que costó 56 millones de euros, no siga el mismo
camino. Se inauguró en noviembre de 2011 sin ninguna exposición en sus
diecisiete mil metros cuadrados de superficie. Se espera, como agua de mayo,
que la primera muestra llegue en el verano de 2012. Hasta entonces no pierda la
oportunidad y pásese a admirar… sus paredes blancas.
La subvención europea al proyecto de O Porriño no es nada comparada con lo
que nos encontramos al leer, el 1 de junio de 2011, en el Boletín Oficial
número 124 de la provincia de Jaén lo siguiente: «Licitación Obra: CO2010-284».
La frecuencia cardiaca se dispara cuando a continuación señala a qué obra se
refiere: «Creación y dotación del Centro de Interpretación de las Caras de
Bélmez. Proyecto cofinanciado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional». Sí,
las caras de Bélmez, la casa de fachada blanca con humedades en el piso y que
algunos se empeñan en decir que son imágenes de la Virgen. Todavía recordamos
el reportaje que hicimos sobre esa casa que se caía a cachos y que los
científicos califican como un fraude. No podemos olvidar cuando nos reunimos con
una cantidad infinita de herederos de la vivienda, eran tantos…
Nos ofrecieron comprarla por unos 600.000 euros. «Tú cobras entrada por
pasar y vas a ganar dinero a espuertasssss», decía el mayor de los hermanos.
Según el BOP (Boletín Oficial de la Provincia) el coste presupuestado de la
obra es de un total de 768.457,43 euros —qué graciosos quedan esos céntimos que
siempre figuran en los presupuestos y que luego cuelgan en los carteles que
anuncian la obra; nos hacen creer que hasta el último euro está controlado—.
Pues en este proyecto de apariciones marianas un 5 por ciento lo paga el
ayuntamiento, un 25 por ciento la diputación y el 70 por ciento restante la
Unión Europea.
¿Cómo consiguieron esto último?
El FEDER (Fondo Europeo de Desarrollo Regional) destina ayudas públicas a
las regiones más desfavorecidas. Este establece qué prioridad tienen las
autonomías españolas para recibir fondos europeos y lo publica en su «mapa de
ayudas», válido hasta 2013. En él constan como autonomías prioritarias para recibir
inversiones, como las de las caras de Bélmez, Extremadura, Canarias, Andalucía
y Galicia. Eso significa que casi todos los proyectos que proceden de allí los
ponen en la bandeja de «aprobados». Las últimas de la lista son Navarra,
Cataluña, País Vasco y Madrid. Lo que significa un «no concedido». Al final,
España ha recibido desde su entrada en 1985 en la Comunidad Económica Europea,
hoy Unión Europea, ayudas equivalentes a 120.000 millones de euros. Si
actualizamos el valor del dólar de 1945 a nuestros días, equivaldría a un plan
Marshall y la mitad de otro. Este fue el programa de ayuda de Estados Unidos a
toda la Europa Occidental, salvo España, después de acabar la Segunda Guerra
Mundial. El problema es que ahora las ayudas de la Unión Europea tocan a su
fin.
Así que dese prisa y solicite una, porque lo de las caras de Bélmez no es
una excepción. También por la zona, en Noalejo, se va a subvencionar un museo
de un curandero. Ya sabe: váyase solo a un monte perdido de alguna autonomía
con carácter prioritario y, como antaño hacían los pastores, baje de él
gritando que se le ha aparecido la Virgen. En cuanto encuentre a varios
acólitos, ya puede ir solicitando una ayuda para la construcción de un complejo
para el estudio del fenómeno. Como ve, cuela. Quizá si vendiésemos la luz
eléctrica como un producto mágico y no como un avance científico, tendríamos
más suerte en una infraestructura tan vital como es la energía.
Y se fue la luz
España es el único país de la Unión Europea con centrales nucleares desde
los años setenta que no tiene un centro de residuos centralizado. Los que
producimos los mandamos temporalmente a Francia, que nos lleva ya cobrados
varios cientos de millones de euros por almacenarlos. El tiempo corre en
nuestra contra y, por eso, se llevan publicando los pliegos de condiciones para
que un municipio pueda optar a ser almacén de residuos nucleares. La oferta va
unida a millonarias ayudas. El caso es que, cuando un ayuntamiento optaba a ser
almacén, la comunidad a la que pertenecía se lo prohibía y, si no le hacían
caso, legislaba alguna normativa ex profeso para prohibirlo. Todo para que no
hubiese restos nucleares en ninguna localidad de su territorio, porque de ello
no sacaría ningún beneficio económico, pero el ayuntamiento sí. De hecho, en
1998 las Cortes de Aragón aprobaron una Ley de Ordenación del Territorio en la
que se afirmaba: «Se prohibirá la instalación de almacenes de residuos
nucleares que no hayan sido generados en Aragón». Principio integrador donde
los haya. Después esa norma la tumbaría el Tribunal Constitucional (sentencia
14/2004). También Castilla-La Mancha lo intentó en 2010. La fórmula era la
misma: sacar una ley de ordenación del territorio en la que se prohibiese la
construcción de un cementerio nuclear. ¡Pero es que no tienen una asesoría
jurídica que les informe de que eso ya lo intentaron y no funcionó! Si no es de
una forma, es de otra. Andalucía creó un impuesto sobre el depósito de residuos
radiactivos, si bien parece que el recursopresentado ante el Tribunal
Constitucional lo acabará derogando.
Finalmente, el gobierno decidió en el verano de 2010 que el municipio de
Zarra (quinientos cincuenta habitantes), en Valencia, sería donde se
construiría el cementerio. El pueblo optó voluntariamente a albergar los residuos
a cambio de recibir una compensación millonaria. El caso es que otra vez
ocurrió lo mismo: las Cortes Valencianas votaron por unanimidad en contra de su
instalación, y es más, como Zarra está cerca de Castilla-La Mancha, esta
también votó en contra, aunque esté fuera de su territorio. Ante las protestas,
el anterior gobierno de Zapatero lo paralizó. Finalmente, el de Rajoy optó por
dar a otra de las candidatas, Villar de Cañas, en Cuenca, la autorización para
albergar el cementerio de residuos nucleares. Resumiendo: durante más de
cuarenta años el Estado ha sido incapaz, frente al poder local, de tomar y
ejecutar una decisión sobre una infraestructura tan básica para un país como es
la energía. ¿Sabe quién se alegra de todo esto? Francia, la misma que también
nos vende energía eléctrica procedente de sus centrales nucleares. Los galos
nos cobran 60.000 euros por cada día que pasan nuestros residuos en su país, 22
millones de euros al año. ¿Es que nos sobra el dinero?
Pero no hace falta que nos vayamos a un tema tan polémico. Los cables de
luz también dan problemas. Son muchas las dificultades que se encuentran para
extender la red eléctrica. Entre ellas, los impedimentos de los ayuntamientos.
Sí señor, así están las cosas, si el municipio no da licencia de obras, no hay
ni red eléctrica ni nada. Si la comunidad autónoma, con sus leyes de
ordenamiento, tampoco quiere, pues nos quedamos a oscuras. El caso es que si el
Estado quiere poner una red de alta tensión que pase de un pueblo A a uno B,
tiene que acudir a los tribunales.
Todo para que, al final, la justicia diga que «la competencia exclusiva de
las comunidades autónomas no puede impedir al Estado el ejercicio de sus
propias competencias exclusivas» (sentencia 56/86), o que el Tribunal Supremo
diga a un ayuntamiento que algo de trascendencia tan importante como la
electricidad «no puede quedar frustrada por la voluntad municipal» (sentencia
del Tribunal Supremo de 28 de junio de 2002). Esto al final se traduce en un
dineral en maquinarias judiciales y en el retraso en la ejecución de obras.
Valgan como ejemplo los intentos que se llevan haciendo para establecer una
línea entre las subestaciones eléctricas de Lada, en Asturias, y Velilla del
Río Carrión, en Palencia. La compañía eléctrica lo lleva intentando sin éxito
desde 1984, pese a las propuestas de los diferentes trazados. Enfrente: los dos
ayuntamientos de esos pueblos, que no quieren que la línea pase, ni de lejos,
por sus términos municipales. Y eso que hasta UGT, CC. OO. y la patronal de Asturias
se ponen de acuerdo para que en un «ejercicio de responsabilidad» se desbloquee
la nueva «autopista energética» que consideran «vital» para el futuro económico
del Principado.
Sin ella no puede haber, por ejemplo, parques eólicos o líneas del AVE.
De esos polvos vienen estos lodos. Algo muy parecido a un caso que,
seguramente, recordará por haber tenido más repercusión mediática. ¿Se acuerda
de los apagones de luz provocados por una ola de frío en marzo de 2010 en
Cataluña? Los cortes de suministro afectaron a 137 municipios.
Inmediatamente los políticos locales y regionales, el president Montilla a
la cabeza, salieron en los medios de comunicación anunciando expedientes a las
compañías eléctricas. No dijeron nada a sus votantes de que, desde hacía varios
años, estas les advirtieron de lo que podía pasar si no se abría una línea de
muy alta tensión entre Girona y Francia. Sobre todo cuando, en 1985, ya se
había producido un apagón importante. En su lugar, las compañías se encontraron
con la oposición de alcaldes y políticos autonómicos, que convocaron
manifestaciones y consideraron la línea con Francia como «monstruosa» y la
proliferación de nuevos tendidos, como una «funesta telaraña». Tuvieron que
quedarse sin luz veinte mil casas para que, por fin, un ministro pusiera fin al
capítulo. Miguel Sebastián, el entonces titular de Industria, dijo que la línea
de alta tensión con Francia se tenía que conectar «de una vez por todas».
Parece que esta vez fue la definitiva y empezará a funcionar en 2014.
Lo más curioso de todo este embrollo es que, en el caso anterior, la
competencia sancionadora de las eléctricas la tienen las comunidades autónomas.
Vamos, que son las que cobran las multas.
De la misma forma, también llama la atención que sean ellas las que den las
autorizaciones a las plantas de energías alternativas (eólica y solar). Las
subvenciones, en cambio, ¿quién cree que las paga? Pues sí, el Estado Central.
El mono del ladrillo
España tiene una larga historia de trabajo inútil. Tras la Guerra Civil se
emprendió la construcción del túnel ferroviario más largo de España, el túnel
de la Engaña (6.976 metros), que une Cantabria con Burgos. Allí trabajaron
desde 1943 y durante catorce años miles de presos republicanos. Explotados
hasta la extenuación y, en algunos casos, hasta la muerte. Pese a que acabaron
el trabajo, el túnel nunca fue utilizado.
Sin embargo, nuestra falta de previsión nos hace caer siempre en lo mismo.
Pese a que ahora todo está mucho más meditado y detrás de las decisiones hay
gente técnicamente más preparada,seguimos tropezando con la misma piedra. Hay
multitud de ejemplos: desde el nuevo edificio del Ayuntamiento de Jávea, que
costó más de 6 millones de euros y sigue vacío porque no hay dinero para la
mudanza; hasta la prisión de Figueres en Girona, que mandó construir la
Generalitat por unos 110 millones de euros y continúa cerrada porque no puede
mantenerla.
Empezamos a pensar que algunos políticos, como por ejemplo los que
aprobaron la inútil compra de los vagones de Mallorca, piensen que es una
tradición y que es bueno conservarla. El problema es que, en parte por esa
costumbre del gasto inútil, la deuda de las administraciones con las
constructoras es de 15.000 millones de euros. Detrás de esa cifra hay empresas
que, ante los impagos de la Administración, han quebrado y sus trabajadores han
pasado a engrosar las listas del paro. A esos 15.000 millones, además, habría
que añadir el coste de mantenimiento de muchas de esas construcciones inútiles.
Ricardo, un técnico de carreteras de la Junta de Andalucía, nos decía lo
siguiente: «Mira, en todas las administraciones hay ingenieros de oposición,
muy bien preparados, que están mano sobre mano. Prefieren contratar a una
consultora externa y que elabore el proyecto. En muchos casos, la persona que
lo elabora ni siquiera va al terreno, lo hace con las mediciones que le han tomado
y punto. ¿Qué ocurre? Que cuando lo ve nuestro ingeniero y comprueba que las
cosas no casan, no lo firma. Al final hay que modificarlo, se pierde tiempo,
hay que empezar a mover maquinaria… Además a nosotros, que estamos en
mantenimiento de carreteras y somos personal de la Administración, no nos sacan
provecho. Nos dicen que tienen miedo a que podamos hacer horas extras. Por eso
prefieren trabajar con contratas».
El cemento ha sido la mayor fuente de corrupción en España a través de las
comisiones ilegales. Esto no es más que la cantidad que paga una constructora
para que el político de turno le otorgue un contrato de obra o recalifique un
terreno para hacerlo urbanizable.
Eso por no hablar de algunas normativas municipales que favorecen la
trampa. Habitualmente está estipulado que, por debajo de determinada cantidad,
unos 150.000 euros, las obras se puedendar a dedo. Eso favoreció la
proliferación de reformas menores en las calles cuyo coste no llega al mínimo
exigido para un concurso público o que algunas obras grandes se segmentaran en
varias más pequeñas. Lo dejaremos aquí, porque no es el objeto de este libro
tratar la corrupción.
Si entramos en esos casos, tendría en sus manos una enciclopedia…
El mejor ejemplo de hasta qué punto nuestra economía estuvo «enganchada» al
cemento fue el Plan E. Casi tuvo el efecto, como dijo un experto, «de la
metadona con el drogadicto». Ahora a las constructoras ya no les pagaba las
dosis el dinero privado, sino papá Estado. Teníamos una economía con mono de construir,
pero que ya no tenía dinero para pagarse su papela correspondiente, así que se
la proporcionaba el gobierno central: 8.000 millones de euros. Y en esto se
gastaron las administraciones locales ese dinero, en muchos casos en lavados de
cara y en otros en cosas tan importantes como la réplica de mitad tamaño que la
original de la puerta de Brandemburgo de Berlín (Torrejón, Madrid) o en
levantar todo el recorrido de un carril bici pintado de rojo y sustituirlo por
adoquines del mismo color (Valencia).
Lo importante en política de infraestructuras es que el votante sepa quién
las construye. Por eso se obligó a que todas las obras llevaran el cartel del
Plan E. El coste medio de los paneles era de cerca de 1.500 euros, en algunos
casos era más que el precio de reformar la acera de turno.
Incluso leí que en una obra en Galicia de quince kilómetros se colocaron
dieciocho paneles, unos 25.000 euros para que supiéramos a cada paso quien
pagaba la obra. En todos los carteles delPlan E venía el logotipo del Gobierno
de España. Cosa que no les hacía gracia a los ayuntamientos del País Vasco
gobernados entonces por ANV, partido ilegalizado por sus vinculaciones con la
banda terrorista. Pero aun así los instalaron. El gobierno central siempre es
bienvenido… siempre que ponga dinero.
Lo sorprendente es que los ayuntamientos se hayan liado la manta a la
cabeza y acometido obras que o bien no les correspondía hacer —las llamadas
«competencias impropias»—, o eran de tal envergadura que les han llevado a
recortar de servicios esenciales. Por ejemplo, ¿sabe cuánto dinero deben a las
empresas de recogida de basuras? 4.000 millones de euros. Ya ha habido pequeñas
localidades en las que sus limpiadores han hecho huelga y en muchos
ayuntamientos se plantean alternar la recogida: un día sí y otro no. Parece que
nuestro futuro continúa oscuro: antes entre montañas de cemento y ahora de
basura.
Pero ese no es el único pufo que tienen los ayuntamientos. Además de otros
muchos como luz, agua y demás proveedores, el gobierno les reclama a ellos y a
las diputaciones otros 4.379 millones de euros que el Ministerio de Economía
les anticipó en 2009 a cuenta de los ingresos que ellos preveían obtener pero
que finalmente no se recaudaron. El que más tiene que devolver, Madrid: 430
millones de euros. Es una situación asfixiante. Algunos ya no pueden más y
consistorios como Moià (Barcelona) o Moratalla (Murcia) fueron los primeros en
el año 2011 en declararse en quiebra. A ellos les han seguido muchos más.
Peor que un derrumbe en una obra es… un cambio de gobierno Pero la
estupidez no solo se ve en las grandes obras. Cuántos de nosotros no habremos
visto obras inútiles a una escala menor. Por ejemplo, en el pueblo de Huelva
donde veranea quien esto escribe, un alcalde proyectó una piscina municipal. Se
hicieron las primeras obras, el agujero, la cimentación, etc. Mientras esto
sucedía, perdió las elecciones, así que el siguiente alcalde, como eso de
compartir cartel de méritos no debía de ir con él, comenzó la piscina en otro
punto del pueblo. Otra vez las obras, más obras. Argumentó que la anterior
ubicación no era buena porque estaba próxima a una cuadra. El lugar donde la
construyó él, ¿sabe qué tenía al lado? Sí, otra cuadra.
Lo curioso es que todas las autonomías españolas quieren ser como Alemania,
en su equívoca idea de que tienen más autogobierno, pero ¿qué dicen los de
allí?: «Construir en España es saltar a caballo sin silla de montar».
No se puede ser más gráfico. Lo dice David Chipperfield, no el mago, no, es
un reconocido arquitecto autor de la Ciutat de la Justícia de Barcelona. Como
señala Chipperfield, una obra está aprobada y todo empieza a funcionar hasta
que… ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Un derrumbe? No, peor todavía: unas
elecciones. «Las obras se detienen para que el nuevo responsable político
reconsidere el proyecto», y si este es de otro partido… apaga y vámonos,
empiezan las modificaciones o incluso la paralización completa del proyecto.
«En Alemania, el sistema es predecible. No permite las improvisaciones», señala.
Como anécdota podemos recordar lo que pasó en los años cuarenta. Uno no
sabe si es que Franco no permitía las improvisaciones, como dice el arquitecto
alemán, o más bien no era muy listo. El caso es que a él le colaron la más
grande: el edificio de los Nuevos Ministerios en Madrid. La planta se diseñó en
tiempos de la República, pero este tótem de oficinas ministeriales se construyó
durante la dictadura siguiendo sus planos. Y así se hizo. Si lo observan desde
un punto elevado o siguen su perímetro, verán que el edificio tiene la planta
de la hoz y el martillo, símbolo comunista… desde luego que se la colaron.
No solo a los arquitectos extranjeros, hasta a los actores de Hollywood les
ha llamado la atención la fiebre constructora de los gobiernos locales de
nuestro país. Al actor Danny DeVito se le atribuye esta frase en una visita a
Madrid: «Madrid es muy bonita, pero lo será aún más cuando encuentren el
tesoro». Se refería a la gran cantidad de zanjas que estaban abiertas por toda
la capital. Algunas calles se levantaban hasta siete veces en un plazo de seis
semanas para realizar acometidas. No somos ingenieros, pero ¿no hubiese sido
más fácil hacerlo todo a la vez? En una calle el tramo de carril bici se
construyó sin problemas. Estos surgieron al día siguiente, cuando el autobús no
podía circular por ella debido a que el carril había estrechado demasiado el
paso.
Así que… otra vez obras para acortar el ancho de la pista para las
bicicletas. Aún seguimos sin ser ingenieros, pero ¿no hubiese sido más fácil
medir antes el ancho del autobús? Vaya multiplicando chapuzas como esta y
súmeles faraónicas obras para que puedan encajar la cifra que viene a
continuaión.
Nadie debe tanto dinero
7.000 millones de euros. Esa es la deuda que tiene el Ayuntamiento de
Madrid. Supone casi el 25 por ciento de la deuda total de todos los municipios
españoles. La más alta de España, muy por encima de los 1.300 millones de euros
de Málaga, los 1.298 millones de Reus o los 1.100 de Barcelona.
Quizá algunos coincidan en que al anterior alcalde, y ahora ministro de
Justicia, Alberto Ruiz- Gallardón, siempre le ha gustado mover la ciudad como
uno mueve los muebles de su casa. Si usted cambia un jarrón de sitio hasta
desgastar el suelo no le cuesta nada. Pero desplazar un monumento de piedra
como el de Colón, en Madrid, de diecisiete metros de altura, salió por cerca de
4 millones de euros. El descubridor de América hizo el viaje más corto, pero el
más caro de su historia. Lo movieron unos cincuenta metros para pasar de un
lado de la plaza que lleva su nombre al centro de ella, alegando que «así se
veía mejor». El alcalde no solo movió «el jarrón», sino que lo puso en medio.
Ahora, los atascos que se ven en esa plaza son mayores que cuando Colón estaba
a un lado. Tampoco nos atrevemos a decirlo en alto no sea que nos señalen por
la calle y nos repitan tenebrosamente la frase de Fabra: «No has entendido
nadaaaaaaaa».
Tanto mover los muebles de sitio que al final los edificios históricos
viejos se acaban rompiendo.
Por ejemplo, el Ayuntamiento de Madrid se gastó cerca de 4 millones en
remodelar la plaza de Santa Bárbara. En esa obra se hizo escombros el último
templete que quedaba en la capital.
Dan ganas de decirle a alcaldes como este: «¡Niño! Estate quietecito con el
Exin Castillos». Eso por no hablar de las Olimpiadas. Deseamos que se las den,
aunque sea por aburrimiento y ya no las disfrute como alcalde. La baza de la
candidatura es que tiene cerca del 80 por ciento de las infraestructuras
deportivas construidas. Pero ¿realmente se utilizan ahora? Algunas sí, otras
no.
Por ejemplo, el Estadio Olímpico, con un presupuesto de unos 160 millones
de euros, estimado como siempre en este país cuando se habla de números, acaba
de retomar su remodelación y el centro acuático es un esqueleto de hormigón a
medio construir. Mientras, los ciento cincuenta mil vecinos del centro de
Madrid llevan desde 2008 sin el polideportivo de La Cebada. El alcalde lo tiró
para construir uno nuevo, pero se quedó sin dinero y ahora hay un solar. Total,
ni lo uno, ni lo otro.
A las improvisaciones se suma el empecinamiento de algunos ayuntamientos en
hacer obras para las que no están autorizados. Nuevamente, el paradigma es
Madrid, por algo es el más endeudado. ¿El lugar? El paseo del Prado-Recoletos,
donde se encuentran las pinacotecas más importantes de España: Prado,
Thyssen-Bornemisza y Reina Sofía. La calle es un Bien de Interés Cultural, es
decir, su reforma requiere el permiso de la Comunidad de Madrid. A esta no le
convence el plan del ayuntamiento, así que le propone una alternativa, pero a
Gallardón no le gustaba la que le ofrecían. De manera que este decidió tirar
del viejo truco de dividir las obras en pequeños tramos para esquivar la
autorización de la comunidad. Pero hay zonas que ni troceándolas las podía
tocar sin el permiso de Esperanza Aguirre. Total, que desde 1994, fecha en la
que el ayuntamiento se planteó seriamente su remodelación —entonces con otros
responsables—, hasta hoy, con doña Ana Botella a la cabeza, la calle más o
menos sigue igual por las disputas entre unos y otros, y eso que son del mismo
signo político. Alguien sobrado de sentido común comentó que nuestros problemas
se resumen en algo muy simple: muchas administraciones y poca administración.
Capítulo VI. ELLOS INVITAN, PERO
USTED PAGA
La economía es un asunto demasiado importante como para dejarlo en manos de
los políticos.
No lo decimos nosotros, lo dice Keynes, tal vez el economista más
prestigioso de todos los tiempos. Al leerlo pensamos que no era para tanto,
hasta que en 2004 nos golpeó en la cara una frase que nos hizo cambiar de
opinión: «El dinero público no es de nadie». Su autora: Carmen Calvo, entonces
ministra de Cultura. Así que ya sabe, para los políticos usted y yo somos
«nadie». El 15 de enero de 2007 se publicó en el periódico El País una
entrevista al entonces presidente, José Luis Rodríguez Zapatero. Una de las
respuestas acababa así: «En 2009 o 2010 superaremos a Alemania en renta per cápita».
El periodista reiteró la pregunta:
—¿Dice que vamos a superar a Alemania en renta per cápita?
—Sí. Claro que sí. Sí.
—¿En solo dos o tres años?
—Sí, sí. De aquí a 2010 les podemos superar perfectamente. Igualar y
superar ligeramente.
Sí señor, eso es lo que se llama conocer la situación. Bueno, que no se
rían los del PP, porque Rajoy estuvo toda la campaña electoral diciendo que no
subiría los impuestos y fue lo primero que hizo como presidente del Gobierno.
El caso es que si entonces alucinamos al leerlo, no queremos ni pensar lo
que tuvo que ser escucharlo en directo. En fin, ese día nos acostamos con
enormes ganas de que llegara 2010… hasta que llegó. De camino a esa fecha, en
el verano de ese 2007, Pedro Solbes, entonces ministro de Economía, aseguró que
«los efectos de la crisis hipotecaria estadounidense tendrán un impacto
relativamente pequeño en España». Y apostilló Zapatero, ya acercándose a 2008:
«No hay atisbo de recesión económica». Entonces pensamos que no debíamos
preocuparnos: claro, si en 2010 vamos a tener más dinero que un alemán, no
habrá problema.
Ante tanto frenesí de buenas perspectivas y predicciones tan
esperanzadoras, la mayoría nos compramos una casa cuando costaba el doble de su
valor, un coche de alta gama, reformamos la cocina y nos fuimos de viaje al
Caribe. Todo gracias a nuestro amado banco, que cada vez que nos acercábamos a
la ventanilla no paraba de darnos créditos. Además, por cada uno que nos
concedían, el director se llevaba una comisión. Todos contentos. Por fin llegó
2010, y no saben con qué ganas tomamos las uvas esa Nochevieja. Pero a la cosa
no se le vio el color. Llegó 2011 y el 2012, y ya no es que pintara mal, es que
no había ni para pintura: más de cinco millones de desempleados, el paro
español triplicaba con creces el alemán y su crecimiento económico era ocho
veces mayor que el nuestro. Nuestra renta per cápita estaba no solo por debajo
de Alemania, sino de la media europea. Por tanto, no es de extrañar que muchos
de nuestros jóvenes salgan de las facultades como clones de Alfredo Landa al
estilo Vente a Alemania, Pepe y huyan buscando alguna profesión que no
encuentran aquí.
¿Sabía que ya desde 2008 son más los que se van de España que los que
vienen? ¿O que la inmigración que más ha crecido en el Reino Unido es la de
universitarios españoles? No nos llame desleales, pero a tenor de todos los
datos que hemos analizado estamos francamente muy jorobados. Además, dentro del
pozo en el que estamos también hay clases, porque, dependiendo de la comunidad
en la que se viva, y en lo que al bolsillo se refiere, tampoco todos los españoles
somos iguales.
Emprendedores que no emprenden
Si algo está más que demostrado en la historia es que los países con pocos
emprendedores son los que menos crecen. Pues bien, parece que esto tan sencillo
no entra en la cabeza de nuestra burocracia local-autonómica-estatal. Hace años
montamos una empresa y, pese a que tenía unos ingresos aceptables, eran tales
los costes fijos administrativos y las preocupaciones que no compensaba el
beneficio que iba dando. Así que, como le sucede a más de la mitad de las
empresas que nacen en este país… cerramos antes de los cinco años.
Recordamos una entrevista a Juan Velarde Suárez en una revista económica,
en la que se quejaba de lo difícil que es crear una empresa en España. Lo dice
Juan, que no es un don nadie. ¿Qué quién es Juan? Pues un canario que es el
español que ha llegado a lo más alto en la administración de Estados Unidos:
Secretario de Estado Adjunto para las Relaciones Comerciales de Estados Unidos
y Europa del Departamento de Comercio de la Administración de Obama.
Lo que piensa Juan lo corroboran muchos empresarios, como Mikael Ohlsson.
No, no es un novelista sueco de moda, seguro que en su casa tienen metido algo
de nombre imposible que proviene de su empresa. Es el presidente de Ikea. En
una entrevista lo decía claro: «Hay pocos países donde se tarde tanto en
proyectar y abrir una tienda como en España. En parte, es culpa de una
legislación obsoleta. No podemos abrir más centros en España por culpa de las
trabas burocráticas de las comunidades autónomas, que nos retrasan de media
unos cinco años haciendo papeles». ¡Ay, Mikael! Deja la República Independiente
de tu casa y únete a nuestra Monarquía Autonómica Dependiente.
Para que entienda usted esta tela de araña empresarial-autonómica le vamos
a invitar a unas ‘cañas con unos amiguetes, pequeños empresarios que están
hasta el gorro de que no les dejen emprender. De algunos no le diremos sus
apellidos, pues prefieren no ser identificados, porque, según ellos, solo
faltaba que les pusieran más zancadillas burocráticas por quejarse.
El primero en llegar es Enrique, siempre puntual. Es propietario de tres
ópticas en Madrid.
—¿Qué pasa, Enrique?
—¡Uf, no me hables!
—¿Qué tal te va?
—Pues mira, aquí se funciona al estilo de porteros de discoteca.
—¿Qué quieres decir? ¿Qué te ha pasado?
—Pues que quiero montar más tiendas, pero en este país dependes de que a un
tío le caigas bien para que te deje pasar. Hasta que un funcionario ponga un
maldito sello para que todo esté legal, nada. ¿Sabes lo que ha hecho el
Ayuntamiento de Madrid? Delega su trabajo a empresas privadas para que agilicen
las licencias de apertura de locales. ¡Si hasta varias sentencias judiciales le
han dicho que es ilegal! ¡Aquí en esta ciudad va tan lenta la cosa que tengo
las tres ópticas formalmente ilegales a efectos municipales!
—¿Cuánto te tarda más o menos la licencia?
—¡Más de un año, casi dos! ¿Tú crees que después de gastarme un dineral en
la reforma puedo tener el local cerrado? ¿O pagar un año de alquiler sin poder
atender a clientes? —Enrique, acalorado, se gira hacia el camarero—. Curro,
ponme una caña bien fresquita.
Enrique está cabreado y con razón. Él no sabe que Madrid es una de las
ciudades en la que más se tarda en conseguir una licencia dentro del país más
tardón. Así es, en España la media para obtenerla son doscientos treinta y tres
días, el doble que en el resto de Europa.
—Hola, ¿cómo vais? —Acaba de llegar Andrés. A él le salió muy mal su
aventura empresarial cuando decidió hacerse electricista autónomo.
—Bien, aquí contando que no se ha dignado a pasar todavía un técnico del
ayuntamiento por mis tiendas. ¿Tú cómo vas con los morosos? —le pregunta
Enrique.
—Pues como no me pagan, yo no he pagado a Hacienda, así que me han
embargado. ¡Increíble!
Encima leo en el periódico que los ayuntamientos y comunidades autónomas
arrastraban en 2011 unos 50.000 millones de euros en impagos… Encima el
Tribunal de Cuentas urge a los gobiernos locales a pagar en treinta días y no
lo hacen, ¡pero a ellos nadie les dice nada! Y yo harto de emitir facturas que
no he cobrado y de que tenga que adelantar el IVA, de que como me quede sin
trabajo no tengo derecho a paro…, como los asalariados por cuenta ajena.
A nuestro amigo Andrés le ha pasado como al del chiste, ese que se encuentra
una lámpara maravillosa, la frota y sale el genio y le dice: «¿Qué es lo que
quieres, mi amo?»; el hombre medita y le contesta: «No quiero caer nunca
enfermo». El genio lo mira y rápidamente le dice:
«Eso está hecho, a partir de ahora yo te hago autónomo». ¿Sabe cuánto cobra
de media mensual un autónomo que enferma? Trescientos euros.
—¿Por qué no demandas a los que no te pagan? —le inquirimos a Andrés.
—¡Claro! Muy fácil, ¿con qué dinero? Paga el régimen de autónomos, al
gestor para que te lleve las cuentas, y paga al abogado, al procurador, y si
ganas, ¿quién te garantiza que vayas a cobrar?
Se declara insolvente y punto. Curro, una cañita para mí también.
—Bueno, no te quejes, yo tengo el hotel cerrado a cal y canto en invierno y
tengo que seguir pagando tasa de recogida de basuras. —Quien lo dice es Santi,
director de hotel en Palma de Mallorca, que acaba de escuchar a Andrés mientras
se acercaba a la barra. Tiene cuarenta años y dos hijos y le está dando vueltas
a la idea de irse a Miami a comenzar de nuevo.
Ana María Méndez, que tiene una tienda de informática en Barcelona, se une
a nosotros. La tenacidad de esta pequeña comerciante es mayor que la de
cualquier multinacional. Ella fue quien ganó a la SGAE en el pleito contra el
canon. Pero más tenaz es la burocracia.
—Hola, chicos, ¿qué os contáis?
—Aquí, hablando de lo mal que está la cosa. ¿Tú qué tal?
—Ni me hables. Parece mentira que yo pueda vender mejor al extranjero que
aquí en España.
Nosotros queríamos abrir una tienda por Internet, pero abandonamos la idea.
Si lo quieres hacer ciento por ciento legal, la Ley de Sociedad de la
Información dice que tengo que formalizar el contrato en la lengua de aquellas
comunidades en las que pretenda realizar las ventas. Así que tengo que estudiar
qué normativa y legislación hay en cada una de ellas y después traducirlas a la
lengua cooficial. Un proveedor mío de Francia tenía dinero suficiente para
abrir aquí oficinas y nave para logística, después de un año de gestiones al
final desechó la idea. Se hartó de las trabas administrativas.
Mientras siguen hablando de sus cosas llega a nuestra mente un recuerdo del
último viaje que hicimos a Estados Unidos. Conocimos a una ama de casa española
que solo rellenando dos papeles y pagando 12 dólares ya había creado una
microempresa de importación de libros. «Aquí es tremendamente fácil», decía. En
Estados Unidos solo pagas por lo que eres capaz de ingresar.
Eso explica, entre otras muchas razones, cómo una multinacional como
McDonalds empezó con un puesto de perritos calientes. Allí dos días, aquí
quince pasos y una media de cuarenta y siete días. Es tal la cosa que nuestra
burocracia empieza a ser mítica y estudiada en el extranjero.
Pregúntenle a Vivek Wadhwa, el director de Investigación del Centro de
Emprendedores de la Universidad de Duke, que en el diario The Whashington Post
definía España como «el valle de la muerte del espíritu emprendedor».
—El gran problema es que en España no hay unidad de mercado. Cada autonomía
es un mundo y hay tantas normas diferentes... —Acaba de llegar Julián, que
tiene varios supermercados de pequeño tamaño.
—Julián, ¿cómo va lo de la contratación del chico nuevo?
—¡Ahí sigue el gestor, liado, porque con más de cuarenta y tres modelos de
contratos distintos, ya me contarás!
Julián se pide una sin alcohol, pues tiene la tensión por las nubes.
Tampoco acaba de solucionar otro problema: poner un lavabo en un centro de
despiece de carne.
—¿Cómo se come esto de que para un caso como este la normativa del
Ayuntamiento de Madrid sea diferente a la de la Comunidad de Madrid? ¿Qué hago
si es para un local en la capital? Una y otra deben cumplirse. ¿Cuál cojo, para
que no me pongan multa?
El caso es que todo está segmentado en normativas autonómicas y locales.
Coja cualquier área, la que quiera, y verá. Por ejemplo, el transporte de
mercancías por carreteras depende de cada dirección general de Transportes
autonómica, que aplica unos permisos diferentes unos de otros.
Además, cada una te puede sancionar de una forma diferente a otra. Es más,
si lleva determinadas mercancías de una comunidad a otra y tiene que atravesar
una tercera debe comunicarlo a las tres, generalmente con quince días de
antelación. ¿Las etiquetas del producto?
También. Además de estar escritas en castellano, también deben ir en cada
lengua autonómica donde se venda.
—No hay otra, si vendes a toda España, pones todas las lenguas cooficiales
y te quitas de problemas. Al final la etiqueta del envase parece una biblia de
tantas letras que tiene. —Julián no entiende nada.
El corrillo cada vez se hace más grande. Francisco es licenciado en
Económicas, su espíritu emprendedor está por los suelos. Su pequeña empresa
está en las últimas y espera sacar las primeras oposiciones de lo que sea. Por
cierto, ¿sabía que muchos de los bedeles del Congreso son arquitectos y
abogados?
—Hemos retrocedido a diecinueve mercados de una media de dos millones de
consumidores, en vez de uno potencial de cuarenta y cuatro millones de clientes.
Eso no es digerible para la mayoría de nuestras empresas, que son en un 90 por
ciento pequeñas y medianas. De hecho, si estudias el ranking de las mayores
empresas del mundo, en su mayoría sus mercados nacionales son grandes. Hacemos
todo lo contrario. Si lo normal es unificar criterios, aquí se dividen.
Lo que acaba de mencionar Francisco afecta en todo. En clientes, normativas
y hasta en trabajadores. ¿Puede creer que los convenios colectivos de los
empleados son diferentes en cada comunidad? Piense, por ejemplo, en una empresa
que quiere crecer y se abre camino en varias autonomías. Firma el convenio
nacional del sector y se olvida del tema. Eso ya no es así. Ahora, aunque la
labor del trabajador sea exactamente la misma, las condiciones de trabajo y
salariales serán diferentes en un sitio y en otro. Así, aunque el convenio
nacional diga que hay que descansar dos horas por cada seis horas trabajadas,
si el autonómico dice que es una hora por cada cuatro, el que tiene preferencia
es este último. Imagínese las tensiones laborales que esto puede acarrear en una
empresa implantada en diferentes autonomías: «Que si menganito que está en
Murcia cobra más, que si fulanito que está en Gijón hace menos horas».
—Mirad lo mío: es de absoluta vergüenza. —Quien habla es Joan Lluís Liste,
propietario de la guardería La Granota—. En Barcelona —continúa Joan Lluís— se
tarda una media de tres años en abrir una. En 2009, el ayuntamiento me dice que
me va a cerrar porque me faltaba una adecuación ambiental. No es grave porque
lo resuelvo sin llegar a cerrar ni un solo día mi negocio, pero el daño a la
imagen de mi negocio, ya estaba hecho. De trescientas matriculaciones bajaron a
cincuenta. Así que lo que hago es que empiezo a denunciar a todas las
guarderías que están ilegales, que no cumplen la normativa.
—Eso, eso, tú haciendo amigos.
—Bueno, pues por escrito me reconocen que no tienen todos los permisos,
pero que no las piensan cerrar. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Unos sí y otros
no? Hasta el concejal de Educación, Ardeny, dijo que había unas doscientas
guarderías en situación de alegalidad.
Entonces, ¿por qué no las cierra? Es decir, además de los problemas que
habéis comentado, la burocracia está tan enmarañada que hace que toda esa
normativa que hay que cumplir no sirva para nada.
En fin, todas estas trabas administrativas tienen un coste. Francisco, el
licenciado en económicas, pide paso de nuevo en nuestra charla.
—El problema de todo esto es que para los políticos las normativas son un
entretenimiento. Es decir, dan contenido a sus puestos creando normas, pero para
el resto tiene un coste económico.
En 2011 un estudio de una consultora, encargado por el Gobierno asturiano,
dijo que las empresas del Principado podrían ahorrar unos 95 millones de euros
en costes si se simplificara toda la maraña de trámites que están obligadas a
hacer ante las distintas administraciones.
¿Sabéis cuántos trámites detectaron que podían eliminarse? ¡Nada más y nada
menos que ciento sesenta y seis!
Para acabar nuestra charla señalamos lo siguiente: el Banco Mundial, en su
informe «Doing Business», coloca a España en el puesto ciento treinta y tres de
ciento ochenta y tres países en el índice de facilidad para empezar un negocio.
Sepa que vamos justo después de Kenia, Cabo Verde o Nicaragua. Ya lo decía
Homer Simpson, el personaje de los dibujos animados: «Hijos, lo intentasteis al
máximo y fracasasteis. La lección es no intentarlo nunca».
Si no tienes trabajo, la comunidad te lo da Seguro que usted, para resolver
cualquier trámite, habrá tenido más de una oportunidad de tratar a
funcionarios. Sabemos que tiene una opinión bien formada. Lo dejamos ahí.
Un amigo funcionario nos confesaba que parecía que tenía que estar pidiendo
perdón a todas horas por la fama que les precede. «El problema —comentaba— es
que pagan justos por pecadores. Si resuelves los expedientes que tienes
asignados mientras que tu compañero navegapor Internet, tu jefe en vez de
premiarte y castigar al otro lo que hace es que las siguientes carpetas te las
pone encima de la mesa y, disculpándose, te dice: “Es que eres el que me sacas
el trabajo adelante”». En la Administración al que es eficaz se le premia con
más trabajo y al inoperante se le deja tranquilo. «Conozco un caso —comenta
este amigo— en un aeropuerto en el que un subordinado pegó a su jefe. No le
pudieron despedir porque era funcionario. Así que le ascendieron porque esta
era la única forma de cambiarle de lugar de trabajo y no cruzarse con su
antiguo superior. Si un funcionario en Italia tiene tres faltas graves, le
expulsan. Aquí es imposible. A lo sumo, una inhabilitación temporal».
Pongamos que un funcionario lo haga igual de bien que otro, pero que
trabaja en otra autonomía.
Las diferencias salariales por hacer el mismo trabajo con la misma
antigüedad pueden llegar hasta los 7.000 euros anuales. Básicamente, el Estado,
a través de los presupuestos, regula los sueldos y luego cada comunidad los
complementa a discreción. ¿Sabe cuánto gana un médico canario más que un
extremeño? 400 euros más al mes con el mismo puesto y las mismas condiciones.
Datos de julio de 2011 de la Encuesta de Población Activa (EPA). Así, sin
prólogos, en frío: en España viven del sector público, entre funcionarios,
personal laboral, cargos a dedo, empresas públicas… más de 3.220.000 personas.
Aparte están los cien mil cargos políticos que nos representan. Pero no se crea
que los anuncios de quiebra de los ayuntamientos, de que no hay para pagar la
luz de las bibliotecas, de que no queda más remedio que cerrar ambulatorios les
frena; no. ¡Se sigue aumentando la plantilla! ¡Pero que ya no caben, oiga!
Según estos datos el sector público creció en 131.900 trabajadores más que el
año anterior. La mayor parte de las autonomías crecieron en 60.000 empleados y
las entidades locales incorporaron a 35.400 trabajadores más. Incluso cuando en
octubre de 2010 el ministro de Trabajo aseguró que el paro había aumentado
hasta los cinco millones por culpa de los despidos en las administraciones
públicas en el último trimestre, no era cierto. Según la EPA los empleados
públicos habían crecido respecto al trimestre anterior en más de tres mil
personas. Ha habido casos llamativos.
Como el de Cataluña, donde el sector público ha creado empleo (16,8 por
ciento), prácticamenteal mismo ritmo que el sector privado lo ha destruido (16
por ciento).
¿Se imagina el momento en que todos seamos del sector público y haya uno
que trabaje y encima se ponga malo? En algunas comunidades hemos estado ahí,
ahí. A mediados de 2009 el Gobierno balear contaba en la Conselleria de
Agricultura con cuatrocientas cuarenta personas.
Bien, pues sin contar a los que tienen un huerto para autoconsumo y como
hobby, ¿sabe cuántos agricultores profesionales había entonces en Baleares?
Solo cuatrocientos treinta. Así, como lo oye: cada agricultor tocaba a un
empleado público y un poquito. No era de extrañar que se quejasen de que las
inspecciones a sus instalaciones las hacían hasta tres técnicos diferentes.
Para los que eran, hasta parecen pocas. Hubiese sido mejor para el sector
agrícola de la isla que se quedasen todo el día con él y así le echasen una
mano para sembrar… ¿Se imagina? Llega el payés a casa:
—¡Uf, qué cansado estoy! Ha sido un día muy duro.
—No te preocupes, que te estoy haciendo unos huevos fritos para chuparse
los dedos. Te los dejo en la mesa de la cocina. La ropa de mañana ya te la he
dejado preparada. ¡Uf! ¡Qué hora es! Me tengo que ir a fichar a la Consejería.
Ahí te dejo, ¡hasta luego!
—Hasta luego, Contreras. Mañana te espero. ¡Ah!, y no te olvides de traer
la leche.
El caso es que ¿sabe cuánto ha crecido el sector público? Hemos pasado de
los dos millones y
medio de empleados en 2000 a los tres nillones doscientos mil en 2010. Y
eso en plena crisis. No es de extrañar que más de dos tercios de los jóvenes
quieran ser funcionarios.
Después de Ceuta y Melilla, donde la media está muy influida por los
numerosos militares que hay, Extremadura es la región en la que el porcentaje
de empleados públicos en relación a la población activa es mayor, un 20 por
ciento trabaja para alguna administración.
¿Qué le parece si nos hacemos una escapadita por los lugares más
pintorescos del funcionariado?
Empezamos en Extremadura, en el Ayuntamiento de Madroñera. Con poco más de
dos mil habitantes tenía ciento cuarenta empleados públicos, que a finales de
2011 eran noventa. Eso sí,el ayuntamiento está en ruinas y ya hace varios meses
que no cobran. Bajamos a la Línea (65.000 habitantes), en Cádiz, donde la
alcaldesa, Gemma Araujo, reconoció a El Mundo que es insoportable mantener una
plantilla de cerca de novecientas personas, «muchas de las cuales sin saber a
qué se dedican». Cruzamos a otro sitio en la costa. En Calpe, Alicante, uno de
cada cincuenta vecinos empadronados trabaja para el ayuntamiento. No extraña
que el alcalde diga que está harto: «Somos el ayuntamiento de la Comunitat
Valenciana con mayor número per cápita de funcionarios y personal laboral». Sin
salir de Alicante, en Orihuela les pasa un poco lo mismo: su concejal de
Personal y Recursos Humanos, Asunción Mayoral, dijo en agosto de 2011 que había
empleados del ayuntamiento que cobran su salario sin aparecer a trabajar y
denunció que algunos perciben hasta dos incentivos por tareas que dejaron de
hacer hace tiempo.
Si usted es extranjero, ¿podría aclararnos una duda? ¿En su país existen
albañiles funcionarios?
Porque en España sí. Hojeando el número 81 del BOJA (Boletín Oficial de la
Junta de Andalucía) de 2008, tropezamos con oposiciones para plazas de albañil
en el Servicio de Salud.
Reconozcamos que nunca lo habíamos oído. ¿Tantos tabiques se caen que
tienen que hacer fijo al personal encargado de repararlos? ¿No pueden hacer
como todo el mundo, contratarlos hasta que dure la obra? Así, inventando
plazas, llegamos a crear, a finales de 2010, la friolera de ciento cincuenta y
ocho empleados públicos al día. No solo eso, ¿sabía que algunos ayuntamientos
pagan un plus de puntualidad a los funcionarios? No es una errata… un plus de
puntualidad.
¿Qué les darán si hacen horas de más?
Yo quiero ser de la empresa pública
Como decía la canción: «España no se acaba donde comienza el mar, todavía
hay barca para seguir». Pues igual pasa con la Administración Pública. ¿Creía que
todo se acaba en los funcionarios de las consejerías, concejalías y diferentes
«ías»? Pues no. La Administración, tanto estatal como autonómica y local, tiene
competencia para crear entes. Les queda bien el nombre porque tales creaciones
tienen ciertos tintes espectrales. Son organismos un poco fantasmas, hacen
cosas propias de la Administración sin estar dentro de ella, porque actúan
fuera del control público. Hay diferentes tipos: sociedades mercantiles,
consorcios, fundaciones, agencias, organismos autónomos… un gran mosaico de
formas jurídicas que lo que favorecen es el oscurantismo de la Administración.
Para ellos todo son ventajas: compiten en el juego económico como una
empresa privada en la que se marcan sus propios salarios, sus límites de gasto,
etc., pero con las ventajas de hacerlo con dinero público: no les importa
perderlo. Como dijo nuestra querida Carmen Calvo, «el dinero público no es de
nadie».
Además, el control es muy relativo, porque, por ejemplo, en el caso de las
fundaciones cada autonomía las regula de forma diferente. La prueba de que se
han convertido en un cajón de sastre que escapa de los tribunales de cuentas de
las comunidades: según el Ministerio de Economía en 2003 eran 1.752, en 2011 ya
son 2.386. ¿Su deuda? 16.341 millones de euros.
Lo que se consigue con las empresas públicas es una Administración paralela
en la que, además de hacer más fácil enchufar a quien se quiera, sus organismos
son mucho más serviles a los intereses políticos. Si un funcionario se niega a
hacer algo que no considera apropiado a su puesto, no le pueden echar, mientras
que si lo hace un trabajador temporal de una empresa pública no le renuevan el
contrato. Así de fácil.
Los entes públicos nacían supuestamente para dar una respuesta rápida a las
necesidades de los ciudadanos, sin tener que recurrir a la creación de nuevos
organismos oficiales, proceso mucho más lento. Pero se ha abusado, se les ha
ido la mano tanto que no saben ni lo que tienen. Merece la pena que se
descargue de la página web del Ministerio de Economía el listado de los entes
autonómicos: es divertidísimo.
Allí encontramos al azar Nieves de Teruel, S. A., cuya finalidad es:
«Desarrollo y Explotación Comercial y Turística de Estaciones de Esquí dentro
de la Comunidad Autónoma de Aragón».
Así lo dice el registro mercantil de esta sociedad, que tiene un capital
social de 9 millones de euros. Hasta ahí, correcto. Pasamos página, y aparece
otra empresa, también de la comunidad aragonesa, que se denomina Nieves de
Aragón, S. A., con el mismo objetivo. Así que ¿con cuálde las dos nos quedamos?
¿Cuál es la buena? ¿Nieves de Teruel, que vale para todo Aragón, o
Nieves de Aragón, que sirve para todo Aragón también? ¿Será cuestión de que
los copos son más blancos en una que en otra?
Gracias a este listado nos enteramos de que Canarias tiene su propia
Academia de la Lengua. Es una fundación que en 2011 se ha llevado 50.000 euros
de subvención, y el año anterior le cayeron 90.000. Vaya por delante que
adoramos Canarias, que nos encanta su cielo azul, sus aguas cristalinas y sus
valles. Cuando se toca el tema identitario de la lengua, uno tiene que ir
pidiendo perdón todo el tiempo para que no le tilden de reaccionario
centralista… El caso es que en un diccionario canario encontramos términos como
los siguientes:
Bloque: material de construcción.
Chupete redondo: piruleta.
Guiri: extranjero.
Guisar: cocer, hervir.
Otros términos son más locales, ciertamente, pero en fin, de ahí a crear
una fundación… Por cierto, que varios parlamentarios canarios se quejaron de
que esta fundación no llevaba al día las cuentas. Dicho sea todo ello desde el
respeto más absoluto hacia la identidad lingüística.
Un renglón más abajo del listado de entes del archipiélago leemos que hasta
diciembre de 2010 existía una fundación para el Instituto Tricontinental de la
Democracia Parlamentaria y los Derechos Humanos. ¿Qué le dijimos? Deje de leer
novelas convencionales, esta del listado de entes autonómicos es pura novela
negra. ¿Sabe por qué? Porque, al parecer, en esta fundación participaba el
Parlamento canario, pero curiosamente sus señorías desconocían su existencia.
Música de suspense, un poco de niebla… ¿Quién se esconde detrás del
Instituto Tricontinental?
¿Es una invasión alien? ¿Está detrás de ella el comandante Spock de Star
Trek? Con este nombre, «Tricontinental», ¿qué esperaban? Suena tan futurista
como una novela de George Orwell, autor de 1984.
El descontrol es tal que no son extraños los casos como el de la empresa
pública Emarsa, en Valencia. Según la investigación judicial, que continuaba a
principios de 2012, los gestores de la depuradora de agua dilapidaron 17
millones de euros de la sociedad. Poco a poco se ha ido conociendo que se
gastaron 300.000 euros en comidas en cinco años, que se contrataban supuestas
traductoras traídas desde Rumanía y se las alojaba en hoteles de lujo.
Me voy pero vengo, dimito pero me quedo Retomemos la idea de que en los
entes públicos se puede poner en plantilla a quien se quiera, sin pasar por una
oposición, con el sueldo que les apetezca. Vayamos a un caso típico de para qué
sirve una empresa pública. Por ejemplo, un presidente de partido, pongamos el
del PP de Alicante, un tal Ripoll. Después de ocho años cobrando cerca de
100.000 euros como presidente de la Diputación de Alicante, le relegan a
concejal. No, eso es poco para alguien así. Imaginemos la situación.
—Contreras, ¡Contreeeeeeeeeeeeras!
La voz tronaba por los pasillos de la sede del partido.
—Dígame, jefe.
—A ver, ¿dónde colocamos a Ripoll? A él le gusta Puertos de Alicante o
Feria de Alicante. ¿En cuál hay un sitio? Bueno, y si no hay, se le hace.
—Espere, un segundo, déjeme ver. El puerto puede estar bien.
—Pues venga, al puerto, no se hable más. —… Y ahí sigue el tal Ripoll como
director del puerto, cobrando unos 4.000 euros netos.
¿Recuerda algún político que haya dimitido? Casi es preguntarle por
apariciones marianas.
Recuerde que en España no se dimite, a uno le «dimiten», pero con
condiciones, obviamente.
Seguramente se acuerdan del incendio de Guadalajara de 2005, en el que
murieron once personas. Fue sonada la dimisión de la consejera de Medio
Ambiente, Rosario Arévalo, por su mala gestión de la catástrofe. Se vendió como
un acto de integridad política. Tan sonado fue ese gesto encomiable como
silenciosa fue su contratación por una empresa pública, Enusa. De ahí, la
enviaron a dirigir otra empresa pública, Teconma, dedicada a la ingeniería
ambiental, que quebró en noviembre de 2011.
El paradigma de hasta dónde se puede llegar en la empresa pública siempre
que se haya pasado por el pesebre político quizá sea el de Javier de Paz. Su
proyección queda fielmente retratada en El Maquiavelo de León de José García
Abad, publicado por La Esfera de los Libros.
Recordamos cuando era secretario de las Juventudes Socialistas, allá por el
referéndum de la OTAN, en marzo de 1986. ¿Le suena la historia? En un principio
el PSOE decía: «OTAN no, bases fuera», para luego pasar a «OTAN, de entrada
sí». Javier no se opuso desde las Juventudes Socialistas a ese cambio de
parecer. Y he aquí que, al poco tiempo, fue nombrado presidente de Mercasa,
empresa pública de los mercados de abastos. Después le hicieron presidente del
Observatorio de la Distribución Comercial del Ministerio de Comercio, después
miembro del Consejo Económico y Social y de su Comisión, etc. Como ven las
empresas públicas son tantas que hay infinitas posibilidades de colocación.
Seguimos con sus cargos: consejero de túnel del Cadí (2004-2006)… ¡Anda! ¿De
qué le suena lo del túnel del Cadí? Pero… si era uno de los puestos que tenía
la mujer de Montilla. ¡Qué coincidencia!
Finalmente, su amistad con Zapatero le empuja como consejero de Telefónica
y otras filiales, y su mujer, que es funcionaria, pasa a ser asistente de
Sonsoles, la esposa de Zapatero. Según el libro de Chema Abad, Javier se lleva
al año 700.000 euros. Su amistad con el expresidente no se disimula. Tanto que en
ocasiones le iba a recoger en su coche de lujo con chófer de empresa a la
salida del Congreso de los Diputados. Bien, usted puede decirnos que puede ser
un tío muy competente. Quizá. Pero si repasamos su currículum, figura que tiene
estudios de Derecho. Bien, ¿sabe qué eufemismo esconde eso? Que ni siquiera
acabó el primer año de carrera.
¿Más ejemplos? Una empresa pública, Cofides, pagó 238.000 euros a un
trabajador al que se le reconocieron de forma arbitraria quince años de
antigüedad cuando solo había estado trabajando en ella doce meses. Así lo
asegura un informe de 2011, de la Intervención General del Estado.
¿Seguimos? Seguimos. Más casos: a la alcaldesa de Osuna, en Sevilla, le
preguntaron si su puesto en Sevilla Activa, una empresa pública de la que
cobraba unos 78.000 euros anuales, no le quitaba mucho tiempo de sus
obligaciones en el consistorio. Su respuesta: «No tengo un horario físico en la
sociedad, solo el que estimo oportuno. Cuando es necesario se reúne el consejo
de administración para cuestiones concretas y es entonces cuando tengo que
asistir, pero el tiempo es mínimo». Qué dura es la vida del servidor público.
¿Qué hay de lo mío?
Uno de los trabajos más ingratos en política es la elaboración de las
listas electorales, es decir, elegir quién va a tener un cargo tras los
comicios. Es duro porque tienes que comunicar a tu propio compañero de partido
que en vez de ir el tercero en la papeleta con la que vota el ciudadano, va en
el puesto decimoquinto, por lo que es muy posible que no salga elegido. Pero de
ahí a quedarse en la calle, en el paro como cualquier hijo de vecino… Ni
hablar.
Uno de los problemas que tiene nuestra clase política es que sus miembros
casi nunca han trabajado en el sector privado, no se saben mover, o por lo
menos nunca se han movido en unas aguas en las que priman la competitividad y
los resultados. Así que, por ejemplo, ¿qué hacer con una exvicepresidenta y
exconsejera de Economía de un gobierno autonómico cesante?
Cojamos el caso de María Luisa Araújo, de Castilla-La Mancha.
Tras la pérdida de las elecciones la recolocaron en un instituto público,
Turespaña, que como puede deducir de su nombre, se encarga de fomentar el
turismo en España. El entonces ministro de Industria, Miguel Sebastián, dijo
que su mérito era «su brillante carrera profesional». Hombre, si éxito es dejar
a la comunidad con una deuda de casi 7.000 millones de euros…
Para colocar da igual lo que seas de dónde vengas. Nuria Espí de Navas, la
última delegada del Gobierno de Zapatero para el Plan Nacional sobre Drogas,
durante todo el tiempo que estuvo en el cargo no colgó en la página web del ministerio
su currículum. Qué raro… ¿No les cabía?
Quizá fue porque no querían mostrar que anteriormente su puesto más alto
fue el de auxiliar administrativo. Es la primera vez que alguien de su nivel
alcanza una dirección general en Sanidad. Desconocemos sus méritos, lo que sí
sabemos es que fue compañera de partido en Valencia de Leire Pajín. Esta fue la
última ministra socialista de Sanidad, cartera a la que estásubordinado
precisamente el Plan Nacional sobre Drogas. Pregunta: si cuando me presento a
una oposición me exigen determinado nivel de estudios, ¿por qué a los que serán
mis jefes directos no se lo requieren?
El dedo de tu autonomía te ha señalado: ¡estás salvado!
El pasado verano, el 19 de agosto de 2011, quien esto escribe estaba
tumbado en una playa malagueña. Tirado en la tumbona oigo pasar una avioneta.
Abro los ojos y… No puede ser. Una avioneta arrastraba una pancarta que no
decía «Gafas graduadas 2 x 1». No, nada de eso. Decía claramente: «No al
enchufismo en la Junta de Andalucía». Tenía letras negras y fondo naranja.
Muy chillón. La había hecho un grupo de funcionarios de la junta,
funcionarios de esos que sacan una oposición entre miles de candidatos.
Protestaban por la aprobación por el Gobierno andaluz de la Ley de Reordenación
del Sector Público, que contempla la entrada de veintiséis mil trabajadores
contratados a dedo.
¿Cómo conseguir que alguien que no es funcionario lo sea sin pasar por
oposición? El organismo público contrata a personal externo por obras y
servicios, después lo convierte en laboral y por último en funcionarios
interinos, y a partir de ahí, línea recta para aprobar una convocatoria
restringida y convertirlos en funcionarios con propiedad de plaza. De momento,
algunos jueces ya están frenando esta maniobra de la junta. Por ejemplo, el
Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 10 de Sevilla ha apreciado una
«funcionarización encubierta», ilegal, de los casi cuatro mil empleados de
Egmasa, una empresa pública.
Esto pasa en el sur y en el norte. En la Administración del Principado de
Asturias la justicia anuló en 2010 la designación de cuatrocientos treinta
puestos de funcionarios nombrados a dedo.
Pero aquí son repetidores. ¿Sabe por qué? Porque el año anterior anuló
trescientos ochenta y un puestos de libre designación. La Federación de
Asociaciones de los Cuerpos Superiores de la Administración Civil del Estado
nos explica que esta cabezonería se debe a que, «pese a que pierden el juicio,
vuelven a contratar al que han enchufado porque saben que hasta que vuelva a
salir otra sentencia condenatoria pueden pasar unos cuatro años, tiempo en el
que el cargo sigue cobrando». Redondo, les sale redondo.
El caso es que se empieza así. Uno le coge el gusto a colocar y no hay
quien pare. Te acabas haciendo un lío con quién metes y a quién te falta por
meter. Como le ocurrió al gobierno de Unió Mallorquina en Palma de Mallorca en
2006.
Un informe judicial de julio de 2011, que investigaba la red clientelar del
partido que colocaba a personas afines con cargo en el ayuntamiento, descubrió
un hecho muy interesante: había en plantilla un cantante de tangos para
amenizar los actos del partido, y recibía un sueldo del propio consistorio.
Pero su contrato era de informático del ayuntamiento. Ante el juez el artista
no pudo ser más claro: «Informáticamente soy incapaz de realizar función
alguna».
Cuando más aumentan estas prácticas de contratación es cuando está a punto
de cerrarse un ciclo político. Por ejemplo, como denunció la consejera de
Gobernación Joana Ortega, de CiU, ¿se acuerda? La que decía que era licenciada
en Psicología y no tenía terminada la carrera. Bueno, pues según ella el
tripartito siguió contratando a gente después de su derrota electoral. Además,
cerca de mil trabajadores cambiaron de categoría, pasando de personal eventual
a funcionario interino, y así ya no les podían despedir. Es una práctica de lo
más extendida. En Toledo, perdonen si les aturullamos, pero es que se coge
carrerilla… como denuncia Unión Progreso y Democracia, el presidente de la
diputación, José Manuel Tofiño, cambió la categoría de ciento cinco empleados
públicos, los pasó de eventuales a indefinidos. Evidentemente, entre ellos hay
hijos de dirigentes del partido, en este caso Socialista, e incluso exalcaldes
que perdieron las últimas elecciones municipales.
Subvención de la diferenciación
Luzón es un pueblo del norte de Guadalajara, de poco más de cuarenta almas.
Se trata de una de las provincias con mayor número de localidades con menos de
mil habitantes. Casi el 90 por ciento de las que tiene son así. Muchos de los
pueblos cercanos están abandonados porque sus habitantes tuvieron que emigrar
para buscarse el pan.
—Y ¿por qué a ellos se lo dan y a los que vivimos aquí no? Mi situación es
muy difícil. Apenas tengo para pagar la luz.
Es la pregunta que hace Enrique, desempleado de treinta y nueve años, una
de las cinco personas en edad de trabajar que reside en la aldea. Se refiere al
PER (Plan de Empleo Rural) implantado en Andalucía y Extremadura. No sabemos
qué contestarle. Por si algún cargo de estas dos autonomías quiere hacerlo u
ofrecerle trabajo, estas son sus señas: Enrique López, calle de los Escolapios,
Luzón, Guadalajara, 19132. A diferencia de otros, no tiene problemas para
emigrar: ya lo hizo antes.
El PER nació en 1984 en esas dos comunidades, ahora se llama PROFEA
(Programa de Fomento de Empleo Agrario). Su misión era evitar el despoblamiento
de las zonas rurales de Andalucía y Extremadura, dando un subsidio de 420 euros
al mes durante medio año a los agricultores. Así, se evitaba la emigración de
los pueblos en las épocas en que no había labores agrícolas. Ha tenido su
efecto, porque los municipios andaluces están por encima de la media española
en número de habitantes.
No es la única diferencia entre subvenciones autonómicas. También existen
unos subsidios sociales para gente sin recursos que dependen de cada comunidad.
Tienen denominaciones diferentes. Por ejemplo, en Cataluña se llama Renta
Mínima de Inserción, en Castilla-La Mancha, Salario Mínimo de Integración, en
Canarias, Prestación Canaria de Inserción, etc.
Usted es más o menos pobre según la comunidad donde resida. En Cataluña se
ha endurecido tanto la situación que han dejado sin subvenciones a treinta y
cinco mil personas. En Castilla-La Mancha se dan 372 euros mensuales, tres
euros menos que en Madrid, mientras que en Canarias suben hasta los 472.
Después están otras subvenciones, las que perciben las ONG y las
fundaciones. Según el sesgo o las conexiones que tenga la organización, se
llevará más o menos de las arcas públicas. Un ejemplo claro de que las cosas
funcionan así lo publicó el ABC del 12 septiembre de 2010.
Reproducía un escrito a mano del Ministerio de Asuntos Exteriores sobre una
ONG que rezaba lo siguiente: «La OTC (Oficina Técnica de Cooperación) ha
enviado comentarios a las dos ayudas, la de 2007 y 2008, aunque no tiene mucha
constancia de lo que está haciendo la ONG en el país. Pero, por cuestiones de
cercanía política, se le siguen concediendo ayudas». Como ve, da igual lo que
haga o no haga, si siguen siendo de la cuerda, siguen teniendo dinero.
Hacienda somos todos, pero pagamos diferente .Siempre dicen que está mal
hablar de dinero, pero seguro que le ha picado la curiosidad. Un compañero de
trabajo o un familiar que reside en otra comunidad suelta en una comida:
—Pues a mí, Hacienda me ha devuelto dinero.
—Pues a mí… bueno…
Esa cara de primo que se le queda a uno es difícil de disimular.
¿Cómo lo hace? Pensará usted corroído por la envidia. Este cobra lo mismo
que yo, su mujer cobra lo mismo que la mía y tenemos el mismo número de hijos,
poseemos las mismas cosas...
¿Cómo lo ha hecho? Pues viviendo en otra comunidad.
En la práctica, en España no hay unidad tributaria. Una misma familia puede
encontrarse con diferencias de hasta 3.000 euros en su declaración de la renta,
según la región en que resida.
Algunas tienen altas deducciones por gastos de guardería, otras por haber
tenido un hijo, o deducciones por vivienda. Incluso si tiene pensado morirse,
vaya pensando desde dónde quiere pasar al otro mundo. Porque dependiendo de
cada comunidad autónoma pagará impuestos de sucesiones diferentes. Morir no
vale lo mismo en Madrid que en Barcelona. Hagamos un ejercicio práctico. Un
padre muere en Barcelona y deja de herederos a sus dos hijos a partes iguales y
el seguro de vida a su esposa.
Estos son sus bienes:
El total de la herencia son 1.200.000 euros. ¿Sabe cuánto pagarían los
hijos en impuestos en Madrid por una herencia como esta? Alrededor de 2.000
euros. En Cataluña, alrededor de 200.000. Un 99 por ciento más. Así que si está
pichí pachá y es catalán, deje la tierra y el Barça a un lado y hágase
capitalino y madridista en sus últimos minutos de vida: los suyos se
loagradecerán. Por cierto, en estas comparativas no se han podido incluir ni al
País Vasco ni a Navarra, pues su régimen foral les da una autonomía tan
exclusiva que es como si habláramos de regímenes fiscales de dos países extranjeros.
Esto a nivel particular, pero si nos vamos a la tributación de las
empresas, las cosas son iguales.
Hasta el punto de que dentro de una misma provincia se puede dar una
especie de paraíso fiscal, según las tasas locales. Un ejemplo muy claro es el
de los impuestos de circulación. En el caso de Madrid, las empresas de alquiler
y renting de vehículos trasladaron su domicilio fiscal a pueblos colindantes
donde ese impuesto es hasta siete veces menor, como en el caso de Robledo de
Chavela. La consecuencia era previsible y los coches de alquiler que tributaban
en Madrid pasaron de 47.499 en 2001 a únicamente 426 en 2010. Conclusión, cerca
de 20,7 millones de euros que desde esa fecha no entran en las arcas de Madrid.
El caso acabó en los juzgados, pero estos negaron la razón al ayuntamiento de
la capital.
Sin embargo, otras comunidades se pasan y desde el gobierno central se deja
hacer. En los años noventa, en el País Vasco, se rebajó el impuesto de
sociedades a las nuevas empresas que se radicaran allí. Así que muchas de las
que estaban en comunidades limítrofes se mudaron. El nombre que se le dio a
esta maniobra lo dice todo: «vacaciones fiscales». Frente a las protestas de
las autonomías colindantes, que vieron cómo emigraban sus empresas, ¿cree que
fue el gobierno central el que puso paz? No, como siempre tuvo que ser un
organismo europeo, en este caso la Comisión Europea, la que zanjó el tema. En
julio de 2011 sentenció que las vacaciones fiscales vascas son ilegales. Así
que multa para España de 40 millones de euros y 250.000 euros por cada día de
retraso en la devolución. ¿Multa para España? ¡Si fue el Gobierno vasco el que
la lio! Sí, pero la UE solo reconoce un interlocutor, en este caso al gobierno
central, así que a pagar como siempre usted, sin comerlo ni beberlo.
La guerra cada uno por su lado
Decía De Gaulle, el líder francés de la posguerra europea, que «la política
más cara, la más ruinosa, es ser pequeño». Vamos a un ejemplo que todo el mundo
entiende: el fútbol. A principios de 2011 el Ministerio de Industria ofreció al
F. C. Barcelona llevar en sus camisetas, a cambio de varios millones de euros,
la siguiente leyenda: «Visit Spain, visit Barcelona». Pero «no hubo forma de
llegar a un acuerdo», como dijo el entonces ministro, Miguel Sebastián. Sin
embargo, el que sí aceptó fue el Real Madrid, con el eslogan: «Visit Spain,
visit Madrid». Fue entonces cuando desde el Barça se acusó al Real Madrid de
ser un club favorecido por el gobierno. Finalmente, la junta directiva del
Barcelona prefirió llevar en el pecho «Qatar Foundation», patrocinando así una
tiránica dictadura petrolera en la que, por ejemplo, las relaciones
homosexuales están castigadas con latigazos y penas de cinco años de prisión.
Nos hemos convertido en un país de una mentalidad paleta en la que al
vecino del pueblo de al lado se le tira al pilón. Si no, no se entiende que,
por ejemplo, un consejero de Agricultura de la Generalitat de Cataluña, Josep
Maria Pelegrí, dijese a mediados de 2011 que «si entramos en un restaurante y
consumimos vino de La Rioja, no estamos ayudando al empresariado catalán».
Pero ¿es que este hombre no se acuerda de la que se montó con el cava
catalán en las Navidades de 2005? Entonces las ventas cayeron por culpa de un
boicot de los consumidores en rechazo a declaraciones de este tipo. Destacaban
las del vicepresidente de la Generalitat Carod Rovira, que entre otras muchas
dijo que prefería que el Comité Olímpico Internacional no le diese las
Olimpiadas a Madrid.
Perlas de este tipo hay un montón. Por citar las primeras, las del
expresidente Jordi Pujol. En 1976 en su libro La immigració problema i
esperança de Catalunya decía que «el andaluz es generalmente un hombre poco
hecho, un hombre que desde hace cientos de años pasa hambre y que vive en un
estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual».
Una de las últimas perlas es la de Josep Antoni Duran i Lleida, que dijo en
octubre de 2011 que los campesinos andaluces «reciben un PER para pasar una
mañana o toda la jornada en el bar del pueblo». Entre medias está el
llamamiento de Lluís Soñe, de ICV (Iniciativa Catalunya Verds), para «apadrinar
a un niño extremeño», e incluso casos como Manuel Milián, exdiputado autonómico
del PP en Cataluña, que dijo que «Cataluña, y lo he dicho muchas veces, es la
teta que alimenta a España». Por cierto, el tema teta se repite bastante,
también Carme Ruscalleda, la famosa cocinera catalana, en una entrevista en El
Mundo se inclinaba por esta imagen: «Me imagino que la gente de fuera de
Cataluña debe de pensar que se les va a cerrar un grifo, o que se les va a
quitar una teta, y los catalanes estamos hartos de ser esa teta».
El caso es que un estudio de la Generalitat, elaborado por Modest Guinjoan
y Xavier Cuadras, concluía que la secesión de España tendría más beneficios que
costes. Preveía que en el caso de un boicot al 40 por ciento de productos
catalanes por parte de los consumidores y un 20 por ciento por parte de las
empresas del resto de España equivaldría a una caída de la economía de un 4 por
ciento. Pero como, según ellos, el déficit fiscal de Cataluña respecto a España
es un 9 por ciento, al final saldrían ganando.
Llegados a este punto, le proponemos una prueba: ¿cuántos nombres de lander
alemanes, de departamentos franceses o de provincias italianas es capaz de
decirnos? Y eso que los tenemos aquí al lado. Ahora hagamos lo mismo con
cualquier otro país del mundo: Argentina, Canadá, Japón… Pues lo mismo pasa con
nuestras comunidades. Si les preguntamos a los extranjeros sobre cuáles son
nuestras regiones, no tienen ni idea. Sin embargo, nos gastamos un dineral en
ir cada uno por nuestro lado pretendiendo convencer a todo el mundo de lo
contrario. Ejemplos hay para aburrir. Así, en la feria anual de vinos Prowein
de Düsseldorf, en Alemania, uno va y se encuentra con los vinos de Argentina,
que iba representada por un único organismo, Wines of Argentina, y dentro de su
stand las diferentes denominaciones. Lo mismo pasa con Chile, unidas todas sus
bodegas en Prochile, y así todos los países menos uno. ¿Adivina cuál?
Efectivamente, el nuestro. Para no faltar a nuestra fama de ejército de Pancho
Villa, en el que va cada uno a la suya, el Instituto de Comercio Exterior
(ICEX) tenía un stand para representar a las bodegas españolas en Wines from
Spain, pero cada comunidad prefirió desmarcarse de él.
Así nos podíamos encontrar representaciones del IPEX (Instituto de
Promoción Exterior de Castilla-La Mancha), IVEX (Organismo de Promoción del
Comercio Internacional de la Comunidad Valenciana), EXCAL (Exportaciones de
Castilla y León), Vinos de Cataluña, etc.
Créanos, algunos de los visitantes al vernos pensaron que habían bebido más
de la cuenta.
Lo mismo sucede en otros sectores. Pese a que nos podemos creer los mejores
en el sector textil por tener empresas como Inditex, lo cierto es que la moda
española es desconocida. No lo decimos nosotros, sino una consultora,
Interbrand, que asegura que esta «tiene falta de capacidad o espíritu
asociativo, al ir cada comunidad autónoma por su lado, por la falta de
promoción como país». De hecho, señala el informe, en el exterior, se desconoce
que marcas como Zara, Desigual, Custo o Loewe son españolas.
Donde dije no debo, digo debo
Volvamos a la palabra eterna: «Se ha acabado la teta del Estado». Esta vez
lo dijo el anterior secretario general de Administraciones Públicas, José Luis
Méndez. Es decir, que cada comunidad ya tiene mayoría de edad para buscarse el
jornal por su cuenta, porque a papi ya no le queda dinero que repartir. Si a
esto le sumamos que las ayudas europeas cada vez van a ser menores, el futuro
se avecina con nubarrones.
Aquí es donde viene lo que llamaríamos lo gordo: la deuda, la eterna deuda,
que ya duele. La deuda autonómica global llegaba en diciembre de 2011 a 135.151
millones de euros. El año anterior fue de 110.736 millones. Encabezando el
ranking de deudores están Cataluña (más de 39.000 millones de euros), Valencia
(cerca de los 24.500 millones) y Madrid (poco más de 15.000 millones). No le
vamos a ahogar en cifras, solo le diremos que en intereses Cataluña ha pagado
en 2011 alrededor de 1.500 millones de euros y en 2012 la previsión es de
2.000. Solo en intereses.
Aparte están los más de 37.000 millones que deben las administraciones
locales. Cada vez son más los ayuntamientos que no pagan las nóminas o que
tienen que prescindir de personal.
Algunos ya no pagan a sus proveedores e incluso han quebrado. Si hasta
Fabra, el presidente de la Comunidad Valenciana, estuvo a punto de quedarse sin
luz en su propio despacho por impago del recibo. Si una empresa privada hace
eso, su propietario es enjuiciado para reclamarle la cantidad, pero si es la
Administración no pasa nada. Por eso, la defensora del pueblo, MaríaLuisa Cava,
pidió en septiembre de 2011 que el despilfarro público se considere delito de
una vez por todas.
Sin embargo, en estos últimos años usted ha aprendido que si le dicen que
algo está mal es porque está peor. Cada vez los datos oficiales son menos
creíbles. Tras las pasadas elecciones ocales y autonómicas, se ha visto cómo
las deudas de las autonomías eran mucho mayores de lo que aseguraban los que
dejaban el poder. Se comprende que se puedan equivocar en algo, pero de ahí a
que Barreda, el expresidente de Castilla-La Mancha, dijera que dejaba una deuda
de 400 millones de euros y luego la Cospedal se encontrara con una de alrededor
de 7.000 millones…
¿Cómo hacen para que aparezcan semejantes diferencias? Seamos buenos y
dejémoslo en criterios contables diferentes. Todo el mundo se cree que esto de
la contabilidad es el debe y el haber, el dinero que entra y el que sale, y
nosotros también. Pero no, resulta que en nuestras autonomías es mucho más,
muchísimo más, y cuanto menos se entienda mejor. Tanto es así que hasta Manuel
Núñez, el presidente del Tribunal de Cuentas, no para de quejarse de las
diferentes formas de contabilización de las comunidades: «Han limitado la
posibilidad de ofrecer una información homogénea», dijo a mediados de 2011. Los
ayuntamientos siguen en la misma línea:
—¡Contreras! ¡Contreraaaaaaas! —El concejal de Hacienda está que trina.
—Dígame, jefe.
—Vamos a ver, Contreras. ¿Ve ese montón de facturas impagadas?
—¿Las que están encima del palé? ¡Qué barbaridad! Abajo está el despacho
del alcalde, tenga cuidado, no sea que ceda el suelo.
—Son las que faltan por colocar. Las otras ya las repartí entre empresas
públicas, fundaciones, etc. No tengo más sitios, no hay más fondos de cajones
donde meterlas. ¿Se le ocurre algo?
Tengo que entregar las cuentas para la auditoría pública y salvo enviarles
nuestros informes en polaco para que no lo entiendan, no sé qué otra cosa puedo
hacer para evitar el chaparrón que se nos viene encima.
—Um. —Contreras se llevó la mano a la barbilla y se ajustó las gafas
mirando al suelo—. ¿Y si cambiásemos de nombre a las pedanías que dependen de
nosotros? —¿Cómo? ¿Cambiar, por ejemplo, el nombre de Villabotijos por el de
Villafrasca?
—No, jefe. Me refiero al nombre genérico. Las comunidades autónomas pueden
regular las entidades menores de un municipio. Entonces, compliquemos la vida a
los que auditan las cuentas, en vez de que figure pedanía, ¿qué le parece si a
partir de ahora la llamamos Entidad de Gestión Descentralizada? De esa forma le
hacemos el lío y ganamos tiempo. Hable con su amigo el consejero, seguro que
puede cambiar la denominación.
—Muy bien, Contreras. ¡Esa es la línea! ¡Complicar las cuentas para que
nadie, salvo nosotros, las entienda! Y entre que nos preguntan qué es y
nosotros les contestamos, ese tiempo que ganamos.
Contreras se iba a retirar del despacho del concejal satisfecho. Sin
embargo, se acordó de una cosa.
—Por cierto, jefe, ¿sacamos a concurso público quién nos suministra la luz
o la línea de teléfono? A ver si se pican entre las compañías y nos hacen un
mejor precio.
—¿Usted paga la luz o el teléfono del ayuntamiento, Contreras?
—No.
—Pues ya está. No se preocupe, lo paga el dinero público y como bien sabe
este no es de nadie.
Así funciona la Administración Pública. Seguro que usted mira las facturas
para ver dónde puede ahorrar. Pues bien, ese esfuerzo debe ser sobrehumano para
los ayuntamientos, porque solo cuatro de cada cien sacan a concurso la factura
de luz y teléfono para conseguir que les ofrezcan mejores precios.
El caso es que para pagar todos los dispendios y absurdos que le hemos
contado en capítulos anteriores se necesita dinero y nuestras regiones y ayuntamientos
ya no saben de dónde recortar y estirar. La más fácil, vía impuestos. Todos
están aumentándolos o incluso se recuperan algunos, como el de patrimonio. Las
multas también son una buena opción. De hecho, ¿sabía queen los presupuestos de
todos los ayuntamientos se prevé la recaudación por multas? Imagínese que todos
cumpliésemos escrupulosamente con la ley y fuésemos a treinta por hora por la
ciudad: les arruinaríamos. ¿Se acuerda de aquel «por favor» con el que el
anterior ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, pidió a la Agrupación
de Tráfico de la Guardia Civil que pusiese multas? Fue cuando estos guardias
empezaron una huelga de bolígrafos caídos, siendo menos férreos con la
normativa de tráfico y provocando así un descenso de las sanciones.
Otra fórmula es poner en venta cualquier cosa, incluyendo los edificios
públicos. Todos por debajo de su coste. Incluso en Andalucía se venden las
fincas que se expropiaron en 1985 en la reforma agraria, cuyo destino era la
explotación pública. Curioso: se quitan de las manos privadas para después
volvérselas a vender. ¿Qué pasó? ¿Es que el ya desaparecido Instituto Andaluz
de Reforma Agraria (empresa pública) no supo sacarles partido?
Después está la posibilidad de que las autonomías emitan deuda, los
llamados bonos patrióticos.
Otra opción para sacar dinero hubiese sido tirar nuevamente de las cajas de
ahorro, pero esta vez aquí ya no queda dinero. Las cajas, ya sabe, son esos
bancos regionales en los que se enchufa a cargos políticos en sus consejos de
administración. Las comunidades sacaban de ahí el dinero para proyectos como
los aeropuertos sin aviones o los parques temáticos. El ejemplo de la CAM, Caja
de ahorros del Mediterráneo, es paradigmático. Ha dejado un agujero de unos
20.000 millones de euros. Su caso clamaba al cielo, sus consejeros se
repartieron más de 13 millones de euros en prejubilaciones. De hecho, la última
directora de la CAM, María Amorós, se llevaba al año 600.000 euros y antes de
que la despidieran se adjudicó una pensión vitalicia anual de 370.000 euros,
aunque luego ante el escándalo que se organizó se la quitaron. Eso sí, no tuvo
problemas para apuntarse al paro: 1.400 euros al mes. El caso es que todos los
pufos que han dejado los consejeros de las diferentes cajas de ahorros los
cubriremos los españoles a través del Fondo de Reestructuración Ordenada
Bancaria. Que sí, que sí, que otra vez usted y nosotros a pagar sin tener nada
que ver con eso.
Una de las cosas de la economía española que más mosquean en el extranjero es
que el gobierno del país no sepa controlar el gasto de las regiones. Ya lo dijo
el comisario europeo de Asuntos Económicos Olli Rehn: «Los planes de consolidación fiscal deben aplicarse de manera estricta,
principalmente a nivel regional». Pero también lo dice la prensa económica
extranjera. En julio de 2011 en The Wall Street Journal se leía un artículo que
decía que «los gobiernos locales y regionales de España son un problema
conocido, pero lo que no se conoce es el tamaño». The Economist, el mismo mes,
titulaba lo siguiente: «Políticos españoles: ¿alguien quiere gobernar este
país?». A continuación, metía un buen repaso a nuestra política autonómica y a
los ataques entre las propias regiones.
La situación para el que nos vea desde fuera es fácil de imaginar.
Supongamos que España es doña Pepa y los bancos extranjeros que nos han dejado
dinero para mantener nuestro Estado de Bienestar es Mariano, el dueño de unos
ultramarinos:
—Hola, doña Pepa, ¿sabe que me debe varios pedidos de la última vez que pasó
por la tienda?
—Yalo sé, Mariano. Ya te he dicho que te pagaré.
—Sí, pero es que veo que sus diecinueve hijos visten con zapatillas de
marca y que no se privan de nada. Ya me ha dicho varias veces que va a
responder de sus deudas, pero viendo su tren de vida, la verdad, no lo creo.
—De acuerdo, Mariano. ¿Y si te firmo ante notario que te voy a pagar y que
voy a tener a mis chavales controlados? ¿Te fiarás?
—Mujer… puede.
En España lo más parecido a un notario es la Constitución. Nuestra norma
máxima. Por eso, se reformó en septiembre de 2011, para que diga, entre otras
cosas, en su artículo 135: «El Estado y las Comunidades Autónomas no podrán
incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos, en su
caso, por la Unión Europea para sus estados miembros». La pregunta es: los
mercados extranjeros a los que debemos dinero ¿nos creerán? ¿Sabremos controlar
a nuestros chicos?
Dos casas: 800.000 euros
Depósito bancario: 150.000 euros
Valores: 75.000 euros
Seguro de vida: 200.000 euros
Capítulo VII. SERÁ POR TIRITAS
Francisco estaba en su huerta de Luzón, un pueblo de Guadalajara situado a
ciento cincuenta y dos kilómetros de Madrid, lugar donde reside habitualmente.
Arando la tierra, con el empeño de que sus tomates sean los mejores, se cayó y
se clavó un hierro. Le seccionó todo el gemelo de la pierna derecha y tuvieron
que llevarle a un centro de socorro en Maranchón, un pueblo cercano.
De ahí, en ambulancia, le trasladaron al hospital de la capital,
Guadalajara. Salió del quirófano en una silla de ruedas y con más puntos en la
pierna de los que se anotan en un partido de baloncesto. En una sala de espera
un enfermero les preguntó a él y a su mujer, que le acompañaba:
—¿Ustedes a dónde van?
—Pensábamos irnos a nuestra casa, en Madrid —le dijo la esposa.
«Objetivo identificado», debió de repetirse dentro de la cabeza del
enfermero que apretó el botón rojo para arrojar bombas como esta:
—Se lo digo porque la ambulancia le puede llevar al pueblo donde le
recogieron, dentro de Guadalajara, pero no a Madrid.
—Bueno, que más les da, Madrid está a cincuenta kilómetros y Luzón a cien.
¿No será mejor para ustedes que me lleven a un sitio que les pille más cerca?
Y la bomba explotó.
—Ya, pero es que Madrid pertenece a otra comunidad, no a Castilla-La
Mancha. Así que, si quieren volver a casa, o se pagan una ambulancia o se piden
un taxi y se tumba en el asiento de atrás.
La onda expansiva comenzaba a hacer efecto. Josefa no sabía conducir, y
Francisco estaba impedido, sus hijos estaban de viaje y ellos no llevaban un
par de cientos de euros para coger un taxi a Madrid. En ese mismo momento
creyeron verse teletransportados a un hospital extranjero.
No entendían nada, aún hoy tampoco. Allí estaba Francisco creyendo que el
sanitario no les había entendido por ser nórdico o de los países del Este.
Empezó a hablar despacio y en voz alta.
Como haríamos en un hospital extranjero ante un enfermero que solo habla
otra lengua.
—¡Nosotros vivimos en Madrid! —decía tocándose el pecho en señal de
autoafirmación, como hacía Tarzán—. ¡A cin-cuen-ta ki-ló-me-tros! —Y remarcaba
los números con las manos al mismo tiempo que señalaba por dónde caía Madrid—.
¡Le digo que donde me hice la herida está a cien kilómetros! ¡Más lejos, más!
—decía señalando ahora la brecha de la pierna y agitando la mano con
exageración.
El enfermero miró apático esta nueva versión de Barrio Sésamo sobre cómo
diferenciar lejos y cerca. Así que entrenado en el arte de la dialéctica del
«¿a dónde vas?/manzanas traigo», también conocido como «por aquí me entra y por
aquí me sale», zanjó la cuestión.
—Que sííííí, que lo sé, pero que es otra comunidad y no se puedeeee. Si
usted quiere, le podemos llevar a Albacete (situado a trescientos kilómetros de
Guadalajara), que es de Castilla- La Mancha, pero a Madrid la ambulancia se la
paga usted, ¿de acuerdo?
En un principio, el paciente y su mujer pensaron en una fuga de la
ambulancia. Cuando esta pasase cerca de Madrid, decir que tenían que ir al baño.
Que el conductor parase en una gasolinera y ahí escaparse. Pero no, eso no iba
con ellos.
Así que ahí se quedaron, sentados en la puerta del hospital, don Francisco
y doña Josefa, Paco y Pepa. Dos españoles de clase media de libro, trabajadores
de madrugón y doble turno, que nunca han dado problemas y que siempre han
cumplido puntualmente con sus impuestos. Fieles cumplidores de lo que les decía
«la chica de la ventanilla» (los funcionarios) con resignación ysin protestar.
Finalmente, al cabo de varias horas, localizaron a uno de sus hijos y los llevó
hasta su casa.
Es solo una anécdota. Pero episodios mucho más absurdos y graves abundan en
la sanidad española. El último informe del defensor del pueblo habla de muchos
más problemas: las eternas listas de espera, dificultades para acudir al
hospital o al centro de salud en una región distinta a la que se reside,
distintos calendarios de vacunación, desigual tratamiento para enfermedades
raras y comunes, derroche de recursos económicos. Esto es tan solo una breve
enumeración, unavance. Ahora, como diría el presentador de un informativo,
«comenzamos».
Iguales, sí… pero con diferencias
La sanidad es una mina a la hora de encontrar absurdos sobre las
competencias autonómicas. Es una de las materias que se transfirieron de forma
más alocada. Los gobiernos regionales tenían prisa por controlarla, porque es a
la que más rentabilidad electoral se le puede sacar. Quizá usted no pase en
toda su vida por un juzgado, pero ¿cuántas veces lo ha hecho por un ambulatorio?
Seguro que muchas más. Lo malo es que además de haber abundantes absurdos,
algunos son sangrantes y, de no ser porque hablamos de vidas humanas, sería
como para crear un concurso.
Desde que nacemos hasta que morimos, y esto no es una frase hecha, nos encontramos
con diferentes políticas sanitarias responsables de que, por ejemplo, en el
País Vasco el porcentaje de cesáreas sea de un 12 por ciento, mientras que en
Extremadura es de un 31 por ciento, o que a la hora de los cuidados paliativos,
las denominadas leyes de muerte digna solo estén reguladas en Andalucía y
Aragón.
Vale, con o sin cesárea, el caso es que ya hemos nacido, y ahora ¿qué?
—Pues a vacunarse —respondería el pediatra.
—Muy bien, y ¿cuándo y con qué vacuna empiezo?
—Eso depende de dónde hayas nacido.
—¿Cómo? Pero vamos a ver, ¿no nos han hecho a todos los bebés en serie?
Hermosotes, sonrosados… ¿Me estás diciendo que a mí, con lo rico y mono que
soy, que mira cómo abro la boquita, no me vas proteger de la misma forma que a
otro que vive en Madrid o en Andalucía?
—Pues no, así que madura —concluiría el pediatra.
Madurar. Una buena idea para aplicar al propio sistema de vacunas, que no
es uniforme: cada una de las diecinueve comunidades actúa por su cuenta. Como
dicen todos los pediatras: la vacunación generalizada y sincronizada es una de
las medidas preventivas más eficaces. Ha ayudado a erradicar enfermedades como
la viruela y a reducir de una forma «impresionante» los casos de otras como la
difteria o la poliomielitis. Esto es de sentido común. Sin embargo, no parece
que lo sean para las autoridades, pues las diferencias a la hora de vacunar son
notables.
Solo en Ceuta, Melilla y Cataluña, por ejemplo, dispensan la vacuna de la
hepatitis A. El País Vasco, en cambio, es la única comunidad que apuesta por la
de la tuberculosis. Además, los calendarios también son diferentes. La vacuna
de la varicela, vaya como ejemplo, es absolutamente recomendable a temprana
edad, pero solo Madrid, Navarra y Melilla la dispensan a los quince meses. En
el resto se administra en la adolescencia y en el caso de que no se haya pasado
la enfermedad.
No solo las vacunas tienen un mapa diferente. También las pruebas a los
recién nacidos. En Madrid se realiza de forma habitual la de la fibrosis
quística, una enfermedad que afecta sobre todo a los pulmones y al páncreas y
que se detecta con una prueba de talón. Esta patología genética grave sigue
siendo la más frecuente de occidente. Las asociaciones de afectados han pedido
la implantación de la prueba en todos los lugares y de forma obligatoria.
Javier, uno de los padres de estos enfermos, cuenta su historia. Él es de
Valencia; cuando nació su hija, no tenían implantada la prueba: «Le detectaron
la enfermedad cuando tenía cinco años. Antes estuvimos yendo a médicos que nos
daban siempre la misma respuesta: tos de las vías altas. Si hubiese nacido en
otra comunidad donde hicieran la prueba de manera sistemática, habrían
detectado antes la enfermedad y prolongado, así, su esperanza de vida. Ella
sigue viva aunque el daño está hecho y necesitará un trasplante de pulmón».
Al igual que Valencia, tampoco Cantabria, Castilla-La Mancha, La Rioja y
Ceuta tienen implantada la prueba de la fibrosis quística. Rafael Carrión, de
la Asociación Valenciana de Fibrosis Quística, dice que parece algo inminente
que se empiece a realizar. Sin embargo, tampoco olvida el desconocimiento que
tienen los consejeros y altos cargos de lo que se hace o no en su propia
consejería: «A un alto cargo le dije que cómo era posible que en Valencia no se
hiciese la prueba. “¿Cómo que no hacemos la prueba?”, me contestó —comenta
Carrión, y continúa—: Se quedó muy sorprendido e inmediatamente llamó a un
asesor y le escuché decir: “Además, esto no debe costar mucho, ¿no?”. Es decir,
ni lo saben y ni se lo habían planteado.
Tiene que ser un tío de fuera el que se lo recuerde».
El senador popular Jesús Aguirre lanzó una propuesta en la cámara alta para
implantar un calendario de vacunación común a toda España. Con esta iniciativa
también se pretendía abaratar los costes, porque si se comprara un gran volumen
de dosis al mismo tiempo se ahorraría dinero. Lo sorprendente de todo esto es
que, pese a ser un problema reconocido por todas las comunidades, el Senado la
rechazó.
Dime dónde vives y te diré qué enfermedad tener
Siguiendo el habitual camino de la
vida y los sabios consejos de su pediatra, el bebé recién nacido ya ha crecido
y madurado. En el intervalo ha desarrollado una enfermedad tan conocida como la
diabetes. Las personas que padecen este trastorno endocrino deben inyectarse
insulina una media de sesenta y seis veces al mes, pues de no hacerlo morirían.
Supongamos que tiene fijada su residencia en Canarias. Bueno, también servirían
Murcia o Valencia. En cualquiera de los tres casos habrá sido afortunado,
porque según un estudio del Consejo de Enfermería y de la Federación de
Diabéticos, en esos tres lugares se entregan las agujas necesarias para el
tratamiento de la enfermedad. En otras comunidades se quedan cortas y es necesario
reutilizarlas.
Sí, ha oído bien, y eso a pesar de que la Organización Mundial de la Salud
(OMS) desaconseja la reutilización y se reafirma en una política consistente en
suministrar jeringas y agujas autodestruibles.
Un diabético debe controlarse diariamente los niveles de azúcar en sangre.
Para ello es imprescindible el uso de las llamadas tiras reactivas. Pues bien,
en Andalucía, Canarias, Galicia y Valencia basta con acercarse a una farmacia
para obtenerlas. En el resto de comunidades es necesario desplazarse hasta un
centro sanitario. Una vez allí su suerte depende de nuevo de la zona en la que
viva. En Murcia le darán noventa y cinco tiras reactivas, en Aragón, cuarenta
menos.
Puede que, con suerte, ese bebé maduro sea una persona sanísima, de las que
apenas pisan un consultorio médico. Aun así, de lo que no hay duda es que
también le llegará su día. La forma más probable será por un infarto agudo de
miocardio. Las estadísticas la confirman como la principal causa de muerte en
el mundo, tanto en hombres como en mujeres. El caso es que las graves secuelas
del episodio se pueden evitar con una técnica llamada angioplastia primaria. Se
tiene que hacer muy rápidamente e impide la obstrucción de la arteria coronaria
mediante la aspiración del trombo y la implantación de un stent, una especie de
malla metálica, que impide el estrechamiento de la arteria. Pues bien, toda
esta explicación técnica es para contar que, según un estudio de la Sociedad
Española de Cardiología, esta técnica vital no está igual de desarrollada en
unas comunidades que en otras. En otras palabras: si le da un infarto en
Navarra (cuatrocientas diez angioplastias por cada millón de habitantes) tiene
más posibilidades de salvarse que si le sucede, por ejemplo, en Valencia
(ciento veintidós angioplastias por cada millón de habitantes). Nada como
asegurarse de que lo que nos tenga que ocurrir nos pase en el lugar adecuado.
Quieto todo el mundo
No es un atraco pero, por si acaso, no se mueva. Procure desplazarse lo
menos posible de su lugar de residencia. De hecho, ya resulta curioso que cada
comunidad autónoma tenga una tarjeta sanitaria diferente, incompatible con las
otras, y, en cambio, cuando viajamos por la Unión Europea resulte suficiente
con una única tarjeta sanitaria. Otro buen consejo a seguir a la hora de fijar
residencia en una comunidad es hacerlo en el centro del territorio. Si se va a
las zonas fronterizas, no saldrá en la foto. El provincianismo en nuestro país
no conoce límites y así nos encontramos con que hospitales situados en las
zonas limítrofes de una comunidad no atienden,salvo casos de urgencia o en caso
de acuerdo entre comunidades, a los habitantes de los pueblos de alrededor que
pertenecen a otra autonomía.
La norma extendida en las legislaciones sanitarias autonómicas dice que
«son usuarios del sistema de salud los residentes en los municipios de una
comunidad autónoma». Es decir, en el ambulatorio están en su derecho de no
atenderle. Ahora bien, como quien lo hace es un profesional sanitario y no un
político, las primeras veces se lo pueden pasar por alto. Hasta cierto punto,
eso sí. Un simple análisis de sangre no cuela, se tendría que ir a su lugar de
residencia.
Por lo que algunos usuarios intentan que les atiendan pasando por
urgencias, que es el único lugar en el que tienen la obligación de prestar
asistencia a quien sea.
Es cierto que existe la modalidad de tarjeta sanitaria como desplazado. Se
trata de documento o identificación que se da a los que no están empadronados
en la autonomía en cuestión y que generalmente caduca a los tres meses. Pasado
ese plazo hay que empadronarse o si no, no se les atiende. Además, poseerla no
significa que tengamos los mismos derechos. Es posible que no puedan pedir cita
por teléfono o que el especialista no les atienda. ¿Se imagina compartiendo
tiempo muerto con otros pacientes en la sala de espera y manteniendo este
diálogo?:
—Hola, ¿qué tal? A ver al médico, ¿eh? Y ¿qué? ¿Vive por aquí? Es una zona
bonita, ¿verdad?
—preguntaría un paisano del lugar buscando conversación.
—Bueno, sí; bueno, no. Es que… soy… un desplazado… —respondería haciendo
pucheros.
—Ooooooh.
Lo de desplazado es un nombre que no suena bien, parece como si viviera en
una tienda de campaña de la ONU. Ejemplos de usuarios quejándose de que no les
atendían adecuadamente por ser de otra comunidad diferente hemos encontrado
multitud, empezando por el caso con el que abríamos este capítulo. Tenemos a la
joven que estudia en otra comunidad y le obligan a hacer un seguro con el
consorcio sanitario, igual que los estudiantes extranjeros. Tenemos al
diabético al que no le extienden receta y que se paga la insulina de su
bolsillo. Tenemos a los padres jubilados a los que tampoco les extienden receta
en el pueblo donde pasan largas temporadas y cuyo hijo les tiene que enviar las
recetas por correo. Tenemos a la niña, menor de catorce años, a la que no
atiende un pediatra porque, según la madre, le dijeron que a los desplazados
solo les atiende el pediatra si son menores de tres años. Tenemos a la
veraneante que para hacerse una radiografía tiene que romper sus vacaciones en
la costa y recorrer cuatrocientos kilómetros para ir al hospital del lugar
donde reside. Tenemos calamares, ¡chipirones!, ¡ricas puntillitas, oiga! Uy,
perdón, pero es que después de esta retahíla uno se siente como un camarero.
El caso es que no solo nos hemos encontrado con testimonios de pacientes,
sino que en algunos ambulatorios, sobre todo en zonas de veraneo, hay carteles
expuestos en el tablón de anuncios del centro donde se manifiesta claramente:
«No se da cita con el especialista para desplazados».
Pero ¿qué opinan los médicos? Como muestra un botón. Esta es la historia
que un doctor vivió en primera persona y que publicó en su blog con el ánimo de
que se subsanaran errores. Nos permitió reproducirla sin que citáramos su
nombre. Porque no solo no se corrigieron las equivocaciones que relata, sino
que le abrieron un expediente que al cabo del tiempo se cerró.
«Tenéis que entender que ya no quiero tener más problemas», explicó este
profesional de cincuenta años que sigue ejerciendo en la sanidad pública. Se
entenderá que, después de lo que ahora se va a leer, se vio obligado a cambiar
de hospital. Aquí quedan sus palabras:
Ayer me llamó por teléfono la hija de un amigo mío: tenía dolor de cabeza y
lo notaban distraído y se olvidaba de cosas. Llevo demasiados años ejerciendo y
he visto ya demasiados casos como para no ser precavido y se me aguzaron las
antenas: los síntomas neurológicos, por débiles que sean, deben ser siempre
investigados, así que le dije que viniese hoy durante la guardia. Una exploración
física minuciosa ha sido enteramente normal. Sin embargo, lo he notado lento al
responder y he solicitado un TAC (un tipo de «radiografía» detallada del
cerebro). Cuando lo he visto, me he quedado helado: aunque he visto muchos
hematomas intracraneales en mis años de médico, nunca ninguno tan grande y
potencialmente tan peligroso en un amigo tan cercano. Era necesario operar, y
cuanto antes, así que iba a buscar dónde podían operarle en nuestra comunidad
autónoma, principalmente rural y solo con tres centros con neurocirujano. El
problema real ha sido encontrar quién lo operase en un plazo de tiempo de ocho
a diez horas. De nada ha servido que explicase a los neurocirujanos que tenía
cincuenta y seis años, que en unas horas podía estar muerto y, finalmente, que
era mi amigo personal, apelando al sentimiento o empatía entre «colegas».
Simplemente uno decía que debía operarlo el otro, y así varias llamadas, hasta
que, harto, lo he remitido en UVI móvil a nuestro hospital más cercano donde
fue operado felizmente. No es fácil ejercer en un hospital pequeño y en una
comunidad autónoma con recursos escasos: en los hospitales de las grandes
ciudades hay plantillas de neurocirugía enormes, sin embargo, nuestro hospital
de referencia solo tiene tres profesionales.
No es cierto que los españoles seamos iguales, al menos en lo que a los
recursos sanitarios se refiere. El Estado de las autonomías, al menos en lo que
a mí me afecta, el cuidado de los enfermos, es un fangal: yo no puedo enviar un
paciente, aun teniendo criterios, a un hospital de otra comunidad autónoma sin
una burocracia absurda e insoportable, lo cual es difícil de entender para
nadie en su sano juicio, aún menos si está gravemente enfermo, y produce
intensa angustia y frustración en los profesionales sanitarios.
El problema está en que los gastos que generan los turistas nacionales, ya
sea en urgencias, asistencia primaria o especializada, lo paga la comunidad que
visitan. Y eso de pagar servicios a otros españoles que no son de tu autonomía
pues no se lleva bien en los tiempos que corren. Por ejemplo, Cataluña y Aragón
arrastran un problema desde 2010 porque en la primera comunidad se niegan a
recetar a los veraneantes procedentes de la segunda. Así que les dicen que si
quieren medicamentos que los compren en la farmacia y abonen el precio
íntegramente y a la vuelta pidan el reembolso al Gobierno aragonés. A los
aragoneses que se quejaron, como Rosario Villasana, que lleva treinta y cinco
años veraneando en la costa Dorada, les dijeron que podían presentar una queja…
Eso sí, solo podía ser en catalán.
Es una situación que afecta a varias autonomías. Ante la falta de acción de
la Administración central, tuvo que ser el defensor del pueblo de Navarra quien
en junio de 2011 condenase esta situación. Lo resumió así:
El artículo 1.2 de la Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad,
establece que son titulares del derecho a la protección de la salud y a la
asistencia sanitaria todos los españoles y ciudadanos extranjeros que tengan
establecida su residencia en el territorio nacional. A su vez, el artículo
10.14 de dicha ley dispone que todos tienen derecho a obtener los medicamentos
y productos sanitarios que se consideren necesarios.
A esta queja se sumó en septiembre el defensor del pueblo, esta vez el
nacional de España… Ya sabemos que eso de «nacional de España» queda raro, pero
es que desde que tenemos un país con varios defensores y con varias
nacionalidades uno no sabe cómo escribir las cosas.
Alguien con poder en la Administración ha debido de atravesar alguna de
estas situaciones kafkianas, porque, de lo contrario, no se entiende que los
gobiernos de Aragón y Castilla y León se hayan puesto de acuerdo repentinamente
sobre cómo debe organizarse la atención sanitaria en sus zonas limítrofes. Lo mismo
ha ocurrido entre el País Vasco y Cantabria; o entre Galicia y Castilla y León.
Esta última comunidad, sin embargo, aún no ha sabido entenderse,sanitariamente
hablando, con las lindes vecinas vascas y cántabras. En definitiva: un guirigay
que se traduce en múltiples reuniones entre consejeros. Le contamos una,
elegida al azar. En el Diario Palentino, de Castilla y León, leemos a comienzos
de 2009 que se va firmar un acuerdo para que los 15.000 residentes de la zona
leonesa fronteriza con Cantabria puedan utilizar el hospital Tres Mares de
Reinosa, y a su vez los cántabros de zonas rurales sean atendidos en
ambulatorios cercanos de Castilla y León. Pues bien, en agosto de 2011, más de
dos años después, no hay acuerdo en firme. Tampoco se ha conseguido con el País
Vasco, «por cuestiones políticas». ¿Cuáles son? A saber. En las autonomías
también tienen sus «secretos de Estado».
Al final, deben organizarse de la misma manera en que lo hacía el
Ministerio de Sanidad antes de que se transfiriesen las competencias, solo que
ahora sin él y, muchas veces, sin éxito. Mientras tanto, en un pueblo de
Portugal, Valença do Minho, que hace frontera con Tui (Pontevedra), llenaban
hace unos meses sus calles de banderas españolas en agradecimiento a los
servicios de urgencia que recibían en el pueblo gallego y que no tenían en su
propia localidad. Es decir, los portugueses acceden con más facilidad a la
sanidad española que los habitantes de otras comunidades. Lo dicho: efectos
alucinógenos. Berlanga, ¿por qué te fuiste? Con la de material que tenemos para
ti…
Este verano Paloma pasaba sus vacaciones en Valencia. Su hijo tuvo una
recaída de la enfermedad crónica de riñón que padecía. Al ser ingresado en el
hospital de la Fe, tuvo que describir exactamente cuáles eran las dolencias que
arrastraba el pequeño, la medicación, los productos a los que era alérgico,
etc. Aun así, la amable doctora que le atendió necesitó ponerse en contacto con
el equipo que habitualmente atiende al niño en Madrid. Afortunadamente los
localizó y pudo chequear con ellos algunas dudas de su historial médico. Tuvo
suerte. Imagínese que no hubiera podido encontrarlos, o que la madre, que no es
médico, dudase de algunas cuestiones relacionadas con la enfermedad de su hijo.
Pongámonos en el caso de que el enfermo no fuera un niño ni un adulto, sino una
persona mayor que no conoce los pormenores de su caso.
Para darle el tratamiento adecuado basta algo tan sencillo como que el
doctor que le atiende meta sus datos en el ordenador y acceda a su historial médico.
Pues esto no es posible en España. Los datos médicos no se comparten entre
autonomías…
Mejor cuanto más cerca, solo en el perfume Uno de los argumentos más
repetidos para justificar la creación de las autonomías, sobre todo en el
ámbito sanitario, era el del acercamiento al ciudadano. Un ciudadano que,
asómbrense, es el mismo en todas ellas: sus dos bracitos, su par de pulmones,
su corazoncito... Bueno, algunos políticos ya pusieron en duda hasta esto. Ahí
quedaron para la galería las declaraciones del expresidente del PNV Xabier
Arzalluz asegurando la diferenciación de los vascos del resto de España. En
2000, en una entrevista concedida al diario italiano Il Sole 24 Ore, Xavier
Arzalluz defendía la independencia vasca basándose en la supremacía de los
vascos por su Rh negativo: «No hay racismo en mis palabras. No estoy diciendo
que los vascos tengan derecho a quién sabe qué supremacía. La cuestión de la
sangre con Rh negativo confirma solo que este es un pueblo antiguo que tiene
raíces propias, que son identificables desde la prehistoria». Por cierto, ¿sabe
cuál es el Rh del señor Arzalluz? Positivo.
El caso es que, pese a los políticos, el objetivo es el mismo en todas
partes: que el señor doctor cure al ciudadano que está malito. Para conseguirlo
se han montado diecinueve pequeños ministerios de Sanidad, con todos los
recursos que eso absorbe. Analizar todo lo que hay montado se merece otro
libro: aparte de los diecinueve consejeros (sí, sí, Ceuta y Melilla también los
tienen), hay cerca de noventa directores generales de una parcela sanitaria u
otra, más de cien subdirectores generales… ¿cansado? Pues imagínese si
repasamos comunidad por comunidad:
Madrid, por ejemplo, tiene su Dirección General de Planificación, la de
Ordenación, la de Atención Primaria, la de Hospitales, la de Atención al
Paciente, la de Gestión Económica, la de Sistemas de Información… ¡Pare, pare!
Vamos con otra: La Rioja. Pues más de lo mismo, su Dirección General para todo
en general, su Dirección General de Recursos Humanos, su Dirección General de
Aseguramiento… Todas ellas con sus correspondientes subdirecciones generales,
por supuesto. Y remarcamos esta circunstancia: en La Rioja solo tienen un
hospital.
Todo esto no ayuda a combatir un déficit sanitario que en 2011 se estima en
unos 15.000 millones de euros, tres veces más que en 2006. De ellos, 9.000
corresponden a lo que se adeuda a los proveedores. Esa es la reconocida. Sin
embargo, debido a la opacidad administrativa que impide conocer todos los
datos, otras fuentes apuntan a que la verdadera cifra podría llegar a los
22.000 millones. Vaya, que no encuentran un par de facturas de 7.000 millones
de euros: se les han traspapelado.
Sumergiéndose en esos datos, uno empieza a darse cuenta de lo grande que es
España… por dentro de su Administración. Un buen ejemplo es la Agencia de
Evaluación de Tecnología Sanitaria. Su función, básicamente, es la de probar el
material utilizado en sanidad: desde un escáner hasta una jeringuilla.
Supuestamente, si una tirita funciona, lo hace igual para un gallego que para
un vasco. Eso creíamos hasta que nos encontramos con, al menos, ocho agencias
de evaluación de tecnología sanitaria. Cada una, evidentemente, con su propio y
caro equipamiento de laboratorio. Uno empieza a sospechar que tanto organismo
surge de situaciones surrealistas:
—Jefe, los gallegos han creado un instituto de tecnologías sanitarias
—comenta el asesor de turno en el despacho del consejero.
—¿Y?
—Que nosotros no lo tenemos.
—¡Cómo! No podemos quedarnos descolgados. Vamos, da la orden para que se
cree otro.
Cópialo y ponle otro nombre y envía una nota de prensa para que se entere
todo el mundo.
—¿Con qué dinero?
—No vengas ahora con esas, Contreras. Eso es lo último.
Afortunadamente, dentro de todas estas instituciones predomina el rigor
científico de sus directores de laboratorio y, de momento, parece que no se han
repetido investigaciones sobre el mismo producto. Con tantas agencias no es de
extrañar que España ocupe el segundo lugar de Europa y el cuarto del mundo en
emisión de informes.
Cuantos más datos vamos conociendo, antes surge la duda: ¿para qué se queda
el Ministerio de Sanidad? Pues aparte de algunas competencias residuales, como
en el caso de los medicamentos, más que nada sirve para realizar estadísticas.
Y eso cuando les pasan los datos las respectivas consejerías. Una fotografía
que muestra el poco poder de decisión que le queda al ministerio es la imagen
de Leire Pajín antigua ministra de Sanidad, con chaqueta oscura y suéter rojo,
esperando en una sala de su ministerio. Las comunidades gobernadas por el PP la
habían dejado plantada en una reunión. Si el rey ya tuvo su «por qué no te
callas», en España nos perdemos muchas veces los «ahí te quedas» que les sueltan
los consejeros al gobierno central. La situación debe de tener su aquel, porque
se repite con cierta frecuencia. Los consejeros también dejaron con un palmo de
narices a otro exministro, Bernat Soria. Y no solo ocurre en Sanidad, en los
últimos años ha habido plantones para todas las carteras: Medio Ambiente,
Fomento, Cultura…
Pero bueno, ¿de qué va esto?
¡Qué tiempos aquellos en los que ser ministro era ser ministro! Unos
tiempos en los que, cuando el interfecto entraba en una sala, solo le faltaba un
par de maceros a los lados que anunciasen con voz profunda: «Ha llegado el
señor ministro». Unos tiempos, hablamos de unos diez años atrás, en los que el
ministerio se encargaba de ahorrarnos gastos actuando como central de compras.
Se encargaba de adquirir todo lo necesario para los hospitales, desde aparatos
sanitarios hasta bisturís, y luego lo distribuía. Como excepción, en ocasiones
se permitía a determinados centros hacer algunas compras. El caso es que, como
el volumen de adquisiciones era enorme, el precio por unidad se abarataba.
Además, los proveedores se cuidaban mucho de tratar bien al cliente porque,
prácticamente, era un monopolio de compra, técnicamente (que se note que nos lo
sabemos) se denomina monopsonio.
Pero aquellos tiempos terminaron. En el año 2001 se generalizó el traspaso
de las competencias sanitarias a las comunidades autónomas. Desaparecieron
entonces las «ofertas tres por dos» del supermercado para un solo cliente. Nos
encontramos en una tienda haciendo cola con otros diecinueve clientes más
esperando a ser atendidos. Tampoco hay muchos sitios a los que acudir, porque
las empresas de tecnología sanitaria son pocas. Una alta funcionaria, que hace
un tiempo se encargaba de esa labor en una comunidad autónoma, comentaba lo
siguiente: «A mí me ha llegado a venir un laboratorio que me quería vender unas
determinadas válvulas cardiacas por cerca de 8.000 euros. Después me he
enterado de que, en otro hospital, exactamente la misma válvula, la habían ofrecido
por la mitad. Te mosqueabas y llegaba un momento en que tenías que sentarte y
decir: “Pero bueno, ¿de qué va esto?”».
No solo eso. Lo normal es que todos los hospitales quieran tener sus
propios aparatos y estar a la última, pero como nos señalan algunos compañeros
sanitarios, «muchas veces un aparato de imagen tendría que estar funcionando
veinticuatro horas para que resultara rentable, y lo tienen parado. En
determinadas autonomías no hay una demanda suficiente para su uso, pero se
compra sin que se vaya a utilizar lo suficiente». Algo así como comprar un
coche para dejar que se muera en el garaje y, muy de vez en cuando, sacarlo a
pasear. ¿No sería mejor derivarlo a otro centro? Siguiendo con el símil del
coche, ¿no es preferible que un amigo le lleve? Queda para los anales de esta
historia el momento en que el consejero de Sanidad del País Vasco, Gabriel
Inclán, compró, justo antes de dejar su cargo, 60 millones de mascarillas y 50
millones de pares de guantes por más de… ¡4 millones de euros! Vale que podía
haber gripe A, pero es que al ritmo que se utilizaban anualmente tenían para…
¡cuarenta años! El que llevaba el portafirmas debía de ir temblando por los
pasillos pensando en un ataque nuclear de Rusia o algo por el estilo. Lo que
cuesta creer es que desde que el papel salió del despacho hasta que se
descargaron las mascarillas del camión nadie dijera nada.
—Oye, que en la hoja de pedido dice 110 millones, entre guantes y
mascarillas…
—¿Y qué? ¿Las vas a pagar tú? ¿No? Pues entonces… Lo ha firmado el
consejero, así que tira.
—Hombre, es que 110 millones me parecían muchos.
Así multiplicado por unos diez escalones administrativos, desde el
consejero hasta el mozo del almacén. Es que es igual que el chiste de los pitos
y las flautas. ¿Se acuerda? Dos paisanos que se encuentran en la calle:
—Hombre, Manuel. ¿Cómo te va? ¿Estuviste en la feria?
—Sí, hombre. Me lo pasé muy bien, pero entre pitos y flautas me gasté
200.000 euros.
—¡Pero bueno! Manuel, te has vuelto loco, ¿en qué se te fue el dinero?
—Pues te lo acabo de decir, niño, 100.000 en pitos y 100.000 en flautas.
Pues ya sabe, cambie pitos por mascarillas y flautas por guantes y en vez
de 200.000 euros pongan 4 millones. El resto del chiste no cambia. Pero ojo, un
respeto, que es un chiste con categoría. No todos han sido versionados por un
boletín oficial de la comunidad.
El caso es que, solo por almacenar tal cantidad de material, se abonaban
9.000 euros mensuales de alquiler. ¡9.000! Al final se acabaron subastando
mascarillas y guantes por un total de ¡40.501 euros! Es decir, 3.960.000 euros
más baratos. Frente a las críticas, la Administración justificaba su actuación
defendiendo que se ahorraban los 9.000 euros mensuales de alquiler…
Instrumento de poder
9.400 millones de euros es la deuda que tiene la sanidad española, la de
todas sus comunidades con sus proveedores. Y usted que creía que su hipoteca es
grande... En esa cifra han coincidido políticos, expertos y medios de
comunicación. Otros apuntan a que a esa cantidad hay que sumar un déficit no
declarado, debido a diferencias de criterios contables, de unos 15.000 euros.
Pero quedémonos con los que tenemos claro, los 9.400. De todo ese dineral,
4.400 millones corresponden a la deuda contraída con los fabricantes de
tecnología médica. Otros 5.000 millones se deben por los fármacos dispensados a
los pacientes en los hospitales de todo el país.
Hasta Bernat Soria, exministro de Sanidad, lo dejó claro en un informe: «La
sanidad se ha convertido en un instrumento de poder para las autonomías. Con un
movimiento centrífugo extremadamente acelerado», donde «la búsqueda del voto ha
llevado a inversiones no necesarias, de lujo o ineficientes, hoy difícilmente
sostenibles». Por eso, tanto él como otros exministros de Sanidad estarían a
favor de sustituir el Consejo Interterritorial, ese donde dejaron plantada a la
exministra Pajín, por otro órgano estatal que se encargara de una «cartera de
prestaciones única y de un desarrollo legislativo común para evitar este
galimatías autonómico». Es decir, volver a la etapa anterior para ser más
eficientes.
A cualquier ciudadano medio le dicen que debe más de 9.000 millones, y por
lo menos racionalizaría mejor las compras… Pero las autonomías no solo no lo
han hecho, sino que han aumentado su deuda. En tecnología sanitaria, un 43 por
ciento, según los empresarios del sector, y en fármacos, casi un 10 por ciento.
¿Sabe cuánto tardan en pagarles? La media española es de unos trescientos días.
Según las asociaciones de proveedores, bastantes alcanzan los cuatrocientos
diez días, en Baleares tardan más de seiscientos. Castilla y León tiene casi
tres años de retraso, novecientos días, en el pago a las farmacéuticas. Bien,
¿sabe cuál es el límite legal de la Administración para pagar? Sesenta días.
Hace poco hablamos con José María, es jefe de una empresa que provee de papel
higiénico y gasas para hospitales:
—El problema que tenemos es que nos piden más material que antes. Ahora, me
están haciendo pedidos enormes, cuando aún me deben lo de hace año y medio.
Hacen acopio de material para tener de reserva cuando decidamos no venderles
más mercancía —comenta indignado.
—Bueno, pues deja de servirles y si no te pagan denúnciales —le
contestamos, pensando que era lo que hacía todo el mundo en estos casos.
—Si lo hago me pongo con todos los hospitales en contra. Eso uno. Y dos, si
en su día tuve la suerte, que hoy es una desgracia, de ganar un concurso
público de varios años, tengo que proveerles de material aunque no me paguen
desde el primero. Cuando firmas un contrato conuna empresa pública también
tienes que ofrecerles avales bancarios en caso de que rompas unilateralmente el
contrato. Así se garantizan el suministro y si no les sirves te retiran el
dinero del banco. Y tres, ¿cuánto crees que nos darían si al cabo de los años
conseguimos ganarle el juicio? Un uno por ciento de lo que nos deben. Lo que
más rabia me da es cuando entras en los pedazos de edificios que se han hecho
para las consejerías y a nosotros no nos pagan y no les importa. ¡No les
importa nada!
Nos alejamos de José María con su frustración y las ganas de liarse a
mamporros a flor de piel y pensamos en lo que supondría que en los hospitales
no paguen ni el papel higiénico. ¿Se imagina? Cada enfermo con su bolsa de
suero colgando de la barra de metal y su rollito de papel porque en el hospital
no lo dan. Lo mismo hasta el bisturí lo tiene que traer el enfermo: «Oiga
doctor, después de la operación suba a planta y devuélvamelo, que solo tengo
ese».
Pastillas, pastillas… tengo pastillas
Es una noche oscura en una ciudad cualquiera, por ejemplo de Galicia. El
único sonido que rebota en las paredes de las calles es el chisporroteo de los
neones del club Blue Moon. Poco a poco se desliza por la calzada mojada el
sonido acompasado de unos pies que se arrastran. Es un anciano armado con un
peligroso bastón. ¡Atención! La punta está chapada en metal, lo que le aporta
aún más dureza. Apenas lo levanta del suelo, pero no hay que confiarse. ¡Un
momento!
Su sombra se une con la de otro. Um, esto no nos gusta. Parece que se reúne
con un miembro del grupo enemigo… Ahora se le ve mejor… Confirmado: es uno de
esos activistas de la tercera edad. Sus cuchicheos cortan el silencio nocturno
como una lluvia de cuchillos afilados. La cosa empieza a ponerse fea. Afinamos
el oído:
—¿Qué me has traído, Demetrio? —pregunta el anciano que esperaba—. Te noto
nervioso, ¿te ha seguido la policía? ¿O es que te has hecho un doble agente de
la consejería? ¡Habla! Si lo pasaste mal en el 36 lo que te haré será mucho
peor…
—No te pongas nervioso, Aurelio, por favor, que es el párkinson. Te he
conseguido unas pastillas para la artrosis muy, muy ricas. A mitad de precio
que en tu farmacia. Mira, estas otras para la tensión son de no te menees…
—Buen chico, Demetrio. ¿Ha habido problemas?
—No. Como de costumbre me he cogido el coche de línea, he cruzado la
frontera autonómica y las he comprado en la primera farmacia que he visto.
De momento, es una broma hablar de tráfico de medicamentos, pero como sigan
así las cosas, piense: ¿qué personaje se pide para dentro de unos años,
Demetrio o Aurelio?
Como no podía ser menos, también cada comunidad autónoma regula su sector
farmacéutico.
Cuando usted va a comprar un medicamento recetado por el médico, parte
corre de su bolsillo y parte va a cuenta de su comunidad. Dentro de unos
límites, eso sí. El Estado se reservó, a través de la Dirección General de
Farmacia y Productos Sanitarios (DGFPS), la competencia de fijar precios para
que accedamos en iguales condiciones a los medicamentos. Con esto se quiere
evitar que dentro de nuestro país haya tráfico de fármacos. Sin llegar a este
extremo, ha habido episodios que dan qué pensar. En noviembre de 2006 la
Comunidad Valenciana anunció que no pagaría las recetas de medicamentos
firmadas en otras autonomías. La Generalitat Valenciana arguyó que se estaba
dispensando un número muy importante de medicamentos a geriátricos de
localidades fronterizas. Esos fármacos se iban a ciudadanos que no son
valencianos y, por tanto, también se iba parte del dinero con el que la
Generalitat Valenciana subvenciona sus medicinas.
La actual crisis económica, en cualquier caso, ha hecho que esa igualdad de
la que hablábamos antes empiece a hacer aguas. Galicia, por ejemplo, excluye de
su listado de medicamentos financiados cuatrocientos veintisiete fármacos que
sí son subvencionados en el resto de España.
La medida se recurrió en el Tribunal Constitucional y está a la espera de
sentencia. Andalucía, por otro lado, quiere sacar a concurso público las
medicinas más demandadas, para que sea el laboratorio farmacéutico que las
fabrique más baratas quien se encargue de proveerlas. El ministerio, de
momento, deja hacer.
Muchas de las comunidades tienen su propia Comisión de Evaluación de
Medicamentos, que decide cuáles son apropiados o no, o cuáles saca de las
farmacias para que sean administrados
exclusivamente en los hospitales. De esta forma dibujan su propio mercado
farmacéutico. Esto de su propia Comisión de Evaluación recuerda la anécdota de
Arzalluz que contamos páginas atrás. Quizá la misma aspirina para el dolor de
cabeza no siente bien al andaluz y al riojano le vaya de miedo. El caso es que
estas comisiones nos dan idea de los pasillos tan grandes que puede tener la
Administración.
Si elegimos una consejería al azar, la de Valencia por ejemplo, veremos
cómo dentro de ella está la Dirección General de Farmacia y Productos
Sanitarios y dentro de esta, comisiones y comités diversos. Alto, hagamos una
pausa para recordar la escena del camarote de los hermanos Marx.
Téngala ahora presente porque allá vamos. Abramos la puerta de comisiones y
comités de la Dirección General de Farmacia, a ver cuáles son. Se nos echan
encima el Comité Evaluador de Reacciones Adversas a Medicamentos; la Comisión
de Catalogación de Productos Sanitarios a Efectos de Sistema de Vigilancia de
Productos Sanitarios; la Subcomisión de Sillas de Ruedas Eléctricas; el Comité
Asesor de Adquisición de Productos de Osteosíntesis; la Comisión Ejecutiva
Reguladora de la Prestación Ortoprotésica; el Comité Asesor para el Tratamiento
de la Espina; la Comisión de Seguimiento del Convenio suscrito el 10 de marzo
de 2009 con la Agencia de Salud; el Comité Asesor para la utilización de la
Hormona del Crecimiento y Sustancias Relacionadas; el Comité Asesor para la
utilización del interferón ß en el tratamiento de la esclerosis múltiple… Son
cuatro renglones donde explican un acuerdo sobre diabéticos. Si no se cree lo
que le decimos, consulte la página web de la Generalitat.
Respiramos hondo y continuamos: la Comisión Mixta Central de Seguimiento
(así, sin más); la Comisión Mixta de Seguimiento del Convenio TOD; el Comité
Autonómico de Estudio; la Comisión de Seguimiento del Concierto AERTE; la
Comisión de Seguimiento del Concierto RENOVA… Quédese tranquilo. Lo hemos
comprobado: no han creado una comisión para el papel higiénico. Pero también
están la Comisión de Baremación de Adjudicación de Nuevas Oficinas de Farmacia;
la Comisión de Actualización del Mapa Farmacéutico; la Comisión Paritaria del
Convenio… En fin, nos rendimos, no podemos más. Si con lo que se le ha caído
encima no ha tenido bastante, le podemos abrir el camarote de otras
comunidades… y esto sí que es una realidad.
Hasta el presidente de los farmacéuticos hospitalarios, don José Luis
Poveda, reconoce la falta de equidad de acceso a medicamentos según la
comunidad autónoma de residencia. En los hospitales la selección de fármacos a
comprar no es la misma y depende de cada autonomía:
«Esta fragmentación provoca que se encuentren sujetos afectados por una
misma enfermedad que acceden o no a su medicación en función del lugar donde
residen», explica. Un sanitario, trabajador de un hospital de referencia
nacional en lesiones medulares, nos cuenta que en ocasiones se encuentra con
«pacientes que, una vez que regresan a su comunidad de origen, dependiendo de
cuál sea, se les proporcionan o no elementos tan vitales como respiradores, o
piezas de marcapasos. Si no se lo proporcionan, al final el paciente se compra
una de su bolsillo, y si no le llega, va tirando con lo que le proporcionamos
en el hospital».
Shopping farmacéutico
Los tiempos cambian, y no solo para los ministros. Antiguamente conseguir
una licencia para un estanco o una farmacia solucionaba la vida y contribuía a
que más de uno se forrase. Incluso se oía el runrún de cómo los enchufados
habían conseguido la licencia. Ahora lo que se escucha en algunas comunidades
es, más bien, el crac-crac de los enchufados a la ruina.
Ya hemos comentado que, cuando uno acude a una farmacia con una receta
expedida en la sanidad pública, lo más habitual es que una parte del
medicamento en cuestión esté subvencionado por la comunidad. De hecho, el 30
por ciento de la factura sanitaria se debe al pago de medicamentos. El caso es
que el procedimiento implica que la farmacia se haga cargo del importe hasta
que la Administración lo cubra, pero, tal y como funcionan las cosas, quizá
más que en ningún otro sitio aquí se escuche aquello de «te lo pago fijo el
próximo mes, seguro».
De eso saben mucho las farmacias de Baleares, La Rioja, Valencia y Murcia,
donde se les paga con seis meses de retraso, y, cómo no, las de Castilla-La
Mancha. Estas llegaron al límite e hicieron una huelga de seguimiento
mayoritario en agosto de 2011. ¿El objetivo? Reclamar los casi 200 millones que
les adeudaba la consejería. Como respuesta los huelguistas recibieron un
expediente sancionador con multas de 3.000 a 15.000 euros por considerar que su
protesta era ilegal. Algunos, aseguran, están al borde de la ruina: su deuda
con los laboratorios que les suministran es de unos 25.000 euros. Pero he aquí
que la normativa autonómica, recordemos que somos los que más leyes regionales
producimos en Europa, recoge normas que prohíben hasta arruinarse. Según Javier
Hernández Pascual, director general de Calidad, Planificación, Ordenación e
Inspección de la Consejería de Sanidad de Castilla-La Mancha y encargado de
resolver el problema, la legislación vigente sobre farmacias «no contempla el
cierre del establecimiento por motivos económicos». Así que no queda más
remedio que aguantar hasta que empiecen a pagarles… o hacer como hicieron en
Castellón, cuando el Colegio de Farmacéuticos decidió cerrar tres días en señal
de protesta.
Tampoco la situación pinta muy bien para las farmacias de Baleares, y eso
que su presidente, José Ramón Bauzá, es farmacéutico de profesión. Algunos de
los profesionales con los que hemos hablado afirman estar «al borde de la quiebra»,
porque la Administración autonómica lleva tres meses sin pagar sus facturas.
«Llevamos adelantados unos 85.000 euros y los bancos no se fían de nosotros».
¿Cómo le afecta todo esto a usted, ciudadano de a pie? Pues como sigamos así,
algunas farmacias han anunciado que no podrán proporcionar los medicamentos más
caros, como los que se utilizan para combatir el cáncer.
Quien espera desespera
¿Se acuerda de los venerables ancianos del apartado de pastillas? Pues se
conocieron en la sala de espera de su médico de atención primaria. Se veían
casi a diario:
—Hombre, Demetrio, ¿qué tal?
—Fastidiado, ya sabes, Aurelio, fastidiado con mi párkinson. ¿Qué tal tú
con ese dolor en el pecho?
—Así, así —respondió, a la vez que se giraba en su asiento hacia una
anciana que se acababa de sentar a su lado.
—Manuela, ¿y usted qué tal?
—¡Ay, hijo! Ya sabes que mi cadera me mata.
La conversación se extendía hasta que llegaba el turno de alguno de los
tres.
—Bueno, pues hasta mañana. ¡Y a mejorarse!
Pero un día se encontraron solo Aurelio y Demetrio.
—Aurelio, ¿qué tal con tu párkinson? Por cierto, ¿dónde está Manuela?
—Pues hoy no ha podido venir… Está mala.
Este chascarrillo a medio camino entre el chiste y la realidad se cuenta en
muchos consultorios para ilustrar el abuso que a veces hacemos de nuestra
sanidad. Estamos en el cuarto puesto entre los países desarrollados que más
visitamos al médico, y producimos un gasto de 1.626 euros de media por persona.
Sin embargo, el problema que tienen las medias es que son engañosas porque dan
una imagen de igualdad que realmente no existe. ¿Sabía, por ejemplo, que
dependiendo de la comunidad autónoma los tiempos para ser atendidos en una
urgencia son diferentes? Y uno que creía que romperse la cabeza era lo mismo en
todas partes. La media estatal de tarjetas sanitarias asociadas a cada médico
de familia en el año 2006 fue de 1.466. Castilla y León es la comunidad con menor
ratio (920 tarjetas por médico), mientras que las Islas Baleares la doblan
(1.859 tarjetas por médico). A partir de ahí, el mundo de las pruebas y de los
especialistas cambia constantemente. Las tasas de los TAC son completamente
diferentes en una comunidad que en otra. Hasta las visitas a los especialistas.
Otro caso, este en Madrid: «Mi hija tiene un problema de tiroides, tienen que
hacerle las pruebas y, luego, depende de que la vea un endocrino para ponerle
tratamiento. La cita es para dentro de cinco meses».
¿Son quejas aisladas? Es lo que siempre nos hemos preguntado a la hora de
incluir cualquier testimonio en este libro. De nuevo parece que no. Un estudio
de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) de 2008 ya lo apuntaba.
Para obtener la primera cita con el especialista la espera media es de
cincuenta y siete días. No existen grandes diferencias de una especialidad
médica a otra; sin embargo, sí existen en los valores obtenidos en cada
comunidad autónoma. La situación más grave se da en Canarias, donde los
pacientes esperan, de media, ciento setenta y siete días para ser atendidos. A
esta región le siguen Cantabria, con cien días de espera, y el País Vasco, con
noventa y siete. Cataluña es una de las que tiene una mayor demora quirúrgica, de
varios años en algunos casos. En Barcelona, por ejemplo, un usuario apunta que
su padre, con un problema de próstata, «tiene que esperar para que le vea el
urólogo aproximadamente seis meses. Después le hacen análisis y tenemos otros
seis meses de espera hasta que vuelven a verle. Si le tienen que hacer una prueba de flujometría urinaria, otros siete meses».
¡Ay, Cataluña! Lo que le sobra a
Cataluña es el bisturí con el que Mas está recortando los servicios sanitarios.
Han cerrado la mitad de sus ciento ochenta y seis ambulatorios,eliminado algunos
empleos temporales y suprimido ambulancias en algunos pueblos. Incluso hay
zonas donde una sola doctora atiende toda la noche a los nueve mil habitantes
de sesenta pueblos dispersos en un radio de ochocientos kilómetros. Ocurre en
Lleida, en El Pont de Suert.
Abrir un ambulatorio formaba parte, en muchos casos, de la propaganda de
poder de una comunidad, como nos señalan desde algunos sindicatos catalanes:
«Abrir un centro de salud era un éxito, aunque algunos no funcionen
adecuadamente por falta de personal o de recursos. De hecho, nosotros pedíamos
su cierre, pero la Generalitat se negaba. Ahora, no solo se cierran esos, sino
también los que más se necesitan, por el dinero que se malgastó en los
primeros». Porque el despilfarro se ha producido por todas partes.
Llamamos a un amigo médico, especialista en un hospital de Ciudad Real. Nos
habla del centro donde estuvo hasta el verano de 2011. «Lo construyeron a
treinta kilómetros de otro que ya funcionaba. El caso es que está
infrautilizado. Teníamos un escáner para los TAC, que supera el millón de
euros. Pues lo teníamos muerto de risa, apenas se utilizaba un 5 por ciento.
Cuando tiene que ser un aparato que para amortizarlo tienes que utilizarlo al
ciento por ciento, todo el día».
En otros casos quien está por debajo de su rendimiento no es un único
aparato de ultrasonidos, sino todo el hospital. Ahora bien, a ver quién es el
político que se atreve a asumir el coste electoral de retirar a los ciudadanos
de una población un centro sanitario, sobre todo cuando quien lo construyó era
del partido contrario…
Luego están los hospitales prometidos durante la precampaña. Por ejemplo,
en mayo de 2003, justo antes de las elecciones municipales, el entonces
presidente de la junta Manuel Chaves prometió un hospital en Málaga, que
prestaría servicio a las localidades de Fuengirola y Mijas.
Los dos pueblos de la costa del Sol suman más de ciento veinte mil
habitantes, cifra que se dispara en verano. El caso es que en enero de 2012 el
hospital sigue sin aparecer y eso que los ayuntamientos regalaban el terreno.
Sus alcaldes están hartos de reclamarlo a la junta y los vecinos de recoger
firmas para que lo construyan. ¿Qué le dirá José Antonio Griñán, presidente de
Andalucía, cuando se cruce en Sevilla con Manuel Chaves, su predecesor en el
cargo?
—Manuel, quillo, que no me dejan en paz los alcaldes de la costa del Sol
con el dichoso hospital, ¿cómo se te ocurre prometer un hospital y encima que
se iba a inaugurar en 2009?
¡Manuel, hombre!
—Pepe, ya sabes cómo son estas cosas. Estás de campaña, que si mitin
arriba, mitin abajo, te vas calentando, te envalentonas, y arsa, arsa, venga,
venga… ¿Que quieren un hospital? Pues ea, hospital prometido. Se me escapó,
Pepe, ¿qué quieres que te diga?
Se le escapó, varias veces, pero bueno, que no vuelva a ocurrir. Si alguien
se imagina otra conversación entre ellos dos que lo diga, pero el caso es que
el resultado es el mismo: ni rastro de hospital.
En ese caso lo prometió una persona. ¿Pero puede haber promesa de mejora
sanitaria hecha por personas distintas y partidos diferentes? Pues sí, la
ampliación del hospital de Salnés, en Pontevedra. Se lo han prometido cinco
veces. Desde finales del gobierno de Fraga, sobre el 2005, pasando por el PSOE
y con vuelta al PP, todos prometieron agrandar el centro. ¿Qué hacen en campaña
electoral los partidos? ¿Tienen el mismo discurso para los mítines y luego se
hacen fotocopias y se los pasan? ¿Se imagina cómo tiene que ser la redacción
del programa electoral?:
—Contreras, a ver, dime, ¿qué cuento hoy? —le diría el candidato a su jefe
de campaña.
—Esto y lo otro, y no se le olvide decir que va a ampliar el hospital.
—Ya, Contreras, pero ¿no canta ya mucho esto? Al final, el votante se va a
dar cuenta de que se la queremos colar de nuevo.
—Que no, señor candidato. Lo que no puede hacer es no prometer lo que los
otros prometen.
Además, usted lo dice, lo anuncia y cuando se pongan a aplaudir tape el
micro con la mano y diga bajito, para que nadie le oiga: «Retiro lo dicho.
Retiro lo dicho», y cruce los dedos debajo del atril. Así no cuenta como
promesa. Luego, cuando le pidan cuentas los periodistas diga que, como siempre,
se sacaron de contexto sus palabras.
—Qué buena idea, Contreras. Así me quedo con la conciencia más tranquila.
La publicidad cuenta mucho en sanidad. Demasiado. Tanto es así que uno de
los mayores problemas que existe es la credibilidad de los datos que nos
ofrecen las diferentes comunidades y la forma en la que se recaban. Por
ejemplo, los criterios con que se elaboran las listas de espera para
intervenciones quirúrgicas no urgentes, ese 40 principales de la sanidad
española, donde todos quieren aparecer en el número uno. Lo normal debería ser
que contase el tiempo a partir del día en que el especialista prescribiera la
intervención. Pues bien, varios abogados expertos en derecho sanitario nos
dicen lo siguiente: «Hemos probado que algunas comunidades empiezan a contar
los días de espera para la intervención no desde que lo diagnostica el
especialista, sino desde el momento en que al paciente le ve el anestesista. En
otros casos, desde que se incluye en un registro que controla la consejería.
Hay casos en que, cuando se echa el tiempo encima, solicitan una reevaluación
del caso y empieza el contador a cero. También si te desvían a un centro
privado y el paciente no lo quiere, porque confía más en lo público, vuelve a
empezar tu tiempo de espera», señala uno de ellos.
Pero también se han encontrado con casos en que «lo que hacen es comunicar
la fecha de operación en periodos de vacaciones o en los que saben que va a ser
más difícil localizarte. Si finalmente no lo consiguen, como es de esperar,
pasa turno a otra persona». De seguir con ese método llegaremos a las listas de
espera reducidas a segundos. Empezarán a contar desde que el médico, con la
mano abierta, dice «bisturí», hasta que la enfermera se lo pasa.
La manipulación de las listas es un tema tabú en las consejerías. Se juegan
el prestigio ante el resto de las autonomías y no se permite que se pongan en
duda. Una doctora de Granada, Socorro Ricoy, lo hizo y denunció la manipulación
de las listas de espera. A partir de entonces, «le quitaron sus funciones
laborales». Así reza la sentencia de febrero de 2011 que condenó en primera
instancia a la junta por «acoso laboral» contra la doctora.
La cuarta pata del Estado cojea
La Ley de Dependencia ha supuesto un hito en los derechos sociales, ya que,
al menos en el papel, universalizó la ayuda a las personas dependientes, igual
que la sanidad, la educación y las pensiones. Sobre el papel, porque en la
realidad, surgen las dudas. Lo sabe bien Lola Lamas,
pensionista y madre de Jorge Naviera, un joven fortachón de treinta y seis
años, ochenta y tres kilos y 1,74 de estatura. Su constitución debía de hacerle
de los más respetados en el cuartel cuando Jorge era militar. Fue la época en
la que empezó a sentir los primeros síntomas: al formar, perdía el equilibrio y
se inclinaba a los lados, algo que pasaba cada vez con más frecuencia. El
diagnóstico final fue ataxia cerebelosa, una enfermedad degenerativa que no
tiene tratamiento. Su discapacidad es del 75 por ciento. En el Ejército le
dijeron que no se hacían cargo.
—No puede ponerse de pie sin mi ayuda, estoy pegada a él todo el día. Le
tengo que dar de comer, le lavo, todo —comenta Lola.
—Y si tienes que salir a hacer algún recado, ¿qué haces?
—Se viene conmigo, y si no puede, no salgo. No puede estar solo nunca. Si
se pone de pie se cae. Ahora tiene toda la cara raspada porque se cayó hace dos
días en el porche, y si cae lo hace a plomo. Como no tiene equilibrio, no sabe
si se cae, no pone las manos. No te creas, que ya se rompió un pie y también
una pierna cuando fue solo al baño.
—¿Cómo está él?
—Tiene sus depresiones porque sabe que no se puede valer por sí mismo. En
la piscina donde hace rehabilitación, si está solo, se hunde.
A Jorge le aprobaron hace cinco años su ayuda para dependientes, pero no se
la dieron. Aún sigue esperando: «Voy a Servicios Sociales y siempre me dicen lo
mismo, que están estudiando el expediente de mi hijo. He ido al defensor del
pueblo de Galicia, pero no ha servido de nada».
La Xunta reconoce que en su comunidad hay dieciocho mil dependientes graves
como él a la espera de cobrar su prestación. Seguramente si hubiese nacido en
otra comunidad, Jorge podría
tener una asistenta que daría un par de horas libres a su madre. Aunque
también podría haberle ido peor. Galicia, de momento, está en la media española
de Atención al Dependiente. En 2011 Canarias era la peor clasificada y
Castilla-La Mancha la mejor.
En España hay un total de un millón de personas que dependen de algún
familiar para poder vivir, pero cerca de trescientas mil, como Jorge, aún no
reciben la ayuda a la que tienen derecho.
Es decir, desde que se promulgó la ley, siguen sin cumplirse los plazos de
entrega de ayuda.
Todas las autonomías sin excepción se quejan de que el Estado no les da el
dinero correspondiente. Las comunidades autónomas aportan al sistema un 52 por
ciento de lo que cuesta y los usuarios, mediante el copago, un 14 por ciento,
la Administración general contribuye con el 34 por ciento del coste restante.
Nuevamente es en las cantidades que aporta cada comunidad autónoma donde se
nota la diferencia. Así, si cada riojano da 183 euros al año para atender a
dependientes, en Canarias el aporte es de 32,50. Tanto es así que, según el
Observatorio de la Implantación de la Ley de la Dependencia, algunas
comunidades «pueden incluso llegar a hacer caja con la aportación central». Eso
es lo que dice el informe elaborado por la Asociación Estatal de Servicios
Sociales.
Ganar dinero o perderlo, porcentajes, déficit, diferencias autonómicas,
carreras electorales a costa de nuestra salud… Nuestra sanidad tiene pronóstico
reservado, esperemos que no llegue a entrar en coma.
Capítulo VIII. MAL EDUCADOS
Zaragoza. Junio de 2011. Una treintena de alumnos de sexto de primaria
llegan acalorados del recreo. Es la hora de conocimiento del medio. Hoy tienen
examen de evaluación.
—Venga, chicos, sentaos… —El profesor comienza a repartir los folios de la
prueba boca abajo, sobre los pupitres. El aula se queda en silencio. Los
alumnos se disponen a contestar.
«¿Quién fue el primer presidente de la democracia?». Juanito lo tiene
claro. Lo ha escuchado mil veces en casa, está seguro. «Fue Adolfo Suárez».
Juanito ha aprobado al cien por cien.
Dos días después el profesor llega con los exámenes. Juanito está
suspendido. En la pregunta anterior debería haber respondido que Felipe
González en 1982. ¿Por qué? Porque según su libro de texto con Suárez no había
democracia.
¿Cree que esto es mentira? Pues no, es verdad de la buena. Según el libro
de texto de Juanito, «en 1982, el PSOE ganó las elecciones y comenzó la época
de la democracia». Así lo interpretó un profesor y por ello suspendió la
pregunta a sus alumnos. Desde la editorial aseguraron que no tuvieron ninguna
queja formal del manual y que sus contenidos pasan estrictos controles por
parte de expertos. Insisten en que es muy complejo sintetizar períodos
históricos muy amplios y hacerlos comprensibles para niños de once y doce años.
Otra cosa: ¿sabe por qué no hay quejas?
Porque la mayoría de los profesores nunca han llegado a ese tema a final de
curso, así que, como no lo han dado, pues no hay error.
Lo de no llegar a estudiar nunca el período histórico reciente es un
clásico de nuestro sistema educativo. Independientemente del curso en el que se
esté y de la comunidad a la que se pertenezca. Preguntamos a la sobrina de uno
de nosotros si sabía quién era Adolfo Suárez. Ella respondió que sí, que se lo
había escuchado a sus padres. La chica tiene diecisiete años, vive en Valencia
y nadie le ha explicado cómo fue, ni quiénes fueron los protagonistas de
nuestra transición, porque es en segundo de bachiller cuando se estudia la
historia de España. Antes nada de nada, solo historia del mundo… Entonces le
preguntamos: «Si has dado historia del mundo, ¿puedes decir quién es
Gorbachov?», a lo que respondió que ni idea, que no lo habían dado. Por cierto,
su nota media es de 9,3 sobre 10, la número uno de su curso.
A setecientos kilómetros de allí, en Bilbao, la hija de unos amigos, de
dieciséis años, no supo responder a una pregunta muy básica: ¿cuál es la ley
más importante que tenemos los españoles y que garantiza la igualdad de todos
nosotros? Cuando le dijimos que es la Constitución, preguntó si estaba por
encima o por debajo del Estatuto del País Vasco.
¡Vaya, lo del Estatuto sí que se lo sabía al dedillo! ¿Sabe por qué? Porque
en cada lugar se estudia lo que interesa. ¿Podría decirme cuántos programas
educativos hay en nuestro país? A estas alturas dirá que diecinueve, los que
corresponden a cada una de las diecisiete autonomías y de las dos ciudades
autónomas. Pero ahora les tenemos que decir que no, que son muchos más.
Nuestra educación está inmersa en un proceso de divorcio administrativo
eterno. Solo en el País Vasco hay tres modelos, en la Comunidad Valenciana seis
más, que además se dividen en diecinueve subprogramas distintos, en valenciano,
a medias, en castellano, solo una en valenciano, todas en valenciano menos
una... Y así en todas las autonomías con lengua propia.
¿Y qué pasa con esto? Que su hijo, si es de un sitio, aprende unas cosas, y
si es de otro sitio, aprende otras. Eso, cuando no desaprende.
En noviembre de 2007, Manuel Romero publicó en el periódico El Mundo un
excelente trabajo de investigación. El estudio estuvo rodeado de polémica. Lo
que hizo fue comparar qué contenidos tenían los libros de texto que iban
dirigidos a los alumnos de diferentes autonomías.
El artículo no tiene desperdicio:
Un joven de dieciséis años de Bilbao puede concluir sus estudios sin que en
sus libros hayan mencionado la Constitución Española, la figura del rey, los
símbolos del país al que pertenece o las protestas contra el terrorismo de ETA.
En Barcelona, un joven puede rebuscar en su libro el Siglo de Oro y no
hallarlo. O interesarse por los Juegos Olímpicos del 92, el mayor
acontecimiento internacional y deportivo celebrado en su ciudad, y solo
encontrar que «fueron el punto álgido en la reconstrucción nacional (de
Cataluña)». De la lluvia de medallas y del oro que España logró en fútbol en el
Camp Nou, ni una palabra. Pero sí un extenso ejercicio para la asignatura de
Lengua Catalana con la simulación, por parte del alumno, de la retransmisión
radiofónica de la final de la Copa del Mundo entre Brasil y Cataluña.
En otro extremo de España, una chica de Huelva estudiará la Guerra Civil
como si se tratara de una invasión de Andalucía por parte de fuerzas de
ocupación y, simultáneamente, un niño de La Coruña leerá en su manual de Lengua
que en Cáceres el gallego no goza de protección.
Este es nuestro particular puzle educativo. Yo te enseño de lo mío, lo tuyo
no me importa, y de lo común, pues ya lo aderezamos al gusto de cada uno. A día
de hoy, todas y cada una de las editoriales que publican libros de texto tienen
en sus páginas web apartados diferentes para cada autonomía. Está claro que
cada alumno deberá estudiar la historia propia de su lugar de nacimiento y
residencia, pero ¿qué pasa con las materias comunes, con la historia de España?
Eso cuando la palabra España no se cae de las páginas. Nos remitimos otra
vez al estudio de Manuel Romero, esta vez comparando un libro de segundo de
bachillerato de Historia para un alumno catalán y otro de un territorio
diferente:
El editor va eliminando el término con tenacidad hasta convertir el manual
en la historia de un país sin denominación. Como el resto de editoriales, sigue
las instrucciones de la Generalitat de Cataluña, que marca que la asignatura se
denomine Història a secas.
En el interior, la formación de España pasa a llamarse Dels orígens a la
modernitat. España en la Europa moderna se convierte en De l’Antic Règim a la
revolució liberal. España en el mundo de entreguerras se transforma en De la
Restauració a la guerra civil. España durante el franquismo se sustituye por El
franquisme, la transició i la democràcia.
Desde la Asociación Nacional de Editores de Libros y Material de Enseñanza
(ANELE), su director José Moyano contestó al periodista de El Mundo que una
frase que había dicho en su artículo merecía una rectificación, la sentencia
era la siguiente: «Las editoriales cambian los libros escolares a gusto de los
nacionalistas». El director aclaró que las editoriales se limitan a seguir la
legislación elaborada por las comunidades autónomas y que estas deben respetar
el 30 por ciento exigido de enseñanzas mínimas del Ministerio de Educación.
Y aquí viene lo bueno. ¿El 30 por ciento de lo que dicte el Ministerio de
Educación? ¿El 70 por ciento de lo que dicten las autonomías? En conclusión,
que los 13.231 libros de texto que se han publicado en 2011 dirigidos a siete
millones de alumnos, los han revisado en última instancia los políticos.
Estudiamos lo que ellos nos dejan estudiar. Las competencias están transferidas
al completo, las autonomías hacen y deshacen en educación mientras el
ministerio y su 30 por ciento de influencia no puede hacer más que quedarse con
los brazos cruzados.
—Buenos días, Contreras. —El asesor especializado de la Consejería de
Educación entra al despacho con paso ligero.
—Buenos días, jefe.
—Tráigame el libro de segundo de bachiller que ha llegado de la editorial
esta mañana.
—¿Lo va a corregir ahora?
—Sí, me siento inspirado.
Unas horas después el asesor le devuelve el libro a Contreras.
—Llévelo a la editorial, ya está para que lo puedan publicar. ¡Mira que les
tengo dicho que en los mapas pongan las siete provincias de Euskadi, y siempre
se les olvida Navarra!
—Es que el editor es de Pamplona…
No sabemos si así es como se cuaja el embrollo en el que se está
convirtiendo nuestra educación.
Pero sí que lo que estudian nace del despacho de un político. Ahora se
entiende cómo en Aragón,
cuando un niño tiene que hacer un trabajo en su libro de geografía, las
puede pasar muy canutas:
—Hoy, chicos, quiero que me hagáis el ejercicio de la página 34. Colocar
los ríos de Aragón.
Sobre todo su nacimiento.
—Pero, señorita, si no aparece en el mapa.
Exacto, hay libros que cuando explican la demarcación geográfica de su
comunidad la aíslan del resto de España. Un estudio de varios catedráticos de
la Universidad de Zaragoza sobre libros de texto de primaria en Aragón demostró
que a veces a nuestros chavales les ofrecemos unoscontenidos que nada tienen
que ver con la realidad. Entre ellos el experto Enrique García, decano de esa
universidad, expone lo siguiente:
Algunos libros incurren en contradicciones ingenuas (…). Una actividad
consiste en rellenar un cuadro impreso relativo a los principales ríos de
Aragón, de cada uno de los cuales debe anotar el alumno, fijándose en los mapas
del propio libro, el nacimiento, la desembocadura y los principales embalses;
los mapas presentan Aragón de la forma aislada que se ha indicado y dos de los
ríos incluidos en el cuadro son el Ebro y el Mijares, cuyas desembocaduras,
evidentemente, no aparecen en los mapas, como tampoco el nacimiento y algunos
de los principales embalses del Ebro.
Y esto no es nada. Al juntar varios libros de diferentes editoriales se
encontraron lo siguiente:
Se cita entre las producciones primarias aragonesas la remolacha azucarera,
cultivo abandonado hace décadas; citan la producción de hierro de las minas de
Ojos Negros, cerradas en 1986; se atribuye a los yacimientos del Serrablo las
tres cuartas partes de la producción de gas natural español, cuando en realidad
fueron abandonados, por agotamiento, en 1990; dice que el ganado ovino suele
practicar la trashumancia, que hoy es una práctica residual.
Nuestros jóvenes estudian rodeados de estereotipos, bajo la influencia de
los que nos gobiernan.
Los libros de texto son un arma fundamental para el desarrollo futuro de
sus habitantes, hasta los propios editores claman por un modelo común para
acabar con las desigualdades y desequilibrios de las diferentes políticas
educativas que conviven en nuestro país.
Más dinero por lo mismo
Una familia andaluza no paga ni un euro por los libros de sus hijos. Se los
entregan en el centro y los devuelve al final del curso. En Asturias más o
menos el 50 por ciento del alumnado puede acceder a las subvenciones de 104
euros en primaria y 140 en secundaria. En Cantabria es lo mismo, pero ofrecen
120 y 170 euros respectivamente a las familias. Eso sí, se estima que llegan a
un 75 por ciento del alumnado. En Castilla-La Mancha son gratis totalmente. En
Galicia nada de nada: Feijóo, su presidente, llegó y suprimió el sistema de
préstamos.
¿Por qué todos estos datos? Porque el gasto medio de cualquier familia con
un hijo en período escolar supone 700 euros al inicio de curso. Así que, otra
vez, depende de donde viva usted para que se rasque más o menos su bolsillo por
lo mismo. Ello a propósito de un derecho fundamental como es la educación.
No solo son los libros. Los horarios y el calendario escolar tienen mucho
que ver. Pongamos un caso práctico: Miguelito vive en Asturias, tiene cuatro
años y sus dos padres trabajan en horarios complicados. Comienza el colegio el
12 de septiembre y lo acaba el 20 de junio. María tiene la misma edad pero vive
en La Rioja. Sus dos papás también trabajan todo el día. Su curso comienza el 8
de septiembre y acaba el 25 de junio. He aquí la diferencia, aparte de que la
formación será menor en un sitio que en otro, los padres de Miguelito tendrán
que gastarse el dinero en alguien que le cuide esos diez días de más que no
tiene colegio, un gasto extra por vivir en la comunidad donde más tarde
comienza el curso y donde antes acaba.
Eso en los colegios públicos. ¿Pero qué pasa cuando tiene que elegir un
concertado sí o sí? Es el caso de Pedro, un vecino del barrio de Ciudad Lineal,
en Madrid. No tiene familia que se pueda hacer cargo del pequeño de ocho años
cuando él tiene que viajar y su mujer tampoco puede desatender sus obligaciones
laborales. Por eso ha tenido que escoger un colegio concertado que le cuesta 50
euros al mes, porque el público que les toca no tiene horario ampliado, es
decir, la opción de poder dejar a su hijo antes de las nueve de la mañana, que
es la hora de entrada. En el concertado sí que les permiten dejarlo a las ocho,
eso sí pagando, cómo no, un poco más de los 50 euros mensuales.
Lo de los colegios públicos que corresponden por zona y los concertados es
una ciencia casi de ficción. Aquí las demarcaciones municipales pueden jugarnos
una mala pasada. Una familia de Entrepinos, en la urbanización del municipio de
Simancas, en Valladolid, contaba que meter a sus hijos en un centro le ha
supuesto un quebradero de cabeza monumental: «Si la admisión la rige la Junta
de Castilla y León, ¿por qué se separa por municipios? Un alumno que viva en la
zona 5 de Valladolid tiene, entre centros públicos y concertados, más de
dieciocho colegios para elegir. Nosotros, que vivimos enfrente, no pertenecemos
a esa zona, sino a Simancas; tenemos los colegios enfrente, pero no puedo
llevar a mis hijos. El colegio que me corresponde está a treinta minutos de
viaje. Eso el colegio público. Si quiero llevarlos al concertado que me toca y
está más cerca, es uno extremadamente religioso y ahí no los quiero llevar».
No les gusta la ideología del centro, ni que separen a los alumnos por
razón de sexo. Pero además no quieren pagar más por culpa de que
administrativamente la división territorial está como está. Esta situación se
da en muchos otros lugares. Lo que está haciendo la gente es empadronarse en
otros municipios, en casas de amigos y familiares, para optar a una plaza donde
les interesa.
Una mujer de una localidad cercana a Badajoz nos decía lo siguiente: «Yo he
tenido que empadronarme en casa de mis tíos, que viven a cuarenta minutos en
coche de un centro que yo tengo cruzando la calle, para poder llevar a mi hijo
ahí. ¡Me tengo que empadronar en otra casa diferente a la mía para acudir a un
centro que tengo al lado de mi casa! No lo entiendo. Y encima las plazas están
muy solicitadas, hay vecinos que están contratando a detectives privados para
destapar empadronamientos falsos, me siento como una delincuente, pero si no va
a ese colegio yo no llego al otro, y tendría que dejar mi trabajo».
Esto se ha convertido en una película de suspense, con detectives de por
medio, con situaciones delictivas… Esto es lo que pasa entre localidades dentro
de una misma comunidad; entre autonomías diferentes, ya se puede imaginar.
Incomunicados por la Administración
Las administraciones autonómicas no están obligadas a hacer un seguimiento
de la situación de un menor si este se traslada con su expediente a otra
comunidad autónoma. Es decir, si una familia que reside en Galicia se va a
vivir a Baleares, toda su escolarización depende de las islas, Galicia se lava
las manos porque pasa a formar parte del alumnado de Mallorca, por ejemplo. Sin
embargo, tampoco el Ministerio de Educación sabe a ciencia cierta, cuando un
menor es trasladado, si realmente está escolarizado. Es lo que les pasó a unos
pequeños que vivían en el asentamiento marginal de la Cañada Real Galiana en
Madrid. Hace tiempo fuimos a hacer un reportaje allí sobre los pequeños sin
escolarizar. Enseguida los localizamos, eran varios, jugaban entre la chatarra.
La madre de dos de ellos, de ocho y diez años, una mujer que rondaba la
treintena, nos dijo que se había trasladado desde Andalucía hacía seis meses.
Cuando le preguntamos por qué sus pequeños no iban a la escuela, ella contestó
con una tranquilidad abrumadora: «Yo los saqué de Jaén y les dije que me los
traía a Madrid a un colegio de la zona.
Me dieron sus papeles y aquí nadie me pidió nada. Ahora no me viene bien
llevarlos al colegio, prefiero que me ayuden aquí».
Así es. Ni el colegio de Jaén se preocupó por saber si los había inscrito
en el nuevo colegio, ni la Comunidad de Madrid tuvo nunca los datos ni los
expedientes de estos menores. Tal vez se habría solucionado con una maniobra de
sofisticación extrema: marcar los nueve dígitos de otra comunidad autónoma y
descolgar el teléfono: «Oye, que fulanito y fulanita van a ser escolarizados
allí en Madrid; estos son sus datos». Si se sospecha del entorno familiar, pues
se habla con Servicios Sociales: «Oye, al loro, que si a mitad de septiembre no
los han metido en un cole, huele mal». ¡Ah!, se nos olvidaba: Educación y
Servicios Sociales de una misma comunidad tampoco están muy conectados que
digamos. Aquí otra vez, querido amigo, tenemos el lastre de siempre. Las
comunidades autónomas no se comunican entre ellas nunca. Somos como los vecinos
que no se hablan jamás, y en este caso lo que se juegan con esta
descoordinación es el futuro de unos niños.
Aunque ojalá no tenga que trasladarlos nunca, porque imagínese, entre las
diferencias de programas educativos que hay y que en determinados lugares, como
en Cataluña, parece que el español no existe como lengua vehicular, sus hijos
pueden caer en un inevitable fracaso escolar simplemente por el cambio al que
puede someterlos. Si no lo cree, pregúnteselo a cualquier hijo de funcionario
del Estado que se ve obligado a trasladarse varias veces en su vida
profesional.
Nosotros lo hicimos, hablamos con Gonzalo P.: «Yo soy hijo de un guardia
civil, con cinco cartillas de escolaridad debido a los traslados de mi padre,
fracaso escolar consiguiente a tanto cambio
y tanto mal colegio. Al final me formé en el colegio de Valdemoro, y de él
obtuve una plataforma donde, solo con esfuerzo y un poco de suerte, conseguí
aprobar las necesarias oposiciones. Dudo mucho que en los pueblos en que
vivíamos hubiera podido obtener un empleo con posibilidades, y sobre todo el
ambiente necesario para seguir estudiando y progresar, y eso les ha pasado a
muchos amigos míos. Y a eso hay que sumarle que en cada sitio tienes un
programa de estudios y temarios diferentes, el lío es tremebundo».
Profesores autóctonos
Si la movilidad de los alumnos funciona así, imagínese cómo funciona la de
los profesores.
¿Recuerda cuando, a finales de los ochenta, Jordi Pujol impulsó la reforma
educativa y la implantación del catalán? Supuso la purga de profesores
castellanohablantes e hizo que más de catorce mil maestros se fueran de
Cataluña. Fue hace casi treinta años. Ahora otros muchos quieren ir a trabajar
allí, pero ese handicap que es la lengua es la razón por la que la mayoría son
lugareños, si no es prácticamente imposible.
Una asociación de profesores de la Comunidad Valenciana denunció las
irregularidades que, según ellos, se cometieron en unas oposiciones para
profesores en la comarca catalana de Terres de l’Ebre: «Los que trabajamos de
maestros y no somos catalanes consideramos que recibimos una discriminación
brutal a la hora de presentarnos a estas oposiciones. Los miembros de los
tribunales son maestros o inspectores de estos mismos pueblos y elegidos de una
manera que aún nos resulta opaca. Es significativo que los opositores
autóctonos de estas cuatro comarcas donde todo el mundo se conoce consiguen un
aprobado en un 79,1 por ciento de los casos, frente a un 6,4 por ciento de los
maestros presentados que no son de Terres de l’Ebre».
El que lo dice no quiere dar su nombre, porque la situación de eventualidad
que arrastra ya es suficiente para perder su trabajo. Y esto es al menos lo que
han conseguido los diferentes gobiernos catalanes a través de sus consejerías
de educación. Comenzó Pujol y todavía sigue Mas. Maestros de la tierra que
enseñen lo que tienen que enseñar, porque, no se equivoquen, en esa enseñanza
se encuentra el germen de un nacionalismo que ya está implantado en tres
generaciones.
Bolonia de cara a la galería
Si la escuela en ocasiones sirve a los políticos para manipular, la
universidad se ha convertido en el foro más autónomo y autonómico de nuestras
instituciones educativas. ¿Sabe cuánto le cuestan al Estado las universidades
públicas? Un total de 2.100 millones al año de sobrecoste.
Según el informe de la Fundación de Conocimiento y Desarrollo, el 42 por
ciento de las facultades tienen menos de cincuenta alumnos, existen un total de
nueve mil quinientos profesores y uno de cada cuatro docentes no produce resultados
evaluables. Nos ahorraríamos mucho si nos adaptáramos un poco más al modelo que
exige Bolonia. Todos escuchamos eso de Bolonia, y poco sabemos del pacto que
homologa a todos los ciudadanos y profesionales paraque puedan tener movilidad
dentro de la Unión Europea y que sus títulos sirvan aquí igual que en Francia o
Alemania. Así lo decidieron en 1999 todos los ministros de Educación de
entonces de los países miembros de la Unión Europea. Pues bien, ¿cómo es
posible que en las facultades de Derecho de Burgos y de León no tengan planes
de estudios iguales? No, son carreras y asignaturas planteadas de manera
diferente, y eso que están en la misma comunidad autónoma.
La respuesta es que las universidades son autónomas. Tanto que parece que
tienen miedo de medirse en igualdad de condiciones con el resto. De hecho,
entre las doscientas mejores universidades del mundo no hay ninguna española,
ni una sola. Se han convertido en unas instituciones tan endogámicas que han
favorecido la corrupción de «baja intensidad». A tanto ha llegado que
periódicamente se celebra un congreso contra la corrupción en la universidad
pública española. Haciendo un reportaje sobre el tema nos comentó un profesor
que «el enchufismo es galopante». Por ejemplo, para meter a un pariente en el
departamento «se cuelga en el tablón de anuncios la convocatoria de una plaza
el viernes por la tarde y la prueba es el lunes a primera hora, todo con tal de
que no lo supiera nadie más que a quién le iban a dar la plaza».
Está bien, pero ¿qué tiene que decir aquí el Ministerio de Educación?...
Hola, ¿hay alguien ahí?
—Buenos días, Contreras, ¿qué tenemos hoy?
—Nada, señor ministro.
—¿Cómo que nada? Algo habrá que hacer.
—No, señor ministro, no tiene nada en su agenda.
—Vamos a ver, busque, aunque sea una reunión, la presentación de un libro,
algo.
—¿Le parece bien una reunión con pedagogos y tutores?
—Eso suena bien.
—¿Le parece bien que sea en el colegio de sus hijos?
—Vale, esa me vale. Van fatal en matemáticas…
Exagerado, sí, pero no muy lejos de la realidad. El ministerio tiene tan pocas
competencias que se lo vamos a contar con un microrelato:
Érase una vez una chica llamada ANECA. Ella era la encargada, con su varita
mágica, de decir qué profesionales de la enseñanza y la investigación, en
virtud de sus méritos, podían ejercer como docentes
universitarios. Ella era la que los acreditaba en todo el país. Llego un chico
y ella le dio con su magia: podría ser profesor universitario donde quisiera.
Pero esta felicidad no duró mucho. Su hermana pequeña, ANEQUITA, que se había
cambiado el nombre para vivir en Andalucía y ahora se llamaba AGAE, tocó al
joven profesor y le dijo: «Me da igual lo que diga mi hermana, yo no te
acredito, aunque ella diga que puedes serlo en cualquier parte, yo te digo que
de Andalucía olvídate». Fin.
Y así está la normativa, aunque la fundación estatal, que tiene como
objetivo contribuir a la mejora de la calidad del sistema de educación
superior, diga misa, si no te acredita la agencia autonómica, no hay nada que
hacer. Y hay una para cada autonomía. Cómo no. Conocemos el caso de un
ingeniero en telecomunicaciones que, después de pasar la prueba nacional, se
presentó en Castilla y León y le dijeron que ni Blas en eso de ser docente
allí. Después de varias becas, tres años de un proyecto de investigación en
Castilla y León y demás, no va a poder ejercer jamás para los mismos que le han
otorgado esas ayudas. Increíble, pero cierto. Así, ocurren historias como
estas: varios investigadores de biología en los que la Administración se ha gastado
en becas y estudios en el extranjero unos 300.000 euros ahora están en paro o
están despachando en una tienda, porque no han encontrado un hueco laboral. Es
decir, todo su conocimiento y el dinero que nos costó de la Administración
Pública van a la basura.
Nuestro desnivel educativo
Si presentáramos para el Informe PISA (Programme for International Student
Assessment), ese que mide el nivel de los estudiantes de los países
desarrollados, a alumnos de colegios privados, estaríamos entre los veinte
primeros del mundo. Si presentáramos solo a los de los públicos, nos
situaríamos por detrás de Azerbaiyán. No se pretende subestimar a los
habitantes de ese país. Repite un 35 por ciento de alumnos, el doble que en
Europa. Uno de cada cuatro niños no domina lo elemental al final de la
primaria, y encima la descentralización lo que ha conseguido es que el 34 por
ciento de chavales de Baleares no acabe la ESO mientras que en el País Vasco el
fracaso es solo del 11 por ciento.
Ninguna comunidad quiere reconocer que su sistema educativo es peor que el
de otra. La eficacia de uno u otro solo se puede medir por el conocimiento de
sus alumnos, y ahí está el problema. Una profesora de un colegio público de la
Comunidad de Madrid nos comentaba que cuando se acercan las pruebas de
competencias básicas, esos exámenes que se hacen para saber cuál es el nivel de
nuestros centros educativos, «solo llamamos a los mejores alumnos, a los malos
a veces les decimos que se queden en casa para que no puntúe su nivel». Otra
profesora de la Comunidad Valenciana, de un colegio público de la comarca de
L’Horta Nord, comentaba que muchas veces en la evaluación final del curso,
cuando se reúnen los tutores, «a algunos alumnos que tienen que repetir yo he
visto como los pasan de curso y aprueban, porque, si no, nos dicen que aumenta
el dato del fracaso escolar, que lo importante es que no suba y eso está
estipulado».
No son comentarios aislados. De hecho, según una investigación de la
Fundación Jaume Bofill, especializada en estudios educativos, la Generalitat de
Cataluña manipuló una prueba del informe PISA de 2009. Al parecer, excluyó del
examen a cerca de un 6 por ciento de sualumnado, mayoritariamente inmigrantes y
repetidores. Un total de ciento cincuenta alumnos que debían haber pasado por
las pruebas y que nunca lo hicieron. Los peores no estaban. ¿El objetivo? Que
el nivel educativo catalán aparentara que había mejorado mucho.
Ante este panorama de niveles educativos al mínimo, a Esperanza Aguirre en
la Comunidad de Madrid le nace su bachillerato de excelencia, justo cuando,
desgraciadamente, uno de los dramas educativos españoles es que casi no tenemos
alumnos excelentes. Solo albergamos en nuestras aulas un 3 por ciento de esos
expedientes brillantes, cinco veces menos que en el resto de Europa.
Un desnivel y un precipicio que nos abocan al elevado fracaso escolar
acrecentado por las diferencias. En nuestro sistema educativo lo propio importa
más que lo general. Recuerde, un niño del País Vasco estudiará que su autonomía
tiene siete provincias, pues a las tres que todos conocemos, se les suman
Navarra y tres más en Francia. Uno de Baleares estudiará los símbolos de
Cataluña porque le dicen que es catalán, a un valenciano le dirán que su
autonomía se llama País Valenciano, hablarán a los gallegos de que no existió
el reino de León, sino el de Galicia y, sobre todo, en cada lugar percibirán la
historia un 70 por ciento diferente de otros niños de otras comunidades. Así es
la educación al servicio de la política. Una educación que permite que en
Cataluña las escuelas impartan solo dos horas en castellano frente a las
veintiocho de catalán, saltándose el dictamen del Tribunal Superior de Justicia
que exige un bilingüismo equilibrado.
Profesores libres y no politizados deben ser la base para que dos niños de
distintas partes de España puedan mantener en un futuro una conversación sobre
la historia en la lengua que sea, pero que se entiendan, sin que parezca que
les han enseñado en dos mundos diferentes.
Capítulo IX. DE LENGUAS Y DESLENGUADOS
-Buenos días… hace unos días llamé para que me prepararan mi historial
médico, porque me traslado a vivir a Zaragoza.
—¿Su nombre?
—María P.
—Un momento.
La recepcionista del ambulatorio abre un fichero y busca el expediente.
—Aquí lo tiene.
María se va a su casa y al llegar lo abre. Está íntegramente en catalán.
La escena se produjo en un centro de salud de Barcelona. María volvió al
ambulatorio y reclamó.
Cómo se iba a llevar a Zaragoza su expediente en catalán para que lo
siguiera y entendiera allí un médico que desconoce esa lengua. Pidió que se lo
entregaran en castellano y fue cuando le dieron todo tipo de excusas: que si es
complicado, que si el programa informático no está en castellano, etc. María
dio media vuelta y se fue con un palmo de narices.
Unos kilómetros más al sur, en Tarragona, Pilar aguardaba en la sala de
espera de la unidad de atención primaria del hospital Universitario Joan XXIII
de Tarragona. Mientras hacía tiempo para su cita, se le ocurrió echar un
vistazo a los folletos que reposaban sobre una mesa. Había uno que informaba
sobre la importancia y los beneficios de la lactancia materna. Su sorpresa fue
al ver que solo estaba escrito en catalán… y en árabe.
Fue en 2009 cuando CiU lanzó la propuesta de instaurar el catalán como
lengua vehicular en la sanidad y fue apoyado por el tripartito al completo.
También lo hizo en Justicia. Incluso ofrecía incentivos de 600 euros por
trimestre a los funcionarios que usaban la lengua autonómica.
¿Son estas situaciones legales? El Estatuto de Cataluña de 2006, en su
Título Preliminar 6.2, dice: «Todas las personas tienen derecho a utilizar las
dos lenguas oficiales (catalán y castellano) y los ciudadanos de Cataluña el derecho
y el deber de conocerlas».
En los artículos 137 y 139 de la Constitución Española se expone: «Las
diferencias entre los estatutos de las distintas comunidades autónomas no
podrán implicar, en ningún caso, privilegios económicos o sociales. Todos los
españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del
territorio del Estado».
Lo que acaba de leer debería ser verdad según estos textos legales. Las
lenguas oficiales reconocidas (catalán, valenciano, euskera y gallego) deben
respetarse como se respeta el castellano, además también deben respetarse que
los asturianos hablen bable, los murcianos, panocho, los canarios, guanche, los
aragoneses, el chapurriau y un largo etcétera. Pues eso es mentira.
Un gran invento: la normalización lingüística
Amparo Martínez nació en 1916 en Tuéjar, un pueblo fronterizo a Teruel, en
la comarca de Los Serranos, un municipio de la provincia de Valencia donde
históricamente nadie ha hablado valenciano en su vida. Con poca edad se fue a
vivir a un pueblo de otra zona, a la comarca de L’Horta Nord. Allí, en
Burjassot, comenzó a chapurrear valenciano con las amigas de la calle y a los
catorce años conoció al que sería su futuro marido, autóctono de Villajoyosa,
alicantino de los de toda la vida. Así que Amparo no tuvo más remedio que
hablar valenciano… por amor. En plena guerra, y durante toda la dictadura,
compartieron sus vidas en valenciano, una lengua perseguida y denostada… y por
supuesto el Estado jamás invirtió un duro en ellos para que aprendieran esa
lengua. La mantuvieron viva porque era su modo de comunicarse, lejos de
cualquier consigna política. Nadie normalizó ni su vocabulario, ni su
gramática. El otro día la llamé por teléfono. Tiene noventa y cinco años, pero
su mente funciona mejor que la mía.
Comenzamos a hablar y le hice una pregunta muy sencilla:
—¿Tú crees que hablas bien valenciano?
Su respuesta me hizo sonreír.
—¡Ay, no! Yo no hablo como hablan ahora en los sitios, no es el mismo
valenciano, se ve que yo lo hablo mal, ¿no ves que no estudié?
Quién esto escribe es valenciano, como ella, pero no hablo valenciano por
culpa de los políticos.
Sí, es la pura realidad.
La Generalitat Valenciana con sus diferentes gobiernos se ha empecinado en
gastarse millones de pesetas, y después euros, en la enseñanza del valenciano.
Concretamente en 2010 el señor Camps anterior presidente valenciano, gastó 583
millones de euros de presupuesto solo para fomentar la lengua. Si lo
multiplicamos por los años de estudio de cualquier alumno, se han gastado unos
5.000 millones de euros, tirando por lo bajo, para que se hable valenciano. ¿El
resultado? La enseñanza de una lengua que pocos reconocen como suya. El
problema es que durante todos esos años los políticos se han empeñado en
«normalizar» el valenciano, es decir, catalanizarlo.
Cataluña es un territorio delimitado que se extiende de norte a sur desde
la Jonquera hasta Alcanar. Es un territorio extenso con una cultura muy
arraigada y una lengua histórica propia, un pueblo admirable que se ha
caracterizado durante siglos por promover sus raíces y defender sus costumbres.
Cataluña es Cataluña. Pues que alguien nos explique esto:
Ley 1/1998, de 7 de enero, de Política Lingüística Catalana:
Disposición Adicional Segunda. Convenios de colaboración con instituciones
de otros territorios de lengua catalana: «La Generalidad ha de promover
acuerdos, Convenios y tratados con las Comunidades Autónomas aragonesa, balear
y valenciana, y con los Estados andorrano, francés e italiano para fomentar (…)
la protección de la lengua catalana y para obtener la generalización y
extensión de su conocimiento y uso en todo el ámbito lingüístico, con
respeto hacia todas las variantes».
¿Promover el uso fuera de sus fronteras en territorios que tienen lengua
propia reconocida por la Constitución? ¿Respeto hacia todas sus variantes?
Mentira. Todo esto tiene una respuesta: cuanto más extenso sea el territorio
que abarca dicha lengua, pues más trozo del pastel del presupuesto general que
llevarse a la boca. Nadie les ha preguntado a los ciudadanos de las Islas
Baleares ni a los valencianos, ni siquiera a los extremeños, si se identifican
con la cultura catalana y si quieren que parte de sus impuestos vayan
destinados a promover dicha lengua de sus vecinos del norte.
Pero ¿por qué? Una vez más hay motivos económicos. La Generalitat catalana
en sus presupuestos para política lingüística destina casi 5,5 millones de
euros anuales a una cosa que se llama Dirección de Políticas Sectoriales. Es
decir, inversiones en otros territorios donde otros gobiernos se inventan
instituciones, fundaciones y proyectos fuera de sus fronteras. Y en la
Comunidad Valenciana, y en Baleares, hay políticos que les bailan el agua para
conseguir un pellizquito en defensa del catalán. Los enumeramos:
Instituto Ramón Llull para la enseñanza del catalán en universidades y
asociaciones de fuera del área lingüística catalana, 1.900.000 euros;
Convenio de la Obra Cultural Balear (OCB), 300.000 euros.
Subvenciones para prestigiar el patrimonio y la identidad de Cataluña y de
todos los territorios con los que comparte vínculos históricos, lingüísticos y
culturales, 1.000.000 de euros.
Acció Cultural del País Valencià, 400.000 euros…
Un momento. ¿Acció Cultural del País Valencià? ¡Qué gran iniciativa de un
señor llamado don Eliseu Climent en la Comunidad Valenciana! Era a finales de
los años noventa cuando este particular de corte nacionalista conseguía
mediante cuestación popular reunir a cien mil personas para que pagarán cada
una 1.000 pesetas para financiar la instalación de repetidores de TV3 en
su País Valencià… Consiguió la redonda cifra de 100 millones de pesetas
(600.000 euros).
Desde entonces ese mantenimiento de las emisiones es lo que ha sostenido un
holding particular, abanderando su posición de cónsul catalanista en tierras
valencianas. Gracias a su defensa del catalán el señor Climent ha obtenido
financiación pública, subvenciones de la Generalitat Catalana, de la Valenciana
y de ayuntamientos. Nada más y nada menos que 19 millones de euros, desde 2002
a 2008… Mejor no lo ponemos en pesetas... Todo ese dinero paraseis entidades
sin ánimo de lucro controladas por este señor, ahora editor de libros y
presidente de esa asociación denominada Acció Cultural del País Valencià.
Concretamente, tales entidades son la Francesc Eiximenis, Ausiàs March,
Institució Cívica i de Pensament Joan Fuster, Institució Económica i
Empresarial Ignasi Villalonga y Associació Arxiu Memòria Joan Baptista Basset.
19 millones, todo para él solito, un negocio muy, pero que muy goloso este de
la lengua.
Un informe de la Guardia Civil del 10 de febrero de 2011, enviado a la
Audiencia Nacional, revelaba que don Eliseu presuntamente había desviado 3,1
millones de euros de ese dinero público a empresas privadas. Empresas de las
que él era el único propietario. Este cazasubvenciones, según la Guardia Civil,
también presuntamente, aprovechó para viajar gracias al dinero de todos. Desvió
presuntamente 360.000 euros para viajes de su familia. Con ellos, según dicho
informe, contrató cuatrocientos billetes de tren, cien de avión y quince
estancias en hoteles. Las facturas iban a nombre de las fundaciones, de esas
que cobraban de usted para subvencionar su amada lengua.
Pero no vamos a ser mal pensados, a lo mejor no era para disfrutar de una
margarita en un complejo hotelero mexicano en Cancún, a lo mejor era para
fomentar el catalán por el mundo como su gran amigo Carod Rovira, que viajó
nada más y nada menos que a cuarenta países en cuatro años repartiendo
generosamente dinero, del nuestro, gracias a su red de embajadas y oficinas de
diplomacia catalana disgregadas por el mundo. Un Robin Hood de las lenguas en
desuso que regalaba millones a los pueblos oprimidos. Por ejemplo, el millón de
euros que donó a doce familias de una recóndita aldea ecuatoriana para que el
shuar, su lengua indígena, no se perdiera.
Pero tanta normalización de una lengua ajena a los habitantes de un
territorio tiene sus inconvenientes.
Así que hay que preguntarse: ¿qué valenciano es más auténtico, el que ha
pervivido en la calle durante los noventa y cinco años de vida o el que se
estudia ahora en los colegios o el que hablan en Canal 9? La respuesta se la
podemos pedir a un vecino de Sineu, un pueblo en el centro de Mallorca, aunque
aparentemente esto parezca que no tenga ninguna relación.
En 2007 aterrizó en las islas el gobierno del Pacte. El que formaban PSOE,
Bloc y Unió Mallorquina. Una de sus principales propuestas fue imponer la lengua
catalana como idioma vehicular en las administraciones públicas, en centros de
enseñanza y sobre todo en la televisión pública, IB3. Objetivo cumplido, una
vez más, normalizar el catalán, pero esta vez en tierras baleares. En 2010,
debido a la crisis, los presupuestos se redujeron en 1.000 millones de euros, y
esto afectó a sectores como la sanidad, la educación o los servicios sociales.
Para que se haga una idea en la Conselleria de Educación se destinaron 6,2
millones de euros al catalán, pero se tuvo que despedir a sesenta profesores a
causa de esos recortes presupuestarios. Pero la escalofriante cifra que se
llevó en total toda la partida en materia lingüística fueron los 12,5 millones
repartidos entre subvenciones, campañas, cursos, asesoría… Como OCB, ¿se
acuerdan de la Obra Cultural Balear? Sí, esa que se incluía en los presupuestos
de la Generalitat catalana.
Pues sí, aquí también está reflejada, esta vez con un millón más de euros
anuales, pero ahora el dinero viene del Consell Insular, y del Consell ha
conseguido 4,9 millones desde 2007.
Pero volvamos al pequeño pueblo de Sineu. Joan tiene ochenta y cinco años,
vive allí desde que nació, y nunca se ha movido de Mallorca. Sineu es un
municipio que se encuentra en el centro de
la isla. Estando en sus calles no sientes que el mar está cerca. De hecho,
Joan cuenta que su madre nunca lo vio, aunque dista apenas veinte kilómetros de
la plaza del pueblo. Su lengua materna desde que nació es el balear, es más, el
castellano le cuesta, lo entiende, pero nadie le entiende a él cuando lo habla.
Los que no conozcan el balear y no sepan diferenciarlo del catalán deben
saber que, aparte de diferencias de vocabulario y demás, hay una fundamental:
en catalán los artículos son el/la/los/las y en balear se dice es/sa/ses… la
«l» se cambia por la «s». Simple, ¿no? Pues para los paisanos parece que no
tanto.
Joan ha acabado por apagar el televisor. Dice que no entiende lo que hablan
en el telediario y en palabras suyas, y traducidas al castellano, «para qué se gastan
tanto dinero en esto si no me entero de lo que pasa en mi pueblo porque me
hablan en chino». Así que Joan ya no sintoniza las noticias de IB3 en su
aparato.
El resultado: paisanos que no entienden ni reconocen el idioma de las
circulares ni los documentos oficiales y que no ven la información que les
ofrece su televisión autonómica, una emisora pública que tiene una poco
competitiva audiencia media de un 5 por ciento y se lleva 57 millones de euros
de presupuesto, según datos de 2011. Y por supuesto, que obligatoriamente tiene
que emitir toda su programación íntegramente en catalán, de ese, del
normalizado.
Además el gobierno socialista del anterior presidente Antich situaba el
castellano a la altura del árabe, del chino o del mandinga en unos folletos que
distribuyó por los institutos y centros cívicos. En el manual se planteaban
preguntas que normalmente se hacen los catalanoparlantes.
Cita literal: «A menudo me argumentan que en las Islas Baleares, o en
Cataluña o en el País Valencià se hablan dos lenguas, y que las dos son propias
del país… ¿Es esto cierto?».
La respuesta que da la guía es la siguiente: «No, en los países catalanes
no hay dos lenguas, sino que hay muchas más (…). Hay comunidades importantes de
hablantes de urdu, chino, árabe, amazigh, quechua, mandinga, wolof, alemán,
castellano, etc., aunque esta última es la que tiene más hablantes». Y sigue:
«La única lengua propia del territorio es la lengua catalana».
La crítica a la oficialidad que la Constitución da al castellano es
rotunda. La Conselleria de Educación imprimió un total de cincuenta y dos mil
folletos, ahora esa partida de presupuesto de inversión en promoción del
catalán se la van a ahorrar. José Ramón Bauzá (PP), después de ser investido
presidente, suprimió de un plumazo la Dirección General de Política
Lingüística, aludiendo a que el gasto de 12,5 millones era innecesario y
excesivo para la Administración en época de crisis.
Pero Joan no es el único caso, ni las Baleares y Valencia los únicos
territorios afectados. Los mañicos, aragoneses de pro, los de La Codoñera,
todavía no entienden lo que está ocurriendo en sus calles.
La Codoñera es un pueblo tranquilo de unos trescientos habitantes en la
provincia de Teruel. Una de sus vecinas, M. P., de cuarenta años, nos cuenta
por teléfono lo que pasa en su tranquila localidad.
—¿Está M.?
—Sí, un momentico.
—Mire, le llamaba para saber qué problema tienen con el catalán en su
pueblo.
—¿Problema? Que yo hablo chapurriau, que cuando vaya a Cataluña ya hablaré
catalán, que nos dejen en paz, que duele.
Así contestó, concisa y tajante.
Perdone nuestra ignorancia, pero no habíamos oído hablar del chapurriau en
la vida. Así que decidimos profundizar en el conocimiento de lo que pasaba en
ese pueblecito del Bajo Aragón.
A mediados de marzo de 2010 los vecinos de La Codoñera salieron a las
calles enarbolando pancartas que rezaban estos lemas: «Somos de Aragón y no
hablamos catalán, no somos analfabetos, hablamos chapurriau. Aceptamos a los
catalanes, no a los catalanistas». Defendían sus raíces ante la ley de lenguas
e Aragón, aprobada en 2009 solo con los votos de PSOE y CHA (Chunta
Aragonesista), ya que el tercer socio, el PAR (Partido Aragonés), no estuvo de
acuerdo. Lo que establecía era que la lengua propia e histórica y de uso
administrativo en esas tierras fuera el catalán. La vecina cuenta con
indignación su visión de toda esta polémica:
Hay una serie de gente en el pueblo, que están metiendo cizaña, dicen que
uno va a ser secretario de la academia del catalán en Zaragoza, pero yo no sé,
son habladurías. Y este es el que está haciendo fuerza en la prensa a favor del
catalán. A los que estamos en contra nos dicen que somos analfabetos, dicen que
se sienten avergonzados de ser del pueblo por culpa nuestra. Que digan lo que
quieran y hagan lo que quieran, pero que nos dejen en paz, que yo a mis hijos
les hablo chapurriau. Yo sé que es un dialecto sin mucha importancia, pero
prefiero que se pierda a que me enseñen el catalán, y además no se parece en
nada. Yo creo que todo esto es por motivos económicos.
Exacto, motivos económicos. Unos 160 millones de euros gasta exclusivamente
Cataluña en suscompetencias en materia lingüística, todo para que su lengua no
se pierda, dentro y fuera de sus fronteras. Lengua minoritaria, la catalana,
según ellos, frente a la oficial del Estado, el castellano.
¿Y los señores y señoras que hablan chapurriau? ¿No deberían defender su
lengua igual? ¿No es minoritaria y se va a perder? ¿Qué tenía el shuar
ecuatoriano, señor Carod Rovira, que no tenga el chapurriau aragonés? Se ve que
no es importante, para los catalanistas, que no para los catalanes en general,
el chapurriau solo es una lengua de analfabetos.
Pero se nos ha pasado un dato por alto: ¿una academia del catalán en
Zaragoza? ¡Ah, sí, lo olvidábamos! Fue una de las últimas cosas que hizo
Marcelino Iglesias, expresidente de Aragón, antes de abandonar el cargo el
22-M. Por si acaso perdía las elecciones, como ocurrió, don Marcelino dejó
encarrilada la regulación del catalán como «lengua propia», creando la Academia
Aragonesa del Catalán en Zaragoza. Lo hizo el 5 de abril, un mes y pico antes
de las elecciones.
Algo parecido pasa en los municipios de San Martín de Trevejo, Valverde del
Fresno y Eljas.
Pero en este caso, con el gallego.
Allí lo tienen claro:
—A fala es extremeña —nos cuenta un vecino de San Martín, localidad
cacereña de apenas mil habitantes—. El falar es algo muy nuestro aunque tenga
raíces galaico-portuguesas y asturleonesas.
En el año 2006 un grupo de gallegos visitó el valle donde se habla el
dialecto. Entre ellos iba la diputada del Bloque Nacionalista Galego (BNG)
Modesta Riobó. Allí aprovechó para recordar a los paisanos las similitudes
entre la fala extremeña y el gallego.
Años después se desató la polémica entre Ibarra, presidente entonces de
Extremadura, y el BNG.
Se quería galleguizar la comarca extremeña para demostrar, según el BNG, y
en palabras de uno de sus diputados, que el gallego existe no solo en Galicia,
sino que es una lengua de protección internacional. Que Extremadura invente una
lengua propia ajena al gallego no viene bien, mejor que sea un dialecto
medieval. Los gallegos prefieren unificar los territorios de Cáceres, As
Portelas de Castilla y León, o El Bierzo, territorios fuera de Galicia en los
que se
habla gallego, fala o lo que sea, y arroparlos bien bajo el manto de la
Xunta. Una vez más, más dinerito para promover la lengua. Y cuidado, que esta
debe ser de protección internacional.
Pero la lengua no solo sirve para inventar instituciones y para pedir
dinero, también se utiliza para recaudar.
Multas lingüísticas
Estatuto de Cataluña. Artículo 32: «Todas las personas tienen derecho a no
ser discriminadas por razones lingüísticas».
¿Seguro que esto es cierto? Preguntemos a los infelices que utilizaron el
castellano en sus comercios. Gracias a ellos 900.000 euros fueron recaudados
por la Generalitat, doscientos cinco sancionados en 2010, y cincuenta y tres
más en 2011. Las sanciones las padecieron comerciantes como Feliciana,
propietaria de una tienda de tejidos de Barcelona. Su comercio se llama Blau
Marí, nombre en catalán. Hasta ahí todo correcto. Pero hay un matiz que no
cumplía la normativa vigente: la leyenda inferior rezaba: «Textil, hogar,
tapicería». Gran error que le costó 1.200 euros de su butxaca (bolsillo, para
los que no entiendan).
La Generalitat asegura que en 2008 advirtió a la propietaria de que debía
poner los carteles, «al menos en catalán», como exige la norma en política
lingüística. Pero Feliciana cometió otro error, se limitó a tapar los rótulos
en castellano y no los sustituyó por otros en catalán. Esto no fue suficiente
para evitar la sanción. Conclusión: 1.200 euros de recaudación en nombre de la
lengua. Algo parecido le ocurrió al propietario de Finques Nevot. Él pagó 400
euros. Manel recurrió la sanción que le impuso la Agencia Catalana de Consumo,
pero el Juzgado Contencioso Administrativo número 9 de Barcelona lo desestimó.
Según la sentencia, «la ley se limita a prever el uso del catalán para atender
los derechos lingüísticos de los consumidores de Cataluña, pero aceptando
plenamente el plurilingüismo». ¿Seguro? Entonces, ¿por qué multan al castellano?
¿Es que no hay ninguna ley respecto a la lengua que tenga coherencia?
Aunque hay algunos que se salvan. Por ejemplo, nos preguntamos, desde la
ignorancia y sin dobles interpretaciones: ¿tuvo El Corte Inglés alguna sanción?
¿Y Burger King? ¿Y elWorkcenter? Y por poner más ejemplos: ¿Carrefour, Alcampo,
Starbucks? ¿Se imagina un rótulo que pusiera: El tall anglès, El rei de
l’hamburguesa, Centre de treball o Alcamp? Pues no,
porque la ley dice que son marcas y que si llevasen delante frases como centro
comercial, reprografía, cafetería, o comida rápida, eso sí debería traducirse,
pero como los otros nombres son genéricos pues no hace falta. Los grandes, así,
quedan exentos de pagar y son los pequeños comercios los que tienen que
apoquinar.
Pero no debe preocuparse. Si es usted empresario y va a poner en marcha un
establecimiento en Cataluña, no deje de consultar las ayudas que esta comunidad
ofrece para la rotulación de su negocio en el idioma autonómico. Infórmese,
porque será una oferta que no podrá rechazar:
«Rotule su comercio en Catalán y ahorre hasta 6.000 euros en multas. Ponga
un rótulo en catalán en su vida, ya verá cómo su negocio reflotará».
Podría ser un buen anuncio. Aunque lo de que los negocios en catalán son un
buen negocio no es del todo cierto. Y tal vez por vislumbrar eso, el señor
lehendakari Patxi López, a los cien días de su mandato, comentó por qué daba
carta blanca para rotular como se quisiera en el País Vasco. Sus razones las
comentó en una entrevista para el diario El Mundo: «Todo lo que tiene que ver
con el euskera debe tratarse con una dosis de racionalidad. No podemos
utilizarlo para generar rechazo, que es lo que ha sucedido con situaciones de
este tipo. Fomentaremos que los rótulos de nuestros comercios sean bilingües, pero
no vayamos a lo contrario, a imponer».
¿Por qué? ¿Qué es lo que ha pasado en Cataluña y no en el País Vasco? Pues
que el capital extranjero, intoxicado tanto por la burocracia como por las
exigencias de verse obligados a usar preferentemente el catalán, ha huido de
Cataluña. El catalán es «un gasto extra irracional que no nos aporta ningún
beneficio», en palabras de un empresario.
Ahí no se queda la cosa. En Galicia también ha repercutido en los
empresarios la imposición del gallego en sus transacciones. ¿Se puede creer que
obligar a estudiar en gallego afecta a los negocios? Pues sí. En el año 2008 un
informe del Club Financiero de Vigo expresaba que uno de los mayores problemas
a los que se enfrentaban es que la mayoría de buenos profesionales que querían
contratar de fuera no querían trasladarse a Vigo. ¿Por qué? Porque si un
trabajador de Toledo con hijos recibe una oferta laboral y se traslada a
Galicia, tendrá que inscribirlos en un colegio en el que sí o sí, por
obligación, la educación es íntegramente en gallego. Por esta razón, muchos
prefieren renunciar al puesto que le han ofrecido en Vigo, antes que abocar a
su vástago a un fracaso escolar inminente. Los empresarios gallegos vieron cómo
muchos profesionales de alta cualificación no entraban en sus filas con el
consiguiente perjuicio para sus negocios. Y no solo eso, muchos profesionales
gallegos abandonaron su tierra por esa misma causa, hacia comunidades de lengua
castellana.
Según ellos, «a esto hay que añadir las dificultades que tienen las
empresas para optar a concursos y ofertas de la Administración u obtener
subvenciones si la documentación no se presenta en gallego».
Esto de la documentación en lenguas maternas parece que se repite en otros
lugares. Porque, por ejemplo, volviendo a la Ley de Política Lingüística
catalana, no solo obliga a los rótulos, además dice que las empresas que
ofrezcan servicios públicos deberán utilizar el catalán en todos sus ámbitos:
facturas, documentos de tráfico, atención al público, etiquetas de los productos
de denominación de origen, y un largo etcétera, como productos tóxicos y
peligrosos que deberán utilizar progresivamente el catalán en sus envases:
Aquest article és perillós, manteniu-lo allunyat dels ìnfants. Quién sabe, tal
vez, más de un palentino se ha intoxicado en tierras catalanas.
Parece que en estos territorios no se dan cuenta del peligro, no de
intoxicación, sino empresarial, que tienen estas iniciativas. El PSOE balear,
en el último suspiro de la legislatura (otros como don Marcelino de Aragón, tan
solo unos días antes de las elecciones autonómicas del 22-M, concretamente el 8
de abril), creó un nuevo reglamento del Consell que vetaba todo contrato
público con aquellas empresas que no utilizaran el catalán en las islas.
Afectaba a las constructoras de carreteras y todas aquellas corporaciones
contratadas por el gobierno para estudios, proyectos, suministros o servicios.
La normativa decía que tenían que presentar toda sudocumentación en catalán
obligatoriamente. Es decir, ¿no se les daría a FCC, Fomento y Dragados ninguna
obra si no hablaba en catalán? ¿Quién hará las carreteras entonces? ¿El sobrino
de Joan, el vecino de Sineu? Un mes y medio después de esta normativa tan
puntera y renovadora, Bauzá la derogó. Dijo que cada uno utilizara la lengua
que quisiera en las contrataciones.
Ahora sí, ahora no. ¿Y en 2015, si hay cambio de gobierno? ¿Otra vez a
derogar? ¿Otra vez a promulgar? ¿Cuánto nos cuestan estos cambios políticos
respecto a la lengua? En folletos, trípticos, circulares, en una lengua, en
dos, en otra que no es, que hay que cambiarla, que si ahora balear, que si
ahora catalán… ¿En qué quedamos entonces? ¿En qué idioma hay que hablar en las
islas, en la Comunidad Valenciana o en Aragón?
Políglotas de Senado
Si no se entienden entre ellos, peor lo tienen cuando irremediablemente
llegan a Madrid a defender sus intereses.
Martes, 19 de enero de 2011. Tiene la palabra Ramón Aleu, senador por el
PSC. Su intervención tiene que ver con una moción de educación, una moción que
nadie recuerda hoy y que parece que no tuvo la menor importancia aquel día. Sin
embargo, el senador recibió la mayor ovación de toda su carrera. Se había
convertido de la noche a la mañana en la primera persona que pronunció un
discurso en catalán en el hemiciclo del Senado. Un poco más tarde le llegó el turno
a la senadora del PNV Miren Lore Leanizbarrutia. Se dirigió a los presentes con
voz temblorosa y visiblemente emocionada con estas palabras:
—Voy a recordar a todos aquellos vascos que han sufrido. Estoy muy
emocionada por eso, porque hay mucha gente que ha sufrido pena de cárcel,
exilio y muchísima represión; por ellos y por los que han hecho posible que yo
hable hoy en este hemiciclo en la más antigua lengua de Europa y del mundo.
A la senadora también la secundaron con aplausos de la gran mayoría,
aquellos que habían entendido sus palabras gracias al recién incorporado
pinganillo, el nuevo inquilino que desde ese día tiene su puesto en cada uno de
los asientos para que sus señorías entiendan, gracias a la traducción
simultánea, las diferentes intervenciones en las lenguas oficiales de nuestro
Estado.
Hasta aquí todo correcto, si no fuera porque los senadores del PP no
entendieron ni papa. Optaron por dejar el artilugio que reposara en sus
asientos y ninguno se lo introdujo en su oreja durante las intervenciones. De
esta manera aquel día lo que se habló allí no importó a unos señores que
cobran, y mucho, por hacer su trabajo, ni mociones ni propuestas, debates que
se perdieron en el limbo para muchos que tenían, según ellos, de esa manera la
única forma de protestar desde sus poltronas.
Seis meses más tarde, el 8 de junio de 2011, Leanizbarrutia, la senadora
del PNV, emitía esta queja durante la tribuna de la Cámara Alta:
—Nadie se pone los pinganillos, esto refleja la realidad de España. Veo a
algunas personas que son bilingües que sí que se ponen los auriculares y los
monolingües nunca lo hacen, solo lo hacen aquellos que conocen otras lenguas y
que las respetan.
Pero sus palabras sonaron como el arbusto que pasa por una calle desierta
en una escena de un western. Porque los allí presentes que no llevaban el
auricular colgado se enteraron por los periódicos al día siguiente de lo que la
senadora había dicho en euskera. Ni siquiera el presidente del Senado, Javier
Rojo, lo tenía en su oreja. Uno que sí lo hacía era Iñaqui Anasagasti, que
parece que necesitaba del traductor del euskera al español para entender la
lengua que tanto ha defendido que se utilice en la cámara. Y durante todos
estos meses en la prensa la imagen que ha primado era la de sus señorías
tocándose la oreja y sujetándose el auricular. Durante esta nueva incorporación
de lenguas al debate político parece ser que a nadie le ha importado de qué se
hablaba allí, solo tenían peso las bromas como la de impulsar la traducción
simultánea de dieciséis lenguas autonómicas. Se desestimaron algunas, claro,
porque no era factible encontrar a un intérprete simultáneo de la fala
extremeña ni del silbo de La Gomera.
Pero hay algo que llama mucho más la atención. Entre tanto coche oficial,
lenguas históricas, sueldos abultados, trajes de chaqueta, dietas y todo el
glamur que envuelve a los senadores, hayunas mujeres discretas, unas señoras
que corretean de aquí para allá con unas maquinitas llenas de teclas, muy
profesionales y preparadas. Decimos señoras porque solo ha habido ocho hombres
en los últimos veinticinco años. Mujeres indispensables en toda esta historia,
que se sientan en el hemiciclo cada día. Son las taquígrafas y a través de sus
orejas vamos a relatarles el juego del teléfono roto en el que se ha convertido
este desmadre autonómico de nuestra Cámara Alta.
Porque a ellas, a las taquígrafas, nadie les ha preguntado su opinión de
todo esto.
19 de enero de 2011. Nueve y media de la mañana. Comienza la sesión, habla
el presidente de la Cámara Alta, las taquígrafas abren sus dos pabellones
auditivos y comienzan a teclear:
Presidente: Gracias, señoría. Pasamos al turno de portavoces. ¿Grupo
Parlamentario Mixto?
(Pausa). ¿Grupo Parlamentario de Senadores Nacionalistas? (Pausa). Tiene la
palabra el senador Anasagasti.
Da la palabra al senador Anasagasti y las taquígrafas siguen alerta, pero
ahora de diferente manera, por la oreja izquierda escuchan la voz en directo de
su señoría:
El señor Anasagasti Olabeaga: Mozioan zibilizazioen Aliantzaren esparruaz
hitz egiten da. Alderdi Popularrak ez du kontzeptu hori, hain zuzen ere,
gehiegi maite, baina ondo dator hemen elkarrekikotasuna eskatzeko
kristau-ohituren garaian. Horri buruzko aurrekaririk badago.
Europako Parlamentuak Ebazpen bat onartu zuen Egipton eta Malasian
kristau-erkidegoen kontrako atentatuak salatzeko.
Simultáneamente por su oído derecho atraviesa sus tímpanos la voz enlatada
del intérprete y comienzan a teclear compulsivamente:
—En la moción se habla del ámbito de la Alianza de las Civilizaciones,
concepto que no agrada demasiado al Partido Popular pero que viene muy bien
para apelar a la solidaridad en la época de los valores cristianos. Ya hay
precedentes sobre todo esto. El Parlamento Europeo aprobó una resolución en la
que condenaba los atentados contra las comunidades cristianas de Egipto y
Malasia.
Así con todas las intervenciones en lenguas autonómicas. Ellas son las que
escriben el diario de sesiones del Senado, las que dan sentido a los discursos
orales de sus señorías, políticos que muchas veces utilizan citas, dichos o
recursos literarios de difícil interpretación. Además no hablan pausadamente,
tienen que transcribir sus discursos a un ritmo vertiginoso, más o menos unas
ciento cincuenta palabras por minuto. Ahora deben fiarse de los intérpretes, y
ellas los tienen que seguir a rajatabla. Si se confunde el traductor ellas no
lo sabrán, porque no entienden de lo que se está hablando en las tribunas.
Entonces, lo que puede pasar es lo que una nos comenta, por supuesto desde el
anonimato:
—Yo no sé ni euskera, ni gallego, ni valenciano, ni catalán, me encantaría
tener tiempo para aprenderlo, ¡pero no lo tengo! Estamos a por uvas hasta que
el traductor comienza a hablar y sabemos que con algunos senadores hay
problemas. Por ejemplo, gente que sabe euskera comenta que Anasagasti no lo
habla muy bien, con lo cual sus expresiones o contenidos de lo que quiere decir
son de difícil interpretación. Así que para nosotras lo que diga el traductor o
traductores, que nos consta que son de lo mejorcito, lo que ellos interpreten
que ha dicho o que ha entendido que ha querido expresar el senador nos lo
tenemos que comer con patatas.
¿Y lo peor de todo sabes lo qué es? Que luego ese discurso pasa a formar
parte de un documento oficial y ahí permanece, lo que escribimos es la ley y
como salga, así se queda… por ahora parece ser que todavía no se ha metido la
pata, pero todo llegará.
Conclusión: estamos gobernados por traductores y que se sepa no hemos
votado a ninguno.
Por cierto, mucha traducción, mucho auricular. ¿Y cuál es el mensaje?
Vuelva atrás y relea el fragmento del señor Anasagasti. ¿Qué hace su señoría
hablando en euskera o en castellano de las minorías cristianas en Egipto y
Malasia? ¿No tenemos suficientes problemas dentro de nuestras fronteras?
Pero eso no es lo peor de todo… ¿Sabe usted lo que nos ha costado ser
políglotas en el Senado?
Cada sesión unos 11.000 euros, al año 350.000 euros.
Estudiar o no estudiar, esa es la cuestión Imagínese que se le pusiera un
punto rojo a cada senador que no utilizara su lengua en elhemiciclo. Sería como
una especie de semáforo: rojo si no hablas en catalán, amarillo si hablas
euskera como Anasagasti, y verde si solo utilizas el gallego para todo.
Así funciona en un colegio de Sitges. Un pequeño de cinco años llegó a casa
una tarde llorando y le dijo a su madre:
—¿Qué he hecho mal?
Tenía un punto rojo como la bandera de Japón en su boletín de notas de
segundo de infantil. El epígrafe decía:
—Participo en converses utilitzant la llengua vehicular del centre. Punto
rojo.
Lo demás estaba en verde y algún que otro amarillo. Lo habían sancionado
por hablar con sus amiguitos en castellano en el recreo. La madre habló con el
centro y lo denunció. Lo hizo público a través de la plataforma de Convivencia
Cívica Catalana, los mismos que llevaron al Supremo a la consellera Irene Rigau
por no cumplir la ley que obliga a ofrecer una educación bilingüe en tierras
catalanas, y las sentencias les dieron la razón.
Pero si hay algo que ya debe saber después de haber leído hasta aquí es que
en materia lingüística da igual lo que digan el Supremo o la Constitución.
Tiene el mismo peso que lo que diga Manolo en el bar de la esquina con un
carajillo.
La consellera no cumple la ley. En las solicitudes de inscripción en
centros públicos de enseñanza en Cataluña, redactadas completamente en catalán,
no hay opción de escoger línea en castellano. No existe casilla para escoger la
educación bilingüe. Pero la Conselleria se escuda en que los padres lo pueden
solicitar de forma individualizada. Muchos de ellos aseguran que esa forma de
elección margina a quienes lo solicitan. Según Rigau, «la sentencia del
Tribunal Supremo no invalida el sistema catalán. Desde la Conselleria se
prioriza el catalán por encima del castellano, no es bilingüe pero se garantiza
que al final se saben las dos lenguas perfectamente».
¿Seguro, señora Rigau? Aquí unos ejemplos reales de redacciones en exámenes
de lengua castellana de un colegio en Barcelona. Alumnos de segundo de la ESO:
—Havia un niño en la carretera…
—Fue al doctor i le dijo que tenía una infección en la bufeta de la orina
(vejiga).
—L’esperó i se fue a comprar…
Y no solo en Cataluña. Combatir esta incultura del castellano cuesta en el
País Vasco 600 euros al mes. Es lo que paga un vecino de Bilbao que se trasladó
por trabajo hace cinco años allí con su hijo en quinto de primaria. Tenía nueve
años y venía de un colegio de Murcia. En los centros públicos de Bilbao se usa
íntegramente el euskera, y en ese momento no tenía capital para inscribirlo en
uno privado.
Su hijo, con un expediente impecable en Murcia, solo aprobó una asignatura en
Bilbao. Repitió curso en un nuevo centro, esta vez privado. Cinco años después
el niño habla perfectamente euskera, le imparten la asignatura en cada curso,
pero las demás materias son en castellano y alguna en inglés. Aprueba todo, eso
sí, a golpe de talonario gracias a la ayuda familiar.
Las ikastolas tienen un funcionamiento muy curioso respecto al idioma.
Juegan al sistema de recompensas y castigos. Hace unos años, una compañera hizo
un magnífico reportaje sobre la convivencia vasca para El Mundo TV, una
productora dedicada al periodismo de investigación.
La periodista acudió a una escuela pública de Vizcaya para simular que
quería inscribir a un hijo en el centro. En el pasillo se encontró con un
pequeño de unos siete años. Nuestra compañera le preguntó si allí hablaban solo
en euskera. El pequeño le contesto: «Bai» (sí).
A continuación le preguntó: «¿No puedes hablar en castellano?». Y dijo:
«Ez» (no). Los ojos del niño miraron de lado a lado y se escurrió entre las
escaleras al ver a la directora que se acercaba.
Si hablaba en castellano con esos desconocidos, estaba incumpliendo la
norma del centro.
Los suspensos y la lengua son un clásico. Natalia Santacreu, alumna de un
centro público en Valencia, el Sanchis Guarner, decidió un día no hacer sus
exámenes en valenciano. Sus padres eligieron para ella la línea en castellano.
Sin embargo, en quinto de primaria tenía todo en valenciano menos las
matemáticas.
La ley en la Comunidad Valenciana dice que los alumnos que elijan la línea
educativa encastellano tendrán como mínimo la asignatura de valenciano
obligatoria y la de conocimiento del medio también en esa lengua. Pero no dice
el máximo, así que muchos centros se permiten la licencia de darlo todo en
valenciano, menos una, como en este caso las matemáticas. Pues bien, Natalia
pasó de tener en todo sobresaliente a suspender todo, porque según su profesora
había utilizado el castellano en los exámenes. Sus padres lo llevaron a los
juzgados y ganaron porque la ley expone que se pueden utilizar las dos lenguas.
Este año comienza en un centro privado. La solución, otra vez a golpe de
talonario.
Pero los hay que ni pagando ni sin pagar. Fijémonos en los becados del
Centro de Alto Rendimiento de Barcelona, centro para atletas de elite
financiado por el Consejo Superior de Deportes y por la Generalitat de
Cataluña. Ellos son los mejores, los que subvencionamos con nuestros impuestos
para que nos representen en nuestros deportes, y los hay de todas partes de
España. Allí entrenan, estudian y residen. Tiempo atrás fuimos a hacer un
reportaje sobre los atletas y tuvimos que grabar en el aula de estudios. Un
chaval de diecinueve años, recién llegado de las Islas Canarias, promesa del
atletismo, campeón de España de cuatrocientos metros, miraba atónito a la profesora:
—Gaudí va ser un dels màxims exponents del modernisme en el nostre país…
Por supuesto, su nivel académico bajó, tuvo que repetir segundo de
bachiller. Todas las clases que se imparten son, claro está, en catalán. Y ahí
sí que no se puede elegir, porque tiene que estudiar en ese centro sí o sí. Ni
allí ni parece ser que tampoco en la Universidad de Barcelona.
Ocurre concretamente con los alumnos de criminología de la Facultad de
Derecho en la asignatura de Psicología de la Violencia.
A ninguno de los trescientos alumnos que se presentaban a la prueba se les
facilitaron exámenes en castellano. Algunos los solicitaron, pero el profesor
les contestó que no existían. Según asegura la página web de la Universidad de
Barcelona en su apartado de servicios lingüísticos, «los exámenes y trabajos se
pueden redactar en cualquiera de las dos lenguas oficiales».
Es por esto por lo que algunos alumnos de fuera de Cataluña eligen esta
universidad para realizar sus estudios, como S. M., de veinticuatro años,
licenciado en Políticas por la Universidad Autónoma de Barcelona. «He hecho
todos mis exámenes en castellano, si me hubieran quitado esa opción como les ha
pasado a ellos ahora, no habría venido a estudiar aquí, aunque el 70 por ciento
de las clases son en catalán».
Pero lo que está claro es que hay que estudiar en la lengua autonómica de
esos territorios para luego conseguir trabajo. Por ejemplo, en la Comunidad
Valenciana, las convocatorias públicas a puestos de la Conselleria de Sanidad
tienen una puntuación muy curiosa. Buscamos una al azar.
Es en Torrevieja, Alicante. El puesto: ATS visitador domiciliario. La
puntuación: máximo cincuenta puntos. Y entre ellos ofrecen un máximo de ocho
puntos por la experiencia laboral y un máximo de cuatro por el conocimiento del
valenciano. Discúlpeme, ¿vale solo el doble la experiencia que la lengua?
Si viene alguien a nuestra casa a vendarnos un pie o ponernos una
banderilla en el trasero, o si un neurocirujano nos está operando, nos da igual
cómo hablen: como si lo hacen en ruso, solo queremos que lo hagan bien.
En este aspecto el 20 de junio de 2011 el Tribunal Supremo obligó a la
Administración de Vitoria a contratar a un interino aunque no supiese euskera.
El empleado, que llevaba trece años trabajando para el ejecutivo autonómico, se
presentó a una oferta pública de empleo y quedó entre los treinta y cinco
primeros. Pero no le dieron el puesto porque pasaron por delante los que sabían
euskera. En la convocatoria no se decía que el idioma fuese condición sine qua
non para obtener el puesto.
Los que lo tienen peor son los policías: ellos sí que están obligados a
hablar euskera. Así lo explica un joven de veintitrés años, G. M., alumno de
una academia en la que preparan oposiciones para ser agente de policía en
Baracaldo: «Llevo invertidos no sé cuántos euros, ya ni lo sé, en academias de
euskera; he hecho ya tres cursos de euskaltegi porque necesito sacarme el PL2,
que es el certificado oficial de conocimiento de euskera. También he hecho dos
intensivos en verano».
Un esfuerzo necesario, porque si no lo tienen, de patrullar las calles,
nada de nada.
La lengua de los mossos
10 de mayo de 2011. Diez y media de la mañana. Una compañera de trabajo
llama al gabinete de prensa de los Mossos de Esquadra, la policía autonómica de
Cataluña:
—Bon dia.
—Buenos días, te llamaba para concretar el reportaje de los cursos de los
mossos, el de los alumnos de instituto sobre el tema de matrimonios forzados y
trata de blancas. ¿Cómo quedamos mañana?
—Espera un momento.
Un silencio se hace al otro lado de la línea. Pasan unos minutos y se pone
otro responsable del gabinete de prensa.
—Mira, que no va a ser posible al final.
—¿Por qué? Si ya tengo cerrado el billete del AVE para mañana —dice nuestra
compañera perpleja.
—Pues porque no lo vamos a hacer si tiene que ser en castellano.
—¿Perdón?
—Nosotros no lo vamos a hacer en castellano porque nuestra naturaleza es
hablar en catalán y si no es así no lo hacemos.
—Pero… esto es una televisión nacional, no pretenderéis que tenga que
traducir, se supone que son cursos muy interesantes, que es una propuesta que
estáis haciendo los mossos que está fenomenal… —La compañera seguía comiéndoles
la oreja.
Y esta fue su respuesta:
—Bueno, para nosotros es como si viniera la BBC inglesa.
Jarrazo de agua fría. Silencio. Cogió el teléfono nuestra jefa de
departamento. Media hora de charla, al final una solución:
—Bueno… —respondía el responsable de gabinete—, hay un mosso que se brinda
a hacerlo en castellano, pero es su decisión personal, que sepáis que no es lo
normal.
Todo solucionado gracias a la buena fe de un agente. La periodista ya
estaba metiendo cintas, preparando la cámara y cogiendo los billetes cuando el
teléfono volvió a sonar. Otra vez el de prensa.
—Oye mira que no va a ser posible, si queréis catalán bien, si no nada.
—Pero ¿esto es cachondeo o qué? Sinceramente no lo entiendo.
—Bueno, es que el instituto de Terrassa al que va a ir a dar la charla el
mosso ha dicho que nada de nada, que lo tiene que hacer en catalán.
¿Y sabe qué es lo peor de esta historia? Que el reportaje era sobre charlas
que van dirigidas a niños inmigrantes y de otras culturas en las que los
matrimonios forzados o la trata de blancas son problemas muy graves. Todas las
diapositivas, toda la ponencia, los folletos, etc., están en catalán. A lo
mejor un niño de once años llamado Mohamed lo domina, pero si quieren que le
llegue el mensaje, ¿no será mejor ponerlo en árabe? Por supuesto, el reportaje
al final no lo pudimos hacer. Ya dijo Pujol en una entrevista a Com Radio, en
2009, que lamentaba que los mossos se dirigieran cada vez más en castellano,
que el cuerpo no daba importancia al uso del catalán y que la policía
autonómica fue creada «para ser una referencia de identidad de ataluña».
El tema de los mossos y la lengua llega a un límite tal que se han dado
situaciones de lo más rocambolescas.
9 de febrero de 2011. Ronda Sant Pau, Barcelona. Dos guardias urbanos, la
policía local de toda la vida, están haciendo un servicio de vigilancia en
dicha calle. A lo lejos una moto aparece a gran velocidad, zigzagueando entre
los coches. Se abalanza sobre uno de ellos y obliga al conductor a frenar
bruscamente. Los guardias, alertados por el chirriar de las ruedas, se ponen en
alerta y siguen al motorista. Su velocidad era tal que no pudieron pararle
hasta la calle Comte de Urgell, comprobando que iba a noventa kilómetros por
hora. Reproducimos cómo fue esa conversación. El motorista habló en catalán,
pero lo hemos traducido al castellano para que usted lo entienda:
Guardia: Identifíquese, ¿lleva la documentación?
Motorista: Soy un mosso fuera de servicio.
G: Ya señor, pero usted iba a noventa kilómetros por hora y eso es
conducción temeraria.
M: Mi idioma es únicamente el catalán. No le entiendo.
G: Señor, no le quiero faltar al respeto en ningún momento, el castellano
me sale de forma natural y espontánea.
El mosso comenzó a indignarse y alterarse ante la mirada perpleja del
guardia urbano. Es entonces cuando comenzaron los insultos.
M: Tú eres un fascista y lo que estás haciendo es una represión lingüística
al catalán. Es una vergüenza para la policía de Cataluña que haya agentes con
este comportamiento fascista.
El mosso siguió amenazándole con ir a los medios para hacer pública la
represión del catalán.
Al lugar acudieron un sargento y un inspector de los mossos y un cabo de la
Guardia Urbana.
Lo primero que hicieron fue un control de alcoholemia, y el mosso estaba
limpio. En la denuncia en el juzgado de guardia el mosso dijo que el urbano le
había dicho que «esto es España y te hablo en español».
Y así quedó aquella jornada de dimes y diretes con seis agentes en medio de
la calzada, discutiendo por la lengua, dejando a un lado el motivo de su
detención: ir a más de noventa kilómetros por hora en una vía que tiene
limitada la velocidad a cincuenta.
El tema del tráfico y la lengua da para mucho.
Bidegorri…
—¿Bidegorri? Llevo diez años viviendo aquí y no entiendo una mierda.
Son palabras de un amigo cercano que vive en el País Vasco desde hace una
década. Bidegorri, para que lo sepas José, es «carril bici» en euskera. Una
señal que tiene una bici debajo y que está encima de un sendero rojo delimitado
por una línea discontinua. En este caso, se entiende aunque esté en euskera, y
no representa ningún peligro ni para conductores ni para peatones. No es el
caso de otras señales.
¿Qué hubiera pasado ahora con los dos vecinos de Estella, en Navarra, que
fueron acusados en 1983 de un delito contra la seguridad del tráfico al haber
tachado y rotulado en euskera unas cuarenta señalizaciones de la carretera N-II?
Los denunciaron por poner en peligro a los conductores. Pues ahora posiblemente
no los hubieran condenado a pagar 30.000 pesetas de multa ni a limpiarlas,
porque, visto lo visto, aunque la ley diga que las señales deben estar en las
dos lenguas oficiales, lo que está claro es que lo de las señales bilingües no
se cumple en todos los casos.
El artículo 138 de la Ley de Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y
Seguridad Vial reza:
«Las indicaciones escritas que se incluyan o acompañen a los paneles de
señalización de las vías públicas, e inscripciones, figurarán en idioma
castellano y, además, en la lengua oficial de la comunidad autónoma reconocida
en el respectivo estatuto de autonomía, cuando la señal esté ubicada en el
ámbito territorial de dicha comunidad, pero nunca debe aparecer sola en la
lengua autonómica».
Según este artículo si le ponen una multa en Donosti y la señal está solo
en euskera tiene que recurrirla alegando lo siguiente: «Por el artículo 138, el
ayuntamiento incumple esta normativa estatal en pro de la causa lingüística y
por tanto solicito la retirada de dicha multa porque no es válida». Ya lo sabe,
ahórrese unos eurillos, gracias a la lengua, aunque no entienda por qué le han
puesto la receta.
Visto lo visto hasta el momento respecto a las lenguas en nuestro país,
está claro que las leyes no se cumplen. Ni la Constitución, ni las
disposiciones del Tribunal Supremo, ni las de educación, ni las de los
empresarios, ni siquiera las de tráfico.
Hasta el Departamento de Estado de Estados Unidos lo reflejó en un informe
sobre la situación mundial de los derechos humanos en 2009. En él se apuntaba
la discriminación lingüística de los castellanohablantes en las escuelas de
Cataluña y en los hospitales de Baleares. En el mismo informe del año
siguiente, de 2010, los yanquis puntualizan las sentencias del Tribunal Supremo
en las que se establece que el castellano debe ser la lengua vehicular en el
sistema educativo catalán y que no se están ejecutando.
Hasta los franceses se están cansando, pero esta vez en el ámbito judicial.
El Ministerio de Justicia francés y el Consejo General del Poder Judicial
español instaron a los jueces de Cataluña a que no remitieran sus escritos en
catalán a tribunales del país vecino, al vulnerar los usos lingüísticos. Porque
en Francia los únicos idiomas que se aceptan para los escritos judiciales al
margen del francés son inglés, alemán, español e italiano.
Nuestras lenguas cruzan la frontera, pero no por su internacionalización,
sino por su imposición.
El catalán, el euskera, el valenciano, el gallego, nuestro amigo el
chapurriau son lenguas minoritarias que dan riqueza a nuestra cultura, que han
pervivido siglos gracias a sus habitantes.
Si sobrevivieron en cuarenta años de persecución durante la dictadura
franquista, si no se han estudiado en décadas y siguen presentes en las calles,
¿por qué ahora estamos nerviosos, temerosos de que se pierdan? Imposición sí
que es sinónimo de desaparición. Desde el Institut de Estudis Catalans pidieron
hace unos meses que se luchara con todas las fuerzas y energía por la
autodeterminación de Cataluña. Su presidente, Salvador Giner, aseguró que el
catalán «está en peligro por culpa de España». Sí. Por culpa del gobierno
central, que recauda de los españoles cada año un millón de euros para
otorgárselos a esa institución, en concreto el 10 por ciento del presupuesto
del Institut, para defender su lengua ¿Quiere perderlos?
Las academias, institutos y fundaciones para defender una lengua son
necesarios. Cualquier persona debería tener acceso al estudio de cualquier
lengua del Estado. Llevarla más allá de nuestras fronteras es también algo
digno, como hace el Instituto Cervantes, que tiene un presupuesto anual de 100
millones de euros que dependen del Ministerio de Asuntos Exteriores, y cuya
función es que cualquier persona en cualquier parte del mundo tenga acceso a la
lengua castellana. Aprender nuestras lenguas es un plus para nuestra cultura,
pero imponerlas o gastar dinero en defenestrar otras es una historia muy
diferente. Todo es cuestión de sentido común y tolerancia.
Las lenguas autonómicas son una moneda de cambio fundamental para presionar
al gobierno estatal en el reparto de presupuestos. Una lengua implica
diferenciación y mantenerla, unos costes muy elevados. No nos engañemos, un
catalán, un gallego o un vasco son lo que son por accidente. Nacer vasco no es
un mérito, es un factor totalmente aleatorio, es fruto del azar, nadie elige en
el parto de dónde va a ser, se es o no se es, y nos tenemos que aguantar. ¿Qué hubiera
pasado si el señor Martín Garitano, diputado general de Guipúzcoa por
Bildu, hubiese nacido en Almendralejo? Es lo que es y defiende lo que defiende
porque nació en Bergara. Por lo tanto, ser gallego, valenciano, leonés o de la
Vega Murciana no es más singular que ser rubio o pelirrojo, y sin embargo las
autonomías denominadas históricas y sus políticos juegan la baza de sus
diferencias y sobre todo de sus lenguas para diferenciarse y, en definitiva,
ganar más. Como muestra, un botón: Artur Mas recorta en todo, deja la sanidad
en pañales, a ciudadanos con infartos a las puertas de un hospital cerrado,
pero no resta nada a la lengua, que tiene el doble de presupuesto para 2012, un
total de 1.400.000 euros en el fomento del catalán en el extranjero y 1.500.000
euros más para doblar más películas al catalán. La explicación, según él, es
que su «prioridad es hacer país».
Capítulo X. NO HAY MAYOR INJUSTICIA QUE NUESTRAS JUSTICIAS
Imagínese sentado en su sofá, con el mando de la consola en sus manos. Se
dispone a jugar a un videojuego. Hoy usted es el protagonista de Courtfighter.
O lo que es lo mismo, El guerrero de los juzgados.
Comienza la partida. El escenario: un juzgado cualquiera. Su objetivo:
encontrar al funcionario que le va a solucionar sus problemas. ¿Las trampas?
Cada trabajador depende de un organismo, si acierta tiene un bonus, si no, game
over. Lleva en su mano una poderosa arma, una demanda civil.
Comienza el juego cuando usted entra en el vestíbulo del edificio. Salvado
el primer escollo, un suelo encerado y resbaladizo, llega hasta el mostrador
central. Allí una mujer de mediana edad le pregunta qué es lo que desea;
entonces la imagen se congela y una pregunta irrumpe en el centro de la imagen:
¿de qué organismo depende esta funcionaria? Las opciones aparecen en rojo
intermitente en los bordes inferiores de la pantalla. Debe apuntar con su arma
y elegir: comunidad autónoma, Ministerio de Justicia o Consejo General del
Poder Judicial… «Esta depende del ministerio», se dice para sus adentros,
dispara y… pierde la partida en la primera pantalla.
Es lo que tiene nuestro sistema jurídico, que para conseguir un récord en
nuestro videojuego particular tiene que aprenderse al dedillo cómo funciona el
entramado y qué actores participan en él: los abogados del turno de oficio los
paga la comunidad autónoma, igual que los edificios, el material y parte del
personal, como la protagonista de nuestra partida (bedeles, mensajeros, etc.).
El Ministerio de Justicia financia solo la otra parte del personal: jueces,
fiscales y secretarios judiciales. Ahora bien, la selección y destino de los
jueces y magistrados depende del Consejo General del Poder Judicial.
Cuando uno acude a un juzgado espera obtener una solución justa y rápida.
Lo de justa depende del juez, y lo de rápida ya no tanto, sino más bien de los
medios que posea. Según esté en una u otra comunidad, así será la justicia que
reciba. Por ejemplo, un desahucio tarda en ejecutarse un año y medio en Madrid,
mientras que en el País Vasco puede efectuarse en tres meses; si tiene un
problema con la Administración sepa que Andalucía un juicio contencioso
administrativo tarda unos cuatro años en resolverse, mientras que en La Rioja
el plazo se reduce a siete meses. Si tiene un problema con su empresa y la
lleva a un juzgado de lo social en Cataluña sabrá a qué atenerse a los cuatro
meses, mientras que uno de Canarias no dictará sentencia hasta dentro de diez.
Al tema del tiempo, añádale los medios. Puede ocurrir, por ejemplo, que unos
juzgados se queden sin servicio postal de notificaciones porque la Consejería
de Justicia, en este caso la de Valencia, con un agujero de 30 millones euros,
no haya pagado a Correos.
Cada comunidad ostenta competencias plenas en materia de gestión de medios
personales y materiales. ¿Qué ocurre con esto? Pues que en lo referente a
compartir información, los juzgados españoles funcionan casi como si entre ellos
fueran de países diferentes. ¿Cree que exageramos?
Llamemos a Contreras, nuestro fiel empleado público. Seguro que de haber
trabajado en un juzgado habría vivido conversaciones como esta:
—Contreras, tengo aquí un expediente de un caso en el que dictamos una
busca y captura.
Échale un vistazo, fue hace dos años. ¿Sabemos algo de él?
—Un momento, déjeme ver.
Contreras se acerca a analizar el expediente. Le bastan cinco segundos para
saberlo todo de él.
—Nada, no hay nada nuevo.
—Fíjate —confiesa el juez—, me da la impresión de que es una persona que
posiblemente ya habrá hecho de las suyas en otras ciudades. Busque a ver
Contreras.
—Yo, si quiere, lo intento, pero le digo que en cada comunidad tienen su
propio sistema informático y que son incompatibles entre sí. En Madrid está el
Libra, en Andalucía el Adriano,
en Valencia el Cicerone, en Canarias el Atlante, etc. Vamos, que ya ve,
funcionan que da gusto…
Un amigo me dijo que si metía un apellido de ocho letras en el registro de
penales, siempre lesalía que no tenía antecedentes, ¡aunque sea el delincuente
más buscado! Ni siquiera el programa
de procesamiento de datos de los fiscales, el Fortuny, es compatible. Solo
cinco autonomías pueden compartir toda su información con el Minerva.
—Entonces, ese tiene que ser muy bueno.
—Es el que tienen las autonomías que no han cedido competencias en
Justicia, pero fuera de eso, ya le pueden estar procesando en un juzgado, que
el juez del de al lado no lo sabrá nunca, aunque sus puertas estén a menos de
un metro.
—Como este sinvergüenza —interrumpe el juez refiriéndose al fugitivo— viva
en Andalucía, delinca en Valencia y le dé por entregarse en Madrid, ya nos ha
hecho un lío. A ver si se va al extranjero y se lo pedimos todo junto a la
Interpol.
De hecho, aunque se haya anunciado durante años su creación, a febrero de
2012, seguimos sin tener un registro central para faltas. Las condenas en
juicios de faltas no generan antecedentes penales; por tanto, uno ya puede
haber quitado miles de carteras al descuido o hurtar todo lo que quiera en una
tienda por valor de menos de 400 euros que el juez nunca sabrá cuantas veces lo
ha hecho.
El caos judicial y la falta de conexión provocan situaciones propias del
siglo pasado. Por ejemplo, el desperdicio de horas de policías y forenses que
en muchos casos tienen que viajar a la otra punta de España para decir: «Sí, me
ratifico en el informe que elaboré sobre este caso hace años». ¿No oyeron
hablar de la videoconferencia? En algunos juzgados los sumarios siguen formando
montañas de papel repartidas por cualquier lado. ¿No oyeron hablar de la
digitalización?
Por cierto, visitamos en Alicante un juzgado que tenía más de cincuenta
expedientes ¡en el baño!
Un juzgado muy solidario que da lectura a sus empleados en sus momentos más
íntimos y les ahorran el traerse una revista o el periódico:
—Contreras, ¿qué fue del caso de divorcio de ayer?
—El caso está en el váter, estamos en ello, ahora mismo está repasándolo
Francisco, que acaba de volver del café y el cigarrito.
—Vaya, a mí me da que este caso no huele muy bien.
Nos veremos la cara en los juzgados A los cuarenta y seis millones de
españoles nos va la marcha… judicial. Seguimos acudiendo a
la ley pese a que, según el CIS, el 70 por ciento creemos que no nos
resuelve nuestros problemas.
El caso es que nos da igual y cada año planteamos casi nueve millones y
medio de asuntos judiciales, mientras que los franceses con veinte millones más
de habitantes, tienen solo seis millones de trámites pendientes. Quizá hayamos
consumido muchas películas norteamericanas, esas en las que el protagonista a
la salida de comisaría se abalanza y le espeta al poli duro: «Te voy a
demandar».
Sin embargo, aquí esa amenaza de acudir al juez no surte un efecto,
digamos, inmediato. Según la Comisión Europea para la Eficacia de la Justicia,
el plazo medio para resolver una demanda ante un tribunal español de primera
instancia es de casi trescientos días, solo superado por Portugal, con
cuatrocientos treinta, e Italia con quinientos treinta y tres. Además tenemos
el índice más bajo de casos resueltos. Somos los que menos jueces tenemos por
habitante, pero más funcionarios en el sector de la justicia. Y además a este
guiso sin consistencia hay que echar el último condimento para que sea
incomible: cada ley, cada juzgado y cada organismo de justicia es de su padre y
de su madre. Por supuesto, cómo no, dependiendo en qué comunidad resida.
Guirigay normativo
Cada cuatro minutos se rompe una pareja en nuestro país. Si los dos son de
la misma comunidad autónoma, no hay problema. Pero ¿qué pasa si los que se
divorcian son un aragonés y una catalana?
Supongamos que tienen dos hijos en común y tienen que pactar su custodia
compartida en los trámites de separación y los dos no pertenecen a la misma
comunidad autónoma. Sepa que en tal caso sus hijos pueden enfrentarse a
situaciones como esta:
11 de la mañana. Un patio de un colegio en Zaragoza. Es la hora del recreo
y dos chavales charlan bajo un árbol mientras se comen un bocadillo de salami:
—¿Qué tal llevan tus padres lo del divorcio?
—Pues mañana nos dicen qué va a pasar.
—¿Y tú que tal estás?
—Bien, mi hermana y yo ya tenemos hechas las maletas.
—¿Las maletas? ¿Por qué? ¿No os quedáis con vuestra madre?
—Bueno, está en dos juzgados, si se llega a un acuerdo aquí, nos quedamos
con mi madre en casa, porque la custodia es para ella, y el juez dice que no
debe de moverse quien se quede con los hijos. Y si llegan a un acuerdo en
Barcelona, nos vamos con mi madre, pero a otra casa, porque mi padre está en
paro y el juez de allí dice que se va quien tenga menos dinero.
—¿Y eso?
—Pues yo qué sé, a mí que me digan dónde tengo que vivir para llevarme la
Play.
Sí, es cierto. En Aragón la ley prevé la custodia compartida como la opción
preferente y que la vivienda que compartan sea para quien tenga más problemas
de los dos para reubicarse, es decir, quien se quede finalmente con los hijos.
Si por el contrario viven en Cataluña, allí ya ni siquiera se llama «custodia
compartida», allí se denomina «responsabilidad parental compartida». La
vivienda no es para el que se queda con los hijos, sino para quien tenga más
problemas económicos, y además los dos deben elaborar un plan de convivencia
que tendrán que presentar ante el juez.
Es solo un ejemplo, en este caso que afecta a los menores sobre todo, y que
refleja el crisol de normas que se contradicen en nuestro país. Esta afecta a
los niños, pero hay para todos los gustos.
¿Incluso de animales? Pues sí, también tenemos. Por ejemplo, la normativa
de la Comunidad de Madrid, que prohíbe exhibirlos en los escaparates de las
tiendas; pero a pocos kilómetros a la redonda, en las autonomías limítrofes,
los perros, gatos y demás siguen mirando con cara de tristeza a los clientes
para que alguien los compre y les libere de sus cajas de cristal.
¿De ruidos? También. Se ve que en unas comunidades estamos más sordos que
en otras que soportan menos los decibelios de más. ¿De ascensores? Pues sí, los
ascensores también tienen una legislación diferente para cada región. Y los
autobuses tienen unas exigencias técnicas muy variadas en cada autonomía: si nos
ponemos a enumerar y a contar las diferencias le aburrimos y no acabamos. Pero
si le describimos un día de su vida, se dará cuenta de que muchos elementos que
le rodean serían muy diferentes si vivieran en otra comunidad:
Es temprano por la mañana y usted sale de su casa camino del trabajo. Llama
al ascensor, pues vive en un piso 12. No es una señora muy alta, más bien
tirando a bajita. Pero tiene suerte, puede llegar a pulsar su piso porque vive
en Aragón y allí la botonera debe estar como máximo a setenta centímetros del
suelo. En Baleares la ley solo exige que esté a noventa y cinco centímetros.
Sale del portal y se le engancha el zapato en una de las rejas de
alcantarillado que está frente a su casa. Esto se debe a que la normativa exige
que el entrelazado de esas rejas sea de un mínimo de tres centímetros. Si
viviera en Asturias se habría ahorrado una visita al zapatero, porque allí no
deben ser de más de 0,20 centímetros. Pero, es más, estas rejas en Baleares
deben ser perpendiculares al sentido de la marcha, pero en Canarias la
normativa exige que sean transversales.
Supongamos que usted tiene una discapacidad, y se ha comprado un
todoterreno de esos grandes.
Todos los días va a trabajar con él, pero como vive en Madrid (ahora
cambiamos de comunidad)
la plaza que hay en la calle para usted tiene que ser, por ley, de cuatro
metros y medio. Si viviera en Galicia, podría aparcarlo sin ningún problema,
pues allí se exige que sea como mínimo de cinco metros. Si no está
imposibilitado para subir escaleras, sepa que en cualquier lugar público subirá
tramos de dieciséis, catorce o diez escalones, porque hay comunidades donde las
escaleras, por norma, son más largas que en otras. Igual ocurre con las rampas
en los edificios:
hay comunidades donde miden la mitad de ancho que en otras, y todo esto
está regulado por leyes.
Esto es solo una muestra de lo que le afecta cada día, pero hay leyes que
tal vez solo le afecten una vez en la vida, como en el caso de la herencia, y
le aseguramos que depende de dónde viva que pueda llevarse lo que le
corresponde o no. En el territorio estatal se establece que los hijos heredan
dos tercios de la herencia, pero en el País Vasco esto no se cumple. No es que
exista una normativa comunitaria diferente a la general, es que incluso va por
provincias:
Le dice uno de Bilbao a uno de San Sebastián:
—Patxi, que voy a heredar, que se ha muerto aita.
—No me digas, ¿cuánto?
—Pues deja un millón de euros y a mí me tocan 800.000.
—¿Y a tus hermanos?
—A ellos nada.
Cambiemos las tornas. Le dice uno de Álava a uno de Bilbao:
—Gorka, que voy a heredar que se ha muerto aita.
—No me digas, ¿cuánto?
—Pues nada.
—¿Y tus hermanos?
—Tampoco.
—¿Y eso?
—Pues el año pasado nos vinimos de Llodio a este pueblo y aquí según la ley
no es obligado dejar nada a los hijos.
Sí, Llodio también es de Álava, pero en ese caso es un municipio aforado de
Vizcaya, por lo que se regiría por la misma ley que el de Bilbao. Visto esto,
si usted va a heredar mucho y vive allí o en Navarra, sepa que los
descendientes no se llevan los dos tercios como en el resto de España.
Cataluña, Islas Baleares, Aragón y Galicia también sufren variaciones.
Estas son las leyes dispares, pero hay otras, según el magistrado Marcelino
Sexmero, que no pueden ser más calcadas: «Muchas autonomías crean leyes iguales
que las estatales. Por ejemplo, el Estado tiene una ley general de consumidores
y usuarios de 1984, que es de aplicación estatal, esa ley ha sido copiada por
casi todas las comunidades en los noventa. Coge la ley, corta y pega y la metes
en el boletín de cada comunidad. Es una legislación inútil porque ya existe la
estatal».
Leyes que chocan
¿Ha leído usted alguna vez el Boletín Oficial de su comunidad autónoma? ¿Se
preocupa por lo que sale publicado en el de su provincia? ¿Y en el estatal? Los
boletines oficiales informan al ciudadano de las leyes y otras disposiciones
generales, actos y anuncios que obligatoriamente deben publicarse en él. Las
leyes y disposiciones no entran en vigor hasta que no son publicadas en el BOE.
Pues sepa que cada año salen a la luz 876.000 páginas de este contenido.
Llenar esos boletines es muy fácil, porque en nuestro país, las autonomías
aprueban una media de seis leyes por semana. Según un informe elaborado por el
Instituto de Estudios Autonómicos, en 2010 llegaron a producir doscientos
noventa y ún decretos ley. El ranking lo lidera Cataluña con cuarenta y tres,
seguida de Navarra con treinta y la Comunidad Valenciana con veintidós.
Frente a esa frenética labor de regularlo todo, ¿sabe cuántas aprobó el
Congreso de los Diputados para todo el Estado? Solo sesenta y nueve.
En España se estima que hay más de cien mil leyes y reglamentos en vigor.
Una actividad legislativa que funciona a espasmos incontrolados. Así vamos. Se
dicta una ley sin haber hecho estudio previo de competencias, y a ver qué pasa.
Y lo que pasa es que se generan conflictos, ya que las nuevas normas muchas
veces chocan de lleno con las leyes que elaboran las Cortes Generales. ¿Y qué
es lo que hacen? Pues que cuando las comunidades autónomas no lo ven claro
interponen recursos en el Tribunal Constitucional. Y cuando al gobierno central
no le hace gracia lo que legislan las autonomías, pues recurren también. Y así
el TC se ve desbordado en un juego sin fin:
Diez de la mañana, un día cualquiera en el Tribunal Constitucional. El juez
está a punto de entrar en su despacho y le pide a su secretario el reporte de
los últimos días:
—Contreras, tráigame el recurso sobre la reestructuración bancaria que
hemos aprobado esta semana.
—Pero, su señoría, ¿cuál quiere? ¿El de Extremadura, el de Madrid, el de
Cataluña o el de Galicia?
—¿Nos han interpuesto cuatro recursos, Contreras?
—Sí, y faltan los de la ley orgánica esa con la que hemos modificado el
Poder Judicial. Esa no ha gustado ni en Castilla y León ni en La Rioja.
—Vamos a ver. ¿Qué han legislado ellos esta semana?
—A ver… Hay siete nuevas normas del Parlamento catalán, cuatro leyes más se
han sacado de la manga en Valencia, dos en Galicia y hay algo más en Aragón y
Extremadura.
—No lo soporto más. Contreras, hágame el favor, búsqueme una plaza de
bedel.
Esta es una conversación ficticia, pero los datos son totalmente reales.
Hay leyes que son tan opuestas, como las que tienen que ver con los procesos
electorales. ¿Cómo es posible que en Canarias lleve ganando las elecciones el
único partido, Coalición Canaria, que nunca ha ganado en número de votos? ¿Cómo
puede ser que Cataluña monte un referéndum, propuesto por su propia Asamblea,
sin atenerse a la ley general del Estado?
Pues esto pasa. En nuestro país la inercia a la burocratización no conoce
límites. Somos el Estado que más leyes crea de toda Europa. Tenemos tantos
decretos y normas de diferentes rangos que chocan y vuelven a chocar que
nuestro sistema legislativo parece el acelerador de partículas que están
probando desde ya hace años en Suiza, con los neutrones y protones de aquí para
allá. Un frenesí de legalidades moviéndose apelotonadas en la pista de baile de
nuestros juzgados. Son tantas que en algunos casos ya no sabemos cómo
comportarnos ni siquiera cuando tenemos que coger un autobús, sobre todo dependiendo
de la ciudad o el pueblo en que vivamos.
Desordenanzas municipales
Marshalltown, estado de Iowa, Estados Unidos. Los caballos tienen prohibido
comer las bocas de incendio. Idaho, un hombre puede ser multado si le regala a
su mujer una caja de bombones que pese menos de cincuenta libras (veintitrés
kilos). Blythe, California, una ordenanza declara que una persona debe poseer
al menos dos vacas para poder llevar botas de cowboy en público.
Columbia, Pennsylvania, va contra la ley que un piloto haga cosquillas a
una estudiante de prácticas bajo la barbilla con un plumero durante el vuelo.
En Denver es ilegal prestar la aspiradora al vecino. En Devon, Connecticut, es
ilegal andar hacia atrás tras la puesta del sol. Y en Willbur, Washington,
nadie puede montar un caballo feo.
No se lo puede creer, ¿verdad? Qué acostumbrados estamos a decir que lo que
pasa en Estados Unidos no pasa en ningún lugar del mundo. Los norteamericanos,
gracias a su sistema de estado federal, cuentan con un crisol de normas opuestas
y eclécticas, en ocasiones increíbles, pero que,aunque no lo crean, tienen
rango de ley.
Seguro que estará pensando que aquí no somos tan esperpénticos. Bueno, todo
a su tiempo. Algo parecido pasa aquí con las ordenanzas municipales. En nuestro
país, para andar por casa nos regimos por lo que llamamos las hermanas pequeñas
de las leyes, esas que todos desconocemos y que están presentes en nuestra vida
cotidiana. De muchas no sabemos ni que existen, y las que conocemos a veces nos
parecen absurdas. Son las ordenanzas municipales, las que tienen todos y cada
uno de los 8.116 ayuntamientos de nuestro país. ¿Para qué sirven? Pues
simplemente para garantizar la convivencia cívica.
Por ejemplo, en Ciudad Real se multa a los establecimientos de hostelería
que no pongan el nombre del bar, cafetería, etc., impreso en las servilletas de
papel. Increíble, ¿no? Le contamos la razón. Lo del invento de las servilletas
es para comprobar qué establecimiento no limpia los restos que quedan bajo las
mesas de las terrazas. Los funcionarios del ayuntamiento leen el nombre impreso
en las servilletas del suelo y ya saben qué bar es el que no limpia, y sanción
al canto: 75 euros por cada una de ellas.
Un ciudadano puede incurrir en tantas faltas como lugares visite dentro de
nuestro territorio.
Porque recuerde que ignorar la ley no exime de su cumplimiento. Así que si
va a viajar, más vale que revise qué ordenanzas municipales rigen el sitio al
que va a acudir. Por eso le vamos a ofrecer una guía turística, no le vamos a
decir los mejores restaurantes ni los hoteles a los que acudir, sino un
itinerario de «ordenanzas municipales con encanto», para que no le pillen por
sorpresa si acude, por ejemplo, a la playa.
Nuestro recorrido veraniego comienza en Santa Pola, Alicante. Ni se le
ocurra poner la toalla a primera hora de la mañana en la arena: reservar sitio
está sancionado. Además, si la policía le retira la sombrilla, solo podrá
recuperarla si presenta la factura correspondiente. Sí, esa factura de cuando
la compró allá por los años ochenta en los ultramarinos del paseo marítimo, que
seguro que la tiene guardada bajo llave. Si echa una cabezadita de noche a la
orilla del mar, no lo haga cuando están trabajando los operarios de limpieza.
Bueno, esto es un poco de sentido común para que no le pillen las máquinas.
¿Quiere pescar? Ni loco lo haga a menos de cien metros de bañistas.
Si después de unos días en Santa Pola se decide a visitar Valencia, no vuelva
a picar, no se le ocurra coger sitio en la playa otra vez, ni pinchar la
sombrilla en la arena a menos de seis metros de la orilla, pues también es
falta administrativa y, por supuesto, tiene sanción. No coma pipas. No, no
queremos decir que las recoja como buen ciudadano, queremos decir que no se le
ocurra comerlas.
La ciudad de Valencia se rige por más de cien ordenanzas municipales. La
autoridad municipal controla que se cumplan; eso cuando lo puede controlar,
porque si tenemos en cuenta que hay mil seiscientos policías allí, uno por cada
quinientos habitantes, perseguir al infractor es una ardua tarea para la que
los agentes no dan abasto. Por eso, cuando unos vecinos denunciaron que en un
parque de la ciudad no podían andar más de un metro sin pisar los excrementos
de los perros que sus dueños no recogían, allí no apareció nadie para multar a
los infractores.
Nuestra ruta continúa por Barcelona, allí las normas de ruido son muy
estrictas. Unos turistas muy especiales decidieron ir a la Ciudad Condal a dar
un concierto para más de cien mil personas, en julio de 2009, en el Camp Nou.
Estaban haciendo sus pruebas de sonido y en el consistorio se les ocurrió la
gran idea de que podían sancionarlos porque los vecinos del barrio de Corts no
podían soportar el jaleo. Imagínese la supuesta escena: Estadio Camp Nou,
Barcelona. Dos guardias urbanos se plantan en medio del escenario y a voz en
grito se acercan al cantante:
—Señor, está excediendo los niveles de ruido y los horarios que permite
nuestra ordenanza municipal.
—Excuse me?
Afortunadamente, recularon en el último segundo y esta situación jamás se
dio. El ayuntamiento estaba estudiando sancionar nada más y nada menos que a
los irlandeses U2.
Seguimos nuestro recorrido turístico, ahora en autocaravana. Los
ayuntamientos no obedecen la Ley de Seguridad Vial, cada municipio puede
legislar como le venga en gana sobre la posibilidad de estacionar o no un
coche-casa en su territorio. Así que puede salir de Valencia y aparcar en una
gasolinera para dormir y llegar a Almuñécar, en Granada, y que allí le pongan
una multa por hacerlo. Puede esgrimir sorpresa y excusarse: «En Valencia lo
hemos hecho y no pasaba nada». O también puede emitir una queja incluso al
defensor del pueblo. Como la que elevaron unos excursionistas contra el
Ayuntamiento de Santander por no permitir el aparcamiento de su coche-casa. El
defensor manifestó que, aunque la Dirección General de Tráfico legisla el
estacionamiento de autocaravanas como el de cualquier otro vehículo a motor,
«no puede realizar actuación alguna porque no tiene competencias sobre las
ordenanzas de cada ayuntamiento». Es como si por las calles de un pueblo a las
que se debe circular a un máximo de cincuenta kilómetros por hora, según la
DGT, el edil de turno dejara hacerlo a cien, porque en su territorio él es el
que dicta las normas.
Sigamos nuestro viaje por tierras españolas. Por ejemplo, en autobús. Puede dirigirse hasta Avilés. Eso sí, tenga en cuenta que si está en la parada esperándolo fuera de la marquesina pueden multarle hasta con 90 euros. Porque en Asturias hay que andarse con mucho ojo. Sobre todo «andarse», ya que, también en Avilés, si se queda quieto en la acera y entorpece el paso de otro viandante que tiene que poner un pie en la calzada para pasar por donde usted está, serán otros 90 euros más de su bolsillo los que tendrá que pagar a las arcas municipales. No corra, no
salte, no juegue en la calle con su hijo, todo conlleva sanción. No vaya
por una calle peatonal con patines más rápido que los peatones, no lleve una
bici sin timbre y si tiene que dejar la moto, jamás le ponga un candado atado a
algún elemento del mobiliario urbano. Todo esto son otros 90 euros más por cada
infracción. Sobre todo, no tenga la maravillosa idea de sacar la basura en los concejos
de Mieres y Lena en una bolsa transparente. Eso es casi pecado. Tampoco cante
en alto por la calle jamás. Y en Siero no deposite estiércol fuera de los
estercoleros. Esta, desde luego, es una norma muy, pero que muy específica.
Le recomendamos que, ya que está en el Principado, recorra sus maravillosos
municipios y ciudades. Siga hasta Oviedo. Si después de esta gira veraniega ya
no le queda dinero, ni se le ocurra mendigar: está prohibido. Pero sí se puede
pedir realizando alguna actuación artística y pasando la gorra. Pero cuidado,
no la pase insistentemente, porque de esa manera la multa está asegurada. Como
sucede en muchas ciudades, en esta a eso se le llama «mendicidad coactiva».
Por cierto, ¿cómo se mide la insistencia?
Continúe por Gijón pero allí no alimente a ningún animal vagabundo. Solo a
colonias de gatos.
¿Usted sabe qué es una colonia de gatos? ¿Y qué pasa con las colonias de
perros? ¿Estamos hablando de discriminación animal? ¡Gatos del mundo, uníos
contra la discriminación!
De Asturias bajamos hasta Ciudad Real. Allí no se convierta en el flautista
de Hamelín y haga que le siga, por ejemplo, la colonia de gatos que adoptó en
Gijón. Conducir animales en gruposin autorización le puede costar 75 euros.
Acabamos en Madrid. Supongamos que usted es de allí, llega de sus
vacaciones y recoge a su querido perro de la casa del vecino. Llega tarde y
cansado y se baja al parque. Después de su vía crucis de posibles multas, por
fin ha tenido suerte. En Madrid puede pasear a su perro por un parque sin
correa a partir de las 20.00 horas; si lo hace a otras horas, ya sabe, a
apoquinar.
Tenemos tanta ignorancia sobre lo que podemos o no podemos hacer respecto a
las ordenanzas municipales que al final nos sentimos perdidos. Por ejemplo,
¿cuántas veces ha aparcado su coche tan pegado a la acera que parece que se le
van a pinchar las ruedas? Pues eso en muchos lugares es razón para que su
vehículo se lo lleve la grúa. Hay que dejarlo suficientemente alejado del
bordillo. La razón: para que los operarios de la limpieza puedan hacer su
trabajo.
Las ordenanzas y las normas municipales regulan también las actividades
comerciales, como por ejemplo la venta ambulante. Y hay sanciones para todos
los gustos.
Pedro G. puso en marcha en Valencia lo que él creyó que era un lucrativo
negocio: un puesto ambulante de perritos calientes. El consistorio puso el ojo
en su actividad comercial y se la vetó.
La causa era que el producto que él vendía no es autóctono de la Comunidad
Valenciana. Los perritos son alemanes o estadounidenses, no son como la
horchata, los buñuelos o las castañas.
Es un producto extranjero. Pedro recurrió la sanción y comenzó a
«valencianizar» los perritos: decidió comprar las salchichas en una empresa
local, los carritos los adquirió en una fábrica del municipio valenciano de
Picanya y los panes en un horno de Patraix. A su puesto solo le faltaba un
vestido de fallera para hacer honor a la tierra…
¿Ve como era cuestión de profundizar un poco para saber que sí que podemos
llegar a ser tan absurdos como los yanquis?
Inmigrante «autonómico»
Sí, los hay y no es necesario que sea un senegalés con una ikurriña
colgando, hablamos de que los derechos de los inmigrantes también dependen de
qué región o municipio hayan elegido para
vivir.
Concretamente pasa en Hospitalet de Llobregat, en Salt y en Badalona. Estos
tres municipios catalanes emitieron hace meses una nueva ordenanza que afectaba
solo a los inmigrantes: la prohibición del reagrupamiento familiar y la no
extensión de certificados de arraigo a aquellos inmigrantes cuyo comportamiento
vulnerase las ordenanzas municipales de civismo. Por ejemplo, no podrían vivir
allí si habían bebido en la vía pública, si en algún momento de su vida se
habían dedicado a la venta ambulante ilegal o si habían tenido alguna denuncia
por ruidos de otro vecino. Esas pequeñas cosas que a los demás nos suponen una
multa o un aviso por parte de los agentes locales, para ellos es motivo de
expulsión en estos municipios. Así de rotundo. Solo depende de que el funcionario
de turno de los distintos ayuntamientos les haga un informe negativo a la hora
de tramitar sus expedientes de arraigo.
Grupos de apoyo a los inmigrantes como SOS Racismo y el GRAMC (Grupos de
Actuación Minorías Culturales) han elevado sus denuncias, porque, según ellos,
no solo atentan contra la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sino
también contra la Constitución y las leyes europeas. Incluso, paradójicamente,
van contra la propia normativa del Ayuntamiento de Hospitalet. En un documento
de ciento cincuenta y dos páginas publicado por ese mismo consistorio, que se
llama «Hospitalet pel civisme» (Hospitalet por el civismo), se expone
claramente que en Hospitalet se deben «promover los valores de adhesión y de
solidaridad, especialmente sobre aquellas personas que tienen mayor dificultad
de accesibilidad y de inserción social (…) y el respeto para los diferentes grupos
étnicos, culturales y religiosos, a fin de evitar actitudes y comportamientos
racistas y xenófobos».
Pues bien, de eso nada. Allí un inmigrante debe mostrar méritos tales como
un contrato de trabajo, buen comportamiento, etc., para que se le reconozca ese
derecho de arraigo.
En nuestro país, como se ha visto, cada consistorio local tiene sus normas,
y las más polémicas afectan a las libertades fundamentales. Esperemos no llegar
a los límites de Italia, el país con más ordenanzas de Europa. Allí, en algunas
ciudades se prohíbe andar con zuecos porque hacen ruido, comer bocadillos al
aire libre, sentarse en un banco a partir de las 23 horas, y lo más
polémico, se castiga a quien lleve minifalda con multas de 25 a 500 euros.
Ahí queda eso.
Capítulo XI. LA LOCA ACADEMIA
Nueve de la mañana. Pepa sale de casa a toda prisa, llega tarde al trabajo.
Se acerca a la acera para abrir su coche, pero ¡sorpresa!: ya no está. Se lo
han robado. Acude corriendo a la comisaría más cercana. ¿A qué tipo de
comisaría?
Policía Nacional.
Guardia Civil.
Policía local.
Policía autonómica.
¿En cuál cree usted que le irá mejor? Continúe leyendo.
Ponga la música de Benny Hill, porque comienza el festival de nuestras
fuerzas de seguridad, en el que cualquier ayuntamiento y comunidad tiene su
propia policía, cada vez con más competencias. En ocasiones es tal el lío que
ya no se distingue dónde están los buenos y dónde los malos.
N-340 a la altura de Alcanar, Tarragona. Circula un vehículo de la Guardia
Civil camuflado, investigando un doble homicidio. Aparecen los Mossos
d’Esquadra, la policía autonómica catalana, la más antigua de España. Si
jugásemos al Cluedo, ¿con qué opción se quedarían?
Acuden en apoyo de la investigación. El malo puede darse por perdido.
Confunden al guardia civil con un malo, pero tras identificarse le dejan
que continúe con su trabajo.
Confunden al guardia civil con un malo, pero tras identificarse, le
registran el vehículo y le hacen un control de alcoholemia. La investigación
del homicidio puede esperar. Si no nos conociera pensaría que la a), pero con
lo que lleva leído de este libro no le extrañará que la respuesta correcta sea
la c). Efectivamente, pese a que los mossos comprobaron que era un coche
camuflado en servicio, lo bloquearon, lo registraron e hicieron un control de
alcoholemia a uno de los agentes de la Guardia Civil, que resultó negativo.
Este, además, denunció a los mossos por insultos.
Pollo en la pollería
Como bien sabe, la Policía Nacional tiene competencias exclusivas en toda
España en materia de extranjería. Al tenerlas solo un cuerpo es mucho más fácil
saber quién entra y quién sale, y conocer quién está en situación irregular. El
caso es que dos policías de la Brigada de Extranjería y Documentación de
Barcelona, junto con una subinspectora del Ministerio de Trabajo, estaban
realizando una inspección en una pollería de Lleida donde trabajaba una mujer
de nacionalidad ecuatoriana. La suerte fue que la propietaria de la pollería
era madre de un mosso. «Para qué queremos más», que diría la nuestra. La señora
llamó a su hijo, que se presentó en la tienda y, según consta en las
diligencias, les dijo que «no reconocía la autoridad de esos policías» y les
exigió que no se fueran hasta que no aparecieran los refuerzos que había solicitado
de los mossos. Los policías no le hacen caso y, cuando se meten el coche, el
mosso tira al suelo a uno de ellos y le agrede con una porra extensible. En
muchos cuerpos de policía su uso está prohibido o muy restringido por el
destrozo que hacen. Íbamos a hacer el chiste fácil de que al ver eso a los
pollos se les puso la piel de gallina, pero al enterarnos de que el policía
sufrió un traumatismo cervical… de bromas, nada.
Estos casos son de los pocos que trascienden a la prensa. La consigna
política es dar una imagen de coordinación ante el ciudadano. Así, uno siempre
cree que las fuerzas de seguridad pública funcionan como en Fuenteovejuna,
todas a una, con un corporativismo como el de «¡a mí la legión!». Pero no está
tan claro. Más bien se percibe cierto pique de las policías autonómicas con la
Guardia Civil o la Policía Nacional. Si no, no se puede entender la sentencia
108/07 de unjuicio rápido de faltas en Sabadell. Condena a un tal Cristian al
pago de una multa de 180 euros.
¿Qué había hecho? Al paso de un coche de los mossos había gritado: «¡Viva
la Guardia Civil!».
Miramos las dos hojas de la decisión judicial: no pasó nada más. Los cuatro
mossos lo entendieron como algo «despreciativo-vejatorio». ¿Qué necesidad
tenías, Cristian? Las cosas están calientes y tú chinchando. Lo interesante del
caso no es que hubiesen reprendido a Cristian in situ, alegando algo como:
«¿Qué tiene la Guardia Civil que no tengamos nosotros?», sino que hubiesen
seguido adelante con el atestado y el juicio. No duden que eso supone un
papeleo considerable y muchas horas de trabajo. Son prioridades que llaman la
atención cuando Barcelona está considerada por periódicos tan prestigiosos como
The Times, en octubre de 2011, como la ciudad del mundo donde hay que tener más
cuidado con los carteristas.
El país de las mil policías
En España, aparte de los cerca de 84.000 guardias civiles (GC) y los cerca
de 65.000 policías nacionales (PN), hay varias policías autonómicas. Unas muy
asentadas, como los 16.000 mossos en Cataluña, los 8.200 ertzainas en el País
Vasco y los alrededor de 1.100 policías forales navarros. Ahora se les acaban
de unir la policía autonómica canaria, con unos 100 miembros, cuyas funciones
siguen sin estar muy claras. Iba a crearse la policía balear, «cos de guaita»,
pero en enero de 2012 se olvidaron del asunto por culpa de la crisis. Todas
estas policías, menos la canaria, tienen prácticamente todas las competencias
en seguridad ciudadana: investigan crímenes y tienen sus propios laboratorios forenses,
con lo que cuesta cada aparatito de los que hay en ellos. Aparte, están las
Unidades Adscritas de la Policía Nacional para las comunidades de Valencia,
Asturias, Aragón, Andalucía, Madrid y Galicia. Estos son policías nacionales
pero a cuyo uniforme se le ha añadido un escudo de la comunidad. Se diferencian
de los mossos, por ejemplo, en que, aunque dependen de las comunidades, aún no
tienen tantas competencias. De momento se encargan de la protección de
personalidades, medio ambiente, etc. El asunto ha cogido una inercia imparable,
sin vuelta atrás y cada vez adquirirán más competencias exclusivas.
Todos tienen un sueldo base que paga el Ministerio del Interior (el del
Gobierno de España, que dice el anuncio) y sobre eso cada comunidad le añade un
plus. Así tenemos diferencias salariales para el mismo trabajo que pueden
oscilar, por ejemplo, en un 50 por ciento entre un guardia civil, que cobra
unos 1.700 euros mensuales brutos, y un ertzaina, con un salario de 2.700 euros
brutos.
Bien, tenemos las autonómicas, pero ahora nos faltan las locales. En España
hay cerca de dos mil cuerpos de policía municipal, con más de sesenta mil
efectivos en total. Por cierto, doce mil de ellos solo en la Comunidad de
Madrid, la autonomía que más policía y Guardia Civil tiene de toda España.
Muchas de ellas, las de las grandes ciudades, como las de Madrid, también
cobran más que un policía nacional o guardia civil. Ahora bien, las policías
locales tienen muchísimas menos competencias. Carecen de las de investigación
de delitos graves, de lesiones graves, homicidios, narcotráfico, etc. Pese a
esto, cada vez pujan más por hacerse con parcelas de este tipo. Si no, no se
entiende que en la Academia de Policía Local de la Comunidad de Madrid den un
curso de negociación de secuestros. Cuando llamamos para preguntarles el
porqué, nos dijeron que era «porque pueden darse situaciones de ese tipo». Sin
embargo, en Madrid eso lo debe hacer, al menos es lo que marca la ley, la GC o
la PN. Vamos, que por la misma regla de tres nos dedicamos a hacer un curso
para pilotar un Airbus 320, por si algún día estamos a bordo y se desmayan los
dos pilotos.
La justificación de los ayuntamientos para tanto crecimiento de las
policías es que el ministerio no atiende a sus peticiones de mayor presencia de
seguridad. Algo en lo que muchos tienen razón. Sobre todo en zonas rurales,
donde parece ser que la función de la policía es considerada poco menos que de
«rompeterrones». En todos los años que llevamos haciendo reportajes sobre
sucesos, cada vez con más frecuencia vemos que los miembros de los propios
cuerpos de seguridad quieren participar en investigaciones judiciales, lo que
les da más prestigio que patear la calle. En esto coincide José Escalante,
exjefe de la policía local de Burgos y autor de varios manuales que estudian
los policías en las academias. Y a este elenco de agentes de seguridad además
hay que añadir otros cuerpos, como son el Servicio de Vigilancia Aduanera, la
Policía Portuaria, etc.
Cada ayuntamiento convoca las oposiciones a policía local que quiere con
los requisitos que le da la gana. Por eso no han sido pocos los casos, sobre
todo en los municipios pequeños, donde se ha hablado de tongo a la hora de
resolver unas oposiciones al cuerpo. Esto ocurre porque al ser cuerpos más
pequeños no pueden gozar de mecanismos de autocontrol como por ejemplo las
unidades de Asuntos Internos de la Policía Nacional, que trabajan para echar a
quien cometa delito en el desarrollo de su trabajo. Por eso, al funcionar como
pequeñas islas de autoridad, es más fácil que las policías locales se puedan
contaminar en varios escalones, como fue el conocido caso del sheriff de la
policía local de Coslada (Madrid), acusado de extorsión a locales nocturnos. En
los últimos años ha habido varias detenciones de jefes de policías locales:
Marbella (Málaga), El Molar (Madrid), Godella (Valencia), San Fulgencio
(Alicante), Pájara (Fuerteventura)… Aunque hay que aclarar, para que luego no
digan los policías locales, que ninguna fue tan divertida como la de Roldán, el
exdirector de la Guardia Civil, que se llevó el dinero de los fondos reservados
huyendo, con peluca incluida, a Tailandia. Indudablemente, son excepciones que
hacen mucho daño a los policías locales, la gran mayoría de los cuales hace un
excelente trabajo.
Quiero atrapar a los malos de las
películas
Bueno, ya tenemos unas policías creadas, ahora solo falta dotarlas de
competencias. No queda más remedio que quitárselas a Policía Nacional y Guardia
Civil. Estas además les dan formación para acometer sus nuevas misiones:
desactivación de explosivos, policía científica, etc. Pero como ocurre con todo
en la vida, con el tiempo esto sabe a poco y cada vez se piden más
competencias. Nos contaban recientemente que los mossos no han parado de pedir
las de documentación, expedición del DNI y extranjería, además de las
relaciones internacionales para el territorio catalán. Es decir, prácticamente
quieren tener el reconocimiento de país a nivel policial fuera de nuestras
fronteras. Lo que nos llamó la atención fue que tras la negativa de los
directivos policiales a sus peticiones la respuesta fue: «Ya nos las daréis».
Así pues, solo falta saber en qué votación de los Presupuestos Generales del
Estado de esta estrenada legislatura se conseguirán esas competencias.
¿Qué consecuencias tiene esto? Pues que si la delincuencia es cada vez más
transnacional, nuestra lucha contra ella es cada vez más provinciana, es decir,
al revés. Ya sabe que los ámbitos de actuación de estos cuerpos de seguridad
están limitados a la autonomía o al municipio, si bien algunos han hecho
alianzas con otros ayuntamientos. Es decir, si la Ertzaintza, por ejemplo,
quiere llevar a cabo una intervención fuera del País Vasco, debe hacerlo
conjuntamente con la Policía Nacional o la Guardia Civil. Por eso, no queremos
ni contarle la que casi se monta a principios del año 2009, cuando se
desplazaron veinticinco ertzainas y detuvieron a un etarra en Jaca (Huesca),
sin que lo supiera la Guardia Civil ni la Policía Nacional. «De milagro no hubo
tiros entre la policía autonómica y la del Estado, que desconocía de dónde
venía toda esa gente», confiesa un miembro de un sindicato policial. La
operación estaba autorizada por un juez de la Audiencia Nacional. Nuestro interlocutor
continúa: «Aun así, está fuera de la ley. De todas formas, los jueces nunca
piensan en la operatividad policial. Lo que quieren es que se coja a los malos.
Les da igual quién. El problema es cuando crean situaciones como la de Jaca o
mandan investigaciones paralelas, con todo el gasto que eso supone. Recordamos
la de José Luis López de Lacalle, asesinado por ETA. El juez mandó la
intervención de los mismos números de teléfono por Policía, Guardia Civil y
Ertzaintza. ¡Al mismo tiempo!».
Esto suena a otras historias, como la que vivimos recientemente,
relacionada con el narcotráfico internacional. Le explicamos: cada vez es más
habitual que los traficantes pasen la droga por el método del gancho ciego. Es
decir, la meten en un contenedor de una empresa que no tiene nada que ver con
ellos. Cuando ese contenedor llega a España lo roban, pero solo con el
propósito de hacerse con la droga. El propietario del contenedor no sabe nada,
cree que ha sido un robo común. Así, los mafiosos evitan que les pillen
transportando el estupefaciente e implican a un WZQinocente. Pues bien, así nos
explica un investigador el siguiente caso: «Nosotros seguíamos uno de estos
envíos que iba en un camión. Resulta que cuando está en Cataluña los malos lo
asaltan para sacar la droga, el camionero avisa a los mossos, que pasan el caso
al juzgado y para ellos ahí se acaba el tema. Por deferencia, nos ponemos en
contacto con los mossos para comentarles que ese envío forma parte de una
operación aún mayor que estamos investigando. Resultado, la jueza que abrió diligencias del robo manda de
forma precipitada a los mossos fuera de su comunidad a abrir los contenedores
que vigilábamos, cuando el trabajo de investigación era totalmente nuestro».
El crimen organizado, el que más repercusión mediática tiene, es otra de
las competencias que a modo de hechos consumados están intentando asumir
algunas policías autonómicas. Como la Ertzaintza, con su Plan de Reorganización
y Modernización de 2010 contra delitos informáticos, grupos organizados,
moneda, etc. Viendo esto, ¿cómo se puede luchar contra este tipo de
delincuencia si por definición es trasnacional? Hacemos una pregunta muy
simple: en las opciones siguientes… ¿dónde cree que hay menos policías
implicados?:
Una operación internacional de
narcotráfico.
Un atracador que mató a una cajera en Barcelona y vive en el País Vasco.
Correcto, en la a). En ella interviene la Policía Nacional desde donde sale
la droga hasta donde llega. En el segundo caso, para detener en nuestro país al
autor de un asesinato en Barcelona que se escondió en el País Vasco hicieron
falta tres: Mossos, Ertzaintza y Guardia Civil.
Aquí todos mandan
Lo mejor de toda esta maraña policial es que la mayoría de cuerpos de
seguridad no comparten datos. Así nos encontramos casos como el de la Brigada
de Extranjería de la Policía Nacional en Cataluña, encargada de dar la
residencia o nacionalidad. «Al no tener acceso a los antecedentes de los mossos
o ertzainas te puedes encontrar con que estás regularizando a una persona que
tiene un quebrantamiento de condena o está acusado de varios delitos», se queja
un representante sindical. Para resolver estos problemas de coordinación
existen unas juntas de seguridad, pero en el caso de Cataluña hace varios años
que no se reúnen. A este paso no es de extrañar que para un ladrón sea tan
importante llevar guantes en un robo como la manera de cometerlo. Lo ideal para
que no te pillen es cometerlo en una comunidad, empadronarte en una segunda y
vivir en una tercera que tenga policía autonómica.
No es broma. Haga la siguiente prueba empírica. Entre en la web de la
Ertzaintza. Vaya a su pestaña de «desaparecidos de larga duración». Al mismo
tiempo, abra ese mismo apartado en la página de la Guardia Civil. Curioso, los
que están en la web de la policía autonómica no están incluidos en la página de
la Benemérita. ¿Qué pasa con los desaparecidos en el País Vasco?
¿Están tan apegados a la tierra que no se han podido mover de allí? A uno
le viene a la cabeza el chiste en el que iban dos vascos buscando setas por el
monte:
—Oye, Patxi, que me he encontrado un Rolex —dice uno.
—Pero vamos a ver, ¿a qué estamos?, ¿a por setas o a por relojes?
Pues cambie setas y relojes y ponga dos ertzainas haciendo una batida por
un monte vasco. Si quiere cámbielos por dos guardias, qué más da.
—Oiga, oficial, que me acabo de encontrar con el niño pintor de Málaga —se
refiere al famoso caso del niño David Guerrero, desaparecido en 1987.
—Vamos a ver, agente, ¿a quién buscamos, al tal David o a Jon? Anda, tira
pa’lante.
Mientras le hablamos de estos casos, José Antonio, guardia civil retirado,
de cara afable, comenta: «Pues imagínate si eso pasa en los casos grandes, qué
no pasará en los casos pequeños.
Cuando yo estaba destinado en Ibiza los policías municipales me retiraron
el coche oficial de la Guardia Civil estacionado en la Delegación del Gobierno
porque decían que estaba prohibido aparcar, salvo para coches oficiales. ¿Más
oficial que un coche de los nuestros? Se conoce que no les gustó que yo hiciese
una investigación de un accidente de circulación en la plaza de la ciudad, que
me la había encomendado un juez, porque ellos entendían que era su
competencia».
Anécdotas como estas hay multitud, tantas como para escribir otro libro.
Ahí están las denuncias de varios sindicatos de policías sobre la coordinación
del 112, dependiente de la comunidad autónoma. Según sus denuncias ante un
aviso de emergencia siempre llama a las policías locales o autonómicas antes
que a la Policía Nacional, de modo que cuando esta acude ya no hay nada que
hacer.
Algunos casos acabaron trágicamente, el último en noviembre de 2011 en
Getafe. Una pareja de la policía local persiguió durante catorce kilómetros a
dos delincuentes que creían que habían secuestrado a una persona. La fuga acabó
en Madrid ciudad, donde los agentes efectuaron no menos de quince disparos a la
parte trasera del vehículo. Uno de los perseguidos murió. Después se supo que
no habían secuestrado a nadie y que iban desarmados. Mandos policiales
estimaron que lo mejor hubiese sido avisar a la Policía Nacional y que un coche
camuflado hubiese seguido al vehículo de los sospechosos para detenerlo en el
momento oportuno.
Al mismo tiempo las policías locales se quejan de la lentitud con la que la
Policía Nacional les facilita datos sobre personas que pueden identificar en la
calle. Ojo, que también hay descoordinación entre Policía Nacional y Guardia
Civil. Ahí está el caso de Utrera, en el que unos policías nacionales en plena
persecución de un extorsionador chino fueron parados y multados por la Guardia
Civil por no llevar puesto el cinturón de seguridad. ¿Cómo se quedaría el
asiático al verlo?
Damos fe de que es cierta la frase que se filtró en algunos medios de
comunicación en el año 2005 sobre una conversación telefónica entre un
delincuente de un país del Este, residente en España, y un miembro de su banda
que dudaba si venirse aquí. Más o menos le decía: «Hombre, vente para España,
que esto es el paraíso». Hacía referencia a lo fácil que era aquí cometer un
delito de robo sin que apenas tuviese condena penal. Lo mismo opinaban algunos
ladrones de países del Este que grabamos en varios reportajes. Uno de ellos se
ganaba la vida robando carteras e iba rotando por distintas ciudades españolas,
sin que de los hurtos cometidos en una de ellas se tuviese constancia en las
otras. Lo mismo que un estafador de cheques bancarios, en este caso español,
que pese a ser detenido varias veces llevaba viviendo de esa estafa durante
cuarenta años. Viendo ahora la paella que hay de policías y la falta de
coordinación entre ellas, habría que renovar la llamada: «Hombre, vente para
España, que está mejorando».
Está mejorando tanto la falta de unidad y la descoordinación que ya no pasa
ni lo del chiste:
Iba un hombre con su furgoneta y le paró una patrulla de la Benemérita:
—Por favor, ¿me enseña su carné de conducir?
—Jai con los payos, el otro día me lo quitáis... y hoy me lo pidísss, ar
final me lo vais a perdel...
No pasaría ni en Cataluña, ni en el País Vasco, ni en Navarra, porque allí
la Guardia Civil no tiene las competencias de tráfico: las asumen las policías
autonómicas. ¡Ah!, por cierto y volviendo a la duda que planteábamos al
principio del capítulo, si le roban el coche y quiere que lo encuentren lo
antes posible, lo mejor, según un agente con el que hablamos, es poner la
denuncia en todas las policías. Es la única manera de asegurarse de que lo sabe
todo el mundo.
Capítulo XII. HISTORIAS DE ½ AMBIENTE
En este capítulo le vamos a pedir que imagine que escucha una banda sonora
de Ennio Morricone. Vaya metiéndose en el ambiente propio de un
spaguetti-western, pero en vez de irnos al desierto de Tabernas, en Almería,
vayámonos a Las Rozas de Valdearroyo, en Cantabria, un precioso pueblo cerca de
Reinosa, de poco más de doscientos habitantes, que linda con el embalse del
Ebro. A unos pocos kilómetros del Parque Natural de Fuentes Carrionas.
Son las cuatro de la tarde de un caluroso mes de agosto, las temperaturas
alcanzan los treinta grados y corre un fuerte viento. Factores ideales para que
haya un incendio forestal y que este pueda ser devastador. Pese a las
sofocantes temperaturas, el alcalde ha ordenado pleno municipal y nadie saldrá
del salón consistorial hasta que las condiciones atmosféricas no cambien. Si
quiere, para ir dando ambientillo, puede imaginarse al alguacil clavando un
papel en un poste anunciando el pleno mientras se escucha una armónica lejana.
Imagine, los siete concejales del pueblo deberían estar reunidos en la casa
consistorial. Sus miradas se cruzan, desconfiadas, como en la escena final de
El bueno, el feo y el malo. En sus cinturas no colgarían revólveres, sino
extintores. Del recelo se pasa a la alarma: «¡No ha venido!», clama uno de los
asistentes. El motivo por el que se hace el pleno a esas horas y con esa
temperatura es para tener controlado a José Carlos, el único concejal que hay
del PP.
Comienza la movilización y suena la campana del pueblo:
—No, ¡otra vez nos falta José Carlos! ¡Maldita sea! ¡Rápido, salid a
buscarlo! —grita uno de los tres ediles del colectivo Ciudadanos para el
Progreso de Valdearroyo.
—Os lo dijimos —le espeta uno de los tres concejales del Partido
Regionalista de Cantabria—. Cómo se os ocurre pactar con él y nombrarle
concejal de Medio Ambiente. Todo con tal de no llegar a un acuerdo de gobierno
con nosotros.
—No hay tiempo para lamentarse, Johnny (este nombre nos lo hemos inventado
para darle más ambiente de western; el resto son reales). Hay que hacer una
batida. Tenemos que localizarle antes de que a nuestro pueblo lo devoren las
llamas.
—De acuerdo, dirijámonos a aquella loma.
Quizá hemos exagerado un pelín en la dramatización, pero es que, por si no
lo sabe, en Las Rozas nombraron en 2011 como concejal de Medio Ambiente y
Urbanismo a un pirómano convicto y confeso. En el 2006 condenaron a José
Carlos, un hombre que peina canas, a seis meses de cárcel, al pago de una multa de 1.800
euros y a indemnizar al ayuntamiento con 4.713 euros por prender cuatro fuegos
en cuatro puntos diferentes del municipio. Ardieron cinco hectáreas de pinos,
matorral y robles. De no haber admitido su culpa le podía haber caído lo que le
pedía el fiscal: dos años de cárcel y 8.100 euros de multa. ¿Quién mejor que él
para ocupar ese
cargo?: «Se busca concejal de medio ambiente. Se valorará experiencia
incendiaria para la dinamización de montes y conocimientos de sustancias
inflamables».
Este episodio nos puede dar una idea de hasta qué punto se toman realmente
en serio los políticos locales el tema del medio ambiente.
Quizá de todos los ejemplos de descoordinación de nuestras autonomías, los
más sangrantes por absurdos y por el daño que provocan son los que tienen que
ver con la naturaleza.
Lo quemé porque era mío
El incendio empezó en Riba de Saelices, Guadalajara, el 16 de julio de
2005, sábado. Como dijo un miembro de un retén que participó en la extinción
forestal: «Fin de semana, mal día para tener una emergencia». De hecho, no se
localizó a los responsables que tenían que haber autorizado el refuerzo de
medios. El fuego se apagó el miércoles 20 de julio. En el transcurso de esos
días murieron once miembros de los equipos de extinción y se arrasaron trece
mil hectáreas de bosque, dos mil quinientas del Parque Natural del Alto Tajo,
al norte de Guadalajara, «una de las mayores catástrofes naturales de la
historia de nuestro país», según la juez instructora. Hubo veintinueve
imputados entre funcionarios y cargos políticos de la Junta de Castilla-La
Mancha, pero en noviembre de 2011 solo continuaban inculpados, y a la espera de
juicio, los tres excursionistas que hicieron la barbacoa que provocó el fuego.
La desgracia fue que este fuego ocurrió justo en una zona fronteriza entre
Castilla-La Mancha y Castilla y León. Uno de los focos estaba a tan solo ocho
kilómetros de Soria. Allí los retenes esperaban preparados para prestar su
ayuda, pero nadie se la pidió. La competencia era solo de los equipos
manchegos. ¿Sabe de dónde venían los medios de extinción? Pues de todos los
sitios de Castilla-La Mancha, hasta de Albacete, que estaba a trescientos
sesenta kilómetros. De todos, menos de los puntos más cercanos al fuego. Porque
estos eran de otra comunidad autónoma.
Cuál sería la gravedad del asunto que hubo bomberos de Madrid y retenes de
Castilla y León que llegaron voluntariamente, como particulares, para apagar el
fuego. Los retenes de Soria nos insistían a los periodistas allí desplazados
que no dijésemos que habían acudido motu proprio, por temor a que les pudiesen
reprender. El caso es que el domingo por la tarde, cuando ya habían muerto los
once miembros del retén, con toda España pendiente del incendio a través de los
medios de comunicación, la entonces consejera Rosario Arévalo activó el nivel 2
de emergencia.
Eso significaba que se solicitaba ayuda a los medios del gobierno para
intervenir.
¡El nivel 2! ¡Pedir ayuda al Estado! Algo poco común. Un veterano piloto
contra incendios lo corroboraba: «Pedir refuerzos a otra comunidad parece que
cuesta, pero llamar al Estado está casi vetado. Es como si el político de turno
creyese que su competencia fuese menoscabada al pedir ayuda exterior de las
Brigadas contra los Incendios Forestales del Ministerio de Medio Ambiente
(BRIF) o de la Unidad Militar de Emergencias (UME)».
Lo único que quedó claro del incendio es que la descoordinación entre las
autonomías fue clamorosa. Un miembro de un retén nos lo contaba así: «Yo veía
el humo del incendio durante todo el fin de semana. Estábamos con los brazos
cruzados, y cuando por fin el lunes nos mandaron a actuar se extinguió en dos
días».
El fuego tiene dos problemas: quema y no entiende de fronteras
administrativas. Lo que ocurre es que en nuestro Estado autonómico no sabemos
cuál es el peor de los dos. El absurdo llega hasta extremos insospechados.
Alejandro Suárez es uno de los más experimentados pilotos de helicópteros
contra incendios que hay en España. Si habla aquí sin ocultar su nombre es
porque ya ha encontrado trabajo en el extranjero:
Siempre recordaré el día en el que estaba apagando un fuego en la provincia
de Ourense, en el parque del Xurés, rozando ya la frontera con Portugal.
Extinguimos la zona asignada sin mayor contratiempo. Mientras refrescaba con
agua el perímetro del mismo, vi saltar un conato de incendio frente a mi
posición. Informé de inmediato a la central de incendios: «¿Central?, aquí
Xurés 21», no me acuerdo bien si era ese mi indicativo. Les alerté: «Me
dispongo a extinguir de forma inmediata un conato incipiente que tengo en mi
zona. Se encuentra al oeste del río que cruza la zona del incendio recién
sofocado». No recibí contestación, así que insistí: «Central, ¿recibido?». «Sí,
estamos enterados. Negativo a sus intenciones». Yo seguí insistiendo: «Le
confirmo que estamos a escasos metros del conato y con una descarga de agua lo
podemos liquidar. En caso contrario, se podría desbocar de forma incontrolada».
Y me contestaron otra vez: «Negativo». ¿Sabes por qué era? Porque el incendio
que tenía frente a mis narices estaba en la parte portuguesa de la frontera.
El fuego se descontroló, pasando finalmente a España; claro que para
entonces un helicóptero ya no era suficiente para extinguirlo. No fue la única
vez. Alejandro estaba destinado en la base de Lozoyuela, al norte de Madrid.
Desde su base vio un pequeño conato de incendio que se había escapado de un
basurero justo en el límite autonómico con Guadalajara. «Estábamos pegados al
fuego, a unos diez kilómetros. Avisé del conato en la zona de Uceda en
Guadalajara, y otra vez negativo. Porque, cómo no, tenían que acudir los de
Castilla-La Mancha. El medio más próximo de extinción de esa comunidad autónoma
estaba a más del doble que nosotros. Así que estuvimos con los brazos cruzados
esperando a que el fuego se hiciese más grande y cruzase a Torremocha del
Jarama, a nuestra comunidad, para salir a extinguirlo».
Los pilotos de emergencias son uno de los sectores que más sufren el caos
competencial que existe entre las autonomías.
Hay diecisiete protocolos de actuación en extinción de incendios, uno por
cada comunidad.
Imagínese lo que supone para un piloto que trabaja en una comunidad tener
que acudir a otra porque le han pedido como refuerzo. «De repente, te
encuentras que, por ejemplo, los procedimientos operacionales se hacen de forma
diferente. Los desconoces porque es una autonomía que no es la tuya. Es un
absoluto caos. No nos estrellamos más en el aire de puro milagro». Quien lo
dice es un piloto que cada verano va rotando de base en base. Pocos quieren dar
su nombre, por temor a que no les llamen para el próximo verano.
Los helipuertos han ido adoptando formas, señalizaciones y balizamientos al
capricho o dictado de la autoridad autonómica e incluso local del municipio de
turno. Como dicen algunos pilotos:
«¿Te imaginas que el diseño de las señales de tráfico y los límites de
velocidad en carretera vayan cambiando según se cruzan distintas comunidades? A
nosotros nos pasa constantemente».
Esta es una de las razones por las que la media de accidentes mortales de
estos pilotos es de ocho al año. Ejercen una de las profesiones más peligrosas
en España. Tenemos el fatal honor de tener la tasa de siniestralidad más alta
de Europa.
La extinción de incendios entre comunidades se ha convertido en algo tan
absurdo que, como nos comenta uno de estos pilotos, a veces ni siquiera
entienden a la central: «En cinco comunidades se habla con preferencia su
lengua autonómica. Por eso no es raro escuchar por radio: “¡Por favor, si
quiere que tire el agua donde me indica, hágalo en un idioma que entendamos los
dos!”». Porque recuerde que en 2006 para trabajar en un retén de Galicia era
indispensable saber gallego, lo que se valoraba casi más que la experiencia
laboral. Llegados a este punto, ¿no habría sido mejor acreditar experiencia en
elaboración de queimadas?
El doctor Frankenstein autonómico, supongo
Según el Boletín Oficial del País Vasco, la euskal antzara tiene los
«andares ágiles, con una silueta elegante, pero de constitución algo
achaparrada», y «pone huevos de cáscara blanca con un peso mínimo de ciento
sesenta gramos». Pero ¿de qué estamos hablando? Nada más y nada menos que de
los parámetros que hay que usar para distinguir una verdadera oca vasca. Así
que ya sabe, si usted tiene alguna como esta en su corral, llame a la
consejería porque le podrían dar una buena subvención. ¿Que no tiene ocas?
¿Quizá cerdos? También, también existe el original cerdo vasco. ¿Tampoco tiene?
Entonces, gallinas, todo el mundo tiene gallinas. Tenemos la gallina vasca, la
euskaloiloa, pero si quiere también hay una raza de gallina valenciana,
reconocida en 1999 por la propia Generalitat.
Todas estas criaturas están subvencionadas, si bien nadie se aclara sobre
cómo se define concretamente su pureza, porque ya sabe que esto de la
inmigración lo contamina todo. A lo mejor en algún corral se ha colado una
gallina de un patio andaluz, se ha juntado con las que había por ahí y ya la ha
liado: raza mezclada. Lo cierto es que los valles del País Vasco parecen el
Arca de Noé, o de Aitor, porque todo es vasco cien por cien. Al menos eso es lo
que dicen sus boletines oficiales (373/2001). Así nos encontramos con varias
razas vascas de perro (euskal artzain txakurra), la cabra vasca (azpi gorri),
la vaca vasca… Muchas son reconocidas por la comunidad científica, pero hay
algunas que llaman la atención como el caballo vasco, el potottoka. Este animal
es un portento, dicen que lleva en el País Vasco treinta mil años manteniendo
la pureza de su raza. ¿En todos estos años no se ha amancebado con yeguas
foráneas? Parece ser que no. Si, como aseguran los políticos del PNV, los vascos
llegaron hace siete mil años… ¿Quién controlaba antes la pureza? ¿Los propios
caballos? No se nos ocurre otra cosa:
—¡Ama yegua, ama yegua! —La joven potranca galopaba acelerada por la ría de
Bilbao, antes de que fuese Bilbao, claro.
—Dime, hija.
—Un potrillo me pretende. Es un morenazo del sur, con unos andares
jerezanos y… ¡tiene un galope!
—¡Del sur! Hija, no creo que a aita le guste ese caballo.
Papá caballo lo escuchó desde lo alto, en una loma que veinticinco mil años
después sería el parque Etxebarria, y relinchó:
—¡Ay va la hostia! ¡Ni lo sueñes!
En el Registro de Razas Animales Autóctonas Vascas todas tienen su
correspondiente descripción. Por ejemplo, la vaca vasca es un «animal ágil,
vivaz y armónico»; el perro vasco es «muy equilibrado. Obediente, alegre.
Potente, ágil y de justa agresividad y fiereza en el manejo del ganado. Cauto y
receloso ante el extraño, al que muestra su mirada profunda y seria, pero desde
la serenidad que le confiere su autorreconocida fortaleza». Vaya, aquí, ante tan
minuciosas descripciones, Freud se habría dado con un canto en los dientes. Qué
profundidad psicológica canina.
Quizá el tema se ha ido un poco de madre. Ahora las razas no se analizan en
un laboratorio y ni fijan por un acuerdo científico, sino en un parlamento
autonómico; y la publicación del estudio en una revista científica se sustituye
por el boletín oficial de la comunidad. Nuestras autoridades autonómicas se han
convertido en doctores Frankenstein. En agosto de 2011 en el Boletín Oficial de
Cataluña apareció la orden por la que aprobaban las subvenciones para la abeja
autóctona.
¿Perdón? Como lo oye. Y el 5 de octubre de ese año se destinaron 86.247
euros a las ayudas para ese menester.
Somos forofos de la miel, de los que toman dos cucharadas en el café del
desayuno, así que este caso lo abordamos como algo personal. Tras las
pertinentes investigaciones, nos enteramos de que también la Junta de Andalucía
concedió ayudas a apicultores por cerca de 500.000 euros para las abejas
autóctonas. ¿También hay abejas andaluzas? La ansiedad nos consumía. Nos
sentíamos como el científico que se acerca a un gran descubrimiento, aunque el
nuestro no era en una probeta de laboratorio, sino entre las normativas
autonómicas. Y así descubrimos que también hay abejas autóctonas asturianas,
mallorquinas, navarras, canarias y, cómo no, vascas.
¿Hay tantas especies de abejas? Hablamos con varios expertos y lo que nos
dicen es que la única reconocida por los científicos es la Apis mellifera
iberiensis, es decir, la de la Península. Es que incluso algunos de los que
defienden la existencia de razas autonómicas de abejas admiten que no hay
diferencias físicas ni de comportamiento respecto a las otras. ¿Entonces cómo
las reconocen? ¿Por la voz? Tal vez sea eso:
—Vamos a ver, le digo que no, que en el sonido del revoloteo está claro:
«Arsa, arsa, arsa». Es evidente que no es autóctona de nuestra región.
Contreras sudaba, escamoteado tras la careta protectora para evitar las
picaduras. El consejero de Medio Ambiente le había castigado por llevarle la
contraria y le había trasladado al puesto de inspector de la Consejería de
Agricultura.
—Cómo que no son de aquí. Escuche atentamente —le insiste el apicultor.
Ambos guardan silencio mientras el enjambre no para de emitir su ruido
monótono de marabunta voladora.
El apicultor rompe el silencio.
—¿Lo oye?, ¿lo oye? «Tot el camp es un clam». ¡Está clarísimo, es catalana
de pura cepa!
—No sé, no sé. Aún tengo mis dudas. Esa reina describe un movimiento
característico propio de una jota asturiana, aunque me despista ese meneo
circular en forma de ensaimada mallorquina, que no sé yo…
—A usted qué más le da. —El apicultor ataca a Contreras por el flanco de la
sensibilidad—. El abejaruco —pájaro protegido que come abejas— me está
arruinando. Qué más le da firmar el papelito y darme la subvención de 15 euros
por cada abeja reina catalana…
Lo maté porque era mío
Tanto querer «crear» nuevas razas y, sin embargo, qué poco cuidamos las que
tenemos. Seguro que se acordará de las imágenes emitidas por todas las
televisiones en noviembre de 2006 sobre lo ocurrido en el pueblo de Aguiño, A
Coruña. En ellas se veía a un hombre, por llamarle de alguna forma, golpear con
una barra de goma y con todas sus fuerzas a su pastor alemán. El animal, atado,
no podía hacer nada sino aullar. Lo machacó hasta matarlo a golpes. Tenía otro
al que dejó herido grave, que fue incautado y adoptado posteriormente. Las
imágenes fueron tomadas por su vecino, un veterinario que luego fue repudiado
por los lugareños al haber denunciado al maltratador. En el procedimiento
administrativo que se siguió ante la Consejería de Medio Ambiente de Galicia se
le puso una sanción de 6.000 euros. El caso es que a los tres meses tenía de
nuevo otros perros: si han corrido la misma suerte no lo sabemos. Ahora bien,
si el maltrato hubiese ocurrido, por ejemplo, en Madrid, se le podría haber
sancionado con la inhabilitación para tenencia de animales durante diez años.
Sin embargo, la ley gallega no lo contempla y eso que su administración es una
gran fomentadora de las especies autóctonas.
España carece de una ley nacional de protección animal. Toda su protección depende
de las normas autonómicas y principalmente del artículo 337 del Código Penal
que entró en vigor en diciembre de 2010. Este dice que «el que maltrate
injustificadamente a un animal doméstico (…), causándole la muerte o lesiones
que menoscaben gravemente su salud, será castigado con la pena de tres meses a
un año de prisión».
Que sepamos, aún nadie ha ingresado en la cárcel por este motivo. Los
contados condenados que ha habido se han librado de ella pagando una multa,
como en el caso del vecino de Alcoletge (Lleida), que mató a su perro atándolo
al parachoques trasero de su coche y arrastrándolo setecientos metros. Lo
abandonó moribundo durante días en un puente. Fue condenado a siete meses de
cárcel, pero no entró porque no contaba con antecedentes penales. Pagó una
multa de 2.160 euros y asunto solucionado.
En realidad, quien puede castigar es el poder autonómico a través de su
propia legislación. Pero la materia aquí parece que es tan dispersa y
contradictoria que necesitamos un experto. Arancha Sanz pertenece a la Sociedad
Protectora de Animales y Plantas y quizá sea una de las abogadas en España que
más sabe de la materia.
—¿Regulación animal? Con todo lo que hay tendrías para una enciclopedia.
Pregunta, a ver.
—Por la letra e… Espectáculos con animales. ¿Qué me puedes decir?
—Ok. Empecemos por los toros. En Cataluña se prohibieron expresamente las
corridas de toros,pero se permiten fiestas populares como bous al carrer
(encierros), bous embolats (les ponen antorchas enganchadas a los cuernos), o
los bous capllaçats (al toro le atan con una soga y le pasean de arriba abajo
por el pueblo). Ahora bien, en Canarias, y también en Andalucía, se permiten
las peleas de gallos, prohibidas en el resto de España. Es curioso el caso del
archipiélago, porque su normativa prohíbe «la utilización de animales en
peleas, fiestas, espectáculos, y otras actividades que conlleven maltrato,
crueldad o sufrimiento». Es decir, están prohibidas las corridas de toros, pero
en un artículo posterior se dice también: «Podrán realizarse peleas de gallos
en aquellas localidades en que tradicionalmente se hayan venido celebrando».
La polémica por la prohibición de los toros en Cataluña es conocida por
todos. Algunos sectores han calificado esta prohibición como un logro nacionalista,
como una marca más en la lista de diferencias con el resto de España: «Ellos
son unos bestias, nosotros no». Otros creen que lo más importante, aparte de
abrir el debate de su prohibición para el resto de España, es que se deja de
maltratar a un animal.
Sin embargo, hay cosas que nos unen: un buen chorizo, una buena butifarra. En España lo de la matanza del cerdo parece que cohesiona de norte a sur y de este a oeste. Ese rollo primitivo de matar a un cerdo atado, cuchillo en mano, nos sigue poniendo. El caso es que, a diferencia de los toros, aquí sí que hay una directiva europea de 1993 que permite seguir con esta tradición fuera de los mataderos, siempre y cuando se aturda al animal para evitar el sufrimiento, orden que se traspuso mediante un real decreto a nuestra legislación. Pues bien, eso no lo hace nunca n
nadie.
Aun así, como no podía ser menos, faltaría más, algunas comunidades
decidieron también crear su propia regulación. Incluso en Baleares, donde se
matan unos dos mil cerdos, se prometieron pistolas aturdidoras que nunca se
entregaron. En Extremadura se delegó en los ayuntamientos la vigilancia del
cumplimiento de la ley. No consta ni una sola denuncia y eso que pasaron a
cuchillo a más de diecisiete mil cerdos en matanzas familiares. A ver quién es
el alcalde de la cuna del jabugo que denuncia a un paisano. El caso es que en
ninguna autonomía se procede a aturdir al cerdo. Un caso curioso es el de
Cataluña, que sigue sin regularlo porque considera que es una «actividad privada». Continuamos
poniendo a prueba a Arancha.
—Si quiero llevarme de vacaciones a mi perro a otra comunidad, ¿qué pasa?
—Depende de por dónde cruces, forastero, porque puedes tener problemas. Si
usas el transporte público debes saber que en Murcia lo puedes llevar atado y
con bozal, al igual que en Aragón.Pero si cruzas Castilla y León lo que haces
está prohibido porque su ley obliga a que vayan en lugares específicamente
habilitados para su transporte.
—Vale, supongamos que no tengo un perro, sino un hámster, chiquitito, que
no molesta.
—Ya, pero es que no en todas las comunidades se entiende por igual lo que
es «animal de compañía», que es al fin y al cabo lo que tratan de proteger
estas leyes. En algunas, País Vasco y Galicia, no lo definen. En Andalucía o
Navarra lo hacen diciendo que su finalidad es la mera compañía o el placer.
Mientras que otras indican que son los que conviven en el hogar.
—Entonces, un caballo, que no lo voy a tener en mi casa, ¿puede estar
sujeto a protección?
—Ese es el problema, que puede haber diferentes interpretaciones según la
comunidad. Algunas hablan de que habiten en el «ámbito del hombre», con lo que
claramente entraría. Cataluña concreta la protección a «perros, gatos y
hurones», además de todos los domesticados, etc.
—Digamos que soy un maltratador. ¿Qué sanciones me caerían?
—Primero una lluvia de tortas por mi parte, y después, como siempre,
depende de dónde estuvieses. En muchos de ellos una sanción muy grave que está
castigada con 15.000 euros, en Aragón son de hasta 150.000. Sin embargo, aquí
el abandono no se considera falta muy grave, mientras que en el resto de las
comunidades sí. Algunas, por ejemplo, Cataluña, son muy garantistas para los
animales, y está prohibido el sacrificio de los que están abandonados; sin embargo,
tienen artículos que permiten pegar un tiro a los que estén sueltos y sean
difíciles de capturar.
—¿Tiro al pichón?
—En Canarias y Cataluña está prohibido y en el resto de comunidades, según
de qué forma, está autorizado. —Su teléfono suena y solo responde con un «sí,
sí, de acuerdo»—. Me voy, que me tengo que ir al rescate de un perro. Adiós.
No le preguntamos dónde, para no hacernos más líos.
El cazador cazado
¿Qué raro, no? Cada comunidad tiene su propia ley de caza. ¿Llamamos al
notario mayor del reino? Ese es el título que ostenta el ministro de Justicia.
Quién mejor que él, conocedor de las leyes, para darnos una imagen global de la
normativa en nuestro país. Buscamos el teléfono de alguien que haya ostentado
el cargo, un retirado, que tendrá más tiempo para atendernos.
¿Mariano Fernández Bermejo? ¡Justo, ese! Fue ministro de 2007 a 2009 y es
amante de la caza desde joven.
Tecleamos su nombre… La pantalla del ordenador empieza a parpadear en rojo.
¡Vaya, qué mala pata! Resulta que en 2009 le expedientaron por estar cazando en
Andalucía sin la licencia específica de la Junta. Poseía solo la de Castilla-La
Mancha. No sabía que para cazar es necesaria una licencia por cada comunidad.
Si incluso a un ministro, acompañado de un juez, Baltasar Garzón, le pillan en
semejante renuncio, ¡qué tinglado normativo no habrá respecto a la caza! El
caso es que inmediatamente después de este episodio de prueba tu propia medicina,
les dio un calentón legislativo y seis comunidades se dieron cuenta del absurdo
que era tener licencias diferentes e intentaron unificarlas. Pero solo fue eso,
un calentón, porque a día de hoy todo sigue igual: cada comunidad exige su
licencia de caza y pesca específica, con subcategorías, tasas y exámenes
diferentes.
En fin, a falta de exministros, buscaremos a algún exconsejero de Medio
Ambiente. Al estar retirado de la política podrá hablar más libremente. A ver…
en Castilla y León… ¿Qué tal Francisco Jambrina? Él fue quien aprobó la
normativa de caza vigente en esa comunidad.
Tecleamos a ver si tenemos su teléfono… ¡Otra vez salta la alarma de la
agenda del ordenador!
Vaya, parece que la Guardia Civil le pilló con las manos en la masa
manipulando un cepo que él mismo había puesto. Esta trampa está totalmente
prohibida, puede romper una pierna a alguien que camine por el monte… ¡Y
pensábamos que con lo del concejal pirómano teníamos bastante!
Parece que hemos encontrado algo. En el año 2011 la revista Montes, del
Colegio de Ingenieros de Montes, realizó una encuesta a unos cuarenta técnicos
forestales sobre el tema de la caza. Casi todos coinciden en lo absurdo de la
normativa: que si en la ribera de un río se pesca, que si en la otra, que
pertenece a otra comunidad, está prohibido; que si cazo una especie en una
comunidad y en otra no… A todo este embrollo súmele las diecinueve órdenes
anuales de caza. Y en el País Vasco hay una por provincia. ¿Dijimos antes que a
casi todos los encuestados les parecía absurdo? Sí, el casi es correcto, porque
un ingeniero de los encuestados veía bien este guirigay normativo. Cómo no, se
trata de un empleado público, en su caso de La Rioja. ¿Las razones de por qué
es bueno este caos? Él mismo responde: «Aunque comprendo que para los cazadores
que se mueven por toda España suponga un engorro bastante incómodo, esto da
trabajo a numerosas gestorías». Es decir, que esto es como tirar los papeles al
suelo para que los barrenderos tengan empleo o darse cabezazos contra la pared
para que contraten a más médicos. Al final, este desbarajuste lo que ha
provocado es que el 90 por ciento de los propietarios de cotos desconozca las
normativas.
El resultado final es que hay un beneficio, pero para los malos. ¿Qué pasa
si pillan a un furtivo, aparte de lo que dice el Código Penal, que fija
condenas de dos años para los casos muy graves?
Realmente poco más, porque al no haber un registro nacional de infractores,
si delinques en una comunidad puedes irte a cazar a la vecina. No le contamos
ya si el furtivo mata con veneno. El Código Penal lo condena si no está
autorizado. ¿Qué ocurriría si el que lo pone está autorizado en una comunidad
pero el animal muere en otra, algo bastante probable? Aparte de la muerte del
pobre animal, la que nos lía es buena. Imagínese si la especie está protegida.
¿Qué hace la comunidad donde encontraron el cadáver? ¿Piden la extradición a la
otra autonomía aunque en esta no estuviese sancionada su acción? ¿Se imagina?:
«Contreras, localiza al infractor, mételo en el maletero del coche y cruza la
frontera autonómica para juzgarlo».
Es justo como lo que comentaba Cesáreo Martín, director del programa Linde
y ribera, de Onda Cero: «¿Te imaginas un Código de la Circulación por cada
comunidad autónoma?». Pues eso.
Pongamos puertas al monte
No nos cansaremos de repetirle el gran consejo sobre el embrollo
autonómico: si pasa algo, por favor, que pase en el centro de una comunidad.
Ahora bien, si le decimos que lo que pasa tiene una extensión de sesenta y
cinco mil hectáreas, ¿dónde lo mete? Esta es la superficie del Parque Nacional
de los Picos de Europa, que es el segundo más visitado de los catorce
existentes en nuestro país. Lo de parque
nacional es un nombre sin contenido, pese a que, como se habrá figurado,
semejante extensión afecta a más de una comunidad. En este caso a Castilla y
León, Asturias y Cantabria. Pues bien, debe saber que somos el único país del
mundo donde los parques nacionales no los gestiona el Estado, sino las
regiones.
Así que, a principios de 2011, las tres comunidades se hicieron con el
control del parque mediante un consorcio con una estructura confederal. Es
decir, no hay un director, sino tres codirectores y la portavocía rota, cambia
cada año. La sede está en Oviedo pero hay dos subsedes más, en León y
Santander. ¿A qué le suena? Más organismos y más dinero para alimentar
burocracia por triplicado. En septiembre de 2011 se reunieron las tres
comunidades por primera vez, tras seis años de negociaciones previas. ¿Sabe
cuál fue la primera medida de su primera reunión? Reclamar al gobierno central
5,5 millones de euros.
Los grupos ecologistas siempre han considerado que la gestión de los
parques nacionales debería de ser única, para el Estado. En este caso, temen
que cada comunidad luchará para beneficiar la actividad de la parte que está
dentro de su territorio: turismo en Cantabria, caza en Castilla y León y
ganadería en Asturias. Por ejemplo, la caza deportiva se permite en el lado
leonés y posiblemente se autorice en el lado asturiano; sin embargo, nunca se
ha cazado en el lado cántabro. Después está el problema del lobo. En Cantabria
no se puede cazar, es especie protegida, en Castilla y León sí y en Asturias no
saben, no contestan. Además, hay de por medio un proyecto de estación de esquí
en un lado que no quieren los del otro, depuradoras en la vertiente leonesa que
no funcionan, etc. Si han tardado seis años en crear un consorcio, lo que antes
hacía el Estado, ¿qué pasará cuando discutan sobre las aportaciones económicas
de cada comunidad al parque? ¿Se imagina?:
—Como tengo menos superficie dentro de mi territorio que el de Castilla y
León pagaré menos
—diría el representante de Asturias.
—¿Cómo? Eso no te lo crees ni tú, porque la mayoría de visitantes viene por
tu lado.
—El que no va a pagar si seguís así soy yo, que soy el que menos personal
tiene —diría el representante cántabro.
—Mira —comentaría uno de ellos—, no empecemos como con lo del esquí.
Se refiere a la estación invernal más importante de la Cordillera
Cantábrica, situada en los Picos de Europa, con tan mala suerte que está entre
dos territorios: Asturias (Fuentes de Invierno) y León (Puerto de San Isidro).
Pues bien, hasta hace poco, los esquiadores tenían que andar con cuidado por el
ámbito en el que se movían, porque los pases para los remontes de un lado no
servían para los del otro.
No me gusta la sentencia, cambio la ley .Al final, la naturaleza queda en
manos de unos legisladores autonómicos que cambian las reglas del juego cuando
les conviene. Así, si un tribunal considera que un proyecto está produciendo un
daño medioambiental y a la autonomía no le gusta ese fallo, no pasa nada, se
cambia la ley, que para eso son suyas las competencias y los jueces no tienen
más remedio que ceñirse a ellas.
Parece que el poder legislativo funciona así:
—Contreras, redácteme un borrador de una normativa que permita urbanizar
Villabotijos. Nos ha salido un juez respondón y dice que no se puede porque es
terreno protegido. —El consejero es claro en su petición.
—¿Qué le parece que en todas las localidades de la comunidad cuyo nombre
empiecen por «villa» y acaben por «tijos» se pueda edificar?
—Sí, sí, por ahí van los tiros. O como la parcela es la 335, asegúrese,
para que no haya errores, de que «además serán promovidas urbanísticamente las
impares que empiecen por 33».
Complíquelo un poco para que no se note mucho, pero esa es la idea. Meta
por medio paja jurídica y ya está.
De hecho solo en 2010 nos encontramos con multitud de ejemplos: desde la
ley gallega 2/2010 que «amnistiaba» la demolición de multitud de construcciones
ilegales, pasando por la de Canarias 4/2010, que modificaba la protección de
algunas especies para permitir la construcción de un puerto. Eso por no hablar
de la ley cántabra 6/2010 de ordenación del litoral, para evitar el derribo de
un montón de construcciones ilegales.
Esta última, la referida a las edificaciones costeras, es de las
modificaciones preferidas. El gobierno nacional aprobó en 1988 la Ley de
Costas, que, básicamente, decía que las construcciones que estén dentro de los
cien o veinte metros (caso de suelo urbano) de distancia al mar tienen que ser
demolidas en un plazo de treinta años.
La Ley de Costas se ha quedado muerta por los ataques de cinco iniciativas
legislativas de parlamentos autonómicos, creándose excepciones a la norma. Por
ejemplo, en el País Vasco se permite una refinería de Petronor, curiosamente
una empresa presidida por el exlíder del PNV Josu Jon Imaz, que está en el
dominio público de la costa. Eso por no hablar del hotel de El Algarrobico, en
Almería. Si bien la junta lo legalizó en un principio, ahora apoya su derrumbe ante
las fuertes protestas de ecologistas. Demolición, por cierto, que tendrá que
pagar el contribuyente, porque el que lo construyó lo hizo con las
autorizaciones legales del ayuntamiento y de la propia junta.
Pero hay otras que apenas han salido en los medios de comunicación y son
igual de absurdas.
Por centrarnos en una de ellas, veamos la ley de Castilla y León 6/2010 que
levantaba la prohibición de urbanización de terrenos forestales previamente
incendiados. El Parlamento la aprobó con apoyo del PP y del PSOE, y ahora se
permite construir en terrenos forestales quemados. Así se evita cumplir una
sentencia del Tribunal Superior de Justicia de León que frenaba el proyecto de
ocio Complejo de Aventura Meseta Ski, en Tordesillas, Valladolid, levantado en
un monte que ardió en 1999. Básicamente consiste en pistas de esquí sin nieve.
Ya lo sabemos, a nosotros también nos parece que es para reír, pero cuando sepa
lo que se ha gastado la empresa pública encargada del proyecto se va a poner a
llorar: unos 12 millones de euros. Todo está prácticamente construido. El caso
es que la Abogacía del Estado entiende que esa ley autonómica sentaría un
peligroso precedente, quemar y luego construir, así que la recurre al Tribunal
Constitucional, que detiene preventivamente la apertura del proyecto en julio
de 2011. Finalmente, en el caso de que a la Junta de Castilla y León no se le
ocurra otra argucia legislativa para evitar acatar un veredicto, la obra tendrá
que ser demolida sin ni siquiera haberse estrenado. Todo con dinero público: 12
millones de euros a la basura.
El plan secreto para invadir
Portugal
Un amigo, Dani de la Cámara, monologuista, decía que lo de Gibraltar se
resolvía en una mañana, pues bastaría con que bajáramos todos los españoles a
desayunar y nos hiciéramos con
el Peñón. Pero no nos paremos en eso. En octubre de 2011 Gregorio
Peces-Barba, uno de los padres de la Constitución, dijo: «¿Qué habría pasado si
nos hubiéramos quedado con Portugal y no con Cataluña? Igual nos habría ido
mejor». Hacía referencia al episodio de 1640 en que se levantaron al mismo
tiempo catalanes y portugueses. Se optó por Cataluña, y Portugal se
independizó. Peces-Barba dijo hasta la saciedad que su reflexión era una broma.
Bien, pues lo nuestro no es ninguna broma: ¡hagámonos con Portugal! El plan no
tiene fallos: es perfecto.
Como sus ríos importantes nacen en España les ponemos una presa, no les
llega agua, no pueden regar y además a los lusos les entra la sed. Su rendición
sería cuestión de días. A partir de entonces, toallas y bacalao a precio de
coste… ¿Que tenemos un convenio, el de la Albufeira, para mantener un caudal de
entrada en su territorio? Se rompe y fuera. Absurdo, ¿verdad? Pues para librar
esta guerra no hace falta entrar en Portugal porque ya la estamos teniendo
nosotros.
De hecho, una sentencia del Tribunal Constitucional el 29 junio de 2011, ya
sabe, las noticias que no se quiere que se sepan ocurren en el verano, permite
a las comunidades autónomas hacer reservas de agua de los ríos que pasen por su
territorio.
Pese a lo que pueda pensar, el resumen de todos los estudios jurídicos
elaborados conservan una identidad española clarísima: si antes era el «agua
que no has de beber, déjala correr», ahora es «el que venga detrás que arree».
El Danubio tiene una cuenca que afecta a quince países que tienen firmado
un acuerdo y no registra tantos problemas administrativos como nuestros ríos.
El supuesto mandamiento de que si un cauce pasa por diferentes comunidades es
competencia del Estado es relativo. Siempre se impone su administración por los
tramos autonómicos por los que discurre.
En España, desde mediados del siglo XIX, cuando se empezó a legislar sobre
el tema, hasta hoy, los ríos estaban dirigidos en base a la unidad de su cuenca
hidrográfica. Ni ecologistas ni científicos tienen la más mínima duda de lo
fundamental, que es una administración unitaria de un río. Incluso, como ya es
habitual, tiene que ser un órgano europeo el que ponga orden en nuestra casa.
La Comisión Europea ha enviado varios requerimientos al gobierno por infringir
el derecho europeo, precisamente cuando España ostentaba la presidencia europea
en 2010.
En España existían desde siempre las confederaciones hidrográficas,
institución que respaldaba la Unión Europa con su directiva del agua y que
aboga por la unidad de la cuenca del río desde su nacimiento hasta su
desembocadura. Pero poco a poco se han quedado sin poder de decisión ante los
estatutos de autonomía, que asumen competencias exclusivas en los ríos que
pasan por su territorio.
Así nos encontramos con que el cuidado de nuestros ríos está en manos del
SEPRONA de la Guardia Civil, la policía autonómica, agentes de las consejerías
de Medio Ambiente y los funcionarios de la Comisaría de Aguas de los organismos
de cuenca. Esto provoca, como bien apuntan los informes de asociaciones para la
conservación piscícola, que entre unos y otros, la casa al final se quede sin
barrer.
Esas transferencias no han derivado en un mayor cuidado y atención de los
ríos, sino que se ha transformado en todo lo contrario: captaciones abusivas,
vertidos. Ahí están los informes europeos contra la contaminación de la Ría de
Huelva o el riesgo de desecación del Parque Natural de Doñana por los pozos
ilegales.
Sin embargo, parece que algo va cambiando. La Junta de Andalucía se arrogó
competencias exclusivas del Guadalquivir al paso por su territorio. Hasta la
Federación de Regantes de Andalucía estaba en contra de esto. El caso es que,
en el año 2009, un fallo del Tribunal Constitucional exigió la devolución de
ese derecho al Estado, porque se trata de un río que pasa por varias
comunidades. Tal era el cabreo que la junta transmitió al gobierno que este
intentó en septiembre de 2011, mediante un real decreto, esquivar el
cumplimiento de la sentencia con la transferencia de más competencias. Ni con
esas, a la junta no le quedó más remedio que devolver las competencias a la
Confederación Hidrográfica del Guadalquivir.
Esta sí, esta no, esta me gusta, me
la bebo yo
Seguramente el trasvase Tajo-Segura es la obra de ingeniería hidráulica más
importante de España. Transfiere agua de Castilla-La Mancha a Murcia. Si el
pantano donde se recoge el agua del Tajo está por debajo de los doscientos
cuarenta hectómetros cúbicos no se puede enviar agua al Levante, ni siquiera
para consumo humano. La obra se concluyó en 1979, pero la Junta de Castilla-La
Mancha quiere cerrarla en el año 2015. Así que para entonces habrá otra bronca
autonómica más.
Otro proyecto, este sin construir, el del trasvase del Ebro, para llevar
agua desde la cuenca aragonesa a Valencia, Murcia, Almería y Barcelona, fue
derogado en 2004, en una de las más tempranas medidas de la primera legislatura
del gobierno de Zapatero.
¡Vaya! Pero en esto viene la sequía de Barcelona de 2007, la más dura de
los últimos setenta años. En un despacho de la Ciudad Condal, Contreras sudaba
como un pollo. En el periódico, aparte de las noticias del gobierno tripartito,
se anunciaban cortes de agua en días no consecutivos. Y eso que Cataluña es de
las regiones españolas donde el consumo medio de agua por hogar es de los más
bajos. Aun así, no había sido suficiente.
—¿Qué, Contreras? ¿Qué ha pensado? ¿Cómo salimos de esta?
Las preguntas de su superior no admitían vacilaciones.
—No es posible otra forma que haciendo un trasvase desde el delta del Ebro,
pasando por Tarragona, donde ya cogemos agua para los regadíos, y luego hasta
Barcelona.
—Pero vamos a ver, Contreras, que le he dicho que ya se derogó el trasvase…
Bastante manía nos tiene todo el Levante como para que nos dejen hacer un
trasvase que también ellos pidieron.
—Ya, jefe, el truco está en no nombrar a la bicha. Si en vez llamarle
trasvase se le llama derivación, conducción… y si insisten en que eso es
trasvase pues decimos «que no, que es
mentira», y si la cosa se pone fea pues «lo tuyo sí que es un trasvase», o
«rebota y en tu culo explota»...
—Apuntada, se lo pasaré a Montilla. Deme otra alternativa.
—Llenar barcos con tanques con agua del Ebro o de Francia y mandarla a
Barcelona.
—Contreras, no me queda otra alternativa que agarrarme a lo que usted me
dice, pero como no salga bien le enviaré de vuelta a hacer inspecciones de
panales de abejas y hasta que no me encuentre una que tenga las franjas
blaugranas por aquí no aparezca.
Contreras no volvió a
hacer inspecciones. La realidad que vino después no superó mucho a esta
ficción. El informe de la Generalitat definió la operación como «conexión de
sistemas dentro de la misma demarcación hidrográfica» y la ministra de Medio
Ambiente de entonces, Elena Espinosa, que dio el visto bueno a la operación,
dijo: «No es ningún trasvase, lo reitero y estoy dispuesta a explicárselo a
quien quiera entrar en temas más concretos». El presupuesto de la obra, de 180
millones de euros, lo asumía el Estado. Aparte de «esto» (como no podemos decir
«trasvase», ni «chiquitrasvase», «trasvasito» o «minitrasvase», para evitar
problemas, lo denominamos «esto»), también se fletaron buques, con agua del
Ebro y Marsella, con un presupuesto de 22 millones de euros. Pero he aquí que
cuando se inician las expropiaciones para construir «esto» empieza a llover
tanto que el mes se
convierte en el mayo más lluvioso de los últimos cincuenta años, con
desbordamientos, inundaciones, etc. Es entonces cuando «esto» es derogado.
Después de este paripé uno tiene la sensación de que la naturaleza monta estas
brumas para echarse unas risas jugando con nosotros.
La derogación del trasvase del Ebro en 2004 supuso que el agua del Levante
vendría por otro lado, por las desaladoras. Es decir, convertir el agua de mar
en agua dulce. Contamos lo que le pasa a la mayor desaladora de Europa, y así
se puede hacer una idea de cómo está este plan. Está en Torrevieja-Alicante y
es capaz de generar ochenta hectómetros cúbicos al año. Para cualquier país
sería un motivo de orgullo. En cualquier país menos el nuestro, en el que el
enemigo es el que tenemos al lado, y a este ni agua, literalmente, porque
reconocer soluciones alternativas al trasvase sería claudicar.
El gobierno central pagó la infraestructura, con un coste de 300 millones
de euros. La obra está lista, incluso con las macetas del jardín de la entrada
puestas. Sin embargo, la Generalitat de Valencia, que es quien tiene la
competencia en Medio Ambiente, no da la autorización para que empiece a
funcionar, una petición que ya se cursó en agosto de 2007. Además le falta el
permiso, solicitado en 2009, para el conducto que cogería agua del mar. Este lo
da la Dirección General de Puertos, que también depende de la Generalitat. Al
final, las competencias que el ministerio cedió tan alegremente son las que se
le vuelven en su contra. El mismo camino que esta obra de ingeniería llevan las
otras cuatro en venganza por no autorizar el trasvase que pide la Generalitat,
desaladoras construidas en suelo valenciano. Ellos se pelean y usted pone el
dinero.
Imagínese a un inspector de desaladoras de la consejería de Economía,
Industria y Comercio de Valencia:
—Uy, uy, aquí este lavabo no puede estar. ¡Pero bueno, la altura de los
botones del ascensor!
Fatal. Por cierto, el sonómetro que han utilizado para medir el impacto
acústico que producen los motores… —Contreras duda mientras pasea con el
empleado que le enseña la instalación, y apunta—. Por cierto, ¿ha pasado por el
servicio de revisión metrológica de la consejería de acuerdo a la resolución
2008/15023?
—Me figuro que sí.
—¡Me figuro! —Aquí es cuando Contreras saca lo peor de sí mismo—. Pero,
exactamente, ¿qué tipo de revisión metrológica, la del sonómetro, quizá la del
sonómetro integrador-promediador, o puede que la del calibrador sonoro?
—Pues… hombre, creo que… lo importante es que la instalación no haga ruido…
¿no?
—Oh, oh, como sigan en esa actitud con cierto tufillo antitrasvase me da la
impresión de que…
No sé yo, no sé yo cuando se puede abrir esto.
—Si yo no he dicho nada de trasvase.
—Pero lo ha pensado, que es lo que importa.
Quizá el agua haya sido de las pocas oportunidades de unir a nuestras
autonomías. Asumámoslo, el lío en que nos hemos metido con el desmesurado
aparato administrativo que hemos creado tiene difícil solución, a no ser que la
Unión Europea nos rescate de nuestra propia red de infraestructuras, la trampa
en que se ha convertido este surrealista organigrama. Si, al menos, dejáramos
tranquila a la naturaleza…
Eso es algo fundamental. Decía Lao Tse que gobernar un país es como
gobernar una gran familia. Estamos convencidos de que todos, los de una
comunidad y otra, los de este partido o aquel, están de acuerdo en que lo único
que quieren es el bienestar de sus hijos y de sus futuros nietos. Si seguimos
así, los errores no se solucionarán tan fácilmente como se tacha un párrafo en
un folio o publicando una ley en un boletín oficial… La mayoría de estas
equivocaciones no tiene vuelta atrás, porque nuestros ríos, nuestros montes,
nuestros animales es lo único que dejaremos en herencia, y este legado no
entiende de fronteras nacionales ni autonómicas. No nos lo carguemos con un
aparato gubernamental tan absurdo como el nuestro.
Sandra Mir Mayor y Gabriel Cruz García
Sandra Mir estudió Periodismo en la Universidad CEU San Pablo de Valencia.
Comenzó a trabajar en prensa escrita en el periódico Las Provincias en
1997, para más tarde especializarse en televisión. Lleva más de doce años
realizando reportajes de investigación para Antena 3 y Telecinco. En sus
trabajos ha reflejado realidades tan duras como la prostitución infantil en
Pakistán, el tráfico de menores en Ecuador, las niñas soldado de Sierra Leona y
la violencia callejera en Venezuela. Periodista varias veces infiltrada con
cámara oculta, recibió la mención especial del I Premio Miguel Gil de
Periodismo por La residencia de los horrores, donde desenmascaró, tras cinco
meses de investigación, los malos tratos que sufrían los ancianos de un centro.
También fue una de los artífices del reportaje El escándalo de Miss España,
donde se demostraba el fraude del concurso de belleza y que fue emitido en más
de veinte países. En 2001 se trasladó a Madrid para incorporarse al equipo de
Investigación de El Mundo TV. Posteriormente trabajó para el programa 7 días 7
noches de Antena 3.
Actualmente trabaja como miembro del equipo de Reporteros de los servicios
informativos de Telecinco.
Gabriel Cruz es licenciado en Periodismo y diplomado en Criminología. Tras
superar los tres años de preparación exigidos fue uno de los detectives
privados más jóvenes de nuestro país. Ahora está a la espera de presentar su
tesis doctoral en Derecho Constitucional. Fue redactor en París (Radio France
Internationale). En Buenos Aires colaboró en diversos medios argentinos (Radio
Rivadavia) y como corresponsal para varios españoles. En nuestro país ha
trabajado para todos los medios existentes:
diarios nacionales, revistas, radios, webs y televisiones (TVE, Antena 3 y
Telecinco), y los protagonistas de algunas de sus investigaciones han sido
condenados judicialmente. Actualmente es reportero de los informativos de
Telecinco, donde ha ejercido también como enviado especial en conflictos
internacionales en Haití, Líbano o Chad. Recibió el premio ENEX Internacional
que otorgan varias cadenas nacionales de televisión de todo el mundo por su
reportaje en la frontera de Melilla.